La otra pata de la lucha feminista

El 25 de noviembre es la fecha reconocida por la ONU como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Manifestantes en el 8 de marzo de 2017. Foto: Santiago Sito.
Manifestantes en el 8 de marzo de 2017. Foto: Santiago Sito.
Tiempo de lectura: 14 minutos

Esta fecha tiene su origen en el asesinato de las Hermanas Mirabal, activistas políticas contra la dictadura pro-yankee de Trujillo en República Dominicana. Las tres hermanas (Patria, Minerva y María Teresa) fueron brutalmente torturadas y asesinadas por agentes de la dictadura el 25 de noviembre de 1960. La efeméride, que ya era conmemorada desde 1981 por el movimiento feminista latinoamericano, fue adoptada oficialmente en 1999 por las Naciones Unidas.

Este año, el 25N en España se conmemora en un contexto de tormenta perfecta, al coincidir con el conocido juicio de “La Manada”, el cual está mostrando a la opinión pública el machismo endémico presente en la sociedad española y las instituciones del Estado.

Un problema real

Según datos oficiales del Estado, en España hay una víctima mortal de violencia machista (de género es el término oficial) cada 5 días. Una cifra espeluznante. Pero estos datos oficiales, que recogen exclusivamente los episodios de violencia dentro de la pareja, son desafiados por muchas organizaciones feministas, que denuncian que esta contabilidad está escondiendo muchos otros episodios. Estaríamos hablando entonces de un asesinato machista cada 3-4 días. Una cifra muy superior manejan en Feminicidio.net, con una estimación de 837 mujeres asesinadas en los últimos diez años.1

Que en la sociedad española existe un problema muy serio de violencia contra nosotras es un hecho objetivo, solo cuestionado por los elementos más reaccionarios de la derecha, la caverna mediática y la fábrica de fake-news que han logrado poner en marcha. Esta realidad, unida a la labor de concienciación y denuncia que venimos realizando las activistas feministas, ha llevado a que la violencia machista y su erradicación ocupe una posición destacada en la agenda y el debate político. Este detalle no es menor: La violencia machista ha existido por siglos, pero que este problema se reconozca y salte a la palestra del debate público, ha requerido la acción organizada de miles de activistas del movimiento feminista y el impulso de las organizaciones políticas, sociales y sindicales del campo popular.

Un movimiento sin masas

Sin embargo, los avances del feminismo también tienen luces y sombras. Entre mis compañeras en el sindicato y en el partido sale a la luz un tema recurrente: no estamos consiguiendo ir más allá del ámbito del activismo social o, dicho de otra manera, todavía hay una mayoría silenciosa de mujeres (y, por descontado de hombres) que ni están sensibilizadas con este problema, ni participan, aunque sea de forma testimonial (ir a una manifestación, por ejemplo), en el movimiento, a pesar de que consideran intolerable la violencia machista.

El barómetro del CIS de septiembre de 2017, en la pregunta ¿cuál es el problema que a Ud., personalmente, le afecta más?, arroja el siguiente resultado: la violencia contra la mujer un 0,3%, los problemas relacionados con la mujer 0,2%, frente a un 35,2% que señala el paro y un 22,4% que señala los problemas de índole económica. La corrupción y el fraude arroja un resultado del 12,4%, y los problemas relacionados con la calidad del empleo es señalado por un 10,7% de las personas encuestadas.2

Estos datos no están desagregados por sexos, no sabemos los porcentajes para hombre y mujeres, pero se puede afirmar, debido a la abismal diferencia en la apreciación de la dimensión de unos problemas y otros, que los problemas relacionados con la mujer y la violencia contra la mujer están entre las últimas preocupaciones de las mujeres en nuestro país. Y a la vez, que el desempleo y la economía están entre los problemas que más preocupan a las mujeres que residen en España.

Esta conclusión contrasta con otros datos de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género.3 Un 93% de las mujeres considera que los malos tratos están muy extendidos en la sociedad española, junto a un 84% de los hombres. El 92% de hombres y el 92% de las mujeres consideran totalmente inaceptable la violencia de género en la pareja.

Por los datos y por lo que vemos en el movimiento feminista, pareciera que la lucha contra la violencia machista es un movimiento de activistas concienciadas o personas que tienen alguna vinculación o afinidad con organizaciones de la izquierda política. El perfil sociológico que mostramos la mayoría de las mujeres activistas es el de una mujer occidental, ilustrada, con estudios universitarios o alta cualificación profesional, con inquietudes intelectuales y un cierto nivel de ilustración política. Con frecuencia pertenecemos a partidos políticos de izquierda, sindicatos o asociaciones feministas, o estamos próximas a estas organizaciones. Nuestros compañeros en el movimiento tienen un perfil socio-ideológico similar.

Las mujeres y hombres de la masa profunda: trabajadores y trabajadoras de los barrios obreros y populares, con baja o media cualificación profesional, son una minoría en el movimiento.

En realidad, el movimiento feminista adolece de problemas similares a los de otros movimientos sociales en expansión desde la oleada del 15M: Es un movimiento social de convencidas y convencidos, de militantes y activistas, de progres, de gente de la casa. El movimiento se expande pero el gigante tiene los pies de barro. Analicemos el por qué.

Feminismo y lucha ideológico-cultural

Esta es una imagen extraída de la web de la Federación Estatal de Organizaciones Feministas, una de las entidades más importantes de nuestro movimiento. Está en la página de la convocatoria del 25N de este año que está circulando por las redes sociales.

Es un compendio de rasgos culturales e ideológicos del patriarcado, fenómenos y actitudes que tienen una relación con la violencia machista. Esta imagen nos está contando, en resumen, la siguiente historia o relato:

Un conjunto de detalles, actitudes, actos… a veces sutiles, a veces invisibles, son la base ideológica y cultural de fenómenos visibles y más explícitos que oprimen a la mujer. La cima de la pirámide, el fenómeno y la consecuencia más extrema de esto, son los asesinatos machistas.

Esto coincide en términos generales con el discurso de las corrientes más influyentes en el movimiento feminista, y en consecuencia condiciona el programa y la agenda política de nuestro movimiento.

Si nos fijamos bien, las reivindicaciones más importantes del movimiento feminista suelen apuntar a la esfera de lo ideológico-cultural. Se presta mucha atención y se insiste mucho en combatir los micromachismos, reprimir comportamientos machistas, la forma en que se utiliza el lenguaje y, en general, se busca el cambio de mentalidad social. Esto coincide, en la imagen, con la parte inferior de la pirámide: las causas.

Por otra parte, se proponen una serie de medidas de tipo penal, represivo, contra las manifestaciones más graves del machismo (asesinatos, mal trato, vejaciones, etc…), así como medidas paliativas y de asistencia social para las víctimas. Esto entraría dentro de la parte superior de la pirámide: los efectos.

En este enfoque, la economía, o la relación entre la situación económica de las mujeres y el machismo que sufren, tiene poca presencia. Este relato nos habla casi exclusivamente de cultura, de ideología, de concienciación… y sus propuestas para solucionar el problema, lógicamente, apuntan la mayoría en esa línea.

Antes de proseguir hay que hacer un inciso

Muy pocas de nuestras compañeras en el movimiento feminista tienen el valor de reconocer abiertamente que no se ocupan de la cuestión económica, de la explotación económica de la mujer. Dirán que en los programas de sus partidos, en el movimiento, también figuran medidas económicas destinadas a facilitar la emancipación económica de la mujeres de clase trabajadora. Pero a mi y a muchas camaradas comunistas, esto nos parece un discurso justificatorio para salir del paso. La realidad es que los programas políticos del movimiento feminista podrán decir un montón de cosas, pero lo que importa es la agenda del día a día, el discurso que se hace, los temas en los que se insiste mediáticamente. Y hoy por hoy, el movimiento feminista, no tiene en la agenda cotidiana, en sus campañas activas, ocuparse de la emancipación económica de la mujer trabajadora.

Hay que actuar TAMBIÉN sobre la economía

Las comunistas pensamos que hay una relación causa-efecto entre las condiciones de existencia económica de la mujer trabajadora y el machismo imperante. Para acabar con el machismo es imprescindible actuar sobre la base económica capitalista de nuestra sociedad.

En la sociedad capitalista, la mujeres ocupamos el lugar de reproductoras de la Fuerza de Trabajo(FT). La FT es lo que los trabajadores y trabajadoras vendemos todos los días a los empresarios y empresarias a cambio de un salario, nuestra energía y capacidad de trabajar. La FT tiene la particularidad de que crea más valor en la producción del que se necesita para reproducirla y poder volver a trabajar al dia siguiente. Esta diferencia es aprovechada por los capitalistas para obtener una plusvalía que es la base de su ganancia. En resumidas palabras, en el trabajo no te pagan lo que vale tu trabajo, sino lo que necesitas para volver a trabajar el día siguiente (por supuesto que esto cambia con la historia, el contexto y la lucha de clases). Para profundizar en este asunto, recomiendo leer el artículo divulgativo de Henri Houben: Leer El Capital.

El capital se desentiende de la reproducción de la FT: es un asunto doméstico, que realizamos las personas trabajadoras en nuestros hogares, en el tiempo que estamos fuera del trabajo. Pero es que reproducir la FT es también un trabajo, en este caso Trabajo Reproductivo.

Tener hijos y criarlos, cuidarlos, preparar la comida, atender a las tareas domésticas, correr con los gastos educativos, etc… son parte del trabajo reproductivo. Y en esta sociedad, en términos generales, lo realizamos nosotras.

Esto es indiscutible, no hace falta más que encender la televisión y ver los anuncios ¿Qué roles en el hogar se nos asignan a las mujeres y cuáles a los hombres? ¿Por qué nos es tan familiar la imagen del hombre llegando a casa esperando la cena preparada por nosotras? ¿Quien lleva a los niños al parque después de la escuela?…

Aunque hay modernizaciones en los últimos tiempos, la mujeres trabajadoras seguimos cargando en general con el peso del trabajo reproductivo, y además sin retribución o compensación alguna: es un trabajo que se realiza, que es esencial para el capitalismo, pero no aparece por ningún lado en los balances contables.. Para que tengamos que asumir este rol, debemos ser dependientes económicamente del hombre: Sufrir más desempleo y precariedad, mayores barreras de acceso al puesto de trabajo, feminización y masculinización de sectores laborales, diferencias salariales indirectas, etc…

El statu quo en la sociedad capitalista es ese, y el capital quiere el statu quo siga estable.

Esta relación social entre el hombre y la mujer, esta asignación de roles en el hogar y en relación al trabajo reproductivo, es la base económica del patriarcado y del machismo, el cual no es más que la ideología imperante en nuestra sociedad con respecto a la cuestión de las relaciones hombre-mujer.

Cuando un hombre maltrata a su compañera sentimental y le dice “eres mía, si te vas te mato”, lo que está haciendo en resumidas cuentas es expresar de forma brutal y violenta la siguiente idea: “eres de mi propiedad privada”, “te vas a dedicar a mi cuidado y el de la familia”, “eres mi esclava doméstica”.

Y el capitalista aplaude entusiasmado mientras pasa todo esto porque se está ahorrando el coste del trabajo reproductivo de la fuerza de trabajo.

Ideas para nuestra emancipación

El patriarcado y su expresión ideológica en forma de machismo, surge con la aparición de la propiedad privada en las sociedad antiguas. Con la llegada e implantación del capitalismo el fenómeno no desaparece, sino que se integra en el nuevo sistema.

El patriarcado es funcional a las relaciones sociales capitalistas y se encuentra íntimamente relacionado con ellas. Pero eso no significa que haya que esperar a “acabar con el capitalismo” para luchar contra esta situación. Si eso fuera así, las mujeres seguiríamos estando como hace 180 años.

En el partido creemos que hay que intensificar de concienciación política entre las mujeres de clase trabajadora, con propuestas y demandas que contribuyan a socializar el trabajo reproductivo. De esa forma es como podemos conseguir incorporar a grandes masas de mujeres a la lucha feminista.

Socializar y conciliar no es lo mismo.

Hoy en día se están implantando, aunque de forma muy tímida y desigual, medidas de conciliación de la vida familiar y laboral: permisos de paternidad y maternidad, flexibilidad de horarios, reducciones de jornada… En otros países hay más avances, como subsidios por hijos o para la vivienda.

Sin embargo esto no resuelve el problema de que el trabajo reproductivo sigue estando al margen del ciclo de reproducción del capital, se invisibiliza y los capitalistas se lo ahorran. Las comunistas insistimos en la idea de socializar el trabajo reproductivo, esto es: que haya una infraestructura, unos servicios, una lógica y un sistema de seguridad social que vaya sacando progresivamente el trabajo reproductivo de la esfera familiar y las relaciones de pareja, de forma que estas queden al margen de las relaciones afectivas y de la buena o mala marcha de la pareja. O, dicho de otra forma, que una relación de pareja pueda ser rota por parte de la mujer sin temor a sufrir problemas económicos o represalias. Avanzar en la línea de la socialización implica vaciar a la institución familiar de su contenido económico.

La siguiente lista son solo algunos ejemplos de políticas de socialización y fortalecimiento de la mujer en relación al trabajo productivo y reproductivo. No pretende ser exhaustiva:

  • Medidas de socialización del trabajo reproductivo:
    • Exigir una red pública barata, eficiente y muy amplia de guarderías, comedores escolares y para trabajadores y trabajadoras.
    • Que se incorporen normas arquitectónicas para que los edificios nuevos se empiecen a construir con instalaciones centrales como lavandería comunitaria, o cocina comunitaria. ¡Saquemos esas cosas del ámbito familiar! ¡Viva la tribu!
    • Algún sistema de salarización del trabajo doméstico, que las personas que se ocupen de ese trabajo coticen a la Seguridad Social y reciban un salario por ello.
    • Meter un buen impuesto a los beneficios empresariales y a las grandes fortunas para pagar todo este sistema.
  • Medidas de fortalecimiento laboral de la mujer (en realidad aplican a toda la clase trabajadora):
    • La progresiva incorporación de las retribuciones variables (bonus, productividad, etc..) a los convenios colectivos, para limitar las arbitrariedades del empresario. Menos sobre a final de mes, y más nómina.
    • La transparencia en la contratación: todas las ofertas de trabajo deben ser públicas y conocidas por todo el mundo, con criterios objetivos de contratación. Una entidad pública como el SEPE se encargaría del proceso selectivo y le diría al empresario quien ha obtenido el mejor resultado y a quien debe contratar. Esto no es ninguna innovación: en cierto sentido ya se hace en la administración y las empresas públicas. La idea es quitarle poder a los empresarios a la hora de contratar y democratizar ese proceso.
    • En general, la elevación de salarios y la reducción de la jornada laboral, nos benefician indirectamente a las mujeres trabajadoras, al beneficiar a toda la clase obrera. Aquí una idea importante: hay puntos de contacto claros entre nuestros intereses como mujeres y los intereses generales de la clase obrera.

Estas son algunas medidas que las feministas deberíamos estar exigiendo junto a las propuestas actuales contra la violencia machista.

Las mujeres que somos más libres económicamente, tenemos mejores condiciones para enfrentarnos al machismo y al patriarcado.

¡Doblemente explotadas, doblemente luchadoras!

Notas

  1. Lo que no revela la estadística de la violencia machista, Público, 21 de junio de 2017.
  2. Centro de Investigaciones Sociológicas, Barómetro de septiembre de 2017, pregunta 8a (pág. 6).
  3. Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, Percepción Social de la Violencia de Género 2014.