A cuenta de Venezuela: De batallas ideológicas y políticas de identidad

¿Es posible ganarle la batalla ideológica a largo plazo a la oligarquía jugando en su terreno, y con su agenda? ¿O más bien necesitamos cambiar de escenario y marcar nuestra propia agenda? ¿Y qué implicaciones prácticas tiene esto?

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Antonio García Ferreras, periodista de La Sexta, en su programa Al Rojo Vivo.
Antonio García Ferreras, periodista de La Sexta, en su programa Al Rojo Vivo.

La sección sindical de UGT en Radio Televisión Española (RTVE) ha emitido el pasado domingo un comunicado denunciando el tratamiento informativo que la televisión pública del Reino de España está haciendo sobre la crisis en Venezuela.

Poniendo varios ejemplos recientes y en términos bastante contundentes, el sindicato insiste en que “Lejos de informar con objetividad sobre Venezuela, un país que está atravesando una situación compleja y tremendamente delicada, con numerosos actores nacionales e internacionales que tienen fuertes intereses económicos y estratégicos en ambos lados del conflicto dispuestos a influir a los medios de comunicación a toda costa. Televisión Española no está cumpliendo con el papel que tiene encomendado de ofrecer una información veraz y objetiva. Errores de desconocimiento del dossier, manipulaciones burdas y falta de profesionalidad se han convertido en algo cotidiano en la información sobre Venezuela, prácticas que nos están convirtiendo sistemáticamente en portavoces sin criterio de la oposición venezolana, sin guardar siquiera las formas.”

UGT es un sindicato con una línea sindical mayoritaria muy moderada, próxima al social-liberalismo (a pesar de que dentro coexisten otras posiciones) en línea con los planteamientos políticos y programáticos que podría defender el PSOE y su esfera de influencia ideológica… En base a esto, no se les puede acusar fácilmente de radicalidad y bolivarianismo. Precisamente por eso, que una organización sindical de estas características describa la cobertura mediática que hace RTVE sobre Venezuela en estos términos, debería, como mínimo, levantar nuestras alertas sobre la dinámica de los medios en España.

Los media: pieza clave para el control de masas

Esto que comento a continuación no es una novedad para el público informado, pero hay que aclarar que los llamados “medios de comunicación de masas” (conocidos también como los media) tanto los públicos, pero sobre todo los privados, son en la actualidad grandes conglomerados empresariales que mueven enormes capitales e inversiones, a nivel estatal e internacional. Como toda empresa capitalista, dependen de la generación de beneficios para existir. Los ingresos se obtienen principalmente por la venta de espacio publicitario a empresas e instituciones que quieran anunciar sus productos.

Además también hay que tener en cuenta que los media tienen un papel esencial en la creación y generación de la opinión pública, aspecto muy importante en los sistemas parlamentarios modernos. El condicionar y orientar la corriente principal de la opinión pública, es una necesidad para el mantenimiento del statu quo existente. Es por esto que los media cuenta en muchas ocasiones con el apoyo de las instituciones públicas y los inversores, incluso aunque den pérdidas.

Los media no tienen por objetivo “informar”, sino “administrar la información”, cosa muy distinta. Su función es la de dosificar la información (y la desinformación) y gestionarla de forma que sirva a los intereses de los grupos económicos que los controlan, y por extensión a los grupos sociales de los que estos forman parte. Lejos de ser neutrales, tienen un papel fundamental en la generación y reproducción de la ideología necesaria para mantener el sistema capitalista en funcionamiento. Esto es, en resumen, que los obreros sigan yendo a trabajar cada día, sin causar mayores problemas al patrón, y que este siga recogiendo las ganancias. Si tenemos en cuenta este detalle, entenderemos porqué los media actúan como lo hacen a la hora de defender determinados intereses económicos y políticos, llegando incluso a la más burda manipulación. Quien paga, manda.

Para profundizar en este asunto, y darse cuenta de que esto que llaman “democracia” en Occidente, hay que ponerlo entre comillas, no puedo dejar de recomendar el visionado del documental que hizo Adam Curtis para la BBC “El siglo del Yo”, sobre el papel de las relaciones públicas (la propaganda) y el control ideológico en las sociedades de masas capitalistas modernas. Para un información más en profundidad, la lectura de “¡Ojo con los media!”, del periodista Michel Collon, puede ser un buen punto de partida.

¿Nos están ganando la batalla ideológica y mediática?

Volviendo al asunto de los media en nuestro país, el panorama no es para nada halagüeño. A pesar de que hay fracturas en el consenso capitalista actual, la política de comunicación del Régimen y de las élites, está teniendo relativo éxito a la hora de polarizar a la opinión pública en dos bandos enfrentados, a la manera de los hooligans de un equipo de futbol (donde ya no valen los argumentos racionales) y a la vez encapsular y aislar, las opiniones no hegemónicas.

El caso de Venezuela es un claro ejemplo de esto, como señalan desde UGT en RTVE, se demoniza una situación mediante una mezcla de falsedades, datos descontextualizados, exageraciones, y filtros selectivos de la información. Se bombardea constantemente a la población día y noche a través de todas las plataformas. Cuando ya han conseguido injertar en las mentes de la población una determinada caricatura de la realidad, se le pone al oponente (en este caso a la izquierda) el san benito de la misma: “¡Bolivarianos!”.

A partir de ese momento todo lo que pueda salir por la boca de las fuerzas del campo popular es tildado de bolivarianismo, filoetarrismo, perroflautismo, etc… ¿Nos suena la canción no?

Podemos ver dinámicas semejantes en otros temas de actualidad en la agenda mediática: Taurinos-Animalistas, Machismo-Feminismo, España-Cataluña, Nativos-Inmigrantes, y un largo etcétera. Todos estos debates se están dando, cada vez más, en parámetros de lo que algunos intelectuales progresistas llaman “Políticas de Identidad”.

Lo que tienen en común estos debates en términos de identidad es que, por una parte, son muy difíciles de ganar sin tener el apoyo de los medios de comunicación de masas, y por otra, que sirven para ocultar otros debates que deberían estar también en la agenda y que son muy incómodos para las élites de nuestro país: por ejemplo, la situación social y laboral de millones de ciudadanos de este país (la clase obrera, el grupo social más numeroso del país), los megabeneficios de las grandes empresas del IBEX35, el deterioro medioambiental, el carácter democrático o no del estado conocido con Reino de España, la relación que tiene nuestro país con la UE y los problemas que esto supone, o la imparable escalada hacia una nueva guerra fría que se está produciendo a nivel internacional y que amenaza con convertirse en guerra caliente cualquier día de estos.

Políticas de Identidad es un término poco conocido en España para el militante o simpatizante de a pié, pero en los Estados Unidos hay una verdadera guerra civil en la izquierda sobre este asunto. La victoria de Donald Trump ha contribuido a que mucha gente de la izquierda yankee se haya dado cuenta de que hablando de minorías y grupos de identidad (orientación sexual, raza, etc…) y dedicándose casi en exclusiva a elaborar políticas para esos grupos, no solo no se debilitaba el sistema, sino que se le fortalecía al permitir la encapsulación bipolar del debate social y al contribuir a ocultar otras contradicciones que el sistema capitalista tiene graves dificultades para digerir y reorientar, como la contradicción capital-trabajo, la que se da entre la mayoría social trabajadora y los grandes capitalistas.

No sé ustedes, pero yo, con todo el griterío mediático que hay en España, y a pesar de que amplias capas de la población se han unido a luchas de resistencia económicas y políticas, junto a ese supuesto despertar de la conciencia popular, cada vez veo más fascismo, más casticismo, más cuñadismo y más pulsiones reaccionarias… y no estoy hablando de las tertulias de 13TV, sino de lo que veo en el barrio, en el bar de la esquina, con los compañeros del trabajo en la empresa, etc. ¿Alguien más tiene la impresión de que el control de la agenda en los debates públicos la tiene el adversario? ¿Que de alguna forma se está decidiendo, en algún ámbito fuera de nuestro alcance, el tema de la semana? ¿La polémica del día? ¿Soy el único que piensa que es muy contradictorio que problemas de fondo que sufrimos la mayoría social trabajadora de este país, no salgan casi en los titulares, y solo muy marginalmente en los discursos de los líderes del campo popular?

¿Hablamos de corrupción y carriles bici? ¿O hablamos de lo que está pasando en las empresas?

La pregunta del millón, si ustedes ven el mismo problema que yo, sería: ¿Es posible ganarle la batalla ideológica a largo plazo a la oligarquía jugando en su terreno, y con su agenda? ¿O más bien necesitamos cambiar de escenario y marcar nuestra propia agenda? ¿Y qué implicaciones prácticas tiene esto?

Deberíamos desplazar el campo de acción a lugares donde el sistema no tenga capacidad de integrar y reorientar las contradicciones, y el lugar principal para esto es el campo de la contradicción entre asalariados y patrones, en las grandes empresas capitalistas. Los salarios, los convenios, las condiciones laborales, la legislación sobre subcontratación y externalización de servicios, el poder de los consejos de administración para hacer y deshacer sin que los trabajadores puedan replicar, el destino de millones de euros en beneficios creados con el esfuerzo de la clase obrera, la nacionalización de sectores estratégicos, … Toda una agenda de asuntos donde el sistema tiene poca capacidad de maniobra para sortear las contradicciones, para ganar la hegemonía. Toda una agenda en la que tenemos la mano casi ganada pues el Régimen tiene muy difícil negar, a la cara de los trabajadores, que la situación laboral se degrada cada vez más y no hay ningún atisbo de mejoría, a pesar de que los beneficios patronales se disparan. Y todo un espacio político, el de las grandes empresas, el de los centros de trabajo, donde, como mucho, el adversario más sólido que vamos a tener son los sindicalistas que trasladan la línea sindical del PSOE y su esfera de influencia.

Desde el campo popular, a pesar de no contar con medios de comunicación de masas tan poderosos, sí podemos ir tomando medidas paliativas. Por ejemplo elaborando campañas de concienciación y sensibilización de las masas sobre el papel que juegan los media en nuestra sociedad. Elevando el nivel de alerta de las masas para que, por lo menos, desconfíen de la “opinión publicada”. Esa tarea sí está a nuestro alcance, deberíamos tratar esta cuestión en nuestros sindicatos, en los programas de formación de delegados y sindicalistas podemos introducir contenidos, seminarios y cursos sobre la dinámica de los media. Es posible organizar campañas a nivel de barrios populares, entre las capas más atrasadas de la población, para ir elevando el nivel de sensibilización. El adversario es poderoso, pero hay formas de plantarle cara y hay terrenos favorables para luchar.