Brecha salarial: ¿mito o realidad?

Cada vez se habla más de brecha salarial, aunque no es un debate nuevo. ¿Existe realmente este fenómeno? ¿Cómo se explica? ¿Qué medidas para combatirlo?

Piquete del sindicato IG Metall durante las movilizaciones por la subida de salarios y la jornada laboral de 28 horas. Foto: IG Metall
Piquete del sindicato IG Metall durante las movilizaciones por la subida de salarios y la jornada laboral de 28 horas. Foto: IG Metall

A medida que nos vamos acercando al Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el 8 de marzo, van entrando en la agenda de debate pública más y más temas relacionados con los problemas de las mujeres y la lucha por la emancipación y la igualdad plena. Sin duda esto es un punto a favor del movimiento feminista al haber sido capaz de que se abra el debate social.

Uno de los asuntos que más polémica está generando es la llamada Brecha Salarial. Sin embargo, como en otras muchas ocasiones, este debate está siendo emponzoñado por mitos, medias verdades y mentiras completas, que los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad están usando para ningunear y esconder este problema.

¿Existe la brecha salarial?

La brecha salarial es la diferencia observable estadísticamente en la cuantía de los salarios entre hombres y mujeres. Los cálculos de la ONU sitúan esta diferencia en un 23% menos para las mujeres en cómputo global. Para España, los datos de la Agencia Tributaria sitúan la brecha en el 30%.

Pero hay más, pues esta diferencia entre salarios de hombres y mujeres se observa también, con mayor y menor intensidad, si estudiamos los datos por edad, tipo de contrato, cualificación profesional, sector productivo y tramo salarial.

Se observa brecha salarial en términos de edad. Al aumentar esta, aumenta la diferencia de salarios, concentrándose en el tramo superior a los 55 años.

El tipo de jornada, completa o parcial, también contribuye a la brecha salarial entre hombres y mujeres, por la mayor presencia de mujeres en el trabajo a tiempo parcial.

En el trabajo a tiempo completo, especialmente a partir de salarios de 1200€ la presencia de los hombres supera el 50% mientras que comienza a descender de forma progresiva la presencia de mujeres.

En el trabajo a tiempo parcial, las diferencias son todavía más acentuadas. En las escalas salariales inferiores (<680€) la composición es de un 75% de mujeres vs. el 25% de hombres. No hay cierto equilibrio (47% vs. 53%) hasta los rangos salariales superiores.

También hay brecha salarial si se analizan los datos por sectores de actividad debido a que hay sectores más masculinizados y otros más feminizados, y precisamente estos últimos son los que tienen salarios más bajos, como por ejemplo la limpieza industrial y el trabajo doméstico. Pero incluso dentro de cada uno de los sectores económicos se observa brecha.

Por último, hay una diferencia notable en términos de salarios si analizamos las bonificaciones y retribuciones variables: Productividad, peligrosidad, nocturnidad y otros pluses, algunos de ellos pagados a capricho del empresario (el sobre a final de mes). Están detrás de hasta un 44% de la brecha salarial entre hombre y mujeres.

La brecha es una realidad objetiva, probada y contrastada y no hay lugar a discusión sobre su existencia o no. Es asunto debatido y resuelto. Quien niegue su existencia, como hacen algunos voceros de la derecha tendrá que informarse mejor, o bien explicar por qué las matemáticas han dejado de tener validez.

¿Cuáles son las causas de fondo?

Un compañero de CCOO de Enseñanza señalaba el problema al que se enfrentan a la hora de explicar la brecha salarial al conjunto de los trabajadores: En asambleas de trabajadores de la enseñanza pública, al debatir este asunto, algunos trabajadores negaban la existencia de la brecha en su sector, y lo hacían basándose en que no existen diferencias legales que discriminen en salarios entre hombres y mujeres. Ningún convenio colectivo, o legislación laboral española, contiene ninguna referencia discriminatoria en razón del sexo. Este tipo de argumentos es producto de una interpretación formalista y superficial del problema.

La brecha salarial se produce, en primera instancia, porque las siguientes causas:

  • Hay más mujeres que hombres en las categorías laborales más bajas.
  • Hay menos mujeres que hombres en puestos de responsabilidad.
  • Hay más mujeres con contratos a tiempo parcial.

Al entrar en juego estos factores, la igualdad formal, legal, jurídica… se ve superada por una desigualdad estructural de causas mucho más profundas, económicas y sociales.

Ir más allá de la superficie

Desde un punto de vista económico, la característica que diferencia a las mujeres de los hombres en las sociedades capitalistas modernas, es que se ocupan en mayor medida del llamado trabajo reproductivo (hay quien se refiere a ello como trabajo de cuidados). Las mujeres en general dedican más tiempo al cuidado de la familia, de los menores de edad, las tareas domésticas y el cuidado de los mayores y dependientes.

Todas estas tareas forman parte del trabajo reproductivo, es decir, aquel que está destinado a “reproducir” la fuerza de trabajo, producir nuevos obreros, y encargarse del trabado doméstico necesario para que los obreros vuelvan al trabajo al día siguiente en condiciones óptimas para volver a ser explotados por el capitalista.

En las sociedades capitalistas desarrolladas, la desigualdad entre hombres y mujeres ha tenido una tendencia general a reducirse: el acceso a la educación y la alfabetización se iguala, se abren profesiones a ambos sexos, desaparecen las trabas legales, se debilitan las ideas reaccionarias en torno a los roles de los hombres y las mujeres, se desintegra la familia tradicional. Algo apunta en este sentido Karl Marx, en el Manifiesto Comunista:

“Cuanto menores son la habilidad y la fuerza que reclama el trabajo manual, es decir, cuanto mayor es el desarrollo adquirido por la moderna industria, también es mayor la proporción en que el trabajo de la mujer y el niño desplaza al del hombre.  Socialmente, ya no rigen para la clase obrera esas diferencias de edad y de sexo.  Son todos, hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre los cuales no hay más diferencia que la del coste.

Pero, a pesar de los avances, persisten en gran medida contratendencias dentro de la misma dinámica histórica, y formas groseras de opresión hacia las mujeres (como la prostitución, los vientres de alquiler, la violencia machista, los exabruptos machistas en medios de comunicación, el sexismo en la publicidad, etc…)

La crisis económica, el aumento del desempleo y la precariedad y la degradación general de las condiciones de vida, fuerzan a miles de mujeres que antes realizaban exclusivamente trabajo reproductivo, a lanzarse, quieran o no, a la búsqueda de un empleo en la economía capitalista productiva: un trabajo asalariado. Ocupan, como muestran las estadísticas, los sectores más precarios y de bajos salarios. Y con frecuencia el papel que juega su salario en la economía familiar es de complemento al salario de su pareja masculina.

Por otra parte, en una economía capitalista, donde el factor último de decisión económica es la ley del máximo beneficio, muchos empresarios optan por prescindir de contratar mujeres para no tener que pagar bajas por maternidad.

A su vez, otros capitalistas, en función de las características de su negocio, preferirán un tipo de plantilla más feminizado y con cargas familiares, más dependiente y menos rebelde. En estos casos se busca la disciplina de la fuerza de trabajo ante los designios del patrón.

Hay casos para todos los gustos, tantos como rasgos específicos de sectores productivos, pero en general, de forma directa e indirecta, el hecho de que el grueso del trabajo reproductivo sigue recayendo sobre las mujeres se hace notar como una fuerza gravitatoria omnipresente.

El meollo de la cuestión

A menudo se ha acusado al marxismo, de no haberse ocupado suficientemente de los problemas de las mujeres como grupo social. Por usar un término amable: este tipo de afirmaciones son, cuando menos, aventureras.

En 1884, Friedrich Engels escribía en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, lo siguiente:

“en el mundo industrial, el carácter específico de la opresión económica que pesa sobre el proletariado sólo se manifiesta con total nitidez una vez suprimidos todos los privilegios legales de la clase capitalista y establecida la plena igualdad jurídica de ambas clases. La república democrática no suprime el antagonismo entre las dos clases; al contrario, no hace más que suministrar el terreno en que llega a su máxima expresión la lucha por resolver dicho antagonismo. De igual modo, el carácter particular del predominio del hombre sobre la mujer en la familia moderna, así como la necesidad y la manera de establecer la igualdad social efectiva de ambos, sólo se manifestarán con toda nitidez cuando el hombre y la mujer tengan, según la ley, derechos absolutamente iguales. Entonces se verá que la liberación de la mujer exige, como primera condición, la reincorporación de todo el sexo femenino a la producción social, lo que a su vez requiere que se suprima la familia individual como unidad económica de la sociedad.”

Pocas veces se verá de una forma más clara, más sintética y al grano, una exposición del meollo de la cuestión de toda la problemática de la mujer trabajadora en el capitalismo.

Engels escribe en 1884, fecha en la que las mujeres obreras de las sociedades industrializadas de la época no solo sufrían la más vil explotación laboral, sino que también se les negaban derechos básicos como el voto, el cual ya podían ejercer sus hermanos de clase en gran parte de Europa. Pero parece que está hablando del presente.

Hoy en día, a pesar de que los derechos entre hombres y mujeres son “…según la ley, derechos absolutamente iguales”, vemos como a la hora de la verdad, cuando las leyes de la economía capitalista se ponen en funcionamiento, esos derechos se quedan en el papel.

Engels también señala otra cuestión interesantísima: “… la liberación de la mujer exige, como primera condición, la reincorporación de todo el sexo femenino a la producción socia, lo que a su vez requiere que se suprima la familia individual como unidad económica de la sociedad.”.

Si estamos de acuerdo con el análisis de Engels, veamos qué tipo de medidas deberíamos estar exigiendo en este momento para favorecer esa reincorporación de las mujeres a la producción social, en las mismas condiciones que los hombres, base de toda igualdad real.

Esto requiere intervenir como “sociedad” en la esfera de las diferencias biológicas que se dan (por ejemplo con la realidad de la gestación y la maternidad). Si no se actúa socialmente con medidas compensatorias, con “contramedidas sociales”, la lógica de mercado de los empresarios devalúa la fuerza de trabajo de las mujeres y las convierte en presa de la sobreexplotación.

¿Qué medidas tomar? ¿Qué programa aplicar?

Siendo consciente de que la brecha salarial no agota el problema de la emancipación de las mujeres y de que la lucha contra el patriarcado no se detiene con la emancipación económica sino que tan solo empieza ahí, me limitaré por ahora a medidas conducentes a combatir la brecha salarial:

Que se cumpla la ley

Hay una primera medida que parece la más obvia e inmediata. Si hay una legislación laboral concreta, hagamos que se cumpla de manera efectiva. Esto, en caso de la brecha salarial, se concretaría en un aumento de las labores de control del Estado en el interior de las empresas: la inspección de trabajo. Que debe tener más poderes, más capacidad ejecutiva y sancionadora y, sobretodo, más efectivos sobre el terreno. En el Partido del Trabajo Democrático proponemos convocar oposiciones a Inspección de Trabajo hasta triplicar el número de plazas actual.

Esta medida permitiría combatir los abusos de los empresarios, los fraudes de ley en la contratación, las horas extras, las arbitrariedades en las bonificaciones variables, etc… Asegurar que todo aquel trabajador y trabajadora que tenga que cobrar algo, lo cobre. Que se respeten los horarios, los convenios, la normativa en general.

Recuperar derechos laborales

La segunda medida sería todo lo que tienen que ver con combatir la precariedad, el subempleo, la subcontratación y externalización. En concreto el núcleo del neoliberalismo en cuanto a legislación laboral se refiere. El dar más derechos y más solidez a la clase trabajadora frente a los empresarios, refuerza también a las mujeres y las hace menos vulnerables. La derogación de las dos últimas reformas laborales, y la redacción de un Nuevo Estatuto de los Trabajadores y Trabajadoras van en esta línea.

Socializar el trabajo reproductivo

Si hay una relación entre el trabajo reproductivo y las dificultades de las mujeres para acceder al trabajo productivo social, tomemos medidas que conviertan el trabajo reproductivo en trabajo social, sacándolo, en la medida de lo posible, de la esfera de lo privado, es decir, de la familia.

Comedores escolares, guarderías públicas, centros públicos para mayores gratuitos o muy económicos, lavanderías industriales de barrio, obligar a las empresas medianas y grandes a instalar servicios de guardería, comedor y cuidados… Que nadie tenga que quedarse en casa o pedir una reducción de jornada (y por tanto de salario) por tener que cuidar a los hijos o a los abuelos, porque hay una infraestructura pública suficiente para cubrir ese aspecto.

Como idea para el debate: ¿Y si las bajas por maternidad son obligatorias por ley para ambos progenitores? Cada uno de los progenitores debe cubrir un 50% del tiempo de duración de la baja. Así ninguna mujer será despedida por quedarse embarazada. ¿Ciencia ficción? Hay países europeos que ya están implementando este tipo de medidas, aunque no al 50/50.

Control de la contratación

Esto tampoco es ciencia ficción, ya se está haciendo. Prácticamente todas las empresas públicas, la administración del estado, y algunas grandes empresas privadas tienen mecanismos de valoración objetiva y en base a capacidad demostrada y méritos. Bolsas de empleo y oposiciones, llevan años funcionando en una parte esencial de nuestra economía como es el sector público. ¿Por qué no obligar a las empresas privadas (a partir de cierto tamaño) a adoptar mecanismos transparentes, objetivos y públicos de contratación y de promoción interna? De esta forma se evitarían las arbitrariedades en las políticas de contratación y cualquier persona cualificada podría acceder a un puesto de trabajo independientemente de su sexo, o de que le caiga bien o mal al jefe.

Otras medidas

¡Empleos!

La iniciativa pública en la economía, la creación de empresas productivas públicas, en los sectores estratégicos de la economía, permite marcar el ritmo y orientar la economía general del país. Energía y agua, banca, siderurgia, transporte, telecomunicaciones y obras públicas… son sectores altamente desarrollados, que generan beneficios y que marcan el ritmo de todo el aparato productivo del país. Sinembargo, esos beneficios van a parar a las manos de un puñado de accionistas españoles y extranjeros.

La intervención del estado en estas grandes empresas, mediante mecanismos mixtos o mediante la nacionalización completa con control democrático de sus actividades, permite poner esas empresas a funcionar para el interés general de la sociedad. Utilizar los beneficios que generan estas empresas para crear más empleos y de más calidad, para toda la clase obrera.

Reducción de la jornada laboral, sin reducción de salario

El trabajar menos horas al día, permite compatibilizar el trabajo reproductivo y repartirlo entre hombres y mujeres en la familia. Ya va para 100 años desde que se estableció la jornada laboral de 40 horas a la semana, y la productividad se ha disparado a lo largo de este siglo gracias al perfeccionamiento de la técnica y la introducción de nuevas y mejores tecnologías, sin embargo, estas revoluciones tecnológicas no se han traducido en una reducción del tiempo de trabajo que destinamos hombres y mujeres cada día. Ya es hora de dar un salto adelante e implantar la jornada laboral de 35 horas sin reducción de salario.

Algunas conclusiones

La emancipación económica de las mujeres, no implica necesariamente el fin del machismo y de los rasgos patriarcales en nuestra sociedad. Aún en una sociedad de tipo socialista, habría que luchar duro por erradicar el machismo de nuestra cultura. Pero sí podemos afirmar que la emancipación económica es condición necesaria para la emancipación y la igualdad plena de las mujeres. Para cambiar la forma de pensar, hay que cambiar la forma de vivir.

Todas las medidas propuestas anteriormente tienen en común una cosa: son luchas beneficiosas para toda la clase obrera, hombres y mujeres. Son reivindicaciones que unifican a la clase, no la segregan en base a grupos de identidad específicos (género, orientación sexual, raza, creencias religiosas, origen nacional, etc…).

Como escribía la camarada Laura Morelos en su artículo La otra pata de la lucha feminista: “El patriarcado es funcional a las relaciones sociales capitalistas y se encuentra íntimamente relacionado con ellas. Pero eso no significa que haya que esperar a “acabar con el capitalismo” para luchar contra esta situación. Si eso fuera así, las mujeres seguiríamos estando como hace 180 años”.

Es posible y necesario luchar por reformas aquí y ahora, reformas que incorporen a las grandes masas de mujeres trabajadoras a la lucha feminista y al movimiento obrero.

El movimiento que más tiene que decir en materia de lucha feminista, es sin duda alguna, el sindicalismo de clase. Es el movimiento obrero el que, situando en el centro de su acción reivindicaciones económicas y políticas a favor de la clase obrera, puede hacer avanzar más las reivindicaciones a favor de la emancipación de las mujeres.

El capital no tiene reparos en unificar su posición cuando se trata de explotar a la clase obrera. La lucha por reforzar a una parte de la clase obrera, contra la discriminación de sectores de la clase por razones de género, origen nacional, religioso, orientación sexual, etc… es reforzar la posición de toda la clase. Por eso decimos que El feminismo es tarea de toda la clase obrera.

Apoya al PTD

¿Te parece útil este artículo?

¡Puedes apoyar al PTD haciendo una donación!

El PTD está activo en las grandes empresas, apoyando la lucha de los trabajadores y trabajadoras, difundiendo las ideas socialistas.