Sobre la táctica del partido

Si entendemos que la tarea actual no es la reforma el capitalismo, sino la revolución socialista ¿Qué pasos seguir para conseguirlo? ¿Por dónde empezar? ¿Que papel juega el movimiento obrero y sindical? ¿Tiene algún sentido la agitación y propaganda? Veamos algunas claves de esto.

Manifestación de trabajadores y trabajadoras de ArcelorMitall. Avilés, 11 de junio de 2016. Foto: La Mayoría.
Manifestación de trabajadores y trabajadoras de ArcelorMitall. Avilés, 11 de junio de 2016. Foto: La Mayoría.

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En el artículo “Entre Gramsci y Poulantzas para reformar el capitalismo” abordé de una forma crítica la estrategia y la táctica de Unidos Podemos, el bloque político conformado por Podemos, Izquierda Unida y su órbita de influencia política y social.

En ese análisis, a partir de las declaraciones de Pablo Iglesias y Alberto Garzón en una conferencia en la Escuela de IU, y contrastándolas con la práctica política de sus organizaciones, su programa y su agenda del día a día, llegábamos a algunas conclusiones, entre otras:

  • Que la estrategia de Unidos Podemos (como bloque político) consiste en la reforma en clave humanitaria del capitalismo: en la amortiguación de las consecuencias más sangrantes de las relaciones sociales capitalistas, no en su superación. Ni siquiera se plantean un sistema económico diferente, ni socialista. Estarían, por tanto, a la derecha de la línea de Bernstein y su idea de transición gradual al socialismo.
  • Su táctica es muy similar, aunque menos ambiciosa, que la del Eurocomunismo de Izquierdas propuesta por Nicos Poulantzas. Se trataría de obtener peso electoral e influencia en las instituciones del estado, para poder forzar reformas profundas desde allí. La movilización social sería entonces un instrumento para conseguir aumentar los resultados electorales y para conseguir más influencia en las instituciones.

Si se quiere conocer la línea argumental que nos lleva a estas conclusiones, recomiendo la lectura del artículo antes citado.

Pero a la vez que se realiza una crítica, necesariamente se ha de plantear una alternativa a “lo que hay”. En efecto, si entendemos que Unidos Podemos ni afirma, ni pretende (más allá de las liturgias y la retórica) superar las relaciones sociales capitalistas ¿Qué táctica proponemos quienes sí pretendemos superar esas relaciones sociales? ¿Qué táctica para una estrategia socialista y revolucionaria en nuestro contexto actual? Veamos algunas claves de esto.

La toma del poder político

La primera idea que hay que señalar es que para poder llevar a cabo los cambios económicos y sociales que permitan superar el modo de producción capitalista e implantar un sistema de tipo socialista es necesario tomar el poder político y desarrollar un régimen en que la fuerza dominante en la sociedad no sean los capitalistas sino la clase trabajadora. Este dominación política (más o menos intensa en función de la situación) de la clase obrera es a lo que Marx llamaba Dictadura del Proletariado, requiere la destrucción del Estado actual y construir uno nuevo, y sería una fase transitoria durante la cual se irían eliminando las relaciones sociales capitalistas, el sistema de trabajo asalariado, se socializaría totalmente la economía mediante la abolición de la propiedad privada de los medios de producción (empresas, tierras, etc…) y, en definitiva, se pondrían las bases necesarias para terminar con la división de la sociedad en clases sociales y la explotación de unos seres humanos por otros. Se construiría así una sociedad de tipo socialista, y la culminación de este proceso histórico es el comunismo.

Esto, que es una perogrullada para los compañeros y compañeras que tengan cierto conocimiento de las ideas marxistas, es preciso recordarlo, porque en líneas generales es lo que pretendemos los hombres y mujeres comunistas y para lo que nos organizamos y luchamos políticamente.

Además, este ejercicio de recordatorio del ABC del marxismo nos lleva necesariamente a preguntarnos: ¿Qué fuerza o clase social es la que puede y tiene que impulsar ese cambio?

La respuesta que damos los comunistas es: la clase obrera, los asalariados, los que para subsistir venden su fuerza de trabajo a los capitalistas, y que, a su vez son los creadores de toda la riqueza social. Veamos esto con más detalle.

La cuestión del sujeto

La idea de que la clase obrera es la clase social que puede acabar con la dominación política de los capitalistas, su control de la organización económica y social, y llevar a cabo los cambios necesarios para construir una sociedad de tipo socialista, es una idea central del marxismo. Dicho de otra forma: el papel dirigente de la lucha contra el capitalismo y por la revolución socialista recae en el proletariado.

Esta idea fue dominante en el movimiento socialista en todo el mundo durante la mayor parte del siglo XX, sobre todo en los países más avanzados económicamente. En algunos otros países, colonias o países con un menor desarrollo de la economía capitalista industrial, donde se produjeron procesos revolucionarios, los estrategas comunistas plantearon que el campesinado pobre tenía un papel dirigente. Estos son los casos, por ejemplo, de la Revolución China o, con sus peculiaridades concretas, la Revolución Cubana.

En la actualidad, después de un proceso de cambio en el pensamiento de la izquierda occidental, que se puede remontar hasta los acontecimientos de Mayo del 68 (o incluso antes), la izquierda occidental ha abandonado totalmente esa idea. Y este proceso de cambio ideológico tiene profundas implicaciones prácticas, en la táctica y en la estrategia de la izquierda política. El movimiento comunista no ha estado al margen de esta discusión y muchos compañeros y compañeras y sus organizaciones, en la práctica, aunque no en su liturgia, también han abandonado esta idea del papel central de la clase obrera.

Es un debate que daría para todo un tratado político, se han escrito ríos de tinta sobre esto y se siguen escribiendo, pero, para resumir e ir al grano, el PTD sigue considerando que esta idea de la centralidad de la contradicción entre el trabajo asalariado y el capital, y del papel dirigente de la clase obrera en la lucha por el socialismo, es de plena actualidad y sigue siendo válida.

Para sintetizarlo en una frase: El PTD considera que la clase obrera es el sujeto revolucionario principal1. Primera idea central a tener en cuenta.

Pero en el partido no nos quedamos ahí. También consideramos que la clase obrera tiene grupos con características sociológicas diferenciadas en su seno, y que dependen del lugar que ocupan en la producción, sus condiciones de trabajo, el sector al que pertenecen, la mayor o menor sindicalización en su ámbito, lo que producen y cómo lo producen, el aporte que hacen a la cadena de valor global, etc…

Para el proceso de acumulación capitalista actual hay sectores que son clave y sectores que son secundarios. Para la producción y distribución de mercancías no tiene la misma importancia la estiba, o la producción industrial (la siderurgia, el metal, el sector del automóvil, la energía…), o el sector ferroviario, o algunas empresas grandes del sector terciario (como correos, las grandes telecos), etc… que otros sectores de actividad y empresas del sector terciario, los trabajadores de la administración pública o la hostelería.

Debido a que unos y otros ocupan posiciones diferentes en puntos diferentes de la cadena global de acumulación capitalista y a que unos puntos son claves, la importancia económica y política de los trabajadores de una u otra empresa, o de uno u otro sector es diferente. El potencial de algunos sectores de la clase obrera para luchar contra el capitalismo es mayor que otros, por la posición que ocupan en la cadena de producción de valor.

No es nuestra intención desmerecer la lucha de uno u otro colectivo de la clase obrera, pero es preciso llamar la atención de que esta idea de los sectores clave tienen profundas consecuencias prácticas para la táctica del partido, para el planteamiento del campo de batalla y el despliegue de fuerzas. Para la asignación de unos recursos de acción política que siempre son escasos e insuficientes y que es preciso asignar con criterios de prioridad y economía de fuerzas. Somos de la opinión de que gran parte del movimiento comunista español actual, y la izquierda en general no tiene esto en cuenta.

De esta forma, nuestro partido, se plantea que, para incrementar su influencia entre la clase obrera en general, primero debe establecer bases de apoyo firmes entre algunos sectores clave del sistema capitalista español, por poner algún ejemplo: la siderurgia, la industria automovilística, la fabricación de bienes de equipo, las telecos, el sector ferroviario, las comunicaciones. Y a su vez en el puñado de empresas monopolistas que controlan esas ramas de la producción: ArcelorMittal, Alcoa, SEAT, FASA, PSA, Telefónica, Orange, Correos, SEUR, UPS, etc… y por supuesto en la miríada de empresas auxiliares y subcontratas que operan en torno a esas empresas.

En resumidas cuentas, la segunda idea central es la siguiente: Dentro de la clase obrera, es prioritario tener influencia entre los trabajadores de las grandes empresas del país que constituyen el núcleo de la generación de plusvalía y valor, las grandes industrias y las grandes corporaciones.

Y la tercera idea que planteamos es que, la politización en términos socialistas y revolucionarios de la clase obrera industrial de las grandes empresas abre la puerta a la politización del resto de la clase obrera de otros sectores, como por ejemplo del sector terciario. Se trata de buscar un efecto de arrastre que ya hemos visto incipientemente en movilizaciones obreras de sectores obreros como la minería del carbón, o las movilizaciones de ArcelorMittal en Euskadi o de Alcoa en Asturias. Estos núcleos obreros arrastraron a amplias capas sociales en su movilización.

Incorporar a la clase obrera a la lucha política

Si hablamos de politizar a la clase obrera industrial, la primera pregunta es ¿Qué discurso? ¿Qué ideas hay que transmitir? Aquí se complejiza la cosa.

Lo habitual en el trabajo de las organizaciones comunistas más importantes en el movimiento obrero y sindical es lo que yo llamo “El Rollo Apoyo”. Es el típico procedimiento mediante el cual, las organizaciones declaran “su apoyo” a las reivindicaciones de colectivos obreros en lucha, esto suele venir acompañado de asistencia a las movilizaciones, alguna declaración pública mostrando el apoyo del partido en cuestión, visitas de cargos públicos, ofrecimiento de algún tipo de “gesto” institucional (la mociones en los ayuntamientos son muy frecuentes), preguntas parlamentarias, facilitar reuniones con el consejero de empleo de turno, asistencia técnica en la preparación de las movilizaciones, etc…

El “Rollo Apoyo” se caracteriza por dos elementos:

  • No se va más allá de la conciencia espontánea de los trabajadores. Se apoya, sin más, la reivindicación en cuestión.
  • Se hace en periodo de guerra. Es decir, cuando los trabajadores ya están movilizados en la lucha, cuando ya están sufriendo las consecuencias de alguna agresión del patrón, o algún problema laboral.

En el partido creemos que esto es positivo, pero a su vez es insuficiente, el trabajo político comunista debe ir más allá, es algo mucho más profundo y serio que esto. A saber:

  • Nuestra acción política debe elevar la conciencia, no mantenernos en la conciencia espontánea de la clase trabajadora. Se trata de explicar cosas, de desentrañar la realidad, de marcar orientaciones, de señalar contradicciones y proponer formas de superarlas. ¿Apoyar? Sí, pero también explicar lo que hay detrás de las cosas. Queremos aumentar nuestra influencia ideológica entre los trabajadores y trabajadoras, queremos que adopten un punto de vista socialista sobre la realidad que están viviendo. Que relacionen los problemas económicos en la empresa con los problemas políticos generales de la sociedad. Que vean la mano de la opresión, más allá del centro de trabajo o el sector. Que interioricen como ataques a sí mismos, los ataques y agresiones que sufren otros sectores sociales.
  • El trabajo político comunista se debe hacer también en periodo de paz, buscamos aumentar nuestra influencia política entre los trabajadores siempre, no solo aparecer por allí cuando hay conflicto abierto. Esto significa que la búsqueda de influencia es sistemática, no nos quedamos esperando a que haya huelga. El partido debe buscar permanentemente construir su red de influencia ideológica entre los trabajadores.

La red de influencia del partido.

Esta idea de la construcción de la red de influencia del partido también es central y tiene implicaciones prácticas. En el imaginario colectivo habitual del movimiento comunista español (o lo que queda de él), el contacto del partido con los trabajadores se articula mediante algún tipo de organización de base del mismo en el ámbito donde estén los trabajadores. En el caso de los eurocomunistas es algún tipo de agrupación o colectivo en los barrios o ciudades. En partidos más clásicos del movimiento se habla de células en los centros de trabajo, esta última forma es la más correcta. De una u otra forma se reconoce la necesidad de un contacto físico con la clase obrera y su espacio de trabajo, y la forma preferida es una organización de militantes del partido dentro de la empresa en cuestión.

Recientemente, un camarada del PCE, Daniel Hernando, ha publicado un artículo titulado “Qué es y qué no es la recuperación del leninismo del PCE” en el que hace algunas reflexiones sobre el último congreso del PCE y la inclusión del término marxismo-leninismo en sus estatutos y qué significa eso organizativamente. En una parte del artículo el camarada hace la siguiente reflexión:

“Es la conversión de una organización cuya tarea fundamental era la concurrencia electoral a una organizada para el conflicto social, donde la intervención en el sindicato, la AAVV o el colegio profesional pasa a ser el centro de la actividad partidaria. Eso significa pasar de agrupaciones locales amplias a núcleos de activistas insertos en el tejido de su barrio, de su taller o sector y que se dirigen fundamentalmente a la acción en ellos. En este sentido, la reducción de cinco a tres militantes para constituir una organización de base es fundamental. El tejido productivo, con excepción de algunas ramas de la industria y los servicios públicos, alberga pocos núcleos de más de una decena de trabajadores. En esas condiciones, aspirar a tener cinco comunistas en un mismo centro de trabajo es algo muy complicado incluso con el mejor de los trabajos posibles.”

Con todo el respeto para el camarada Hernando, voy a sacar un poco de punta a este párrafo, porque creo que es ilustrativo de ciertas concepciones sobre la organización comunista en el medio obrero que pueden conducir a confusión.

El camarada indica la necesidad de pasar de agrupaciones territoriales a organizaciones de sector, barrio o centro de trabajo. La mención a la escasez de centros de trabajo grandes, junto a la necesidad de reducir el número de componentes de la organización de base, parece indicar que el autor está hablando de células de centro de trabajo, y que deben ser reducidas en número de militantes, porque hay pocas empresas grandes y es difícil tener organizaciones de base grandes en empresas pequeñas.

En resumidas cuentas, el camarada estaría haciendo el siguiente planteamiento:

Organización del partido en el centro de trabajo -> es igual a -> Organización de los militantes del partido en el centro de trabajo.

O dicho en otras palabras: Es conditio sine qua non tener militantes que sean trabajadores de la empresa, para tener organización del partido en la empresa.

Es posible que el camarada Hernando pueda matizar o aclarar este punto, pero así, tal y como lo dice, creo que abre las puertas a todo tipo de confusiones sobre lo fundamental del trabajo comunista entre la clase obrera en los centros de trabajo.

Confusiones que hoy por hoy están muy extendidas entre los y las comunistas, porque no es infrecuente que haya camaradas del movimiento que ante la afirmación “hay que ir a las fábricas” respondan:

  • “¿A qué fábricas? Ya no hay fábricas.” Entonces se les explica y demuestra (por enésima vez) que sí hay fábricas, y que sí hay fábricas con miles de trabajadores y trabajadoras en ellas. Y que hay núcleos industriales y conflictos laborales y sindicatos y que hay lucha de clases en ellas. Y que hay muchos obreros con inquietudes políticas y que se preocupan por los problemas del mundo, y que tienen conciencia, y que quieren hacer algo para cambiar las cosas.
  • Pero entonces estos camaradas replican: “Vale, de acuerdo, sí hay fábricas, pero es que no somos trabajadores de la fábrica, somos estudiantes y trabajamos en el sector servicios y cambiamos de empresa y de convenio colectivo como de ropa interior”. Y en base a este razonamiento, llegan a la conclusión de que de lo que se trata es de militar en lo que nosotros llamamos “el frente natural”, esto es: Soy estudiante, a la organización de masas estudiantil. Soy mujer, a la organización de masas feminista. Soy vecino de tal barrio, a la asociación de vecinos del barrio. Etc…

Este último punto de vista es muy habitual, y es producto de la combinación de una falta de comprensión del papel de la clase obrera en la lucha contra el capitalismo y por el socialismo, y a la vez de concepciones erróneas sobre lo esencial de la organización comunista entre los trabajadores y los centros de trabajo. Y lo que pasa es que los camaradas no entienden que lo esencial no es dónde esté la organización de base ni quien la componga, sino la relación entre el partido y el colectivo obrero, el hilo conector. Vamos a explicarlo un poco más.

El hilo conector

Sí, hay que reconocer que tener militantes del partido organizados en el centro de trabajo en cuestión, es algo que facilita la labor de aumentar la influencia del partido y sus ideas entre los trabajadores, pero no es una conditio sine qua non. Se puede comenzar el trabajo político entre la clase desde fuera del centro de trabajo e ir incrementando esa influencia.

Si echamos un vistazo a la historia del movimiento socialista, en concreto al periodo de formación del bolchevismo en el Imperio Ruso, veremos que en sus inicios esa gente tenía poca o ninguna presencia organizada dentro de las fábricas. En general se trataba de grupos de intelectuales y revolucionarios con algunos obreros a su alrededor, pero no tenían una “célula” propiamente dicha dentro de las empresas. Lo que sí tenían era información precisa de lo que pasaba en la empresa, y esto era la llave del trabajo político.

En muchas ocasiones, lo que tenían eran “contactos” dentro de la empresa. Obreros que de una u otra forma proporcionaban información precisa al núcleo político sobre la situación interna en la fábrica: los problemas que tenían, las condiciones de vida y trabajo, los abusos del empresario y los capataces, etc… Otra información la obtenían en base a un trabajo de campo en las barriadas obreras. De esta manera la organización política iba juntando piezas de información, dotándose de una visión de conjunto y muy detallada de la situación de los trabajadores, de sus problemas y preocupaciones.

Esta información era procesada y utilizada para elabora el material de agitación y de propaganda, adaptado al nivel de conciencia del colectivo de trabajadores en cuestión, planteando alternativas, indicando orientaciones de lucha e introduciendo ideas socialistas, tanto económicas como políticas, entre los trabajadores.

El material de agitación y propaganda, en la mayoría de los casos se introducía con cuenta gotas en la empresa, desde fuera: quizá un pequeño grupo de camaradas repartían folletos y hojas volantes a la entrada, quizá a través de algún contacto se conseguía distribuir algunas copias en la barriada obrera… La distribución era muy precaria y muy limitada, y perseguida por la autoridades.

Pero estos materiales, por lo que indican protagonistas de esta época como Nadia Krúpskaya, tenían un tremendo éxito entre los trabajadores, dejaban huella, no por su distribución masiva, sino por su calidad, por cómo hablaban a los trabajadores, por cómo conectaban con sus preocupaciones y aspiraciones, y por cómo eran capaces de elevar y desarrollar el punto de vista de los trabajadores sobre los problemas que sufrían.

En este modelo, vemos que lo esencial no es la presencia de militantes o de células del partido en la empresa, sino el flujo de información entre la clase obrera y el partido, y la capacidad del partido para procesar esta información y desarrollar un trabajo de agitación y propaganda eficaz.

Esto, en el PTD, nos lleva a afirmar lo siguiente:

  1. si lo esencial para iniciar el trabajo político entre la clase obrera es el flujo de información clase-partido-clase,
  2. si para conseguir ese flujo no es imprescindible contar con militantes dentro de la empresa, ni contar con muchos militantes y cuadros en el partido, ni que esté de moda el marxismo.
  3. ¿Por qué no ponernos manos a la obra ya?

¿Qué significa ponernos manos a la obra ya?

Nosotras y nosotros, en el PTD, partimos de la siguiente situación: Contamos con un programa máximo de medidas propiamente socialistas, un programa mínimo de reformas para hacer agitación en el contexto actual. Dentro de este programa mínimo estamos incorporando, en base a nuestra observación y experiencia con la realidad cotidiana de la clase obrera, un conjunto de medidas de choque, para aplicar inmediatamente en caso de que de nosotros dependiese. Son reformas que nos situarían en mejores condiciones para luchar por el socialismo.

Estamos aclarando y concretando nuestras ideas y propuestas sobre la Unión Europea, la mundialización imperialista, el modelo de estado en España y también sobre la cuestión de la emancipación de la mujer. Las cuestiones estratégicas y tácticas, aunque en este artículo ya adelantamos lo más inmediato, son un campo de conocimiento muy amplio y hay mucho trabajo de concreción por delante.

Estas tareas son realizadas por el centro del partido. A esto hay que añadir un esfuerzo importante en capacitar políticamente a los militantes del partido y a los simpatizantes y colaboradores.

A su vez tenemos grupos de base, que realizan trabajo de campo y cuyo objetivo es, por una parte, recopilar información de lo más variada para suministrarla al centro y, por otra parte, distribuir la información procesada y elaborada por el centro entre la clase trabajadora. En otras palabras, hacer agitación y propaganda entre la clase obrera.

Hemos identificado un conjunto de empresas clave donde queremos establecer una base de influencia sólida y establecer organizaciones de base del partido. Si se echa un vistazo a la portada de La Mayoría, nuestra revista, se puede hacer una idea de qué empresas estamos hablando. Queremos llegar a muchas más, pero para ello empezamos por unas pocas.

Los y las camaradas de las organizaciones de base tienen el encargo de priorizar el trabajo en estos núcleos obreros, dedicar la mayor parte de sus recursos a esta tarea. Y de esta forma empiezan a establecer contacto con los trabajadores y trabajadoras, con los sindicatos, recopilar información sobre la problemática concreta y la general y a su vez, empiezan a difundir entre estos trabajadores la agitación y la propaganda del partido, que en la mayoría de los casos es específica para estos trabajadores, parte de la realidad que conocen y tratamos de que sea lo más próxima y asequible.

Una experiencia interesante y útil para hacer este trabajo es la posibilidad que tiene el partido de realizar análisis y estudios desde una óptica marxista y que estén al alcance de los trabajadores, relacionados directamente con la situación en el centro de trabajo, o problemas más generales que sufre la clase trabajadora. Esto ayuda a que el partido sea visto como una herramienta útil y su opinión sea tenida en cuenta. Nuestra experiencia indica que, en general, a los sindicalistas se les ponen muchas trabas para obtener información fiable sobre la situación macro de su sector y sobre los planes de la empresa, en el caso de las multinacionales esto es más difícil todavía. El partido puede ayudar en esto, nuestros artículos sobre el Plan Action 2020 de ArcelorMittal, o el dossier sobre el sector siderúrgico, han sido valorados positivamente por los sindicalistas, y han tenido mucha difusión entre los trabajadores.

También es importante participar en los sindicatos y tener una relación respetuosa con ellos, manteniendo la posición de principios del partido, pero sin renunciar a la flexibilidad táctica y poniendo el acento en lo ideológico y político. En el caso del PTD hay camaradas que participan en sindicatos de ramas a las que no pertenecen por su profesión, esto es consecuencia de nuestro punto de vista de priorizar sectores clave.

De entre los trabajadores con los que el partido va estableciendo contacto se va destacando una parte de ellos que son los que tienen un nivel de conciencia más elevado y se les propone una relación de colaboración más estrecha, incluyendo la incorporación como militantes a la organización del partido. Esta relación estrecha de colaboración ya es un salto cualitativo en la relación del partido con los trabajadores de la empresa, porque significa que ya nuestro centro tiene información actualizada y precisa de los acontecimientos al interior de la empresa, del nivel de conciencia de la plantilla y en consecuencia nuestra acción política es más eficaz, porque partimos de la realidad material.

Tras esto se busca establecer un núcleo del partido en la empresa, esto es importante y mejora la capacidad de influencia, pero insisto: no se debe entender que, sin núcleo en la empresa, no hay forma de realizar trabajo de agitación y propaganda.

En base a este enfoque del trabajo del partido, se puede entender por qué el PTD está ausente en muchas ocasiones de movilizaciones y actividades en las que suelen estar presentes otros partidos del campo comunista y la izquierda. No es porque no queramos estar, es porque nuestros recursos están destinados, por necesidad, a otro campo de actuación en el que en general los comunistas no están trabajando. O también entender por qué hay militantes y núcleos del partido que no actúan en el “movimiento ciudadano” de su barrio, o en su universidad y, sin embargo, se meten entre pecho y espalda 50km de coche para ir a una movilización obrera en una empresa o una reunión de trabajadores de una multinacional.

Para finalizar

Este sería un resumen muy general de “La Idea”, “El Plan” o “El Método” que el PTD pone encima de la mesa para conseguir dos objetivos clave:

  • La elevación de la conciencia revolucionaria de la clase obrera para la lucha por el socialismo.
  • La reconstrucción del partido comunista en España hasta unos niveles mínimos para ser un agente político a tener en cuenta. (¡Ojo! No para la hegemonía)

Creemos que esta táctica (la línea de La Mayoría) es coincidente con las ideas esenciales de Lenin y los bolcheviques en el periodo en el que empezaban a trabajar de forma sistemática para potenciar el movimiento revolucionario ruso. Y también creemos que cualquier organización del movimiento comunista o núcleo de militantes desperdigado, puede guiarse por ella para empezar a trabajar de manera sistemática entre la clase obrera española y avanzar en la organización política de esta.

Notas

  1. Para ser rigurosos, nos referimos al sujeto revolucionario en forma potencial (posible), para devenir en sujeto real es necesaria la agitación y propaganda comunista para elevar la conciencia de clase y revolucionaria, para que la clase asimile las ideas socialistas y luche por ellas.
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