El sector del acero y la clase obrera (Parte V)

Bajo la coraza aparente de defensa del interés obrero el PSOE esconde, utilizando como rehenes a la propia clase obrera, una política dirigida a proporcionar el marco de desarrollo de la burguesía y de sus beneficios

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Pedro Sánchez y Zapatero en Gijón
Pedro Sánchez y Zapatero en Gijón. Foto: FSA-PSOE

Las soluciones inmediatas desde el punto de vista de las clases sociales y sus partidos políticos

La “guerra sin cuartel” existente entre los diferentes capitalistas por el control del mercado mundial, la necesidad de abaratar el precio del acero y el de las mercancías en general para poder competir, la reducción de costes para poder vender más barato, el incremento de la tecnificación de la producción y de la explotación para obtener una mayor productividad, la sobreproducción y las reducciones de capacidades productivas con el consiguiente aumento del desempleo y la pérdida de masa salarial, la debilidad sindical y la cesión de derechos laborales, la pérdida de poder adquisitivo de la clase obrera y el empobrecimiento acelerado en las épocas de crisis, etc., es la tónica general que vivimos y que se acentúa en esta época. 

Los cataclismos económicos y sociales que sufre el capitalismo, y que también arrastra a los asalariados y a las asalariadas del sector de acero, pueden ser afrontados desde diferentes puntos de vista ideológicos. A la clase obrera llegan numerosas propuestas políticas que dicen ser portadoras de las soluciones que necesitan para salir de la pobreza o de la tendencia a la pérdida de poder adquisitivo y, por tanto, de empobrecimiento que vive los asalariados. Pero no debemos olvidar que ninguna de estas propuestas políticas puede escapar a las clases sociales en su fundamentación ideológica. Esta no puede escapar a las condiciones materiales de existencia de cada una de las clases sociales. Es decir, la clase burguesa y la clase obrera. Todo matiz existente procederá de los intereses particulares de sus diferentes capas y de la confusión y la distorsión que ejerce la influencia de la ideología dominante sobre la clase obrera.

El PSOE fue el primer partido obrero en la historia de España, cuyas raíces se retrotraen al siglo XIX; ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. Sus propuestas políticas reflejan el verdadero carácter de clase que representa en la actualidad, y que con total nitidez la clase obrera ha podido constatar con las sucesivas reformas llevadas a cabo a lo largo de las diferentes legislaturas en las que ha estado en el gobierno del régimen capitalista español. Esta caracterización no ha cambiado a la luz del programa electoral de las últimas elecciones generales.

Las y los mal llamados “socialistas” no dudan en poner los recursos económicos del Estado, públicos por definición, al servicio de la extensión y desarrollo de los capitales privados de las empresas españolas. Promueven un “esfuerzo público mayor en favor de políticas que impulsen una reindustrialización de España entendida en un sentido moderno que incorpore actividades económicas amplias y procesos productivos basados en el impulso a la innovación tecnológica”1; una “economía 4.0″ para ser “dinámica, con más actividad emprendedora y mayores niveles de natalidad empresarial”; “para conseguirlo [dicen] es absolutamente prioritario incrementar el tamaño medio de nuestras empresas [privadas] y robustecerlas de manera que todo su crecimiento no se base en uso de fondos propios o apalancamiento privado y público”2. El PSOE planeaba implantar todo un sistema de rebajas de los tipos de interés mediante el uso de créditos blandos, incluso llegando a 0 para las PYMES, para la financiación del I+D+i; préstamos de riesgo con dinero público para el crecimiento de las PYMEs; incentivos fiscales para todo tipo de sociedades, especialmente para las de capital de riesgo; etc. Todo un elenco de medidas de apoyo fiscal y crediticio desde el Estado, realizado con dinero público, en la fase de mayor riesgo de fracaso y para beneficio del capital privado.

Asimismo, el PSOE busca subvencionar los proyectos de investigación industrial de largo plazo con un “programa de estímulo de la cooperación público-privada” en proyectos “con potencial proyección internacional”3. Lo que supone subvencionar especialmente a las grandes corporaciones industriales de exportación de mercancías y de capitales, esta última una de las características fundamentales del imperialismo. Esta política de exportación de capitales la apuntala apoyando “estrategias conjuntas de empresas para la apertura de nuevos mercados y el reforzamiento de la presencia en los actuales, en colaboración con las Cámaras de Comercio y Oficinas Comerciales, Turísticas y Culturales del Gobierno de España en el exterior”4. Es apoyar la política de dominación de materias primas, como por ejemplo el petróleo que defiende Repsol en América del Sur, de los intereses de Telefónica en el mercado de las telecomunicaciones, que domina en esa misma región del planeta, o de las infraestructuras, como la obra de ampliación del canal de Panamá que ha realizado la constructora española Sacyr o el “AVE a la Meca” que está ejecutando el consorcio con empresas españolas como OHL, Cobra, Talgo, ADIF, Indra e Inabensa (Abengoa).

Es evidente que el partido que llevó a cabo las principales privatizaciones de empresas públicas, a lo largo de los años 80 y 90, no se plantea establecer una economía reindustrializada basada en la inversión pública para ser potenciada con los recursos del Estado. En cambio, los pone servicialmente a disposición del sector privado.

Su objetivo es aumentar la productividad de las empresas privadas españolas para poder competir internacionalmente y recuperar la posición que ha ido perdiendo con el tiempo, por el empuje de las nuevas economías industrializadas. Aumentan la competencia capitalista, las tensiones comerciales, la sobreproducción por la anarquía productiva y, todo esto, presiona más la explotación de la clase obrera. Porque, también, vuelven a extender la idea de la competencia ente los obreros de diferentes países, idea que beneficia sumamente a la burguesía nacional. 

En el sistema capitalista el aumento de la productividad se traduce en un aumento de la producción total de mercancías y en intentos de ampliación del mercado. Si el mercado es incapaz de soportar ese  torrente de mercancías, entonces se produce la sobreproducción por sobrecapacidad, entrando en la crisis económica. Las y los obreros se ven en gran medida arrojados al desempleo o a otros sectores como consecuencia de ese incremento de la productividad. No es necesario tener tantas y tantos trabajadores para producir lo mismo o más. Tanto los que pierden el empleo como los que lo mantienen sufren la presión de la competencia entre obreros por conseguir un empleo y la competencia de las condiciones laborales en otros puntos del planeta, provocando la reducción de salarios o la pérdida de poder adquisitivo.

Pero, además, en una sociedad donde los medios de producción son propiedad privada (de unos pocos capitalistas) y, por tanto, la forma de apropiación de las riquezas producidas es privada, de esos pocos capitalistas, el aumento de la productividad beneficia mínimamente o, incluso en nada a la clase obrera (como hemos visto antes). Estas riquezas creadas socialmente por una fuerza de trabajo más productiva de la clase obrera, que pone en marcha estos medios, viene principalmente a incrementar enormemente los beneficios de estos capitalistas. La tendencia sigue siendo perjudicial para la clase obrera mientras que la propiedad de esos medios de producción siga siendo privada. 

Por tanto, bajo la coraza aparente de defensa del interés obrero el PSOE esconde, utilizando como rehenes a la propia clase obrera, una política dirigida a proporcionar el marco de desarrollo de la burguesía y de sus beneficios, poniendo a su disposición los recursos y mecanismos económicos y políticos del Estado para provecho privado. De esta manera, socializan las pérdidas y privatizan los beneficios. El PSOE se caracteriza por ser un partido al servicio de la clase burguesa, introduciendo su ideología en el seno del movimiento obrero. El PSOE queda plenamente caracterizado por su social-imperialismo. Socialista de palabra, pero imperialista de hecho.

Por otro lado, tenemos a la nueva fuerza política Unidos Podemos. De la misma manera influye en el seno del movimiento obrero con sus ideas políticas, las cuales impregnan su programa electoral. No se pretende analizar al detalle estos partidos sino analizar su programa económico, del cual también se desprende su caracterización de clase.

Su programa económico se fundamenta en brindar todo el soporte posible desde el Estado y con los recursos públicos a las empresas privadas para que contraten a trabajadores y trabajadoras. Unidos Podemos pone especial énfasis en proporcionar este apoyo a las PYMEs. Unidos Podemos busca “lograr un compromiso con las empresas para la contratación de personal frente a la obtención de beneficios a corto plazo, con los agentes financieros para facilitar el crédito necesario para desarrollar actividades científicas y con los agentes tecnológicos y de investigación para facilitar la transferencia de conocimiento5. Esto lo pretender realizar facilitando y promoviendo “la innovación entre las empresas españolas, en especial entre las pymes. Para ello, crearemos [dicen] polos de conocimiento y desarrollo económico especializados en áreas y ámbitos determinados y localizados en diferentes regiones del Estado“. Y concederán “subvenciones a las empresas basadas en la transferencia tecnológica y la innovación social6.

Asimismo dicen que “ reforzaremos la competencia en sectores estratégicos (sector energético, sector financiero, sector de telecomunicaciones), lo cual provocará un abaratamiento de la actividad productiva a escala nacional y permitirá reducir los déficits competitivos estructurales de nuestro tejido productivo. Retomaremos, en este sentido, las medidas de apoyo a las energías renovables y su papel relevante en el ámbito de la investigación y la innovación”7. Con el actual grado de desarrollo tecnológico de la producción y de la concentración de capitales, ¿qué empresas privadas van a poder emprender los proyectos de innovación para competir y, además, en los sectores estratégicos? Su planteamiento conduce a incrementar la capacidad de competencia a nivel nacional e internacional de la gran burguesía industrial española, a pesar del guiño a la mediana y pequeña burguesía, frente a otros capitalistas.

Pues bien, la burguesía realiza el refuerzo de esta competencia mediante la venta más barata de sus mercancías, como ley general. La implementación de nuevas tecnologías en la producción para hacer más productiva la fuerza de trabajo, apropiándose de los frutos de esta, es uno de los mecanismos para el refuerzo de la competencia que aplica la burguesía. Esto puede suponer que los obreros de un determinado sector puedan obtener o sostener un nivel salarial superior (y no todos), pero será a costa de incrementar su explotación haciendo que su fuerza de trabajo sea más fértil para los capitalistas.

La bajada salarial es otro de los mecanismos que promueve habitualmente la burguesía española y a la que le encamina la competencia internacional capitalista, por mucho que se pretenda una subida salarial. La burguesía es la que tiene el “timón” de la sociedad. Y por ello, la patronal exige, por ejemplo, la moderación salarial “con el fin de asegurar el mantenimiento del ritmo de creación de empleo” porque ” no debemos hablar sólo de salarios, sino del coste empresa y de factores muy variados que influyen en la competitividad8.

O, finalmente, la otra vía para que pueda aumentarse la competitividad, e incluso derivando en unas migajas de sus resultados hacia los asalariados de aquí, es explotando a las y los obreros de terceros países, en una posición de subordinación con respecto a España. Es decir, transfiriendo riquezas creadas en esos países dependientes. De una u otra manera, no se puede escapar de esta lógica de las leyes capitalistas. Es decir, el reforzamiento de la competitividad no puede escapar al máximo beneficio capitalista, y este tiene como consecuencia el incremento de la explotación de la clase obrera. Todo lo demás es utopismo, ingenuidad y/o miopía sobre el verdadero significado del capitalismo.

Es cierto que Unidos Podemos busca presionar a las empresas privadas con otras medidas para mejorar las condiciones laborales, como la derogación de las dos últimas reformas laborales para abandonar “la política de devaluación salarial como vía para promover una mejora de la competitividad”, la propuesta del incremento del Salario Mínimo Interprofesional (dirigida a las capas más bajas de la clase obrera) o proporcionando ayudas para que las empresas creen puestos de trabajo de calidad en detrimento de sus beneficios a corto plazo. En este ámbito, hacen una apuesta más firme en dirección de la resistencia de la clase obrera frente a la política de devaluación salarial de la CEOE y de los partidos de la oligarquía. Pero, lo hace dejando el timón especialmente en las PYMEs, o así lo pretende, proporcionando las ayudas y apoyos (económicos y técnicos) y con una propuesta de reindustrialización muy escasa. De esta manera Unidos Podemos quedan caracterizados en su condición de clase mediano y pequeñoburguesa y en la protección de la propiedad privada de las medianas y pequeñas empresas. Pero dadas las cualidades españolas, esas ayudas y apoyos, inevitablemente, contribuyen en la dirección de la dinamización de los intereses de la gran burguesía española y de la competencia, dado que es la única que tiene suficiente acumulación de capitales para innovar y competir en los sectores estratégicos, en detrimento de los intereses de la clase obrera. Es la tendencia del capitalismo.

Los postulados políticos de Unidos Podemos incluso se encuentran varios pasos atrás de las propuestas de la socialdemocracia histórica, donde formulaban las nacionalizaciones como medio para revertir parte de los beneficios en la mejora de las condiciones de vida de las masas trabajadoras: mejores salariales, extensión del sistema de bienestar social, etc. Estos postulados son reflejo de los intereses de la pequeñaburguesía española, lo cuales son acogidos como parte de la construcción ideológica de Unidos Podemos.

Notas

  1. Programa electoral del PSOE para el 26-J. Pág. 151
  2. Programa electoral del PSOE para el 26-J. Pág. 150
  3. Programa electoral del PSOE para el 26-J. Pág. 159
  4. Programa electoral del PSOE para el 26-J. Pág. 162
  5. Programa electoral del Unidos Podemos para el 26-J. Pág. 130
  6. Programa electoral del Unidos Podemos para el 26-J. Pág. 131
  7. Programa electoral del Unidos Podemos para el 26-J. Pág. 129
  8. CEOE recomienda una subida salarial de hasta el 1,5% y otra adicional de hasta el 0,5% en función de la productividad y el absentismo. 11 de enero de 2017