Puntos sobre las íes: el problema sindical en España

La crítica a los sindicatos se ha convertido en el deporte favorito de gran parte de la izquierda. Pero ¿Está bien justificada esta crítica? ¿O la izquierda vuelve a caer en un análisis superficial?

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Pancarta de cabecera de la manifestación de CCOO y UGT en el 1º de mayo de 2015 en Madrid.
Pancarta de cabecera de la manifestación de CCOO y UGT en el 1º de mayo de 2015 en Madrid.

Entre la plantilla de una importante fábrica de automóviles del país el ambiente es tenso. La gerencia de la empresa ha puesto sobre la mesa de negociación con los sindicatos la posibilidad de traer a la planta la fabricación para toda la UE de un nuevo modelo de coche. Pero exige condiciones, una de ellas es la necesidad de recortar casi un tercio de la plantilla de 1500 trabajadores. En caso contrario el plan de producción podría trasladarse a otra fábrica del continente y esta planta vería amenazado su futuro. La situación no es nueva, los trabajadores llevan años lidiando con chantajes de este tipo.

Los sindicatos del comité de empresa se reúnen para analizar la situación, realizan consultas y asambleas. En uno de los sindicatos más importantes se produce una dinámica que llama la atención: Los delegados sindicales, y los dirigentes de la sección sindical quieren luchar, quieren plantar cara a la empresa. ¡No hay derecho! ¡Esto es un chantaje! ¡Ganan miles de millones de euros cada año!, exclaman indignados. Pero parece que el estado de ánimo de la plantilla y de los afiliados al sindicato trascurre por otros derroteros. Los sindicalistas han tomado el pulso a su gente, tienen la impresión de que si proponen a la asamblea la propuesta de confrontar con la gerencia, van a perder la votación. Las sospechas se confirman, la mayoría de la asamblea de afiliados rechaza confrontar y decide aceptar el plan de la empresa.

En otro lugar del país, hace pocos años, los trabajadores de una planta embotelladora de una conocida multinacional de refrescos se enfrenta a otro chantaje patronal: En esta ocasión los directivos de la empresa quieren cerrar la planta, al igual que están haciendo en otras regiones de España, a cambio ofrecen un plan de bajas voluntarias y algunos traslados a otros centros. Pero a fin de cuentas, el cierre supone una pérdida neta de puestos de trabajo muy importante y muchos empleados tendrán que enfrentarse al drama del paro, a una edad en la que es muy difícil encontrar otro empleo.

En esta ocasión, en el comité de empresa hay mayoría a favor de plantar batalla. Se convocan con éxito varias movilizaciones ciudadanas, se propone a la plantilla hacer huelga. ¿Resultado? La propuesta del comité queda en minoría en la asamblea de trabajadores, que decide aceptar el plan de liquidación de la empresa.

Muy cerca de allí, hace unos meses, en una empresa de logística de menos de 50 trabajadores, el propietario, que es a su vez el gerente de la empresa, llama a los tres delegados de personal a su despacho. No se anda con rodeos: “Los números no cuadran, hay que reducir el gasto. Hay dos opciones: U os bajáis el sueldo 30 euros al mes, o hay que despedir a 8 personas”, los delegados replican que esta es una cuestión que tienen que analizar entre todos los trabajadores en asamblea. Saben que la ley, tras las últimas reformas laborales confiere mucho poder al empresario. Saben que los número que presenta el empresario son correctos, la empresa no está pasando por su mejor momento. Pero aún así existe la posibilidad de la huelga para forzar al empresario y deciden proponer esto a la plantilla en asamblea. El resultado no se hace esperar: la plantilla, por aplastante mayoría, no sólo rechaza la posibilidad de convocar huelga, sino que también rechaza la bajada de salario. Los 8 empleados con menos antigüedad, chicos jóvenes que entraron a trabajar en los últimos años, tendrán que afrontar su futuro en otra empresa o en la incertidumbre del desempleo.

Estos tres casos, de los que por cortesía nos hemos ahorrado mencionar siglas y nombres de empresas, son historias reales conocidas a través de la actividad de nuestro partido en el movimiento obrero y sindical. Y son solo una muestra, hay muchos casos similares a lo largo de toda la geografía española.

Todos tienen un denominador común, la existencia de una posición sindical combativa y más avanzada de los sindicalistas en relación al conjunto de la plantilla. Y que en todas ellos la cabeza sindical de la empresa ha perdido la votación en un órgano democrático del sindicato o de la empresa.

La hipótesis de los apaga fuegos

Lo que llama la atención de estos casos, es que contradice el relato habitual sobre lo que pasa con los sindicatos en las empresas. Este relato, grosso modo, vendría a ser el siguiente: una cúpula cerrada y anti-democrática de sindicalistas apoltronados, mimados por los empresarios y en connivencia con estos, traiciona a los trabajadores en los conflictos laborales, y combate las posiciones sindicales más avanzadas. De esta forma, estos sindicalistas y sus organizaciones se estarían convirtiendo en agentes activos de la patronal en controlar al movimiento obrero e impedir el desarrollo de la lucha de clases en las empresas. Por usar un término habitual en el mundo sindical, estarían actuando como apaga fuegos.

La hipótesis de los apaga fuegos, tiene una enorme popularidad y es asumida por gran parte de la izquierda sindical y de las organizaciones sindicales alternativas como explicación del papel que tienen los grandes sindicatos (principalmente CC.OO. y UGT) en la dinámica actual del movimiento obrero.

El problema con esta hipótesis, como hemos visto, es que no es capaz de explicar todos los fenómenos que observamos en el mundo sindical. No todos los desenlaces de los conflictos sindicales se pueden explicar utilizando la hipótesis de los apaga fuegos, por lo tanto necesariamente tenemos que reconocer que esta hipótesis presenta fallos importantes y en consecuencia no es válida para analizar la realidad en su conjunto.

No se puede negar que, hay una parte de verdad en lo que expone esta hipótesis. Es cierto que en las organizaciones sindicales más influyentes hay casos de traición, de corrupción en general y ovejas negras. Esto ha sido determinante en muchos conflictos y ha influido mucho en la orientación de estos sindicatos durante las últimas décadas. A fin de cuentas, trabajar a techo en un despacho de la federación del ramo, es un caramelo difícil de rechazar para muchas personas, sobre todo si la alternativa es volver a un puesto de trabajo poco agradecido. Por no mencionar casos extremos en los que directamente ha habido enriquecimiento ilícito y corrupción a gran escala en base al desempeño de responsabilidades sindicales. Sería deshonesto negar que ha habido muchos casos en los que el mantenimiento del statu quo de algunos sindicalistas y dirigentes ha pesado más que la defensa de los intereses de los trabajadores de algunas empresas y sectores.

Pero quiero insistir en el hecho de que esta forma de explicar la dinámica sindical está incompleta, presenta fallos y no es capaz de explicar todos los fenómenos que observamos. No resuelve el problema de por qué, en casos en que hay condiciones favorables para la combatividad, donde se sigue el procedimiento democrático y donde los sindicalistas son favorables a la lucha, son las plantillas las que frenan esa combatividad. Ni tan siquiera explica cómo estos apaga fuegos han llegado a las altas instancias sindicales y por qué se comportan así, o que millones de trabajadores permanezcan afiliados a estas organizaciones y no a otras que parecen tener una intención de lucha más agudizada. Si las plantillas, por lo general, estuviesen agitadas y dispuestas a dar la batalla, ¿no habrían quitado su apoyo a estos supuestos apaga fuegos eligiendo, bien a otros dirigentes, bien otra sigla sindical?

En consecuencia la hipótesis no es válida y tenemos que buscar otra alternativa. Una que sea capaz de explicar de forma más completa los fenómenos que se observan: Tanto las traiciones y el apoltronamiento, como la falta de combatividad de las plantillas.

La hipótesis de las líneas sindicales

Nuestro partido celebró, en octubre de 2015, una Conferencia específica sobre Movimiento Obrero y Sindical. El objetivo que nos habíamos propuesto era, entre otros, dar solución al problema de la situación sindical y del movimiento obrero. Aclarar nuestras ideas sobre el asunto y buscar una orientación política que nos permitiera actuar con cierto éxito en el seno de la clase obrera. Necesitábamos encontrar respuestas que nos sirvieran para abordar nuestra posición con respecto a los sindicatos (grandes y pequeños), cuál iba a ser nuestra relación con ellos y con el resto del movimiento obrero y cómo íbamos a actuar en su seno. El resultado de este debate se puede ver en una resolución política bastante completa que publicamos en la web del partido y hemos distribuido entre el público. Recomiendo su lectura para profundizar en estas cuestiones.

Las conclusiones a las que llegamos con respecto al problema sindical eran muy distintas a las de la hipótesis de los apaga fuegos. Sin dejar de reconocer que hay parte de verdad en esta posición, la nuestra, que podemos llamar la hipótesis de “la lucha de líneas”, partía de la premisa de que, los sindicatos, como cualquier otra organización social de masas, están sometidos, y son objeto de la lucha entre clases sociales.

Las clases sociales intentan ejercer influencia sobre éstos por una y mil vías. Así, partidos políticos, think-tanks, intelectuales, todos y cada uno de ellos con una posición política de clase determinada, ejercen presión ideológica con el objetivo de condicionar la línea sindical.

A su vez, partíamos de la premisa de que la clase obrera, de manera espontánea y autónoma, tiende a la búsqueda de, como mucho, una lucha sindical de tipo económico por la limitación de la explotación a la que está sometida. Esto es muy diferente a luchar por eliminar la explotación, para lo cual habría que cuestionarse totalmente el sistema capitalista. En realidad, se puede decir que hoy en día la clase obrera, la parte de ella que mantiene un nivel mínimo de lucha, ni tiene capacidad ni tiene, en general, intención de ir más allá de una lucha de resistencia ante las medidas más agresivas a las que se ve sometida.

Si tenemos en cuenta estos dos vectores, el de la influencia de las líneas políticas en los sindicatos, y la tendencia a mantenerse en un nivel de limitación de la explotación capitalista, veremos que contamos con una teoría y con un marco de análisis mucho más sólido para explicar la raíz de los procesos y fenómenos que condicionan y limitan la combatividad de los sindicatos y la clase obrera en general.

Así, las tendencias conservadoras entre las plantillas se explican en parte por la tendencia espontánea de la clase obrera a no ir más allá de la lucha sindical. Y en parte por la influencia ideológica que la clase social burguesa y los partidos que la representan políticamente, ejercen en el seno de los sindicatos y la clase trabajadora.

En el caso del Reino de España, el partido que más influencia tiene en la actualidad en el seno la clase obrera y en las organizaciones sindicales mayoritarias es el PSOE. Por influencia no nos referimos a que muchos dirigentes tengan directamente el carnet del partido, sino que, al igual que muchísimos trabajadores de este país están bajo la influencia ideológica de ese partido, y se hacen eco de sus propuestas, programa, concepción estratégica, etc… Esta influencia se ejerce de forma directa o indirecta (y muchas veces el sujeto influído no es consciente de ello), a través de una especie soft power ideológico y cultural. La tendencia hacia la búsqueda, por parte de algunos dirigentes sindicales, de la conciliación de intereses entre burguesía y clase obrera, es un ejemplo de esto. El keynesianismo y la propuesta de retorno al llamado Estado del Bienestar, es otro.

El conservadurismo sindical, el cortoplacismo y la falta de combatividad de una parte considerable de los dirigentes de las grandes organizaciones sindicales, se explica a su vez por esto mismo. La influencia ideológica de la burguesía presiona día a día sobre esos dirigentes, y a su vez esos dirigentes son expresión del nivel de combatividad (y de pasividad) de las bases sindicales que les eligen y renuevan en los congresos. ¿Y a quién le extraña que en este caldo de cultivo se cuele algún José Ángel Fernández Villa, algún Fidalgo, algún Rodolfo Benito… en definitiva… algún cierra-empresas?

Es la lucha ideológica

La hipótesis de la lucha de líneas, que pone el acento en la influencia ideológica hegemónica de la burguesía sobre la clase obrera como factor determinante, nos ofrece, además de una forma más sólida de explicar la raíz de la dinámica sindical actual, una línea de trabajo distinta a la que se extrae de la hipótesis de los apaga fuegos.

El problema entonces sería el cómo organizar la lucha de líneas dentro de los sindicatos para obtener los resultados más favorables para los intereses objetivos1 de la clase obrera y qué herramientas utilizar. Partiendo de que el problema es ideológico y de fondo, y que afecta a la mayoría de la clase obrera y a los sectores de esta que están inscritos en las organizaciones sindicales, la conclusión lógica es organizar la intervención sobre ese problema ideológico. Es decir, la agitación y la propaganda a distintos niveles de conciencia y en el seno de la clase obrera, empezando por los sectores más importantes.

El objetivo general sería incrementar el nivel de conciencia de la clase obrera, elevar la alerta y la comprensión de los trabajadores sobre la realidad del mundo en que vivimos, para que la lucha obrera pase de una fase defensiva a una ofensiva, y a su vez de una fase de lucha exclusivamente económica (por los salarios, por los turnos, por la condiciones de trabajo, por reducir el nivel de explotación sin acabar con ella,…) a una fase de lucha política (no solo por reformar el régimen capitalista, sino por implantar un modelo económico y social de tipo socialista, que permita acabar con la explotación de unos seres humanos por otros).

En la resolución de la Conferencia a la que hacía referencia antes, exponemos los motivos y el análisis, pero, para resumir y no entrar en una disquisición sobre el problema del sujeto, sólo decir que en el PTD consideramos que una organización de nuestras características, con recursos muy limitados, y dado el nivel de atraso relativo de la conciencia de clase, debemos centrarnos prioritariamente en el trabajo político entre los obreros de las grandes empresas y el sector industrial. Esto es preciso aclararlo: Prioritariamente significa que ahora, en las condiciones actuales, dedicamos la mayor parte de nuestros recursos a esa labor, no que no aspiremos a aumentar la influencia ideológica comunista entre toda la clase obrera. Incluso entre otras clases sociales que puedan ser aliadas.

Esta labor de trabajo ideológico, de agitación y de propaganda, para ser efectiva, requiere de organización. Requiere un centro de mando, para que la lucha sea organizada, eficaz y sostenida en el tiempo, para que la lucha se pueda continuar en distintas condiciones. De la misma forma que la burguesía se dota de partidos políticos que son la expresión política de sus intereses de clase, la clase obrera necesita de partidos políticos obreros que sean la expresión política de sus intereses de clase. Y por intereses de clase nos referimos a los intereses generales, extrapolables a toda la clase obrera en su conjunto a nivel nacional e internacional, no sólo a partes de esta. Este es un matiz muy importante.

En el PTD nos proponemos contribuir de forma positiva y determinante a la creación y consolidación de un partido de esas características en nuestro país.

Conclusiones

Hemos visto, para empezar, que la tan cacareada traición sindical no lo es tanto, y que la poca combatividad de los grandes sindicatos españoles responde a otros motivos más profundos que la presencia de cierra-fábricas y apaga fuegos en las direcciones sindicales.

También hemos llegado a la conclusión de que esas causas residen más en factores ideológicos de fondo, relacionados con el atraso relativo del nivel de conciencia de la clase obrera en la actualidad y con la intervención activa de la burguesía sobre la clase obrera, tanto en el plano ideológico como influenciando la línea sindical de las organizaciones.

De esto, se sigue que es preciso intervenir ideológica y políticamente, entre la clase obrera para elevar su nivel de conciencia y a su vez elevar su nivel de combatividad. En resumen intensificar la lucha de clases en nuestro país y su entorno geopolítico.

Por último hemos visto la necesidad de contar con un partido político que exprese los intereses objetivos de la clase obrera y que este partido realice el trabajo de dirección política (que no económica, esa lucha corresponde a los sindicatos) de la lucha obrera, no solo para la lucha por reformas en el capitalismo, sino para luchar por el socialismo.

En el fondo, la solución a la situación sindical que sufrimos en España, no está en el seno del movimiento sindical, sino fuera de el. Para que la lucha económica de la clase obrera sea más eficaz, es necesario elevar el nivel de conciencia de la clase obrera. Esta tarea es imposible realizarla sin contar con un partido de la clase obrera.

Para finalizar, hago mías cada coma y cada letra de lo dicho por el Sr. Adolph Reed, en respuesta a la pregunta de si era optimista sobre el futuro del movimiento obrero estadounidense: “Tengo que serlo. No podemos ir a ninguna parte sin un movimiento obrero vibrante, y, como el viejo dirigente canadiense de los trabajadores de la automoción Sam Gindin y otros camaradas en los sindicatos argumentan, el movimiento obrero necesita una izquierda vibrante también. Esto está cada vez más claro”.

Notas

  1. Por intereses objetivos nos referimos a aquellos que se dan al margen de la percepción de los mismos por parte del sujeto, en este caso de la clase obrera. La personas de clase obrera, como elementos explotados que son, e independientemente de que lo perciban, tienen interés en la superación del capitalismo y la construcción de una sociedad que acabe con la explotación. Objetivo (y su opuesto, Subjetivo) son dos categorías del Materialismo Dialéctico, el núcleo filosófico del Marxismo.