Correos en lucha

Correos ha comenzado 2015 con la misma dinámica de machaque y aumento de la carga de trabajo de la plantilla que veníamos señalando el pasado año. Las denuncias que se hicieron altamente visibles en la jornada de huelga del 29-N permanecen torturando a cada trabajador en su jornada laboral. Para colmo la desconvocatoria de la huelga lanzada para los días 22 y 23 de Diciembre (hubiese supuesto la primera huelga en Correos durante la campaña de Navidad) ha provocado un cierre en falso de la movilización que ha generado un malestar palpable entre la plantilla la cual entiende que “sobran los motivos” para estar en pie de guerra contra la Empresa peleando por los derechos laborales que han sido arrebatados.

La “calma navideña” acordada entre Empresa y sindicatos firmantes del Convenio actual ha supuesto un golpe más a la confianza que éstos tienen entre una amplia parte de la plantilla. Sin duda, es la Empresa quien sale ganando con el divorcio entre trabajadores y estructuras sindicales pues es conocedora de la fuerza que la clase obrera puede alcanzar luchando unida en un sindicato y han sabido corromper a los jefes de muchos éstos convirtiéndolos en colaboradores a jornada completa. Los empresarios saben perfectamente que existe una incesante lucha de clases y se pavonean de irla ganando por goleada. Tienen todos los recursos que necesitan para ello (desde el aparato estatal a los medios de comunicación) y además cuentan con un sinfín de maniobras para lastrar las organizaciones de clase, como son los sindicatos, a través de diversas formas de financiación y compra de algunos dirigentes.

Por eso mismo y a pesar del papel capitulador que puedan haber adquirido algunos sindicatos existe la necesidad imperativa de formar parte de estas estructuras y pelear en ellas por conseguir una dirección sindical en consonancia con las reivindicaciones obreras y la defensa de nuestras condiciones de vida y trabajo. Es principalmente en los sindicatos (y en ocasiones en otras estructuras que realizan acción sindical) donde se encuentra esa parte de la clase obrera mínimamente organizada y concienciada de que es necesaria la colectividad para enfrentar a todo aquel que pretenda arremeter contra nuestros derechos. Recelar de estas estructuras equivale a hacerlo de aquella parte de los trabajadores más consciente; este lujo las/os comunistas no podemos permitírnoslo, no podemos abandonar a una parte considerable de la clase porque no nos guste esto o lo otro. La realidad es como es y no como nos gustaría, en ocasiones incluso abiertamente contraria a nuestros objetivos, pero eso no es motivo para abandonar la causa y la labor allí donde estén las masas; para incidir en el movimiento hay que estar en él, ni desde fuera ni desde “los bordes” puede ser transformado.

A su vez, hemos de asegurar que vamos al mismo lo suficientemente preparados para que nuestra actividad en él no sea una mera colaboración, una persona más que ayuda al trabajo cotidiano, sino un elemento que aporta una serie de aspectos políticos, ideológicos que sirven para avanzar hacia un determinado objetivo, al mismo tiempo que con nuestro proceder (praxis) hacemos por educar a las masas en cómo organizar el trabajo y en la selección de herramientas y formas de lucha más aptas en cada momento para permitir dicho avance.

Decíamos que 2015 ha llegado a Correos con la misma presión hacia los trabajadores, sin embargo, también ha comenzado con un flujo de movilización de la plantilla que ha venido a concretarse en numerosas formas de protesta en distintos lugares del Estado (Sevilla, Madrid, Castellón, Asturias, algunas zonas de Euskal Herria, etc), como “desayunos reivindicativos”, manifestaciones y paros, huelgas que han durado varios días y, lo que supone un elemento cualitativamente diferente, la creación de la Plataforma de Trabajadoras/es de Correos (de momento en Madrid) y la Marea Postal de Correos, pudiendo situar la primera como la apuesta organizativa y la segunda como la de movilización. La Marea Postal hizo su puesta en escena el pasado 22 de Febrero en la movilización lanzada por Mareas Ciudadanas contra el golpe de estado político y económico de la oligarquía contra la mayoría social.

La Plataforma debe servir, primordialmente, para organizar a trabajadoras/es de los distintos centros de trabajo e intentar coordinar sus esfuerzos en la lucha contra la privatización y el deterioro de sus condiciones laborales. Este espacio debe dar cabida a la más amplia participación de la plantilla, independientemente de que esté o no sindicada (y dónde), puesto que la posición defensiva actual de la clase obrera y su falta de cohesión nos indica que la búsqueda de unidad entre la clase trabajadora es el objetivo principal a conseguir. Construir esta unidad no será posible si se pretenden fijar como cimientos altas premisas ideológicas o todo tipo de planteamientos que disten del nivel actual de conciencia de la mayoría trabajadora. Es precisamente en las reivindicaciones cotidianas, justas e inmediatas, donde se debe poner el mayor énfasis, donde debemos situar el trampolín que nos impulse hacia la consecución de nuestros objetivos.

Los servicios públicos surgen para atender necesidades de toda la sociedad (Sanidad, Educación, Transportes, Servicio Postal, etc) y es por ello que es del todo justo reivindicar que lo que demanda toda la sociedad no puede estar en manos del sector privado. No pueden depender nuestras necesidades del afán de lucro. Evidentemente, debemos ser conscientes de que para este régimen económico, político y social, la Economía tiene por objeto la consecución del máximo beneficio privado posible, como necesidad de una determinada clase social y no la satisfacción del conjunto de las necesidades humanas, es decir, que lo público también sirve a los intereses capitalistas. Ahora bien, esto no puede llevarnos a equiparar ambas realidades (pública y privada); el sector público está creado a través de nuestros impuestos y nuestro salario indirecto, para que ese dinero revierta en la sociedad. En su interés de recortar este salario indirecto se encuentra la imperiosa necesidad de reducir costes (mediante los recortes) junto con el renovado interés de convertir las diferentes funciones empeñadas hasta ahora por el sector público en sectores rentables para los capitalistas.

La oleada privatizadora pretende que nuestros ya maltrechos bolsillos tengan que seguir desangrándose para pagar lo que antes teníamos de manera gratuita, pretende que las condiciones de trabajo sean –en un contexto privado- todavía peores. El resto del sector postal está conformado por empresas privadas y se puede observar fácilmente que miserias deben soportar sus plantillas. Ese el futuro de Correos si se privatiza.

La consigna de un “Correos Público y de Calidad” condensa precisamente las aspiraciones urgentes que tiene la plantilla al oponerse a su venta, ya que quedaría sometida a los designios privados sin la menor protección: Recuperación de los puestos de trabajo destruidos, subida salarial y reposición del nivel adquisitivo perdido, despenalización de las bajas por enfermedad y cumplimiento del Servicio Postal Universal (SPU), entre otras.

Es comprensible que la plantilla de Correos (al igual que lo hacen trabajadores públicos de otros sectores) reaccione contra la degradación de sus condiciones laborales a sabiendas de lo que les espera en el ámbito privado donde impera la explotación capitalista. La “preparación” de la futura privatización de la empresa ya está causando suficientes estragos y malestar dentro la plantilla. Además, los trabajadores de Correos reaccionan por entender que las necesidades de la población no pueden depender de manos privadas; el servicio que ofrecen es de interés público y no debe someterse a las ansias de beneficios de empresarios y banqueros.

Correos es una gran empresa que aúna a día de hoy todavía a más de 40.000 trabajadores lo que debe tornarse en una fortaleza a la hora de organizarse la plantilla para frenar el proceso privatizador y confluir con el resto de colectivos en la lucha por la defensa del sector público y el mejoramiento de las condiciones laborales de la clase obrera y el resto de capas del pueblo.

Hay que tener en cuenta que, en un momento determinado, un gobierno progresista puede llegar a jugar un papel de defensa del sector público e incluso proceder a nacionalizar algunos sectores importantes para la economía del país. Los trabajadores tendrán que forzar que la inversión pública vaya encaminada a mejorar sus condiciones de vida y trabajo para lo cual habrá que desempeñar un papel de control democrático que permita una gestión económica dirigida a los intereses de la mayoría de la población, que empiece a situar la producción social dirigida a la satisfacción de las necesidades objetivas humanas mediante el fruto de su trabajo.

Mientras siga imperando como lema de cabecera de la sociedad el máximo beneficio privado y la competencia, no estará garantizado el bienestar de la clase obrera porque dependerá totalmente de las decisiones que adopte la oligarquía para su supervivencia. La clase dominante, como decíamos más arriba, es capaz de manejar todos los ámbitos ya sean económicos, políticos, sociales, etc, pues ha dispuesto una poderosa superestructura que le permite monopolizarlos. El sector público, por tanto, está también plegado a los intereses capitalistas y es usado por esta clase social para satisfacer diversas necesidades tales como desarrollar un sector de forma centralizada, hacer grandes inversiones de dinero público en una empresa o sector para después privatizarlo fugándose los beneficios a unas pocas manos, etc. Sin embargo, las conquistas sociales logradas hasta la década de los años 80, principalmente, han servido para conseguir una serie de servicios y mejoras en las condiciones laborales dentro del ámbito público que los trabajadores deben mantener y recuperar (en el caso de las que han sido pérdidas). En el momento en que un sector escapa de dicho ámbito para formar parte del privado es evidente que ya no podrá revertir en el conjunto de la sociedad.

Hasta que la clase obrera no detente el poder político no podrá asegurar el bienestar social de la mayoría. Por su papel en la producción, por ser la clase creadora de riqueza, es la que está en posición de procurar un progreso equitativo de la Humanidad. Es en la lucha por la conquista de la democracia –tanto económica como política- donde las masas obreras se educan y se forjan para toma del poder y la construcción de una nueva sociedad. Las fábricas y el resto de centros de trabajo deben convertirse en bastiones de la lucha del pueblo contra la oligarquía de los grandes capitalistas, porque la democracia no puede avanzar y realizarse si no lo hace en las empresas, si los trabajadores se quedan a la defensiva. “El socialismo es imposible sin democracia, porque: el proletariado no puede llevar a cabo la revolución socialista si no se prepara para ella luchando por la democracia; el socialismo triunfante no puede consolidar su victoria y llevar a la humanidad a la extinción del Estado, sin la realización de una democracia completa” (Lenin, Una caricatura del marxismo y el ‘economismo imperialista’).

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