Sangre y lodo: la llamada acumulación originaria de capital

El capítulo XXIV de la gran obra de Marx explica la forma en que el capital vino al mundo: Chorreando sangre y lodo.

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Liam Neeson, interpreta el papel protagonista en la película Rob Roy. En ella, un cuidador de ganado pierde sus tierras a manos de la nobleza rural escocesa.
Liam Neeson, interpreta el papel protagonista en la película Rob Roy. En ella, un cuidador de ganado pierde sus tierras a manos de la nobleza rural escocesa.

¿Puede un libro publicado en 1867 ayudarnos a entender el mundo en que vivimos hoy? En la medida en que las reflexiones contenidas en el sean correctas, sí. Y más aún si se trata del análisis de la sociedad capitalista, el modo de producción que perdura en nuestros días.

Continuando con nuestra serie de lecturas y recomendaciones sobre teoría socialista, publicamos el capítulo XXIV de El Capital. En esta parte de la gran obra de Carlos Marx, el autor explica la forma en que se creó el capital. Pero, para que los recién llegados, o quienes tengan un conocimiento superficial de la materia no se pierdan, es necesario aclarar algunos puntos previos.

Para Marx, capital no es la cantidad de dinero que tienes guardada en una caja fuerte de un banco, o debajo del colchón de tu casa, tampoco es tener un cofre con monedas de oro, o cualquier ejemplo similar. Capital es una acumulación de riqueza determinada (digamos, un montón de dinero), pero puesto en circulación con el fin de obtener más capital. Para aclararnos, capital sería el dinero que tienes guardado en tu cuenta de las Islas Caimán invertido en la producción de bienes y servicios.

Y aquí viene el truco: Marx, en la primera parte de El Capital, explica que toda fuente de valor (necesario para crear capital), proviene, o directamente de la naturaleza, o de la fuerza de trabajo, para entendernos, de explotar trabajadores. El capitalista, paga como salario a sus empleados, no el equivalente al valor que crean con su fuerza de trabajo, sino lo que necesitan para reponer fuerzas y volver a trabajar el día siguiente1. Con ello obtiene una plusvalía que le sale gratis y que se añade, al final del proceso de producción y circulación de las mercancías, al capital inicial. Así es como el capital va aumentando con el tiempo.

Pero esta reflexión pone sobre el tapete otro problema. Si la reproducción y ampliación del capital lleva implícita la disponibilidad de una masa importante de fuerza de trabajo libre (no esclavos ni siervos de la gleba, sino obreros libres, asalariados), y si estamos de acuerdo en que las masas campesinas feudales no eran fuerza de trabajo libre, sino que estaban vinculadas a la tierra y tenían un régimen de trabajo muy regulado y controlado… en algún momento tuvo que darse un proceso social y económico que posibilitase esa disponibilidad de fuerza de trabajo libre, disponible para ser explotada en las empresas de los capitalistas.

Este proceso histórico es lo que Marx explica en el capítulo XXIV de El Capital: La llamada acumulación originaria de capital. Y es un proceso, que, como el lector podrá comprobar, está plagado de sufrimiento, explotación, robo y violencia. Lejos de cualquier fábula para niños sobre audaces hombres de negocios, inversores con suerte, o abueletes que se mataron a trabajar en Argentina hasta acumular “una pequeña fortuna”.

El caso que ilustra este artículo, el de Rob Roy McGregor, es simplemente un episodio menor dentro de la guerra que las élites británicas llevaron a cabo contra su propio pueblo, con el fin de generar lo que años más tarde se convertiría en el proletariado industrial.

Si bien Rob Roy pierde sus tierras por una jugarreta de un noble con una deuda, en la mayoría de los casos la desposesión de las capas populares británicas del siglo XVIII fué mucho más cruda y directa, impidiendo el acceso a las tierras comunales de las que dependía.

En efecto, a lo largo de las siete partes en que se compone este capítulo, Marx va detallando, con abundancia de notas y referencias documentales, cómo las élites británicas fueron expropiando a las amplias masas de campesinos, expulsándolos de sus tierras, privatizando las tierras comunales de las que dependían y generando así una masa inmensa de personas desheredadas.

A su vez se fueron creando leyes contra la “mendicidad y el vagabundeo”, con el fin de que obligar a esas masas de campesinos sin tierra a buscar trabajo en las fábricas y las minas. Así, durante muchos años en Inglaterra, la horca, la prisión y el castigo físico, fué la alternativa que se les daba a las personas que no tenían un empleo conocido. Un negocio redondo: por una parte se dispone de recursos financieros extraídos de la explotación de las colonias y el tráfico de esclavos, por otro se expulsa de sus tierras y empleos tradicionales a los campesinos. Dinero, y mano de obra disponible para las fábricas que esperan en la ciudad.

Este mismo proceso, con distinto ritmo e intensidad se ha dado en el resto de países capitalistas europeos. Los Estados Unidos de América tuvieron su propia versión de este proceso, que implicó la esclavitud en el Sur, la afluencia masiva de inmigrantes europeos y la expansión hacia el Oeste a costa de los pueblos amerindios originarios.

España también ha pasado por el trance de la acumulación originaria: 500 años de imperio colonial, desamortizaciones, repatriación de capitales tras la pérdida de Cuba y Filipinas (¿pensabas que las fábricas de Barcelona surgieron de la nada?)… y por último una desamortización encubierta tras la Guerra Nacional-Revolucionaria de 1936-39, tras la cual, muchas fincas de republicanos pasaron a manos de denunciantes fascistas2.

Con razón Marx dice que “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza”.

Con esta publicación en formato digital EPUB, esperamos ayudar al lector con inquietudes a hacerse una composición de lugar sobre el origen de nuestra sociedad, y a reflexionar sobre el camino por el que debemos avanzar quienes queremos, no una gestión “más amable” del sistema capitalista, sino un cambio de base radical en la forma en que nuestra sociedad y nuestra economía se organiza.

Notas

  1. Esto aumenta y disminuye según las condiciones históricas y depende de múltiples factores, como por ejemplo el nivel de intensidad de la lucha de clases. En plena revolución industrial, se le podía pagar el equivalente a la comida y la vivienda y algo de ropa a un obrero. En los años 50 y 60 en USA, el salario de un obrero tenía que darle para tener un buen coche, alimentarse bien, y quizá unas semanas de vacaciones. Hoy en día, el proceso que observamos en los países occidentales es el de una fuerte tendencia a la reducción del salario real de la clase obrera. En la actualidad, si los salarios volviesen a los niveles del siglo XIX, la burguesía se enfrentaría a una rebelión abierta, por eso el proceso de empobrecimiento del proletariado (y consiguiente aumento de la explotación) se está haciendo de manera gradual.
  2. Este tipo de cosas son las que hay que espetarle en la cara a tu cuñado fascista cuando dice que los “inmigrantes nos quitan el trabajo”, o “que vuelvan a su país”. Quien piense que el Reino de España es un estado económicamente desarrollado por méritos exclusivos de sus habitantes nativos, no tiene ni idea de historia.