La industria pesada tiene una importancia fundamental en el desarrollo de las sociedades humanas modernas. El descubrimiento de nuevos y mejores materiales, obtenidos de materias primas arrancadas de las entrañas de La Tierra, ha permitido al ser humano alcanzar nuevos desarrollos tecnológicos y nuevas aplicaciones. Estos nuevos materiales, obtenidos por su transformación en la industria pesada, han dado lugar a nuevos productos que han satisfecho más y mejor las necesidades humanas. Y la burguesía ha utilizado la producción de estas novedosas mercancías para satisfacer sus crecientes necesidades de beneficios económicos en el marco del régimen capitalista.

El sector del acero forma parte de la industria pesada y ha sido sumamente importante para la evolución tecnológica y la modernización de los países. Se constituyó y se sigue constituyendo como un sector fundamental para el resto de las industrias. Los aceros producidos sirven como materias primas a otras industrias, que crean los productos finales que consume la gente o los bienes de equipo. Por ejemplo, los nuevos aceros producidos a lo largo de las últimas décadas, con innovadoras composiciones y propiedades, han servido para erigir nuevos y mejores edificios en el “boom inmobiliario”. Los nuevos aceros que están desarrollando han permitido a la industria automotriz diseñar y fabricar coches tecnológicamente más avanzados. Y actualmente sigue siendo un pilar fundamental para la producción de bienes de consumo cuya tecnología debe permitir el progreso de la humanidad. Sin la industria del acero todas las demás no habrían existido o dejarían de existir en el nivel tecnológico pasado y actual.

Sin embargo, este sector vive convulso desde hace años, desde que estalló la enésima crisis económica del sistema capitalista: cierre de plantas productivas, funcionamiento a menor capacidad de la que la planta tiene instalada, ventas y compras de unas y otras plantas en diferentes países, despidos de trabajadores y trabajadoras, expedientes de regulación temporal de empleo, etc. La sobrecapacidad y la sobreproducción arrastran a este fundamental sector industrial. Y la patronal europea (más bien, indoeuropea) acusa a sus principales competidores, el acero chino, de ser el causante de la sobrecapacidad causada por todos los capitalistas del acero. El dominio del sector está en juego y deben poner “toda la carne en el asador” para doblegar a sus competidores y hacerse con el control de este mercado. Para ello, también pretenden movilizar a la gran masa de obreros del metal. La burguesía del acero trata de encandilar a los trabajadores del sector del acero con sus falacias y medias verdades para arrojarlos a la pelea como “carne de cañón”. Además introduce sus ideas, su política y sus intereses en el seno de la clase obrera. Emplea todo tipo de medios; desde partidos como el PSOE o la compra de determinadas facciones sindicales, hasta el chantaje económico y el hipócrita chovinismo, repitiendo su demagógica y manipuladora cantinela. Todo ello para que las y los obreros sean quienes les consigan su preciado objetivo: el control del mercado del acero por encima de sus competidores. Así, la clase obrera adquiere un punto de vista de clase que le es ajeno; mientras tanto, ve recortados sus derechos laborales, sus salarios o, simplemente, es despedida en pro de la competitividad y el beneficio capitalistas.

Tal es el escenario sobre el que queremos arrojar luz con este folleto. Pero no una luz cualquiera, sino la que es propia a la clase obrera y a sus intereses de clase.

Parte I- Sobrecapacidad y sobreproducción en el sector del acero: la anarquía productiva capitalista.

Porcentaje de sobreproducción de acero en la UE 2006-2015. Fuente World Steel Association.

El sector del acero afrontó el reto de proveer este material a la economía española, tanto en los desarrollos urbanísticos de principios de los 90 como en el de los años 2000. El sector inmobiliario y de las infraestructuras dinamizaba la economía, creaba enormes cantidades de empleo. El sector siderúrgico dependía en gran medida del sector de la construcción y de las infraestructuras públicas. Estos empleos, a su vez, daban lugar a otros empleos en otros muchos sectores para la producción de bienes de equipo, mercancías consumidas en la construcción y mercancías consumidas por los trabajadores. Estas burbujas especulativas inmobiliarias azuzaron al resto de sectores de bienes de consumo, como el automovilístico, los electrodomésticos, electrónico, etc.

Parecía no tener fin el crecimiento económico. Esto animaba aún más al consumo, animaba a la firma de créditos al consumo e hipotecarios, posponiéndose los pagos con la perspectiva de que la creación de empleo nunca tendría fin. Parecía crecer el poder adquisitivo con los aparentes salarios elevados, pero a la par crecían aún más los precios. La inflación crecía año sí y año también. Había una pérdida real del poder adquisitivo como consecuencia de la especulación. La clase obrera veía depreciado el valor de su fuerza de trabajo; si antes destinaba 15 años de trabajo para pagar una vivienda, ahora necesitaba 30 años con la misma o más proporción de salario. España se sumergió en una y otra burbuja especulativa en el sector de la construcción para salir de las crisis económicas previas; y como hemos podido comprobar, cada burbuja especulativa dio lugar a una crisis económica aún más profunda.

Por contra, la burguesía recogía resultados de beneficios cada vez más gruesos. Llenaban sus bolsillos “a espuertas” con la especulación, mientras que generaban esa falsa imagen de prosperidad basada en el consumo a crédito. Endeudaban a las familias trabajadoras y a las administraciones públicas. Toda la burguesía se beneficiaba, pero aún más lo hacían la gran burguesía y la oligarquía financiera. De este proceso especulativo surgieron como grandes corporaciones trasnacionales el BSCH y el BBVA. Igualmente sirvió como base para su expansión internacional a ACS, Ferrovial, Sacyr, etc.

No muy diferente fue a nivel europeo y mundial, donde la especulación empujaba hacia el crecimiento de la economía. El sector inmobiliario y de las infraestructuras también dinamizaba la economía estadounidense, china, brasileña, etc. Los juegos olímpicos de Londres, Pekín y Río de Janeiro, en plena crisis económica internacional, supusieron un campo gravitatorio de atracción para los productores industriales, incluidos los del acero.

El sector de la construcción y el de las infraestructuras públicas demandaban todo tipo de aceros. Igualmente el de la automoción, el de la maquinaria, electrodomésticos, etc. Aceros laminados, aceros corrugados, aceros corten, aceros inoxidables, aceros de altas prestaciones, fundición y todo tipo de aceros con diferentes composiciones y tratamientos. Clasificados todos ellos en productos largos y productos planos.

Todos los principales industriales del acero: Arcerlor y Mittal Steel, ThyssenKrupp, Tata Steel, Nippon Steel & Sumitomo Metal Corporation, Hyundai Steel Company, U.S. Steel Corporation, etc., se lanzaron individualmente a por esa demanda para engrosar su cuenta de beneficios y acaparar el mercado. Su fin era, es y será, derrotar a sus competidores para no ser derrotados.

Cada uno, individualmente, pone en marcha su capital y sus capacidades productivas. Las incrementan introduciendo una mayor masa de capitales y, por tanto, de fuerzas productivas: nuevos y novedosos altos hornos, nuevos y novedosos trenes de laminación, nuevas y novedosas plantas de fabricación de productos de acero, novedosos sistema de organización del trabajo e incorporación de nuevos trabajadores y trabajadoras asalariados. Y a su vez, con la rentabilidad como efecto llamada, se produce un incremento de capitalistas en el sector, en forma de fabricantes o en forma de inversores. “El aumento del número de capitales hace aumentar la concurrencia entre los capitalistas. El mayor volumen de los capitales permite lanzar al campo de batalla industrial ejércitos obreros más potentes, con armas de guerra más gigantescas”1, así exponía K. Marx en el siglo XIX esta Ley del capitalismo.

La producción de acero bruto a nivel mundial pasó de 715,6 millones de toneladas (T) en 1980 a 1.547 millones de T en 2011 y hasta llegar a las 1.662 millones de T en 20142, tras una etapa de ralentización del crecimiento de este sector.

Pero no se trata simplemente de producir más para acaparar el mercado, sino de producir más barato. “Sólo vendiendo más barato pueden unos capitalistas desalojar a otros y conquistar sus capitales. Para poder vender más barato sin arruinarse, tienen que producir más barato; es decir, aumentar todo lo posible la fuerza productiva del trabajo. Y lo que sobretodo aumenta esta fuerza productiva es una mayor división del trabajo, la aplicación en mayor escala y el constante perfeccionamiento de la maquinaria3.

De esta forma inundaron el mercado con todo tipo de aceros para que, por ejemplo, las constructoras e inmobiliarias pudieran inundar el mercado con millones y millones de viviendas o las automovilísticas pudieran inundar el mercado con millones de coches. Toda la burguesía inundó el mercado con sus mercancías.

Llegó un momento en el que el mercado estaba completamente saturado. La cantidad de mercancías puestas en circulación por la industria superó con creces a la demanda existente, es decir, la capacidad de consumo. En palabras de F. Engels: … la capacidad extensiva e intensiva de expansión de los mercados, obedece, por su parte, a leyes muy distintas y que actúan de un modo mucho menos enérgico. La expansión de los mercados no puede desarrollarse al mismo ritmo que la de la producción. La colisión se hace inevitable, y como no puede dar ninguna solución mientras no haga saltar el propio modo de producción capitalista, esa colisión se hace periódica. La producción capitalista engendra un nuevo «círculo vicioso»”4. Las viviendas, los coches, los electrodomésticos, etc., se quedan sin compradores; el acero producido no encuentra salida para ser transformado, a su vez, en esos bienes de consumo. Toneladas de acero se quedan almacenados sin ver salida; de los 1.662 millones de T de acero bruto producidas en 2014 el consumo aparente de estas solo se situó en 1.500 millones de T5. Y todo ello a pesar de que los niveles de utilización de la capacidad productiva industrial en España, por ejemplo, se encuentran al 75% (habiendo llegado al 80% en 2006)6. Es decir, existe una sobrecapacidad dentro de la sobrecapacidad ya existente. 

Por tanto, la expansión de la producción por encima de la demanda genera una sobrecapacidad. Y esta, a su vez, genera una sobreproducción. Es la anarquía productiva del capitalismo. La crisis económica estalla.

Las mercancías se quedan almacenadas, produciéndose un incremento de su coste por el almacenaje y su pérdida de valor. 1,6 millones de viviendas en España7 aún se encuentran vacías, sin ser vendidas. Las ventas de coches cayeron sin freno en 2008 con su mayor caída histórica, un 28%, aumentando los vehículos almacenados; el sector se recupera tímidamente pero tras pasar un proceso de reducción de capacidades. El valor producido por la fuerza de trabajo de la clase obrera no se ve transformado en ganancia ni en la reposición del capital invertido, en forma de salarios y medios de producción8. Para poder dar salida a esas mercancías cada capitalista ha de bajar su precio, incluso por debajo de su valor. Y, además, ha de reducir su capacidad productiva para no seguir almacenando mercancías que no le permitirán, o tardarán mucho tiempo en materializar esa reproducción ampliada del capital invertido.

¿Qué hizo en 2008 la burguesía, y sigue haciendo, para reducir la producción de mercancías?  En este punto del círculo vicioso comienza la destrucción de fuerzas productivas, millones de trabajadores y trabajadoras acabaron en el desempleo; cerraron plantas y todo tipo de fábricas y empresas o se pararon durante un determinado número de horas o de días al año; las máquinas quedaron paradas o rindieron por debajo de su capacidad; etc. Esto provocó, a su vez, la caída del poder adquisitivo y, por tanto, de la demanda. Más cierres, más despidos, etc. El desastre económico se generalizó y se sigue generalizando mundialmente y en todos los sectores. El régimen capitalista se colapsa. Se destruye aquello que ha sido levantado con la fuerza de trabajo de la clase obrera.

Así, en el sector siderúrgico español y europeo se produjo una fuerte caída de la demanda, un 27% desde 20079. Comienzan los cierres de varias plantas de producción, la reducción de la producción con respecto a su capacidad real y el despido de miles de trabajadores. ArcelorMittal cierra la planta de Villaverde en Madrid, una planta orientada principalmente al acero laminado para el hundido sector de la construcción en España. Igualmente cierra las plantas de Zumárraga y Sestao (esta última ha sido reabierta recientemente como planta de I+D+i). El grupo Ilva, perteneciente a la familia Marcegaglia, vio intervenida su planta en Tarento por el Estado italiano para salvarla de la quiebra -actualmente está inyectando 1.100 millones de € para sanearla-, desarrollar sus fuerzas productivas y venderla a alguna corporación del acero. Mientras tanto, sus capacidades han sido reducidas sustancialmente (sus 12.000 trabajadores sufren un ERTE y la planta tiene previsto reflotarse únicamente con 3 de sus 8 altos hornos). De esta forma, “los productores [de la UE] redujeron el número de días de producción, por lo que, en consecuencia, aumentó su capacidad no utilizada, manifestándose en la pérdida de 30 millones de toneladas desde el año 2007 (de los 26 Altos Hornos instalados, ocho se encuentran parados)10.

Unidad productiva de Ilva en Taranto. Italia. 2007. [Fuente: Flickr. Autor: Mafe de Baggis]

La crisis económica del régimen capitalista ha generalizado la miseria y la pobreza entre las y los obreros. Los que no han perdido su empleo, han visto reducidos sus salarios y aún más su poder adquisitivo, viéndose obligados a hacer horas extra para mantener su nivel de vida. Los que han perdido sus empleos se han visto privados de ingresos o, en el mejor de los casos, han visto reducidos sus ingresos con unas prestaciones y subsidios por desempleo muy inferiores a sus salarios cuando trabajaban. Y los que han recuperado un empleo en otros sectores, en otras empresas, etc., lo han hecho con salarios inferiores y en peores condiciones laborales.

España. Producto interno bruto por cápita vs. Paridad de poder de compra 2006-2016. Fuente: tradingeconomics.com

Las crisis capitalistas se dan, irónicamente, por exceso de producción. Mientras que existe una enorme cantidad mercancías paradas o destruidas, también existe una gran cantidad de familias obreras que no pueden consumirlas al disponer de unos salarios insuficientes o encontrarse desempleados. Generan auténticos dramas. Casas vacías en las que no pueden vivir familias que las necesitan; coches parados que no pueden ser utilizados por las familias para desplazarse; acero almacenado que no puede ser usado para producir muchos bienes de consumo que necesita la población trabajadora; etc.

A modo de conclusión, hemos visto que ni la propia burguesía es capaz de controlar las leyes del régimen capitalista que tanto le beneficia y le proporciona un status de privilegio, por su posición con respecto al resto de la sociedad. Estas leyes les empujan a competir los unos contra los otros con el objetivo de sobrevivir como burgueses. El que no sobrevive cae en la ruina y pasa a las filas de la clase obrera. Para sobrevivir han de derrotar a sus contrincantes y absorber su cuota de mercado. Para poder hacerlo necesitan producir más barato. Por tanto cada uno de forma independiente ha de poner en marcha, constantemente, unas fuerzas productivas mayores en cantidad y calidad que le permitan producir más y abaratar costes. Dado que cada uno atiende la demanda del mercado de manera individual y con el objetivo de acapararla lo máximo posible, se produce una sobrecapacidad productiva y arroja una sobreproducción que estalla en forma de crisis cuando la demanda es incapaz de absorber tal magnitud de mercancías excedentes. En este momento comienza la destrucción de fuerzas productivas y las propias mercancías producidas. La burguesía y el propio capitalismo destruyen las capacidades que han erigido socialmente. Las crisis capitalistas no hacen más que mostrar que “el modo capitalista de producción revela, pues, su propia incapacidad para seguir rigiendo sus fuerzas productivas11. La miseria y la pobreza se generalizan en el seno de la clase obrera. Es la anarquía productiva del capitalismo. Es un problema del régimen social capitalista, y como tal, ha de resolverse de raíz; ha de resolverse cambiando el modo de producción actual por otro.

Parte II- La rentabilidad capitalista hace y deshace el progreso de la humanidad

La enconada competencia de todos los grupos capitalistas les empuja inevitable e inconscientemente hacia el desarrollo de las fuerzas productivas y hacia la crisis. La única manera de desbancar a la competencia es poder vender más barato. Para vender más barato deben producir más barato. El desarrollo de las fuerzas productivas proporciona unas máquinas, unos sistemas de producción, una división del trabajo, etc., cada vez mayores y más avanzados tecnológicamente. Con ello hacen más productiva la fuerza de trabajo de la clase obrera; y, por tanto, la explotan aún más.

El incremento de la tecnificación (capital constante) con respecto a la mano de obra (capital variable) lleva a una reducción de la rentabilidad del capital.

Como regla general, toda mejora de la tecnificación de la producción tiene un mayor coste que la anterior y, además, por su mayor productividad, es capaz de mover una mayor cantidad de materias primas en el mismo tiempo. Esta tecnificación aporta sofisticados y más complejos sistemas, con novedosos y más costosos materiales, diseños, etc. Cada vez más se generaliza el uso de la maquinaria para las diferentes operaciones que se han de realizar. Y la mecanización ya existente puede producir más rápido con las novedosas y más avanzadas máquinas que se van instalando sucesivamente. Por tanto, los capitalistas deben hacer una mayor inversión en capital constante12 en sus respectivas plantas de producción y deben introducir en el mercado una mayor masa de mercancías para reponer ese aumento de la inversión en medios de producción, lo que recrudece la competencia capitalista.

Esto redunda en una reducción de puestos de trabajo, en la reducción del capital variable13. Con los 360.000 trabajadores actuales de la siderurgia en la UE se produce más que con los 770.000 trabajadores de la Europa de los 15 en 1980. Cada trabajador produce mucho más al usar medios de producción más avanzados.

La mayor inversión de capital en medios de producción que en salarios conduce a un incremento de la composición orgánica del capital, tal y como lo denomina Marx. Al aumentar la productividad, por la incorporación de innovaciones en la producción, los obreros y obreras deben aportar menos valor, es decir, menor tiempo de trabajo, por cada producto fabricado. Por ejemplo, la incorporación en los años 90 de la tecnología de las acerías compactas14 en el mercado de los laminados planos introdujo “nuevos esquemas en los que se acorta el tiempo del proceso y se reducen significativamente los costos de producción. Esto permitió incrementar el volumen de producción de estos aceros, debido a que con este mecanismo de funcionamiento es posible mayores cantidades en menor tiempo, lo que significó un elemento adicional que explica una fuente alternativa de producción”15. Una de estas era la Acería Compacta de Bizcaia (ACB) perteneciente a ArcelorMittal.

Instalaciones de Arcelor Mittal en Sestao (Vizcaya) [Autor: UKBERRI.NET Uribe Kosta eta Erandioko agerkari digitala]

Al producirse una mayor cantidad de acero en el mismo tiempo se produce un incremento de la explotación. Por cada hora de trabajo de un obrero en un acería -más fructífera por los avances en las fuerzas productivas-, se produce una mayor cantidad de acero con el mismo salario. Sin embargo, esta maquinaria y sistemas productivos más sofisticados, consumen una mayor cantidad de materias primas para dar lugar a esa mayor cantidad de acero producido y por tanto, es necesario aumentar el capital invertido en esos medios de producción (en el capital constante) con respecto al capital invertido en salarios. Así pues, la cuota de gananciaque obtiene el capitalista es menor16. Al generalizar el uso de estos avances tecnológicos en todo el sector por medio de la competencia, se produce un descenso de la cuota media de ganancia de todo el sector y así, podemos extenderlo a todos los demás y en general, a la economía capitalista.

Si bien es cierto que se produce una mayor masa de mercancías con menos obreros y obreras, también lo es que cada capitalista necesita una mayor porción de mercado para poder dar salida al incremento de la producción, reponer el capital invertido y el capital necesario para lograr el siguiente avance tecnológico en la producción y obtener el beneficio. E igualmente, si bien es cierto que una mayor masa de mercancías arroja una mayor masa total de plusvalía y, por tanto, de beneficios, también es cierto que cada capitalista necesita cada vez una mayor inversión de capitales en unos medios de producción mucho más avanzados, mayores en masa total y más costosos. Es decir que puede obtener una masa total de beneficios mayor, pero será a costa de poner en marcha una mayor cantidad de capitales (mucho mayor en proporción) y lanzar una masa mayor de mercancías al mercado.

Tasa de beneficio de la producción capitalista mundial (1869 - 2007, media). Fuente Maito y Piketty
Tasa de beneficio de la producción capitalista mundial (1869 – 2007, media matemática). Fuente Maito y Piketty

La conclusión es que la rentabilidad del capital invertido es cada vez menor. Tienen que invertir más capitales para obtener de estos, en proporción, menos plusvalía y, por tanto, menos beneficios. Es una de las leyes generales del capitalismo que Marx definió como la tendencia decreciente de la cuota de ganancia.

El problema de la rentabilidad es un aspecto contradictorio del capitalismo. Surge de la competencia, revolucionando a cada paso las fuerzas productivas, haciéndolas más costosas e inaccesibles para unos y requiriendo cada vez mayores capitales para que otros las puedan desarrollar. Los capitalistas tratan de revertir la tendencia decreciente de la cuota de ganancia reduciendo la plantilla (coincidiendo con la eliminación de sobrecapacidades), aumentando la intensidad de trabajo de las y los obreros que permanecen en la plantilla para hacerla más productiva, incrementando la jornada laboral, reduciendo el salario directo, indirecto o el diferido, etc., es decir, tratan de incrementar la plusvalía generada por la clase obrera y, por tanto, los niveles de explotación de su fuerza de trabajo. Pero cada una de estas acciones conduce inevitablemente a volver a aumentar el peso relativo del capital constante con respecto al capital variable y nuevamente a la tendencia decreciente de la cuota de ganancia.

Este círculo vicioso va ahogando cada vez más a los capitalistas. Les va exigiendo una mayor acumulación de capitales en cada período. La rentabilidad trata de imperar sobre las fuerzas productivas, llegando a volverse en su contrario; es decir, pasando de ser la dinamizadora del progreso a la obstructora del avance de las fuerzas productivas. Y en este camino, además, se cruzan las crisis económicas cíclicas, que se desencadenan como consecuencia de la sobreproducción. Estas crisis económicas no sólo destruyen fuerzas productivas ya  existentes sino que obstruyen el progreso de las fuerzas productivas en general.

CC.OO. en su informe de 2015 sobre el sector del acero es taxativo al indicar que “la coyuntura europea que, a finales de 2014 y principios del año 2015, combina un crecimiento débil y una gran disponibilidad de liquidez, anima a los productores a no ejecutar las inversiones necesarias para la modernización de sus instalaciones, anquilosadas durante siete años de crisis, a proponer ventas de activos como solución a su problema de obsolescencia”.

Como ejemplos significativos, el mayor grupo a nivel mundial en la producción de acero, ArcelorMittal, cerró recientemente la mencionada acería compacta de horno eléctrico instalada en Sestao (la ACB), y que vino a sustituir a la vieja industria integrada de los Altos Hornos de Vizcaya (AHV), para ahora albergar un pequeño centro de I+D+i. Se trata del cierre de una de las plantas más avanzadas a nivel mundial, siendo el sector del acero europeo el más avanzado tecnológicamente. En esto también tiene bastante que ver el elevado precio de la electricidad impuesto por el cártel de la electricidad español, cuyo acelerado enriquecimiento se hace sobre las espaldas de la industria española y la miseria de las familias trabajadoras. De esta manera, este monopolio también lastra -indirectamente- el desarrollo de las fuerzas productivas. Igual ha sucedido con la venta de la planta de horno eléctrico que ArcelorMittal poseía en Zaragoza.

Este cierre forma parte de la proyección estratégica de ArcelorMittal y va unido a la dirección principal de esa estrategia. Esta pasa por la inversión en la fabricación de aceros con alto valor añadido para el sector del automóvil, donde China no tiene suficiente desarrollo tecnológico, y, lo más importante, por desplazar el eje productivo nuevamente hacia las grandes plantas industriales integrales de acero de antaño.

Altos hornos en Gijón, España (ArcelorMittal). [Autor: Borvan53]

En España esta estrategia se traduce en la rehabilitación de sus altos hornos. En la planta de Gijón ya se ha iniciado el proyecto para que en 2018 puedan estar operativos, pero no van a proporcionar ningún avance productivo y tecnológico sustancial, dado que es la rehabilitación de los altos hornos de coque que han llegado al final de su vida útil. Invertirá 134 millones de €17, junto con los algo más de 200 millones de € que supondrá la instalación de una planta de cogeneración. Solo rehabilitan las tecnologías existentes -y muy antiguas-. Aún más, ArcelorMittal desechó una inversión aún mayor en estos altos hornos para su sustitución completa por otros nuevos y más sofisticados cuyo valor rondaba los 400 millones de €, lo cual, además, habría proporcionado una producción más ecológica, reduciendo los contaminantes que respiran o ingieren las y los propios trabajadores y los habitantes de la zona. La rentabilidad y el menor coste se imponen al desarrollo de las fuerzas productivas, retrotrayendo su tecnología a una actualización mínima de la existente en los años 60 y 70 para un proyecto productivo que se extenderá hasta cerca del año 2060. Es evidente que dado el nivel de concentración de capitales de la mayor corporación acerera mundial y la tendencia a formar alianzas con otras grandes corporaciones le permiten “el lujo” de estancar el desarrollo tecnológico de la producción. Esta estrategia da idea de cómo está obstruyendo el desarrollo tecnológico a futuro de las fuerzas productivas.   

No es muy diferente en China o en el resto de la UE. Es cierto que China está cerrando sus plantas menos rentables, como consecuencia de un mayor atraso tecnológico y más contaminantes afincadas en su país. Y en la UE los grupos acereros están vendiendo los activos de las plantas más anticuadas, llevándolas al cierre cuando no encuentran comprador. Incluso en ambas regiones, se están implementando medidas de actualización de las plantas existentes en materia de productividad -léase rentabilidad- y de medio ambiente. De hecho, el rescate e inversión del Estado italiano en la planta de Tarento18, cuyos trabajadores se encuentran actualmente suspendidos de empleo y sueldo, tiene como finalidad modernizar sus instalaciones para ponerlas al nivel productivo y medio ambiental de otras plantas europeas. Pero no se trata de un progreso general de las fuerzas productivas sobre el nivel ya existente, sino de una actualización a este nivel, en esa generalización de la tecnología en el mercado que expresaba Marx.

El parasitismo es uno de los aspectos del imperialismo, y este se ve reflejado en la tendencia a la obstrucción y al estancamiento del progreso tecnológico. Lenin expuso con total acierto, a principios del siglo XX, que “la base económica más profunda del imperialismo es el monopolio. Se trata de un monopolio capitalista, esto es, que ha nacido del seno del capitalismo y se halla en las condiciones generales del mismo, de la producción de mercancías, de la competencia, en una contradicción constante insoluble con dichas condiciones generales. Pero, no obstante, como todo monopolio, engendra inevitablemente una tendencia al estancamiento y a la descomposición. Puesto que se fijan, aunque sea temporalmente, precios monopolistas, desaparecen hasta cierto punto las causas estimulantes del progreso técnico y, por consiguiente, de todo progreso, de todo movimiento hacia adelante, surgiendo así, además, la posibilidad económica de contener artificialmente el progreso técnico. Ejemplo: en los Estados Unidos, un tal Owens inventó una máquina que produjo una revolución en la fabricación de botellas. El cartel alemán de fabricantes de botellas compró la patente a Owens y la guardó bajo llave, retrasando su aplicación. Naturalmente, bajo el capitalismo, el monopolio no puede nunca eliminar del mercado mundial de un modo completo y por un período muy prolongado la competencia19.

El desarrollo del capitalismo muestra un panorama cada vez más difícil para la clase obrera. La crisis económica, la enconada competencia, el incremento de la mecanización que expulsa a los obreros de sus puestos de trabajo presionando a la baja las condiciones laborales, la pérdida de salario y de poder adquisitivo, las necesidades de acumulación de capitales y de beneficios de las corporaciones capitalistas, etc., están llevando a la clase obrera a un mayor empobrecimiento.

Desempleo en España. [Autor: Hdepot]

El capitalismo no cesa en aumentar la masa de mercancías creadas. Marx indicaba hace siglo y medio que “a medida que progresa la producción capitalista y con su correspondiente desarrollo de la fuerza productiva del trabajo social y a medida que se multiplican las ramas de la producción y, por tanto, los productos, la misma magnitud de valor [creada por la fuerza de trabajo de la clase obrera] representa una masa cada vez mayor de valores de uso y placeres”20. La propiedad capitalista de los medios de producción expropia a las y los obreros los productos creados por su fuerza de trabajo. Mientras que la clase obrera crea cada vez una mayor masa de valores de uso y placeres, bienes y servicios, éstos son cada vez menos accesibles para su disfrute. La reducción de los salarios y del poder adquisitivo de la clase obrera así lo impide; la realización de horas extra es un parche temporal y significa el aumento de la explotación laboral. La compra a crédito permite acceder a ellos, pero lo es hasta que la economía doméstica de las familias obreras hace imposible el pago de estos créditos, por las reducciones de poder adquisitivo o por la pérdida del empleo. Es aquí cuando estas familias caen en la más absoluta pobreza mientras que los capitalistas siguen enriqueciéndose incesantemente a costa de la explotación de los asalariados.

Parte III- La concentración de capitales en el sector del acero: el camino hacia el monopolio

El sector del acero en España vivió una época de crecimiento sin control a principios del siglo XXI, al calor de la construcción de edificaciones y de infraestructuras públicas. La demanda de acero crecía exponencialmente cada año. Cada fabricante de acero invertía capitales en grado mayor para acaparar el mercado. Surgían los choques; sin embargo no eran muy virulentos. El mercado también se expandía, dando cierto espacio a la mayoría. No obstante, la producción crecía más rápidamente que el mercado. Cada capitalista del acero tenía claro que si no era el ganador de esa carrera, sería muy probablemente el perdedor o, cuanto menos, partiría en una posición de debilidad en la siguiente carrera de la competencia feroz. Por eso todos aumentaron sus capacidades productivas para abaratar sus productos y acaparar más mercado, arrebatándoselo a sus contrincantes. Por eso, muchos adoptaron el camino de fusionarse para poder competir contra otros capitalistas del acero mucho más poderosos. O, por eso, directamente compraron a otras acereras, más débiles y en dificultades, para hacer crecer su fuerza productiva y sus capitales de cara a la competencia capitalista, eliminando a algunos oponentes.

Al comienzo de la última burbuja inmobiliaria, de principios de siglo, ya se habían conformado enormes corporaciones acereras como consecuencia de la concentración de capitales. Arcelor destaca en Europa como la mayor productora tras la integración de tres grandes: Aceralia, Usinor y Arbed; con esta fusión alcanzaron una producción anual de más 50 millones de toneladas de acero líquido, desbancando también a grandes corporaciones mundiales como la japonesa Nippon Steel21. Igualmente, el tramo final de esta burbuja especulativa arroja una nueva concentración de capitales. La india Mittal Steel compra, mediante una OPA hostil, a la enorme Arcelor para crear el grupo acerero más grande, y con mucha distancia, a nivel mundial: ArcelorMittal. Este nuevo gigantesco grupo capitalista produce más del doble que el segundo más grande: 97,135 millones de toneladas de acero crudo en 201522. Esta producción aglutina a todas sus plantas, diseminadas por diversos países en todo el planeta. E incluye la planta recientemente instalada en China para la producción de aceros para la industria del automóvil, con una capacidad de producción de 1,5 millones de toneladas23.

La libre competencia empuja, inevitablemente, a las fusiones, a la compra de unos burgueses por otros, etc., es decir, a la concentración de capitales. La competencia por la supervivencia como burgueses es la Ley interna del capitalismo que azuza la tendencia hacia la concentración de capitales y, por tanto, hacia el monopolio. Se van formando grupos cada vez más gigantescos para competir contra otros que igualmente se han hecho enormes en el sector.

Además, las crisis económicas periódicas de sobreproducción sacuden las bases económicas del capitalismo hasta tal grado que provoca el caos entre toda la burguesía. La actual sobreproducción existente en el mundo obliga a todos los fabricantes a bajar los precios del acero para poder dar salida a estas mercancías excedentarias y poder recuperar su capital. Los precios del acero llegan a bajar, incluso, por debajo de su valor medio de producción.

La mejor posicionada es la que está llamada a crecer más rápidamente con respecto a las demás. La mejor posición significa que produce a un valor inferior que el resto o la mayoría de sus competidores (obviamente por debajo del valor medio de producción), por su desarrollo de las fuerzas productivas, y que dispone de una acumulación de capitales suficientes para soportar las bajadas de precios. Esta es la llamada a resistir tal convulsión del sistema capitalista.

Y, por el contrario, aquellos que se encuentran sumamente endeudados incluso teniendo unas plantas más modernas y eficientes, aquellos que dispongan de una acumulación menor de capitales, aquellos que tengan una producción atrasada tecnológicamente, es decir, aquellos que produzcan a un valor por encima que las mejor posicionadas (obviamente por encima del valor medio), etc., son los que antes caerán arruinados al no poder resistir la guerra de precios para dar salida a sus mercancías. Se ven abocados al cierre de la empresa para dejar su cuota de mercado a los más poderosos o siendo absorbidos por esos gigantescos grupos.

Así le ha sucedido a la familia Marcegaglia y su Grupo Ilva. Su planta en Tarento fue derrotada en la competencia durante esta época de crisis capitalista. Se vio rescatada por el Estado burgués italiano, para sanearla y hacerla rentable nuevamente mediante el dinero público. Ahora es ArcelorMittal, y la misma familia Marcegaglia en una posición de inferioridad y de subordinación al gran grupo, el que pretende comprar esta planta, en la subasta que está realizando el Estado italiano. Por tanto, ArcelorMIttal ha conseguido eliminar a otro competidor en Europa y concentrar aún más la producción.

Consolidación de la producción mundial de acero 1986-2011. WSA
Consolidación de la producción mundial de acero 1986-2011. WSA

Y, en la actualidad, ArcelorMittal junto con ThyssenKrupp y Tata Steel valoran y negocian la posibilidad de formar una alianza frente a las acereras chinas, en un paso más para el dominio del mercado mundial del acero24. Este tipo de alianza encamina al sector a ser dominado por un gigantesco cártel25. Es decir, un gigantesco monopolio que controle el mercado del acero y su producción.

El poder de estas grandes corporaciones crece en tanto crece su concentración de capitales. Y la explotación de la clase obrera y de las naciones oprimidas igualmente crece. Lenin lo describía así principios del siglo XX: “Los monopolios, la oligarquía26, la tendencia a la dominación en vez de la tendencia a la libertad, la explotación de un número cada vez mayor de naciones pequeñas o débiles por un puñado de naciones riquísimas o muy fuertes: todo esto ha originado los rasgos distintivos del imperialismo que obligan a caracterizarlo como capitalismo parasitario o en estado de descomposición. Cada día se manifiesta con más relieve, como una de las tendencias del imperialismo, la creación de “Estados-rentistas”, de Estados-usureros, cuya burguesía vive cada día más de la exportación del capital y de “cortar el cupón”. Sería un error creer que esta tendencia a la descomposición descarta el rápido crecimiento del capitalismo. No; ciertas ramas industriales, ciertos sectores de la burguesía, ciertos países, manifiestan, en la época del imperialismo, con mayor o menor fuerza, ya una, ya otra de estas tendencias. En su conjunto, el capitalismo crece con una rapidez incomparablemente mayor que antes, pero este crecimiento no sólo es cada vez más desigual, sino que esa desigualdad se manifiesta asimismo, de un modo particular, en la descomposición de los países más fuertes en capital (Inglaterra)27.

Cada uno de los capitalistas aspira no sólo a controlar su sector sino que es consciente de la  interconexión de todos los sectores y de todos los mercados, en la era del imperialismo, la única manera de sobrevivir es una estrategia que le lleve a controlar los sectores y mercados más importantes y principales para sus intereses estratégicos y, por tanto, para controlar el mercado internacional capitalista. Así, trascienden más allá de los límites de su sector original y tratan de convertirse en inmensas corporaciones trasnacionales. Y esto solo ha sido y es posible de la mano del capital bancario, fusionándose con el industrial para formar el capital financiero.

Estas inmensas corporaciones llegan a dominar países enteros, es decir, la conjunción de sus sectores más importantes y ponen en posición de subordinación a los demás sectores. Así describe Le Monde Diplomatique a la chaebol28 Samsung: “el grupo extiende sus tentáculos desde los astilleros navales hasta el sector nuclear, desde la industria pesada hasta la construcción inmobiliaria, desde los parques de diversiones hasta la venta de armas, desde la electrónica hasta el comercio mayorista e incluso las panaderías de barrio, sin olvidar el sector de seguros o los institutos de investigación, Samsung es lo que llamamos una Chaebol, sin parangón en el mundo… Para los subcontratistas tampoco hay salvación fuera de la sumisión… el gerente francés de una empresa del sobrevaluado sector de las urbanizaciones de lujo, …, nos confía: “Para trabajar aquí, hay que estar acomodado. Las licitaciones no existen. Todo se basa en la confianza. Si funciona, tienes que comprometerte con el grupo, obedecer con manos atadas y ojos vendados. La ventaja de que podrás innovar, pero bajo su protección”. No se puede trabajar para otro chaebol o rechazar un pedido… El grupo se sitúa en el puesto número veinte del ranking mundial, registrando un volumen de negocios equivalente a una quinta parte del producto interior bruto (PIB) de Corea…sus prácticas más o menos lícitas: doble contabilidad, cajas negras para comprar periodistas y políticos, cuentas ocultas para costear necesidades personales… Existen una treintena en el país [hace referencia a Corea del sur], ente los cuales se encuentran Hyundai, Lucky Goldstar (LG) y Sunkyong Group (SK), cada uno en manos de una gran familia dinástica… Cada año, los ejecutivos de Samsung salen de caza. Descienden a los colegios provinciales para encontrar nuevos reclutas, preseleccionados por los profesores. Según dicen todos, hay más solicitudes que elegidos, Samsung goza de muy buena reputación y los salarios son relativamente altos”29

Estas corporaciones burguesas, con esas gigantescas concentraciones de capitales, dominan todos los aspectos de la sociedad para ponerlos al servicio de sus intereses como burgueses. Contralan sectores enteros; controlan infraestructuras que les son útiles para la circulación de sus mercancías; controlan a todas las empresas subordinadas a su producción y buscan subordinar a todas las demás; controlan los medios de comunicación; controlan el poder político mediante su poder económico; controlan en gran medida los proyectos políticos más importantes que se proponen y aprueban en los parlamentos; controlan los proyectos educativos e incluso universidades; institutos y colegios para ponerlos al servicio de su corporación…; llegan a controlar y organizar todo un país, toda la sociedad misma, para la producción de sus mercancías.

Por tanto, “en los trusts30, la libre concurrencia se trueca en monopolio y la producción sin plan de la sociedad capitalista capitula ante la producción planeada y organizada de la futura sociedad socialista a punto de sobrevenir. Claro está que, por el momento, en provecho y beneficio de los capitalistas. Pero aquí la explotación se hace tan patente, que tiene forzosamente que derrumbarse. Ningún pueblo toleraría una producción dirigida por los trusts, una explotación tan descarada de la colectividad por una pequeña cuadrilla de cortadores de cupones31.

De esta manera se produce una profunda socialización de las fuerzas productivas. Cada vez es mayor la cantidad de trabajadores y trabajadoras que se mueve para la producción. Cada vez más, agrupa a una mayor porción de la sociedad. Cada vez más, una entidad es capaz de poner en funcionamiento coordinadamente a toda una sociedad. No obstante, lo hace en torno al beneficio de un determinado capitalista., es decir, no pude resolver su contradicción entre la propiedad privada de los medios de producción, de la que es consecuencia la anarquía productiva que desata las crisis, y el carácter social de la producción.   

La pretendida compra de la planta de Tarento será utilizada por ArcelorMittal para, además, poner en competencia contra las plantas de Avilés en España y la de Foss en Francia, las cuales producen los mismos tipos de productos. Muy probablemente una de las dos tendrá que cerrar, como denuncian los sindicatos. Así, presionan los salarios; los presionan para incrementar la productividad y explotar aún más a las y los trabajadores. Con este incremento de la productividad y con la sobreproducción ya no necesitan a tantos trabajadores como antes. La productividad de la fuerza de trabajo de la clase obrera y su explotación se ha incrementado.

El sindicato CC.OO. así lo expone en referencia a la siderurgia europea: “El sector del acero ha perdido más de 60.000 empleos directos y 100.000 indirectos. Además, se viene produciendo un incremento del número de puestos de trabajo temporales, lo que dificulta la transferencia de competencias y conocimientos técnicos esenciales, y suele ir en detrimento de la calidad de la producción y la seguridad de los trabajadores32.

Estas inmensas corporaciones capitalistas no dan una solución de vida a las y los obreros expulsados de sus puestos de trabajo. Quedan a merced de la calamidad del desempleo. En lugar de emplear esas mejoras de la productividad en mejorar la vida de toda la sociedad, lo hace para explotar aún más a las y los obreros. El desempleo presiona a la baja las condiciones laborales de la clase obrera al incrementarse la competencia para acceder a esos nuevos empleos. Los antiguos empleos se van sustituyendo por otros más precarios. Empleos con contratos temporales, con contratos indefinidos con indemnizaciones de 33 días por año trabajado o menos, con contratos con salarios más bajos o salarios peores en relación al precio de la vida y, en general, con derechos laborales peores a los que tenían antes. Contratos que permiten a estas corporaciones capitalistas poder competir entre ellas en mejores condiciones por el dominio del mercado mundial y para su enriquecimiento.

Y no es algo ajeno al resto de países y grupos empresariales: “Tanto en Ulsan como en Suwon, estos sindicatos [del grupo Samsung] reconocen que, para ellos, trabajadores a tiempo completo “los salarios son correctos”. En cambio, los empleados precarizados a veces cobran entre un 40% y un 60% menos por el mismo trabajo, sin recibir ningún tipo de protección ni bonificación y son lazados a la calle apenas bajan los pedidos”33.

Con la concentración de capitales y, por tanto, el monopolio, se hace más descarada la explotación capitalista. Un puñado de individuos viven lujosamente del excedente de valores creados por millones y millones de obreros y obreras e imponen sus precios para obtener el beneficio deseado, encareciendo la vida mientras los salarios suben menos, se congelan o, incluso, bajan. El beneficio privado de los propietarios capitalistas de estos monopolios es el empobreciendo generalizado de la población trabajadora.

Así pues, la libre competencia capitalista es una “guerra sin cuartel”.  Son muchas las empresas capitalistas las que sucumben ante la competencia. Quien haya alcanzado una mayor concentración de capitales, quien haya alcanzado un mayor un nivel tecnológico para que su planta o fábrica tenga mayor productividad, tiene más probabilidades de sobrevivir en esta competencia salvaje. Esta se hace aún más cruenta en época de crisis económica, donde el mercado se hace más estrecho. Los burgueses perdedores son desplazados del mercado, quedando este de cada vez menos manos. El capitalismo tiende a la concentración de la producción y de capitales. El capitalismo tiende inexorablemente al monopolio. Es una ley imparable del capitalismo.

La propiedad privada de los medios de producción choca constantemente y más violentamente cuantos más capitales concentra, cuanto más grandes son esas corporaciones. La producción adquiere un carácter más social, un puñado de capitalistas organiza toda la producción social, pero choca con la propiedad privada de los medios de producción y, por tanto, con la apropiación privada de los productos así creados. De un lado, acumula más riquezas pero, del otro, generaliza cada vez más la miseria. La principal damnificada de esta guerra capitalista a muerte es la clase obrera (y sus familias), la cual ve drásticamente empeoradas sus condiciones laborales y de vida, a pesar de ser la creadora de las riquezas sociales con su fuerza de trabajo. La explotación capitalista se hace más patente.

Parte IV- ¿Por qué los barones del acero indoeuropeos trasladan el problema a China y no a su sistema capitalista?

La lógica del régimen capitalista establece que todo propietario de una empresa, grupo de empresas, gran corporación o inversor financiero, debe explotar lo máximo posible la fuerza de trabajo de la clase obrera. Mediante esta podrá maximizar lo máximo posible sus beneficios. Y con ello puede tener más posibilidades de salir victorioso en la competencia a la que somete el régimen capitalista. Esto implica, o bien la derrota de sus oponentes capitalistas, o bien la suya propia. Su victoria genera una mayor acumulación de capitales y, por tanto, de riquezas. Y, por el contrario, genera una tendencia a la extensión de la pobreza y de la explotación entre la clase obrera, la creadora de estas riquezas sociales. No hay otra lógica, todo lo demás son engaños para hacer que las y los obreros adquieran el punto de vista de estos capitalistas. Así la clase obrera defendería unos intereses que le son ajenos.

Es necesario apartar el “tupido velo” que interponen para ocultar estos hechos. Este “tupido velo” se presenta bajo numerosas formas: falacias, manipulaciones y deformaciones de la realidad, medias verdades que ocultan el verdadero carácter, hipocresía, interpretaciones desde la ideología burguesa en sus diferentes manifestaciones, etc.

La burguesía presenta la falacia de que el Estado es neutral, de que es el Estado de todo el Pueblo y sus gobiernos son de y para todos y todas. Mientras que estas palabras calan en el seno de la clase obrera, esos gobiernos “neutrales” no dudan en emprender todo tipo de reformas económicas, sociales y políticas contra la clase obrera y sus intereses. Las sucesivas reformas laborales han arrojado una mayor capacidad de flexibilización de la producción y una mayor rentabilidad de los capitales invertidos; mientras tanto, ha causado una reducción del nivel salarial, una enorme pérdida de poder adquisitivo y una precarización del empleo para la clase obrera, lo cual ha redundado en el crecimiento de la miseria en su seno. Los sucesivos gobiernos del PP y del PSOE son los que han emprendido estas numerosas reformas mediante leyes y todo tipo de medidas34.

Por tanto, Estado y gobierno protegen los intereses de la burguesía frente al resto de las clases sociales en España y en la UE.

En esta línea, la Comisión Europea presentó hace dos años el Plan de Inversiones para Europa (conocido popularmente como Plan Juncker), en el que algunas capas de los sindicatos tienen puestas las esperanzas, por el que la UE pretende canalizar, catalizar e incrementar las inversiones privadas. Este plan tiene un doble filo, siendo muy cortante uno de ellos para la clase obrera. Este plan contempla proteger, con una garantía adicional, el alto riesgo de inversiones del Banco Europeo de Inversiones. Estas inversiones, dirigidas hacia las infraestructuras, energía, investigación e innovación…, abarcan sectores en los que existe una elevada incertidumbre sobre la rentabilidad de sus proyectos. Para catalizar la inversión privada hacia esos sectores es necesario proporcionarles seguridad a futuro. Y esa seguridad se resume en rentabilidad en las inversiones de los capitales privados.

La UE, como proyecto imperialista, requiere crear el marco para el desarrollo de sus grandes corporaciones trasnacionales, con el fin de dominar el mercado. Estas necesitan acumular capitales y desarrollar sus fuerzas productivas, innovando en nuevos productos y nuevos medios de producción. Son los Estados europeos, en cooperación, los que se ofrecen a apoyar a sus respectivas burguesías para competir contra otros países ofreciendo 21.000 millones de €. Es la UE, con el dinero público de todos los Estados que la conforman, la que afronta el riesgo de fracaso de esos proyectos en su arranque, con la pérdida de capitales que conlleva, para que luego la burguesía, con sus capitales privados, sea la que entre en los proyectos que han resultado fructíferos y, por tanto, son rentables. Pone a disposición de la burguesía europea el dinero público para su provecho privado. Por tanto ¿qué significa? Significa que el Estado y sus sucesivos gobiernos tienen un carácter de clase, burgués; defiende los intereses de la burguesía europea, especialmente de las grandes burguesías, y pone en marcha toda su maquinaria para defenderlo.

El sector del acero europeo históricamente se ha beneficiado del apoyo de las instituciones europeas y de las respectivas instituciones nacionales que conforman la actual UE. Es una forma de subvencionar los sectores estratégicos que permiten a las trasnacionales incrementar su competitividad internacional, protegiendo así sus beneficios. El tratado CECA también aportó en la dirección de la subvención para el desarrollo y modernización del sector del acero y del carbón europeo.

No son ni han sido los únicos sectores subvencionados por la UE para mejorar su competitividad en el objetivo de controlar el mercado internacional. Las subvenciones al sector aeronáutico, concretamente a Airbus, provocó un truculento “culebrón” en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2004, donde EE.UU. denunció estas subvenciones, defendiendo así las exigencias de su gran corporación aeronáutica: Boeing. Como respuesta, la UE denunció, a su vez, las subvenciones que recibía Boeing de EE.UU. Ambas subvenciones fueron declaradas como ilegales por la OMC, en una decisión salomónica ante el envite de dos potencias económicas. Esto contrasta con las críticas realizadas desde la UE y EE.UU. contra el acero chino, acusado de estar subvencionado por el Estado y de competencia desleal en el mercado capitalista.

Así, parece que ha cobrado un importante interés un mercado como el chino, cuya producción es de 803 millones de toneladas de acero bruto (más de la mitad de la producción mundial). ¿Podemos imaginarnos los incalculables beneficios que reportaría a la burguesía europea e india, entre otras, la explotación de este mercado? Los señores Mittal y demás sí lo saben, y lo ansían controlar porque, además, eliminan a unos fuertes competidores y les abre las puertas al control del mercado internacional que tiene abierto China. 

ArcelorMittal, ThyssenKrupp y Tata Steel no esconden sus intenciones de formar un gigantesco cártel del acero en Europa para competir con las acereras asiáticas (Japón, China y Corea del Sur, principalmente). Este cártel de capital indo-europeo busca, con la concentración de capitales en este nuevo inmenso grupo productor de acero y en la innovación para la aplicación de novedosos aceros, una estrategia que lleve a la derrota a las grandes productoras chinas. ArcelorMittal ya ha dado el primer paso en este sentido con la apertura de una planta en China, para la producción de 1,5 millones de toneladas de acero con alto valor añadido destinado la industria automovilística que produce en China (lo cual ha suscitado las acusaciones de hipocresía por parte de los sindicatos contra la dirección de la empresa).

El mercado chino, así como el de numerosos países (India, Corea del Sur, Brasil, etc.) que se han incorporado al capitalismo tardíamente, han supuesto un desafío para el imperialismo europeo y estadounidense. Han supuesto la pérdida de su posición dominante y la incorporación de nuevos competidores, de nuevas masas de capitales. La modernización de estos países, con la extendida construcción de todo tipo de infraestructuras y la mejora del acceso a bienes de consumo, dinamizó el sector del acero, tanto internamente en estos países y para sus fabricantes como para las grandes corporaciones internacionales del acero.

La incorporación al sector del acero internacional se realiza como en el mercado nacional, en base a la anarquía productiva capitalista. Estas pujantes economías van desarrollando sus capacidades productivas para afrontar los importantes retos de su mercado interno, como es el caso de China. Se van convirtiendo de países con necesidades de importación de acero a países con autosuficiencia productiva e, incluso, con capacidad de exportación del excedente producido.  En el caso particular de China, inmersa en un tipo de producción no planificada ni centralizada sino sometida al libre mercado, emprende un crecimiento exponencial de la capacidad instalada para la producción de acero con el fin de atender la demanda procedente de las infraestructuras para los juegos olímpicos de Pekín. Se incorporan a aportar su “grano de arena” en la sobreproducción del sistema capitalista, a la fuerte crisis económica internacional que arrastra desde el año 2007.

A igual que todas las economías, China reduce su producción, a pesar de las denuncias que proceden desde la UE. La producción se encuentra actualmente al 67% de las capacidades productivas (ligeramente por debajo del 68,40% en el que se encuentra la media mundial) y sigue reduciéndola a razón de 100-150 millones de toneladas al año, según el Consejo de Estado Chino35. Esta destrucción de fuerzas productivas se lleva a cabo de forma muy diferente a como lo hacen los países “occidentales”. Mientras que los países europeos o Estados Unidos lo hacen incrementando las colas del desempleo y con empleos peormente remunerados, desatando una crisis económica mayor, cuya magnitud destructiva no se veía desde hace muchas décadas; en China se hace bajo el soporte del Estado con un fondo de reestructuración industrial: para indemnizar a las y los trabajadores despedidos y para la modernización tecnológica de la producción, activando y dinamizando nuevos sectores económicos que absorban el desempleo.

El imperialismo europeo y estadounidense sigue teniendo sus miradas puestas en el mercado chino y no solo en el sector del acero. “China seguirá siendo el mayor productor de acero del mundo, porque existen nuevos motores económicos promocionados por el estado que seguirán necesitando acero. La mitad de la población china vive en el campo y en los próximos 5 años tiene planificado construir 10 megaciudades de varios millones de habitantes. En los próximos años el país pretende construir 10.000 km de vías férreas de alta velocidad para conectar el interior y la costa del país. E igualmente ha planificado instalar en los próximos 15 años una capacidad de generación de energías renovables equivalente al total de lo que consumen los EEUU en todo un año”36. Es un suculento pastel al que todas las trasnacionales europeas y estadounidenses quieren hincar el diente, como una importante base para proseguir con su acumulación y exportación de capitales en la carrera de la competencia salvaje capitalista.

Y, para asaltarlo, el imperialismo europeo y estadounidense ha emprendido acciones defensivas de sus mercados con la implantación de los aranceles en la UE y EE.UU. frente al acero chino. Y, asimismo, están incrementando las capacidades de producción. Por ejemplo, en Europa ArcelorMittal está invirtiendo en ligeras mejoras de las fuerzas productivas y recuperando capacidades productivas37, con el fin de relanzar el peso de las grandes corporaciones europeas – más bien indoeuropeas38– sobre las restantes, al igual que las estadounidenses. Es decir, mientras China está reduciendo sus capacidades productivas y el uso de las mismas para reducir su aportación a la sobreproducción mundial, las corporaciones indoeuropeas y las estadounidenses están elevando su producción y proyectan aumentar sus capacidades. Es hipocresía en el mismo grado que su crítica al acero chino, pues mientras tanto abren fábricas en este país asiático.

No cabe duda de que en un mercado de consumo europeo en dificultades, en el grado de que la producción española ha de buscar mercados en América para dar salida al carril producido en Gijón39 por la falta de inversión en infraestructuras, el incremento de la producción de las corporaciones indoeuropeas va a agravar la sobreproducción. En su afán por el máximo beneficio, por su enriquecimiento y por el control del mercado, empujan a todos los países a una nueva crisis económica de sobreproducción, más profunda y más lesiva para los trabajadores y trabajadoras del sector y en general.

La clase obrera, en general, y los asalariados del sector del acero, en particular, han visto perder poder adquisitivo en las últimas décadas. Las y los obreros del acero aún mantienen un cierto nivel económico a costa de alargar su jornada laboral. Porque en el fondo está la rentabilidad y el enriquecimiento de los capitalistas, que harán descender el poder adquisitivo y el propio salario. Tras cada terremoto económico, tras cada recrudecimiento de la competencia entre grandes empresas, etc., este descenso será más agudo. Y la consecuente resistencia de la clase obrera también debe ser más fuerte, como es natural, si quiere defender sus condiciones de vida y el valor de su fuerza de trabajo. 

He aquí donde nos encontramos en el punto de tratar el motivo de la difusión del nacionalismo y la defensa de la empresa frente a otras naciones y empresas40. Esta “guerra” comercial, que se abre contra sus oponentes, no pueden disputarla únicamente con las fuerzas propias de las burguesías estadounidense y europeas y sus respectivos Estados. Los capitalistas siderúrgicos indoeuropeos necesitan, para alcanzar sus objetivos de dominación del mercado, para su supervivencia como burgueses y para su enriquecimiento individual, el apoyo de la clase obrera a su lado por dos motivos.

En primer lugar, si la clase obrera es engañada para estar de su lado o está dividida, no está, por tanto, frente a esta burguesía del acero y sus intereses de clase. Estos barones del acero tendrán una clase obrera más dócil que admitirá gran parte de los recortes a sus derechos laborales y su poder adquisitivo; así, los capitalistas del acero podrán incrementar su competitividad a costa del incremento de la explotación y la miseria entre las y los obreros de este sector y de otros. Y, en segundo lugar, si la clase obrera está con ellos, los capitalistas pueden enfrentar con mayor fuerza la competencia entre capitalistas siderúrgicos a nivel internacional, con toda su fuerza nacional. Esta confrontación, desgraciadamente, arroja a cientos de miles de obreros de este sector los unos contra los otros.

Son numerosos los medios que emplean, con todo su poder económico, para atraerlos. Los medios de comunicación, que tienen a su disposición, lanzan campañas de propaganda  cargada de ideología para convencer a la población de que defiendan los intereses de tal o cual trasnacional, como ArcelorMittal, frente a sus adversarios. Hacen recaer el peso de la culpabilidad de la sobreproducción acerera sobre sus oponentes omitiendo que todos los fabricantes de acero, incluidos los europeos, han contribuido a ella en la carrera anárquica por el control del mercado. Amenazan con que a causa del acero chino, por ejemplo, tendrá que cerrar plantas en Europa, aunque no las cierren o las cierren por otros motivos. Pero, omiten que, por ejemplo, ArcelorMittal está comprando plantas competidoras en Europa y concentrando capitales a la par de que va cerrando aquellas que no le reportan la  rentabilidad que requieren, arrojando al desempleo a miles de trabajadores y empeorando las condiciones laborales a los que permanecen activos. Exaltan el sentimiento nacional con respecto al acero chino mientras que estos grandes grupos acereros indoeuropeos exportan capitales por todos los rincones del mundo, incluso abriendo plantas en la tan criticada China.

El poder económico de estas corporaciones llega hasta el Parlamento Europeo, donde sus lobbys presionan, asesoran o dirigen a los europarlamentarios para la presentación de todo tipo de propuestas y medidas, como la de establecer aranceles al acero chino y, así, iniciar una “guerra” comercial de desgaste económico, utilizando a las y los obreros como rehenes.

Los partidos políticos y los sindicatos no escapan a la influencia y control de su poder económico. Los grandes capitalistas emplean la educación, los medios de comunicación y una infinidad de herramientas para introducir la ideología y los intereses de la burguesía, doman a la clase obrera y crean a sus voceros. Emplean millones de €, obtenidos de las explotación de los obreros de aquí y de los países oprimidos, para proporcionar todo tipo de prebendas, privilegios o, directamente, la financiación de determinados partidos obreros y a determinados sectores de los sindicatos. Una aristocracia y burocracia obrera, cooptada por la burguesía, se convierte en transmisora de los intereses e ideología de la burguesía. Detrás esos sectores sindicales se encuentra los partidos políticos que hacen pasar los intereses económicos y políticos de la burguesía por los intereses de todos y todas. Por ejemplo, detrás de la reclamación de la imposición de los aranceles defensivos o su endurecimiento, que propugna IndustriALL Europa41, están los partidos socialistas europeos, como el PSOE, y la propia patronal industrial europea42. Estos sectores sindicales incluso tienden a ceder numerosos derechos laborales en favor de la competitividad. Generan una unidad artificial entre la burguesía y la clase obrera. La clase obrera queda subordinada a la burguesía.

“El período del imperialismo es el período del reparto del mundo entre las “grandes” naciones, entre las naciones privilegiadas que oprimen a todas las demás. Las migajas del botín proporcionado por estos privilegios y por esta opresión van a parar, indudablemente, a manos de ciertas capas de la pequeña burguesía y de la aristocracia y burocracia obreras. Como minoría insignificante del proletariado y de las masas trabajadoras, estas capas tienden al “struvismo”, pues les ofrece una justificación de su alianza con “su” burguesía nacional, contra las masas oprimidas de todas las naciones”43.

Así pues, no se trata de que defendamos a unas o a otras trasnacionales capitalistas, con base en unos Estados u otros. Se trata de descubrir lo que hay tras de todas estas tensiones comerciales; detrás de las declaraciones, de las acusaciones y de esta “guerra comercial”. Esto es, la carrera por el dominio del mercado mundial, en este caso el del acero, por parte de las grandes corporaciones siderúrgicas capitalistas europeas. Es la anarquía productiva que causa la sobreproducción y la crisis económica. Es la defensa de la exportación de capitales indoeuropeos para arrebatar las riquezas creadas en otros países. Es la explotación capitalista que recae como una pesada losa sobre las espaldas de las y los obreros de todos los países. Es la máxima rentabilidad de los capitales invertidos. Son los beneficios de los capitalistas acereros y del capital financiero europeo. Son los intereses de la burguesía europea frente a la creciente explotación de la clase obrera en general. La clase obrera, por tanto, debe disponer de su propio punto de vista ideológico y político basado en sus intereses de clase; debe disponer de sus propias propuestas políticas y económicas.

Parte V- Las soluciones inmediatas desde el punto de vista de las clases sociales y sus partidos políticos

La “guerra sin cuartel” existente entre los diferentes capitalistas por el control del mercado mundial, la necesidad de abaratar el precio del acero y el de las mercancías en general para poder competir, la reducción de costes para poder vender más barato, el incremento de la tecnificación de la producción y de la explotación para obtener una mayor productividad, la sobreproducción y las reducciones de capacidades productivas con el consiguiente aumento del desempleo y la pérdida de masa salarial, la debilidad sindical y la cesión de derechos laborales, la pérdida de poder adquisitivo de la clase obrera y el empobrecimiento acelerado en las épocas de crisis, etc., es la tónica general que vivimos y que se acentúa en esta época. 

Los cataclismos económicos y sociales que sufre el capitalismo, y que también arrastra a los asalariados y a las asalariadas del sector de acero, pueden ser afrontados desde diferentes puntos de vista ideológicos. A la clase obrera llegan numerosas propuestas políticas que dicen ser portadoras de las soluciones que necesitan para salir de la pobreza o de la tendencia a la pérdida de poder adquisitivo y, por tanto, de empobrecimiento que vive los asalariados. Pero no debemos olvidar que ninguna de estas propuestas políticas puede escapar a las clases sociales en su fundamentación ideológica. Esta no puede escapar a las condiciones materiales de existencia de cada una de las clases sociales. Es decir, la clase burguesa y la clase obrera. Todo matiz existente procederá de los intereses particulares de sus diferentes capas y de la confusión y la distorsión que ejerce la influencia de la ideología dominante sobre la clase obrera.

El PSOE fue el primer partido obrero en la historia de España, cuyas raíces se retrotraen al siglo XIX; ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. Sus propuestas políticas reflejan el verdadero carácter de clase que representa en la actualidad, y que con total nitidez la clase obrera ha podido constatar con las sucesivas reformas llevadas a cabo a lo largo de las diferentes legislaturas en las que ha estado en el gobierno del régimen capitalista español. Esta caracterización no ha cambiado a la luz del programa electoral de las últimas elecciones generales.

Las y los mal llamados “socialistas” no dudan en poner los recursos económicos del Estado, públicos por definición, al servicio de la extensión y desarrollo de los capitales privados de las empresas españolas. Promueven un “esfuerzo público mayor en favor de políticas que impulsen una reindustrialización de España entendida en un sentido moderno que incorpore actividades económicas amplias y procesos productivos basados en el impulso a la innovación tecnológica”44; una “economía 4.0″ para ser “dinámica, con más actividad emprendedora y mayores niveles de natalidad empresarial”; “para conseguirlo [dicen] es absolutamente prioritario incrementar el tamaño medio de nuestras empresas [privadas] y robustecerlas de manera que todo su crecimiento no se base en uso de fondos propios o apalancamiento privado y público”45. El PSOE planeaba implantar todo un sistema de rebajas de los tipos de interés mediante el uso de créditos blandos, incluso llegando a 0 para las PYMES, para la financiación del I+D+i; préstamos de riesgo con dinero público para el crecimiento de las PYMEs; incentivos fiscales para todo tipo de sociedades, especialmente para las de capital de riesgo; etc. Todo un elenco de medidas de apoyo fiscal y crediticio desde el Estado, realizado con dinero público, en la fase de mayor riesgo de fracaso y para beneficio del capital privado.

Asimismo, el PSOE busca subvencionar los proyectos de investigación industrial de largo plazo con un “programa de estímulo de la cooperación público-privada” en proyectos “con potencial proyección internacional”46. Lo que supone subvencionar especialmente a las grandes corporaciones industriales de exportación de mercancías y de capitales, esta última una de las características fundamentales del imperialismo. Esta política de exportación de capitales la apuntala apoyando “estrategias conjuntas de empresas para la apertura de nuevos mercados y el reforzamiento de la presencia en los actuales, en colaboración con las Cámaras de Comercio y Oficinas Comerciales, Turísticas y Culturales del Gobierno de España en el exterior”47. Es apoyar la política de dominación de materias primas, como por ejemplo el petróleo que defiende Repsol en América del Sur, de los intereses de Telefónica en el mercado de las telecomunicaciones, que domina en esa misma región del planeta, o de las infraestructuras, como la obra de ampliación del canal de Panamá que ha realizado la constructora española Sacyr o el “AVE a la Meca” que está ejecutando el consorcio con empresas españolas como OHL, Cobra, Talgo, ADIF, Indra e Inabensa (Abengoa).

Es evidente que el partido que llevó a cabo las principales privatizaciones de empresas públicas, a lo largo de los años 80 y 90, no se plantea establecer una economía reindustrializada basada en la inversión pública para ser potenciada con los recursos del Estado. En cambio, los pone servicialmente a disposición del sector privado.

Su objetivo es aumentar la productividad de las empresas privadas españolas para poder competir internacionalmente y recuperar la posición que ha ido perdiendo con el tiempo, por el empuje de las nuevas economías industrializadas. Aumentan la competencia capitalista, las tensiones comerciales, la sobreproducción por la anarquía productiva y, todo esto, presiona más la explotación de la clase obrera. Porque, también, vuelven a extender la idea de la competencia ente los obreros de diferentes países, idea que beneficia sumamente a la burguesía nacional. 

En el sistema capitalista el aumento de la productividad se traduce en un aumento de la producción total de mercancías y en intentos de ampliación del mercado. Si el mercado es incapaz de soportar ese  torrente de mercancías, entonces se produce la sobreproducción por sobrecapacidad, entrando en la crisis económica. Las y los obreros se ven en gran medida arrojados al desempleo o a otros sectores como consecuencia de ese incremento de la productividad. No es necesario tener tantas y tantos trabajadores para producir lo mismo o más. Tanto los que pierden el empleo como los que lo mantienen sufren la presión de la competencia entre obreros por conseguir un empleo y la competencia de las condiciones laborales en otros puntos del planeta, provocando la reducción de salarios o la pérdida de poder adquisitivo.

Pero, además, en una sociedad donde los medios de producción son propiedad privada (de unos pocos capitalistas) y, por tanto, la forma de apropiación de las riquezas producidas es privada, de esos pocos capitalistas, el aumento de la productividad beneficia mínimamente o, incluso en nada a la clase obrera (como hemos visto antes). Estas riquezas creadas socialmente por una fuerza de trabajo más productiva de la clase obrera, que pone en marcha estos medios, viene principalmente a incrementar enormemente los beneficios de estos capitalistas. La tendencia sigue siendo perjudicial para la clase obrera mientras que la propiedad de esos medios de producción siga siendo privada. 

Por tanto, bajo la coraza aparente de defensa del interés obrero el PSOE esconde, utilizando como rehenes a la propia clase obrera, una política dirigida a proporcionar el marco de desarrollo de la burguesía y de sus beneficios, poniendo a su disposición los recursos y mecanismos económicos y políticos del Estado para provecho privado. De esta manera, socializan las pérdidas y privatizan los beneficios. El PSOE se caracteriza por ser un partido al servicio de la clase burguesa, introduciendo su ideología en el seno del movimiento obrero. El PSOE queda plenamente caracterizado por su social-imperialismo. Socialista de palabra, pero imperialista de hecho.

Por otro lado, tenemos a la nueva fuerza política Unidos Podemos. De la misma manera influye en el seno del movimiento obrero con sus ideas políticas, las cuales impregnan su programa electoral. No se pretende analizar al detalle estos partidos sino analizar su programa económico, del cual también se desprende su caracterización de clase.

Su programa económico se fundamenta en brindar todo el soporte posible desde el Estado y con los recursos públicos a las empresas privadas para que contraten a trabajadores y trabajadoras. Unidos Podemos pone especial énfasis en proporcionar este apoyo a las PYMEs. Unidos Podemos busca “lograr un compromiso con las empresas para la contratación de personal frente a la obtención de beneficios a corto plazo, con los agentes financieros para facilitar el crédito necesario para desarrollar actividades científicas y con los agentes tecnológicos y de investigación para facilitar la transferencia de conocimiento48. Esto lo pretender realizar facilitando y promoviendo “la innovación entre las empresas españolas, en especial entre las pymes. Para ello, crearemos [dicen] polos de conocimiento y desarrollo económico especializados en áreas y ámbitos determinados y localizados en diferentes regiones del Estado“. Y concederán “subvenciones a las empresas basadas en la transferencia tecnológica y la innovación social49.

Asimismo dicen que “ reforzaremos la competencia en sectores estratégicos (sector energético, sector financiero, sector de telecomunicaciones), lo cual provocará un abaratamiento de la actividad productiva a escala nacional y permitirá reducir los déficits competitivos estructurales de nuestro tejido productivo. Retomaremos, en este sentido, las medidas de apoyo a las energías renovables y su papel relevante en el ámbito de la investigación y la innovación”50. Con el actual grado de desarrollo tecnológico de la producción y de la concentración de capitales, ¿qué empresas privadas van a poder emprender los proyectos de innovación para competir y, además, en los sectores estratégicos? Su planteamiento conduce a incrementar la capacidad de competencia a nivel nacional e internacional de la gran burguesía industrial española, a pesar del guiño a la mediana y pequeña burguesía, frente a otros capitalistas.

Pues bien, la burguesía realiza el refuerzo de esta competencia mediante la venta más barata de sus mercancías, como ley general. La implementación de nuevas tecnologías en la producción para hacer más productiva la fuerza de trabajo, apropiándose de los frutos de esta, es uno de los mecanismos para el refuerzo de la competencia que aplica la burguesía. Esto puede suponer que los obreros de un determinado sector puedan obtener o sostener un nivel salarial superior (y no todos), pero será a costa de incrementar su explotación haciendo que su fuerza de trabajo sea más fértil para los capitalistas.

La bajada salarial es otro de los mecanismos que promueve habitualmente la burguesía española y a la que le encamina la competencia internacional capitalista, por mucho que se pretenda una subida salarial. La burguesía es la que tiene el “timón” de la sociedad. Y por ello, la patronal exige, por ejemplo, la moderación salarial “con el fin de asegurar el mantenimiento del ritmo de creación de empleo” porque ” no debemos hablar sólo de salarios, sino del coste empresa y de factores muy variados que influyen en la competitividad51.

O, finalmente, la otra vía para que pueda aumentarse la competitividad, e incluso derivando en unas migajas de sus resultados hacia los asalariados de aquí, es explotando a las y los obreros de terceros países, en una posición de subordinación con respecto a España. Es decir, transfiriendo riquezas creadas en esos países dependientes. De una u otra manera, no se puede escapar de esta lógica de las leyes capitalistas. Es decir, el reforzamiento de la competitividad no puede escapar al máximo beneficio capitalista, y este tiene como consecuencia el incremento de la explotación de la clase obrera. Todo lo demás es utopismo, ingenuidad y/o miopía sobre el verdadero significado del capitalismo.

Es cierto que Unidos Podemos busca presionar a las empresas privadas con otras medidas para mejorar las condiciones laborales, como la derogación de las dos últimas reformas laborales para abandonar “la política de devaluación salarial como vía para promover una mejora de la competitividad”, la propuesta del incremento del Salario Mínimo Interprofesional (dirigida a las capas más bajas de la clase obrera) o proporcionando ayudas para que las empresas creen puestos de trabajo de calidad en detrimento de sus beneficios a corto plazo. En este ámbito, hacen una apuesta más firme en dirección de la resistencia de la clase obrera frente a la política de devaluación salarial de la CEOE y de los partidos de la oligarquía. Pero, lo hace dejando el timón especialmente en las PYMEs, o así lo pretende, proporcionando las ayudas y apoyos (económicos y técnicos) y con una propuesta de reindustrialización muy escasa. De esta manera Unidos Podemos quedan caracterizados en su condición de clase mediano y pequeñoburguesa y en la protección de la propiedad privada de las medianas y pequeñas empresas. Pero dadas las cualidades españolas, esas ayudas y apoyos, inevitablemente, contribuyen en la dirección de la dinamización de los intereses de la gran burguesía española y de la competencia, dado que es la única que tiene suficiente acumulación de capitales para innovar y competir en los sectores estratégicos, en detrimento de los intereses de la clase obrera. Es la tendencia del capitalismo.

Los postulados políticos de Unidos Podemos incluso se encuentran varios pasos atrás de las propuestas de la socialdemocracia histórica, donde formulaban las nacionalizaciones como medio para revertir parte de los beneficios en la mejora de las condiciones de vida de las masas trabajadoras: mejores salariales, extensión del sistema de bienestar social, etc. Estos postulados son reflejo de los intereses de la pequeñaburguesía española, lo cuales son acogidos como parte de la construcción ideológica de Unidos Podemos.

Parte VI- Un programa mínimo para la clase obrera y el sector del acero: reindustrialización, nacionalizaciones y control obrero.

La competencia salvaje capitalista obliga a las grandes corporaciones acereras indoeuropeas a vender sus productos a un determinado precio, tal que sea más barato que el resto de sus competidores. La producción de su acero, por tanto, debe ser a un coste inferior. Si no obtiene la rentabilidad deseada o que necesita para poder competir no tendrá remordimientos para cerrar una determinada planta, como la de Zumárraga o Sestao de ArcelorMittal. Incluso aquí se les desvanecerán sus sentimientos nacionales, dado que ya no les son útiles para alcanzar sus objetivos como clase social. En nada importa que la empresa siga siendo viable pero con un margen de beneficios ligeramente inferior. En nada importan las y los obreros que, con sus familias, se quedan sin ingresos al perder el empleo. En nada importa que la región pueda deprimirse económicamente, incluidos pequeños comercios, como consecuencia de este cierre. El descomunal y obsceno enriquecimiento de un gran capitalista, de un puñado de grandes capitalistas a nivel mundial, prima sobre el interés de la mayoría social.

Los propietarios de las plantas pueden falsear las cuentas; pueden descapitalizarla hacia otras plantas u otras inversiones del grupo para hacerlas deficitarias y justificar así su cierre; pueden simplemente declarar que su estrategia no pasa por esta determinada planta, aunque sea puntera tecnológicamente; etc.

Los sindicatos han logrado a lo largo de la historia grandes avances en el control de las cuentas. Pero la enorme falta de transferencia que, generalmente, existe y los múltiples engaños deben obligar a la publicación completa de las cuentas y de los datos económicos de las empresas; para así conocer el estado real de la planta, el motivo que ha conducido a una determinada situación económica y las soluciones para sostenerla abierta, en su caso, etc.  La transparencia de las cuentas es una herramienta fundamental de control obrero sobre la producción que facilita su resistencia frente a las intenciones de los capitalistas y, a la par, prepara a los asalariados y asalariadas para poder gestionar una empresa que realmente es suya, que es producto de su fuerza de trabajo aplicada a lo largo de años o décadas. Es por ello que, al igual que se establece la exigencia y una legislación para la transparencia de los gobiernos, es necesario que se promueva y aprueba una Ley para la transparencia de las empresas con centros de trabajo en nuestro país, de manera que publiquen en un portal de transparencia los datos completos de sus cuentas y de la información adicional necesaria para su comprensión.

La reducción de ventas con respecto al año anterior o la reducción de la tasa de beneficio no puede ser una condición para empeorar o hundir las condiciones salariales y, en general, las laborales de la clase obrera. Es por ello que han de eliminarse las reformas laborales y leyes laborales regresivas en cuanto a los derechos de los trabajadores, así como la reducción de los modelos contractuales para unificarlos en dirección de la contratación fija.

Asimismo, la fase de crecimiento económico en la que se encuentra España y la pérdida de poder adquisitivo de la clase obrera, sufrida a lo largo de la crisis económica ,hace aún más necesario que se produzca un aumento de los salarios en relación al crecimiento del PIB y al Índice de Precios al Consumo.

De esta manera, todas estas medidas, en beneficio de la clase obrera, pueden ser y han de ser asumidas y llevadas a la práctica por cualquier partido que se declare obrero o defienda a la mayoría social. Las palabras ha de demostrarse con hechos. De lo contrario, mostrará su verdadero carácter. 

Por otro lado, la enorme concentración de capitales existente a día de hoy, el nivel tecnológico alcanzado y, por tanto, el desarrollo de las fuerzas productivas han proporcionando tal capacidad productiva como dar cobertura suficiente y creciente a las necesidades de la población trabajadora, pudiendo garantizar el empleo a la totalidad de esta. Por el contrario, la competencia capitalista salvaje, la sobreproducción y la crisis económica y el aumento de la rentabilidad de los capitales invertidos exigido por las grandes grupos de capitalistas, provocan el cierre constantemente de plantas de producción de acero, de automóviles, de electrodomésticos, etc., de obras de construcción, de navieras y un largo etcétera. Expulsan a millones de obreros y obreras de sus trabajos, cayendo en la pobreza. De la misma forma, provoca que aquellos que producen la riqueza social, la clase obrera, vean reducidos sus salarios y pierdan, constantemente, poder adquisitivo para acceder a esos productos que ellos mismos crean con su fuerza de trabajo. Es contradictorio que plantas mucho más productivas, como las acerías compactas, sean cerradas como consecuencia del alto precio de la electricidad -un precio de monopolio- que nutre sus hornos eléctricos. Ante la desorganización económica que genera el capitalismo se debe extender una política de nacionalizaciones sobre los sectores estratégicos de la economía española.

La política de cierres emprendida por los grupos acereros privados, como ArcelorMittal, que ponen la “Espada de Damocles” sobre la cabeza de las y los asalariados del sector del acero en España, debe dar paso a la política de nacionalización de estas gigantescas corporaciones. Igualmente sucede con las demás compañías de la industria pesada.  La política de precios de monopolio ejercida por el cártel de la electricidad en España debe dar paso a su nacionalización para facilitar la expansión de la producción y el progreso de sus fuerzas productivas. Frente a la política de constreñimiento del crédito y de los intereses de usura que dificultan la modernización del país y expropian a las familias obreras y populares, debe nacionalizarse la banca para que pueda fluir el crédito con bajo interés y dinamizar la economía en provecho de la población. Frente al estancamiento de la industria, la inversión pública debe tomar la iniciativa para reindustrializar la economía española y dar “rienda suelta” a las capacidades de Investigación, Desarrollo e innovación. Sectores como el de las telecomunicaciones o el del transporte y las infraestructuras para el tránsito de las mercancías son fundamentales para garantizar la producción y para garantizar la distribución y el acceso de la población trabajadora a los bienes y servicios necesarios para su vida; es por ello que el control debe ser propiedad estatal.

Y de la misma forma, en lugar de la competencia contra otros países, las empresas de dimensión internacional deben realizar una estrategia económica de colaboración y respeto por las decisiones económicas del país en el que estén asentadas y por el desarrollo del mismo. Debe tenderse a la cooperación y a la planificación económica en lugar de la competencia capitalista, sobreponiéndose a los cataclismos económicos y a las destructivas tensiones comerciales y militares que causa.

Históricamente las nacionalizaciones tuvieron una función de salvaguarda de las limitaciones y dificultades que presentaba la burguesía nacional en determinados sectores económicos o de salvaguarda del interés de la burguesía nacional como colectivo. Unos sectores que en sus primeros pasos no son rentables, aunque sí fundamentales para la economía en general. En España fue necesario desarrollar la industria del acero para impulsar y afrontar los retos del crecimiento de la economía española, como lo fue, por ejemplo, el boom inmobiliario de los años 60 o el comienzo de la generalización del uso del automóvil. La instalación de una nueva planta de producción de acero exigía destinar cuantiosos recursos económicos, consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas; es decir, requería una enorme acumulación de capitales. Al existir aún una débil burguesía nacional fue el Estado, bajo la forma de gobierno de la dictadura franquista, el que se hizo cargo de esta inversión de capitales para dar a luz a ENSIDESA52.

Este Estado burgués fue el que dirigió, administró y controló estas empresas. La clase obrera no tenía ningún control sobre la producción ni sobre la empresa. Así pues, cuando llegó el momento en el que las fuerzas productivas estaban suficientemente desarrolladas, el Gobierno53 procedió a la degradación de la industria nacional para justificar su posterior privatización. La clase obrera no pudo parar este proceso de privatización, de una industria estatal que había empleado los recursos de todos y todas para crear una vital industria, para que la burguesía se enriqueciera enormemente en el momento de mayor rentabilidad. Por tanto, la inversión e instalación de empresas nacionales no tuvieron el objetivo de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.

No muy diferente es la reciente intervención realizada por el gobierno italiano del dimitido Mateo Renzi con respecto al rescate del grupo Ilva y su planta de Tarento. O el proyecto del Gobierno británico para con la abandonada planta británica que poseía Tata Steel, en cuyo accionariado pretende entrar dicho Gobierno para mantenerla abierta por su importancia estratégica.

Así pues, el control obrero se hace una pieza importante, de manera que la empresa pública no sea objeto de sabotaje en su gestión, deteriorándola y desprestigiándola para desmantelarla y privatizarla, como ha sucedido con una gran cantidad de empresas públicas a lo largo de las últimas 4 décadas; de esta manera la clase obrera puede y debe controlar la producción y empujar la gestión de la empresa hacia su crecimiento. Solo la consciencia socialista permitirá a la clase obrera estar prevenida de los engaños de la burguesía y de sus representantes políticos; estar prevenida de los chantajes y de las prebendas con las que la burguesía nos tratará de comprar para someternos a sus designios y encauzar las empresas nacionalizadas en la dirección de su devolución a la burguesía individual; estar prevenida de los sabotajes de aquellos y aquellas que buscan desmantelar estas empresas públicas para beneficio de la burguesía; estar prevenidos del acoso de las leyes capitalistas y de la competencia salvaje de las empresas privadas.

Porque el Estado bajo el régimen capitalista responde a los intereses de la burguesía. Porque es la que se encuentra al frente del Estado burgués colectivamente, como clase social; es el Capitalismo Monopolista de Estado: “Pero las fuerzas productivas no pierden su condición de capital al convertirse en propiedad de las sociedades anónimas y de los trusts o en propiedad del Estado. Por lo que a las sociedades anónimas y a los trusts se refiere, es palpablemente claro. Por su parte, el Estado moderno no es tampoco más que una organización creada por la sociedad burguesa para defender las condiciones exteriores generales del modo capitalista de producción contra los atentados, tanto de los obreros como de los capitalistas individuales. El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal. Y cuantas más fuerzas productivas asuma en propiedad, tanto más se convertirá en capitalista colectivo y tanta mayor cantidad de ciudadanos explotará. Los obreros siguen siendo obreros asalariados, proletarios. La relación capitalista, lejos de abolirse con estas medidas, se agudiza, llega al extremo, a la cúspide. Mas, al llegar a la cúspide, se derrumba. La propiedad del Estado sobre las fuerzas productivas no es solución del conflicto, pero alberga ya en su seno el medio formal, el resorte para llegar a la solución54.

A pesar de todo lo afirmado anteriormente, la propiedad estatal de las empresas estratégicas significa la tendencia hacia la centralización y la organización de la producción de todo el país en una mano, en este caso una mano colectiva de la burguesía, es decir, se agudiza su carácter social; se hace más contradictorio con respecto a la propiedad privada de estos medios de producción. Es posible resolver las consecuencias que tiene la competencia capitalista y es bajo propiedad social, cuya forma es la propiedad estatal. No obstante, no puede ser bajo el mismo Estado, el burgués. Para culminar la resolución de la contradicción, solo es posible a condición de que el poder del Estado sea tomado por la clase obrera; de que, por tanto, el Estado sea del colectivo obrero que encabeza a todo el Pueblo para liberarlo de la asfixia del decadente y caótico capitalismo; de que este Estado obrero desmorone las relaciones de producción capitalistas y establezca las relaciones de producción socialistas.

Una vez más, y lo que es principal, solo la consciencia socialista permitirá a la clase controlar la producción y dirigirla conociendo “su acción, su tendencia y sus efectos”; “en nuestras manos está el supeditarlas cada vez más de lleno a nuestra voluntad y alcanzar por medio de ellas los fines propuestos55. La consciencia socialista permite comprender el verdadero carácter del modo de producción capitalista, proporcionando la solución para dominar las fuerzas productivas de la sociedad, es decir, poniendo en sintonía su propiedad en relación a su carácter social. Es aquí cuando será posible desatar todo el potencial de estas fuerzas productivas, sacudidas actualmente por la crisis económica y por la rentabilidad capitalista y encorsetadas por su propiedad privada, para poder extender exponencialmente su progreso tecnológico y la propia producción. Así, su fin es satisfacer las necesidades sociales para seguir ampliando la producción y satisfacer las necesidades de la clase obrera y de las demás clases populares existentes con cada vez mayores y mejores medios de vida.

Parte VII- De la competencia y desorganización del capitalismo a la cooperación y la planificación del socialismo

El sector del acero ha vivido un proceso de constante cambio desde hace más de un siglo: de evolución tecnológica, de aumento de la productividad, de constante ruina de fabricantes incapaces de producir más barato que los demás y de una concentración inimaginable de capitales. El sector ha llegado a la actualidad con unos grupos gigantescos e internacionalizados, de manera que unos pocos dominan la inmensa mayoría de la producción mundial de acero. Pero no solo es la producción de acero. Estos capitalistas dominan numerosos sectores ligados al acero o, por el contrario, son otros gigantes capitalistas los que dominan grandes productoras del acero. La concentración de capitales es más grande que nunca y sigue incrementándose.

Estos inmensos consorcios organizan la producción internamente. Cuanto mayor es el consorcio empresarial, más tentáculos de la producción pone en coordinación. Más obreros y obreras se encuentran bajo su control, gestión y, por tanto, explotación. Más medios de producción organiza y pone en marcha. Más extiende los tentáculos por toda la sociedad, controlando más aspectos de la misma para beneficio del propietario. Y cuanto más inmensas son estas corporaciones empresariales, más cruenta en la competencia para desbancarse unos a otros, para doblegar su resistencia por el alto grado de acumulación de capitales; mayores son los medios de producción puestos individualmente en marcha para controlar el mercado.

Por ejemplo, la estrategia de competencia ArcelorMittal pone en tensión y funcionamiento a sus capitales, a numerosas plantas productivas en numerosos países y a la tecnología alcanzada, preparando nuevos avances en sus centros de I+D+i que provoquen el aumento de su rentabilidad. Pone en competencia a sus plantas para incrementar la producción y la explotación laboral. Pone en funcionamiento todos los resortes de los Estados que conforman Europa y la propias estructuras de la UE; controla la educación para preparar a sus obreros y obreras del futuro, tal y como los quiere; extrae recursos económicos de su grupo empresarial para distribuir prebendas entre la aristocracia obrera y entre algunas capas de los sindicatos y de los partidos políticos con arraigo entre las masas obreras, con las que trata de comprarlos para su “guerra comercial” y sus estrategias; asimismo, destina recursos económicos para que los medios de comunicación difundan las ideas que justifican sus ataques contra los competidores y la necesidad de defender a la empresa mediante la austeridad. Pone en marcha todo un ejército a nivel social para confrontar con los ejércitos de los burgueses oponentes. Pone en marcha a países enteros.

La anarquía productiva que provocan el capitalismo y la burguesía en su carrera por el control del mercado desata profundas crisis económicas, que sumen en el caos y aún más en la desorganización a la producción, a la economía y a la sociedad misma. Estas fuerzas productivas escapan al control del ser humano inconsciente de las leyes que las rigen. Aun existiendo sobreproducción de acero siguen lanzándose en esa carrera por el control del mercado inundando de más y más toneladas de acero producido. Desatan guerras comerciales que arrastran a todo el país y a todos los países con sus consecuencias. La guerra comercial que puede iniciarse entre ArcelorMittal, Tata Steel y ThyssenKrupp, de un lado, y las acereras chinas, del otro, arrastrará a muchos otros sectores y a toda la sociedad misma. Y desatará crisis económicas mucho más profundas y agudas, con las terribles consecuencias que tiene para la mayoría social, para una clase obrera creadora de la riqueza social y que cada vez presenta más dificultades para consumir y usar lo que produce. 

Ningún sector productivo capitalista escapa a estas leyes. Es extensivo a todos los demás. En lo particular de cada uno están presentes estas leyes generales del funcionamiento del capitalismo y las leyes generales de las fuerzas productivas de la sociedad.

La anarquía productiva, las crisis económicas, las mercancías que no encuentran consumidores, los medios de producción abandonados, el empobrecimiento de la clase obrera y del Pueblo en general, mientras existen productos suficientes. La desorganización de la producción, las guerras comerciales y las guerras militares, etc. Todo ello son fenómenos, más superficiales o más profundos, de la esencia del capitalismo; de la contradicción principal del capitalismo. La contradicción entre el carácter social de la producción y la apropiación privada de la riqueza social en virtud a la propiedad privada de los medios de producción.

La solución para acabar con la contradicción del capitalismo y sus consecuencias es poner en consonancia el carácter de la producción con su forma de apropiación, y esto solo puede venir de la mano de la propiedad social de los medios de producción. Esto es, la incautación de los grandes monopolios y grandes empresas de sectores estratégicos para la producción nacional pasando a ser propiedad estatal; su centralización en el Estado y la planificación económica consciente, dando fin a la competencia y a la desorganización productiva y económica que engendraba las crisis. Es decir, el paso a propiedad estatal de las plantas de producción de acero, de aluminio, de automóviles, de energía, de alimentación, de ropa, etc., entidades bancarias y financieras, constructoras, de gestión de infraestructuras y de transporte de mercancías, etc.

¿Qué se podría hacer, por ejemplo, con los 458 millones de € que ArcelorMittal pagó en dividendos a sus accionistas en 2014? Con la propiedad social de la empresa, esos dividendos pasan a ser, también, propiedad social. En lugar de engrosar los bolsillos de los accionistas pueden destinarse a: mejorar las condiciones de trabajo; mejorar los salarios de las y los trabajadores de todo el grupo siderúrgico; invertir, por ejemplo, las baterías de coque de la planta de Gijón para rehacerlas completamente, reduciendo las emisiones de contaminantes para mejorar su comportamiento ecológico y, por tanto, mejorando la calidad de vida de todas las familias obreras que viven en la zona; invertir en mejoras sociales, urbanas y muchas otras, en las ciudades de la zona para mejorar la calidad de vida de sus habitantes; etc. Este es el resultado de la propiedad social de los medios de producción.

Además, la planificación económica socialista permite organizar y poner en funcionamiento todos los resortes de la gran producción de las empresas estatales y de la distribución de los productos para cubrir las necesidades de la población en base a un Plan Económico, evitando las crisis económicas. La Unión soviética, con sus planes quinquenales, logró que su Renta Nacional creciera al ritmo del 13,9% durante los años en los que el mundo capitalista se hundía en la crisis económica más profunda vivida hasta ese momento. Igualmente, el sector industrial socialista crecía al 17%.

Esta permite estudiar y determinar las necesidades sociales que han de ser cubiertas, es decir, la demanda de los diferentes productos. Organizar los diferentes sectores de la economía para alcanzar los objetivos del Plan Económico, distribuye la cantidad de obreros y de medios de producción que son necesarios para alcanzar dichos objetivos y desarrolla las ramas de la producción que necesita para cumplirlos. Desarrollar organizadamente la cualificación técnico-científica de la población trabajadora que necesita la producción y la sociedad. Y destinar los recursos científicos y técnicos para lograr los avances tecnológicos del futuro, que deben hacer más eficiente la producción, y dirigiéndose a mejorar las condiciones de vida de la población. Es decir, la estructuración de toda la sociedad y de la producción en base a un plan.

Por ejemplo, en lo particular del sector, la planificación de la producción de acero, de la producción de energía, etc., en las diferentes plantas para proveer de materias primas a las diferentes fábricas de la industria ligera para la producción de la cantidad necesaria de bienes de consumo; para suministrar las materias primas y mercancías necesarias para proporcionar los servicios de que depende la sociedad y el bienestar social. La planificación consciente de la Investigación, Desarrollo e innovación que permita desarrollar la tecnología en la producción y calidad del acero.

La propiedad social de los medios de producción da lugar a la consecuente apropiación social de las riquezas así producidas. El trabajo queda garantizado. Y, dentro de la planificación, todo cambio operado en la producción, provocado por el progreso tecnológico dando lugar a su reestructuración, se realiza protegiendo el trabajo, proporcionando una protección social en una u otra empresa estatal. La propiedad social y el trabajo garantizan que todos los miembros de la sociedad tengan acceso a los bienes de consumo y todo medio material de vida que necesita, ampliándolos y mejorándolos exponencialmente. Pero, a la vez, el desarrollo de las fuerzas productivas sociales abre a la clase obrera el camino hacia la emancipación del trabajo. Esta permite destinar cada vez más tiempo a capacitarse intelectualmente para administrar la sociedad, acabando con la división del trabajo y con la división de la sociedad en clases sociales:

La apropiación social de los medios de producción no sólo arrolla los obstáculos artificiales que hoy se le oponen a la producción, sino que acaba también con el derroche y la asolación de fuerzas productivas y de productos, que es una de las consecuencias inevitables de la producción actual y que alcanza su punto de apogeo en las crisis. Además, al acabar con el necio derroche de lujo de las clases dominantes y de sus representantes políticos, pone en circulación para la colectividad toda una masa de medios de producción y de productos. Por vez primera, se da ahora, y se da de un modo efectivo, la posibilidad de asegurar a todos los miembros de la sociedad, por medio de un sistema de producción social, una existencia que, además de satisfacer plenamente y cada día con mayor holgura sus necesidades materiales, les garantiza el libre y completo desarrollo y ejercicio de sus capacidades físicas y espirituales.

Esto no se puede llevar a cabo sin que la clase obrera tome el poder del Estado, acabando con la dominación burguesa. Solamente así puede la clase obrera revolucionar las relaciones de producción emprendiendo la socialización de la propiedad de los medios de producción. Este es el acto más importante y son los primeros pasos fundamentales de la clase obrera consciente en el poder, es la revolución socialista.

Para llevarlo a cabo la clase obrera debe adquirir la consciencia socialista que le proporciona su partido político revolucionario, el Partido Comunista, y debe organizarse en torno a este para llevar a cabo dicha revolución socialista. Debe asimilar la teoría marxista-leninista y ponerla en práctica para cambiar la sociedad. Y, en primer lugar, es necesario reconstituir el Partido Comunista, a lo que el Partido del Trabajo Democrático pretende contribuir con su actividad de agitación y propaganda.