Ya es hora de una reducción general de la jornada laboral

En un contexto de paro estructural y deterioro de las condiciones laborales, la huelga de los trabajadores alemanes de la industria por la reducción de jornada laboral, vuelve a rescatar la vieja reivindicación obrera de “menos horas, más salario”.

Dos manifestantes de IGMetall en una concentración por la reducción de jornada laboral y la subida del 6%. Foto: Martin Storz
Dos manifestantes de IGMetall en una concentración por la reducción de jornada laboral y la subida del 6%. Foto: Martin Storz

IGMetall es el sindicato más poderoso de Alemania, centrado en la industria, cuenta con casi 4 millones de afiliados, y por su influencia marca el ritmo de la negociación colectiva para el resto de la clase obrera en Alemania. Desde finales de 2017, ante la nueva ronda de negociaciones con la patronal, IGMetall ha desempolvado la vieja reivindicación de la jornada laboral. Algo que ha hecho fruncir el ceño a los capitalistas.

En concreto, lo que están pidiendo en la mesa de negociación es una subida del 6% de los salarios y la posibilidad de reducir la jornada laboral de 35 a 28 horas a la semana voluntariamente, pudiendo volver a recuperar la jornada completa al finalizar el periodo. Se contaría con una bonificación del salario durante esos dos años para que los trabajadores no pierdan poder adquisitivo por trabajar menos horas.

El argumento-fuerza que utilizan es favorecer la conciliación de la vida laboral y familiar, mejorar la salud laboral y favorecer la incorporación de mujeres a sectores económicos de la industria muy masculinizados. La idea de fondo es que una reducción considerable de la jornada “libera” horas de trabajo para las que hay que contratar más personal.

El contexto laboral en Alemania les favorece: la locomotora industrial de la UE está teniendo problemas para encontrar la mano de obra cualificada que necesita para sus empresas, ya es uno de los países de la UE donde, de media, la jornada semanal es más reducida. El estándar son 35 horas. Esta situación pone a los sindicatos alemanes en una posición de fuerza para negociar con la patronal. Por norma general, se dice que IGMetall consigue la mitad de lo que pide en las primeras rondas de negociación colectiva.

Por supuesto que no estamos ante una campaña de las dimensiones de la llevada a cabo por la II Internacional en el cambio del siglo XIX al XX, que impulsó la generalización de la jornada de 8 horas como jornada estándar. Esto es algo mucho más modesto, pero debemos darle la bienvenida a esta campaña de IGMetall, pues vuelve a traer a debate una cuestión fundamental para los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo, y en concreto de España:

Con el alto nivel de desempleo, precariedad laboral y horas extras que hay en el mercado de trabajo español, y teniendo en cuenta el brutal incremento de productividad que ha experimentado la economía desde las primeras décadas del siglo XX… ¿No es necesario poner encima de la mesa el debate sobre la reducción de la jornada laboral sin reducción de salario? Es decir: trabajar menos y cobrar más.

Para entender la lógica de la jornada laboral debemos acudir a las ideas económicas de Karl Marx y su teoría del valor-trabajo.

Marx afirmaba que el valor de una mercancía está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla. Este trabajo socialmente necesario se refiere al trabajo humano abstracto, es decir: gasto de esfuerzo físico y mental humanos, independientemente de las características concretas del trabajo (metalurgia, carpintería, etc.). La cantidad de trabajo se mide en tiempo, habitualmente en horas.

En base a esta idea Marx llega al concepto de plusvalía. La plusvalía es la expresión, en dinero, de la cantidad de trabajo que el trabajador aporta al proceso productivo por encima del valor de su fuerza de trabajo (de lo que necesita consumir para volver a trabajar al día siguiente). Dicho de otra forma más coloquial: El empresario no paga al trabajador todo el valor de lo que produce, sino solamente lo necesario para que recupere su capacidad de trabajo. Para que “recargue pilas” y vuelva a trabajar al día siguiente.  Este pago se hace en forma de salario. Y el salario cambia a lo largo de la historia en base a las condiciones del mercado laboral, la lucha de clases, el contexto político, etc…

El resto de trabajo “impagado” por el empresario es la base de la plusvalía y de la acumulación de capital de los empresarios. Por eso los capitalistas se enriquecen y los trabajares no.

Veamos un gráfico para ilustrarnos.

Escenario 1. Jornada laboral de 8 horas.

En el escenario 1 tenemos un caso que es similar a la situación estándar actual. El obrero trabaja 8 horas al día, 5 días a la semana, por 1200€ al mes. Suponemos que el trabajador con su esfuerzo, aporta valor al proceso productivo equivalente a 200€ (en realidad suele ser bastante más). En este caso el obrero trabajaría para sí mismo (para generar su salario) durante unas 3.3 horas al día (60€). El resto de la jornada, hasta 8 horas, trabajaría para el empresario, que obtendría gratis (plusvalía) unos 120€ diarios por ese trabajador.

La plusvalía generada por millones de obreros en todo el mundo es la base de la acumulación capitalista.
La plusvalía generada por millones de obreros en todo el mundo es la base de la acumulación capitalista.

Ahora echa cuentas de cuanta plusvalía puede obtener de esta forma una empresa de mil trabajadores que le vaya relativamente bien. O una multinacional con 250.000 empleados en todo el mundo.

La relación entre la plusvalía y el salario nos da la tasa de explotación, para un tiempo de trabajo dado (8 horas), cuanto menor sea el salario, más explotación y viceversa. También hay otros factores que influyen como la intensidad del trabajo.

  • Nuestro interés espontáneo como trabajadores es reducir al máximo posible la explotación, esto es, aumentar nuestro salario por hora y reducir el tiempo de trabajo, pues de esa forma obtenemos unas mejores condiciones de vida: ingresos suficientes para poder vivir bien sin dedicar todo nuestro tiempo a trabajar.
  • El interés de los empresarios es inverso: ellos quieres (en realidad necesitan, pues deben competir con otros empresarios) invertir la relación plusvalía/salario: quieren que trabajemos más horas para ellos y menos para generar nuestro salario. Que nuestro salario se reduzca al mínimo indispensable, para que el resto de la jornada generemos plusvalía para ellos.

Esta es la lógica general de la lucha de clases a nivel económico en el capitalismo, y tiene influencia en el resto de las esferas sociales, la ideología, la cultura, los medios de comunicación, las instituciones y el estado.

Por poner un ejemplo concreto de cómo orientar la reivindicación de la jornada laboral, veamos el gráfico del escenario 2.

Escenario 2. Jornada laboral de 6 horas, sin reducción de salario

En este escenario se parte de una reducción de la jornada laboral de 8 a 6 horas., pero manteniendo al final de mes el mismo salario de 1200€. La clave para mantener el salario es elevar el pago por hora, de 7,5€ a 10€. El obrero sigue manteniendo su poder adquisitivo. Quien pierde es el empresario, o más bien, quien deja de ganar. El empresario pierde dos horas de trabajo gratuito del obrero.

Pero a la vez hay otros fenómenos interesantes desde el punto de vista de la clase obrera tomada como un conjunto. Como el empresario sigue necesitando producir lo mismo (pongamos 200€), hay dos horas de trabajo que quedan libres, sin ocupar, y el empresario se ve obligado a contratar a más trabajadores. El escenario 2 no solo mejora la calidad de vida del trabajador individual, que cobra más por trabajar menos. También ayuda a crear empleo y reducir el paro (el ejército de reserva).

Oferta y demanda en el mercado de trabajo.
Oferta y demanda en el mercado de trabajo.

Que haya la menor cantidad posible de desempleados en el mercado laboral es algo de interés para todos los obreros, pues reduce la demanda de empleos, y eso tiene un efecto positivo sobre los salarios, que suben. A su vez da más fortaleza a los trabajadores para presionar a los empresarios y esto se traduce a su vez en más ventajas salariales y de condiciones de trabajo.

El desempleo

Marx nos habla también de lo que él llama el Ejército de Reserva Industrial. Debido a que los salarios se ven afectados por la oferta y la demanda de mano de obra (más oferta-bajan los salarios, más demanda-suben los salarios), la patronal, a través de las políticas económicas del estado, busca mecanismos para mantener siempre una reserva de fuerza de trabajo en espera, que haya siempre un número relativamente alto de paro estructural, con el objetivo de que los salarios no suban demasiado y así obtener más plusvalía.

La lógica de la reducción de la jornada laboral no es ninguna medida revolucionaria. Siguen existiendo relaciones sociales capitalistas, propiedad privada de los medios de producción (fábricas, empresas, etc… siguen siendo propiedad de los capitalistas), pero arrebata parte de la riqueza social directamente en el punto de la economía donde se genera, en la producción. Es una redistribución desde la base, al contrario que otras medidas de redistribución de la renta social como la fiscalidad progresiva, aquí redistribuimos en el punto inicial del circuito económico.

Hoy en día, en España, y en general en toda la UE, teniendo en cuenta el alto nivel de desempleo estructural, y el deterioro general de las condiciones de trabajo, es extraño que no se esté hablando más en los círculos de la izquierda de este tema.

La izquierda parece empeñada en hablar solo de RBU (una auténtica máquina de guerra contra los salarios), o medidas de redistribución de los fondos del estado: ayudas, subvenciones, salario social, etc…

  • En la actualidad es una reivindicación muy importante la emancipación y la igualdad de las mujeres. Pues bien, la reducción de la jornada laboral, al reducir el desempleo y elevar los salarios, permite la incorporación de más trabajadores en general (y por tanto de más trabajadoras) al trabajo, y libera más tiempo para que padres y madres se ocupen por igual de las tareas domésticas. También en este aspecto es una reivindicación muy positiva.
  • Desde el punto de vista sindical, una clase trabajadora con más empleo, con más salario y menos “acogotada” por la amenaza de despido, tiene más fuerza y mejores condiciones para luchar. Esto refuerza la capacidad de resistencia de los sindicatos en este contexto en el que están siendo atacados constantemente.
  • Ante el debate actual sobre la automatización de procesos productivos, la reducción de la jornada laboral sin reducción de salario es una forma de compensar la introducción de maquinarias sin destruir el empleo.

En el Partido del Trabajo Democrático consideramos que la reducción de jornada laboral, sin reducción de salario, bien a 30 horas a la semana, o incluso menos, es una de las propuestas políticas más importantes que se debería estar impulsando, haciendo una labor pedagógica intensa entre la clase trabajadora y en los sindicatos. Aprendamos de los trabajadores alemanes, que con su lucha, están rescatando del baúl de los recuerdos los viejos fantasmas de los que los empresarios no quieren ni oír hablar.

Apoya al PTD

¿Te parece útil este artículo?

¡Puedes apoyar al PTD haciendo una donación!

El PTD está activo en las grandes empresas, apoyando la lucha de los trabajadores y trabajadoras, difundiendo las ideas socialistas.