La compra de ILVA y la reina del baile

La lógica de “a ver quién se lleva las inversiones”, que ya está muy presente en AM va a ser la reina del baile.

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La planta de ILVA tiene un potencial de producción de 9,5 millones de toneladas al año.
La planta de ILVA tiene un potencial de producción de 9,5 millones de toneladas al año.

Se veía venir desde hace tiempo. ArcelorMittal se ha hecho con la planta de ILVA en Tarento, Italia.

Al final la oferta del gigante siderúrgico IndoEuropeo ha superado a la de su rival, el también indio Jindal. Nada más y nada menos que 1800 millones de € han sido puestos sobre la mesa, junto con un compromiso de inversión de 2300 millones para poner en condiciones la planta italiana, que tiene graves carencias medioambientales.

La factoría de ILVA tendrá un potencial de producción de 9,5 millones de toneladas al año. En comparación, las plantas asturianas pueden producir 4,5 millones al año y están en un segmento del mercado similar.

Hay una gran preocupación en los sindicatos de las plantas de Asturias y otros centros de producción europeos. ¿Qué impacto puede tener en el empleo y la inversión la adquisición de este gigante? ¿Habrá cierres y ajustes?.

Es difícil saberlo a ciencia cierta. La empresa ya de por sí es poco transparente, y no hay una legislación que les obligue a serlo, pero sí hay indicios preocupantes.

Ahí está el Plan Action 2020 con su política de reducción de costes y “racionalización” (en el lenguaje que le gusta emplear a los ejecutivos). Este plan se marca como objetivo pasar de un EBITDA por tonelada de 62€ a 85€ en 2020. Y aumentar la producción anual de 85 a 90 millones de toneladas.

La gestión de la empresa en Asturias, en los últimos tiempos, tampoco augura nada bueno: escasez de inversiones, abandono de Avilés, plan de productividad que implica la pérdida de 600 empleos de aquí a 2020, etc…

Por si fuera poco, la UE ha advertido que vigilará la operación de cerca. AM, con esta adquisición, podría superar la cuota de mercado que la UE considera monopolista. En caso de que fuese así, la UE podría obligar a AM a desinvertir en otras plantas.

De lo que sí podemos estar seguros es que la dinámica de competición entre plantas y sus plantillas se va a intensificar. La lógica de “a ver quién se lleva las inversiones”, que ya está muy presente en AM va a ser la reina del baile.

Nada bueno cabe esperar de esa lógica de pelearnos entre los trabajadores de la empresa por ver quién entra y quién no, en los planes de futuro del consejo de dirección y de los accionistas.

Ante este panorama, hay que remar en dirección contraria. No queda otra salida que reforzar la coordinación entre las plantillas frente a la empresa, solidarizarse con los compañeros y compañeras de las plantas en las que haya conflictos y aumentar la organización sindical y política a todos los niveles.

El objetivo que debemos marcarnos es la presión ante las instituciones del Estado para que pongan coto a la rapacidad de los empresarios, llegando a la nacionalización si es necesario, como con la histórica ENSIDESA. Con ello debemos proteger el futuro industrial de la región, y con ello los empleos y su calidad.

La sed de dividendos de los grandes accionistas de la empresa están detrás de los problemas, pero solo pueden actuar gracias a que hay un gobierno y un marco legal que les permite hacerlo. Esperemos mejor, pero preparémonos para lo peor.