El sector del acero y la clase obrera (Parte III)

El capitalismo tiende a la concentración de la producción y de capitales. El capitalismo tiende inexorablemente al monopolio. Es una ley imparable del capitalismo.

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Lakshmi Mittal. Presidente y CEO de Mittal Steel Company
Lakshmi Mittal. Presidente y CEO de Mittal Steel Company

La concentración de capitales en el sector del acero: el camino hacia el monopolio

El sector del acero en España vivió una época de crecimiento sin control a principios del siglo XXI, al calor de la construcción de edificaciones y de infraestructuras públicas. La demanda de acero crecía exponencialmente cada año. Cada fabricante de acero invertía capitales en grado mayor para acaparar el mercado. Surgían los choques; sin embargo no eran muy virulentos. El mercado también se expandía, dando cierto espacio a la mayoría. No obstante, la producción crecía más rápidamente que el mercado. Cada capitalista del acero tenía claro que si no era el ganador de esa carrera, sería muy probablemente el perdedor o, cuanto menos, partiría en una posición de debilidad en la siguiente carrera de la competencia feroz. Por eso todos aumentaron sus capacidades productivas para abaratar sus productos y acaparar más mercado, arrebatándoselo a sus contrincantes. Por eso, muchos adoptaron el camino de fusionarse para poder competir contra otros capitalistas del acero mucho más poderosos. O, por eso, directamente compraron a otras acereras, más débiles y en dificultades, para hacer crecer su fuerza productiva y sus capitales de cara a la competencia capitalista, eliminando a algunos oponentes.

Al comienzo de la última burbuja inmobiliaria, de principios de siglo, ya se habían conformado enormes corporaciones acereras como consecuencia de la concentración de capitales. Arcelor destaca en Europa como la mayor productora tras la integración de tres grandes: Aceralia, Usinor y Arbed; con esta fusión alcanzaron una producción anual de más 50 millones de toneladas de acero líquido, desbancando también a grandes corporaciones mundiales como la japonesa Nippon Steel1. Igualmente, el tramo final de esta burbuja especulativa arroja una nueva concentración de capitales. La india Mittal Steel compra, mediante una OPA hostil, a la enorme Arcelor para crear el grupo acerero más grande, y con mucha distancia, a nivel mundial: ArcelorMittal. Este nuevo gigantesco grupo capitalista produce más del doble que el segundo más grande: 97,135 millones de toneladas de acero crudo en 20152. Esta producción aglutina a todas sus plantas, diseminadas por diversos países en todo el planeta. E incluye la planta recientemente instalada en China para la producción de aceros para la industria del automóvil, con una capacidad de producción de 1,5 millones de toneladas3.

La libre competencia empuja, inevitablemente, a las fusiones, a la compra de unos burgueses por otros, etc., es decir, a la concentración de capitales. La competencia por la supervivencia como burgueses es la Ley interna del capitalismo que azuza la tendencia hacia la concentración de capitales y, por tanto, hacia el monopolio. Se van formando grupos cada vez más gigantescos para competir contra otros que igualmente se han hecho enormes en el sector.

Además, las crisis económicas periódicas de sobreproducción sacuden las bases económicas del capitalismo hasta tal grado que provoca el caos entre toda la burguesía. La actual sobreproducción existente en el mundo obliga a todos los fabricantes a bajar los precios del acero para poder dar salida a estas mercancías excedentarias y poder recuperar su capital. Los precios del acero llegan a bajar, incluso, por debajo de su valor medio de producción.

La mejor posicionada es la que está llamada a crecer más rápidamente con respecto a las demás. La mejor posición significa que produce a un valor inferior que el resto o la mayoría de sus competidores (obviamente por debajo del valor medio de producción), por su desarrollo de las fuerzas productivas, y que dispone de una acumulación de capitales suficientes para soportar las bajadas de precios. Esta es la llamada a resistir tal convulsión del sistema capitalista.

Y, por el contrario, aquellos que se encuentran sumamente endeudados incluso teniendo unas plantas más modernas y eficientes, aquellos que dispongan de una acumulación menor de capitales, aquellos que tengan una producción atrasada tecnológicamente, es decir, aquellos que produzcan a un valor por encima que las mejor posicionadas (obviamente por encima del valor medio), etc., son los que antes caerán arruinados al no poder resistir la guerra de precios para dar salida a sus mercancías. Se ven abocados al cierre de la empresa para dejar su cuota de mercado a los más poderosos o siendo absorbidos por esos gigantescos grupos.

Así le ha sucedido a la familia Marcegaglia y su Grupo Ilva. Su planta en Tarento fue derrotada en la competencia durante esta época de crisis capitalista. Se vio rescatada por el Estado burgués italiano, para sanearla y hacerla rentable nuevamente mediante el dinero público. Ahora es ArcelorMittal, y la misma familia Marcegaglia en una posición de inferioridad y de subordinación al gran grupo, el que pretende comprar esta planta, en la subasta que está realizando el Estado italiano. Por tanto, ArcelorMIttal ha conseguido eliminar a otro competidor en Europa y concentrar aún más la producción.

Consolidación de la producción mundial de acero 1986-2011. WSA
Consolidación de la producción mundial de acero 1986-2011. WSA

Y, en la actualidad, ArcelorMittal junto con ThyssenKrupp y Tata Steel valoran y negocian la posibilidad de formar una alianza frente a las acereras chinas, en un paso más para el dominio del mercado mundial del acero4. Este tipo de alianza encamina al sector a ser dominado por un gigantesco cártel5. Es decir, un gigantesco monopolio que controle el mercado del acero y su producción.

El poder de estas grandes corporaciones crece en tanto crece su concentración de capitales. Y la explotación de la clase obrera y de las naciones oprimidas igualmente crece. Lenin lo describía así principios del siglo XX: “Los monopolios, la oligarquía6, la tendencia a la dominación en vez de la tendencia a la libertad, la explotación de un número cada vez mayor de naciones pequeñas o débiles por un puñado de naciones riquísimas o muy fuertes: todo esto ha originado los rasgos distintivos del imperialismo que obligan a caracterizarlo como capitalismo parasitario o en estado de descomposición. Cada día se manifiesta con más relieve, como una de las tendencias del imperialismo, la creación de “Estados-rentistas”, de Estados-usureros, cuya burguesía vive cada día más de la exportación del capital y de “cortar el cupón”. Sería un error creer que esta tendencia a la descomposición descarta el rápido crecimiento del capitalismo. No; ciertas ramas industriales, ciertos sectores de la burguesía, ciertos países, manifiestan, en la época del imperialismo, con mayor o menor fuerza, ya una, ya otra de estas tendencias. En su conjunto, el capitalismo crece con una rapidez incomparablemente mayor que antes, pero este crecimiento no sólo es cada vez más desigual, sino que esa desigualdad se manifiesta asimismo, de un modo particular, en la descomposición de los países más fuertes en capital (Inglaterra)7.

Cada uno de los capitalistas aspira no sólo a controlar su sector sino que es consciente de la  interconexión de todos los sectores y de todos los mercados, en la era del imperialismo, la única manera de sobrevivir es una estrategia que le lleve a controlar los sectores y mercados más importantes y principales para sus intereses estratégicos y, por tanto, para controlar el mercado internacional capitalista. Así, trascienden más allá de los límites de su sector original y tratan de convertirse en inmensas corporaciones trasnacionales. Y esto solo ha sido y es posible de la mano del capital bancario, fusionándose con el industrial para formar el capital financiero.

Estas inmensas corporaciones llegan a dominar países enteros, es decir, la conjunción de sus sectores más importantes y ponen en posición de subordinación a los demás sectores. Así describe Le Monde Diplomatique a la chaebol8 Samsung: “el grupo extiende sus tentáculos desde los astilleros navales hasta el sector nuclear, desde la industria pesada hasta la construcción inmobiliaria, desde los parques de diversiones hasta la venta de armas, desde la electrónica hasta el comercio mayorista e incluso las panaderías de barrio, sin olvidar el sector de seguros o los institutos de investigación, Samsung es lo que llamamos una Chaebol, sin parangón en el mundo… Para los subcontratistas tampoco hay salvación fuera de la sumisión… el gerente francés de una empresa del sobrevaluado sector de las urbanizaciones de lujo, …, nos confía: “Para trabajar aquí, hay que estar acomodado. Las licitaciones no existen. Todo se basa en la confianza. Si funciona, tienes que comprometerte con el grupo, obedecer con manos atadas y ojos vendados. La ventaja de que podrás innovar, pero bajo su protección”. No se puede trabajar para otro chaebol o rechazar un pedido… El grupo se sitúa en el puesto número veinte del ranking mundial, registrando un volumen de negocios equivalente a una quinta parte del producto interior bruto (PIB) de Corea…sus prácticas más o menos lícitas: doble contabilidad, cajas negras para comprar periodistas y políticos, cuentas ocultas para costear necesidades personales… Existen una treintena en el país [hace referencia a Corea del sur], ente los cuales se encuentran Hyundai, Lucky Goldstar (LG) y Sunkyong Group (SK), cada uno en manos de una gran familia dinástica… Cada año, los ejecutivos de Samsung salen de caza. Descienden a los colegios provinciales para encontrar nuevos reclutas, preseleccionados por los profesores. Según dicen todos, hay más solicitudes que elegidos, Samsung goza de muy buena reputación y los salarios son relativamente altos”9

Estas corporaciones burguesas, con esas gigantescas concentraciones de capitales, dominan todos los aspectos de la sociedad para ponerlos al servicio de sus intereses como burgueses. Contralan sectores enteros; controlan infraestructuras que les son útiles para la circulación de sus mercancías; controlan a todas las empresas subordinadas a su producción y buscan subordinar a todas las demás; controlan los medios de comunicación; controlan el poder político mediante su poder económico; controlan en gran medida los proyectos políticos más importantes que se proponen y aprueban en los parlamentos; controlan los proyectos educativos e incluso universidades; institutos y colegios para ponerlos al servicio de su corporación…; llegan a controlar y organizar todo un país, toda la sociedad misma, para la producción de sus mercancías.

Por tanto, “en los trusts10, la libre concurrencia se trueca en monopolio y la producción sin plan de la sociedad capitalista capitula ante la producción planeada y organizada de la futura sociedad socialista a punto de sobrevenir. Claro está que, por el momento, en provecho y beneficio de los capitalistas. Pero aquí la explotación se hace tan patente, que tiene forzosamente que derrumbarse. Ningún pueblo toleraría una producción dirigida por los trusts, una explotación tan descarada de la colectividad por una pequeña cuadrilla de cortadores de cupones11.

De esta manera se produce una profunda socialización de las fuerzas productivas. Cada vez es mayor la cantidad de trabajadores y trabajadoras que se mueve para la producción. Cada vez más, agrupa a una mayor porción de la sociedad. Cada vez más, una entidad es capaz de poner en funcionamiento coordinadamente a toda una sociedad. No obstante, lo hace en torno al beneficio de un determinado capitalista., es decir, no pude resolver su contradicción entre la propiedad privada de los medios de producción, de la que es consecuencia la anarquía productiva que desata las crisis, y el carácter social de la producción.   

La pretendida compra de la planta de Tarento será utilizada por ArcelorMittal para, además, poner en competencia contra las plantas de Avilés en España y la de Foss en Francia, las cuales producen los mismos tipos de productos. Muy probablemente una de las dos tendrá que cerrar, como denuncian los sindicatos. Así, presionan los salarios; los presionan para incrementar la productividad y explotar aún más a las y los trabajadores. Con este incremento de la productividad y con la sobreproducción ya no necesitan a tantos trabajadores como antes. La productividad de la fuerza de trabajo de la clase obrera y su explotación se ha incrementado.

El sindicato CC.OO. así lo expone en referencia a la siderurgia europea: “El sector del acero ha perdido más de 60.000 empleos directos y 100.000 indirectos. Además, se viene produciendo un incremento del número de puestos de trabajo temporales, lo que dificulta la transferencia de competencias y conocimientos técnicos esenciales, y suele ir en detrimento de la calidad de la producción y la seguridad de los trabajadores12.

Estas inmensas corporaciones capitalistas no dan una solución de vida a las y los obreros expulsados de sus puestos de trabajo. Quedan a merced de la calamidad del desempleo. En lugar de emplear esas mejoras de la productividad en mejorar la vida de toda la sociedad, lo hace para explotar aún más a las y los obreros. El desempleo presiona a la baja las condiciones laborales de la clase obrera al incrementarse la competencia para acceder a esos nuevos empleos. Los antiguos empleos se van sustituyendo por otros más precarios. Empleos con contratos temporales, con contratos indefinidos con indemnizaciones de 33 días por año trabajado o menos, con contratos con salarios más bajos o salarios peores en relación al precio de la vida y, en general, con derechos laborales peores a los que tenían antes. Contratos que permiten a estas corporaciones capitalistas poder competir entre ellas en mejores condiciones por el dominio del mercado mundial y para su enriquecimiento.

Y no es algo ajeno al resto de países y grupos empresariales: “Tanto en Ulsan como en Suwon, estos sindicatos [del grupo Samsung] reconocen que, para ellos, trabajadores a tiempo completo “los salarios son correctos”. En cambio, los empleados precarizados a veces cobran entre un 40% y un 60% menos por el mismo trabajo, sin recibir ningún tipo de protección ni bonificación y son lazados a la calle apenas bajan los pedidos”13.

Con la concentración de capitales y, por tanto, el monopolio, se hace más descarada la explotación capitalista. Un puñado de individuos viven lujosamente del excedente de valores creados por millones y millones de obreros y obreras e imponen sus precios para obtener el beneficio deseado, encareciendo la vida mientras los salarios suben menos, se congelan o, incluso, bajan. El beneficio privado de los propietarios capitalistas de estos monopolios es el empobreciendo generalizado de la población trabajadora.

Así pues, la libre competencia capitalista es una “guerra sin cuartel”.  Son muchas las empresas capitalistas las que sucumben ante la competencia. Quien haya alcanzado una mayor concentración de capitales, quien haya alcanzado un mayor un nivel tecnológico para que su planta o fábrica tenga mayor productividad, tiene más probabilidades de sobrevivir en esta competencia salvaje. Esta se hace aún más cruenta en época de crisis económica, donde el mercado se hace más estrecho. Los burgueses perdedores son desplazados del mercado, quedando este de cada vez menos manos. El capitalismo tiende a la concentración de la producción y de capitales. El capitalismo tiende inexorablemente al monopolio. Es una ley imparable del capitalismo.

La propiedad privada de los medios de producción choca constantemente y más violentamente cuantos más capitales concentra, cuanto más grandes son esas corporaciones. La producción adquiere un carácter más social, un puñado de capitalistas organiza toda la producción social, pero choca con la propiedad privada de los medios de producción y, por tanto, con la apropiación privada de los productos así creados. De un lado, acumula más riquezas pero, del otro, generaliza cada vez más la miseria. La principal damnificada de esta guerra capitalista a muerte es la clase obrera (y sus familias), la cual ve drásticamente empeoradas sus condiciones laborales y de vida, a pesar de ser la creadora de las riquezas sociales con su fuerza de trabajo. La explotación capitalista se hace más patente.

Continúa en El sector del acero y la clase obrera (Parte IV)

Notas

  1. CC.OO. Informe. La industria del acero en Europa y en España, página 26.
  2. Estadísticas de World Steel Association
  3. El hecho de destacar esta planta en China tiene una gran importancia de cara a entender, más adelante, el porqué de la agresiva política contra China en el sector del acero, promovida por, entre otras, ArcelorMittal y la UE.
  4. http://www.eleconomista.es/empresas-finanzas/noticias/7493986/04/16/Macrofusion-en-el-acero-ThyssenKrupp-inicia-contactos-con-ArcelorMittal-y-Tata.html
  5. Alianzas monopólicas de un conjunto de empresas capitalistas o monopolio de un solo capitalista que en una rama de la producción o en un sector.
  6. Se trata de aquellas personas poseedoras del gran capital financiero, tendente al monopolio, mediante el cual controlan la industria, el comercio y la banca, el cual les otorga tal poder económico que llegan a ejercer el poder político, mediante diferentes mecanismos de control de gobiernos, medios de comunicación, etc., incluso por encima de las capas inferiores de la burguesía.
  7. V.I. Lenin. El imperialismo, fase superior del capitalismo, Capítulo X, El lugar histórico del imperialismo.
  8. Chaebol: Es como en Corea del Sur denominan a las grandísimas corporaciones empresariales que dominan toda la economía y la política de un país, y a la sociedad misma.
  9. Le Monde Diplomatique. Samsung, el imperio del miedo (Número 169, julio de 2013)
  10. Alianzas monopólicas de un conjunto de empresas capitalistas o monopolio de un solo capitalista que abarca todos los escalones de la producción de una determinada mercancía. Desde la obtención de las diferentes materias primas hasta el ensamblaje del producto definitivo.
  11. F. Engels. Del socialismo utópico al socialismo científico.
  12. CC.OO. Informe. La industria del acero en Europa y en España, página 29.
  13. Le Monde Diplomatique. Samsung, el imperio del miedo (Número 169, julio de 2013)