Amazon, o la guerra que no libramos nosotros pero inevitablemente nos alcanza

Los trabajadores de la planta de Amazon en España (MAD4) han organizado recientemente la primera huelga contra la multinacional en el país, después de que esta haya intentado imponer un convenio con peores condiciones. Mientras tanto, la compañía de Jeff Bezos registraba en 2017 un beneficio de 3000 millones de dólares. Pero… ¿no se supone que cuando al empresario le va bien, a nosotros los trabajadores también?

Piquete de la plantilla de Amazon en Madrid durante la huelga. Foto de @pacolavadog
Piquete de la plantilla de Amazon en Madrid durante la huelga. Foto de @pacolavadog

Hay entre determinados sectores de las organizaciones sindicales de nuestro país – y no digamos ya entre la clase obrera no sindicada – la percepción de que trabajadores y empresarios vamos en un mismo barco, y que si al patrón le va bien, a nosotros también nos irá bien porque tendrá más margen para extras, bonus y pluses.

Los empresarios nos han intentado introducir tanto en los sindicatos como en el conjunto de la clase trabajadora la idea de que nuestra movilización y organización, sea sindical o política, no puede poner en riesgo la buena marcha de la compañía, ya que eso nos perjudicaría como trabajadores; y según esa perspectiva, la función de sindicatos y organizaciones obreras no es otra que ser responsables y colaborar con la patronal cuando vienen las vacas flacas. De esta forma, cuando llegue la recuperación, podremos apelar a ese responsable y desinteresado sacrificio, con la esperanza de que los empresarios sepan reconocerlo y nos lo agradezcan repartiendo algo de la riqueza que nosotros hemos generado pero que va a parar a sus bolsillos.

Sin embargo, cuando llega la recuperación resulta que nos encontramos con una situación bastante diferente: como ya indicamos en nuestro artículo previo “La crisis de los asalariados”, esa recuperación no llega a los salarios, y los únicos brotes verdes que se ven son las cifras de beneficios de las empresas y los dividendos de los empresarios. En el caso de Amazon, durante el año 2017, Jeff Bezos obtuvo un beneficio de 278 millones de dólares gracias a sus 80 millones de acciones; un tal Andrew Jassy, directivo de la empresa, vio como sus 82000 acciones le generaban unos beneficios de 292000 dólares; para Jeffrey Blackburn, otro directivo, este beneficio fue de 196350 dólares gracias a sus 55000 acciones1. Si nos venimos algo más cerca, veremos que el señor François Nuyts, directivo de Amazon en España, según declaraba en una entrevista con El País, emplea su generoso salario en practicar buceo en la isla caribeña de San Martín y vestir camisas de cientos de euros.

Nadie podría decir que a Amazon las cosas le vayan mal, desde luego, y sus directivos no se privan a la hora de recoger los frutos… del trabajo ajeno, porque a ninguno de ellos se les ha visto ordenando paquetes o recorriendo 20 kilómetros al día – distancias que recorren habitualmente los trabajadores de la empresa – llevando cargas de un lado a otro. Tampoco parece probable que el señor François Nuyts se lleve a San Martín una de las pulseras que hacen llevar a sus empleados para saber en todo momento donde están. En cualquier caso, es evidente que una empresa que vio como sus ingresos crecían un 30% en 2017, y que registró un aumento del 147% de los beneficios, no es una empresa a la que le vaya precisamente mal.

Y, sin embargo, resulta que la empresa no se conforma ni siquiera con mantener las condiciones laborales negociadas en su convenio anterior, sino que, en plena efervescencia de ingresos y beneficios, ha decidido recurrir al Convenio Sectorial de Logística y Paquetería de Madrid, que supone un claro retroceso frente al convenio actual. Este movimiento, respondido con firmeza y unidad por parte de los trabajadores, habría supuesto, entre otros problemas, una reducción salarial en algunas categorías para nuevos trabajadores y congelación salarial para los ya contratados, endurecimiento de los turnos o dificultades con las incapacidades temporales (que, debido a los altísimos ritmos de trabajo, son bastante frecuentes a causa de dolores musculoesqueléticos).

¿Cómo es esto posible, si compramos el discurso de que trabajadores y empresarios vamos en un mismo barco? Si la empresa ha registrado beneficios en 2017 de miles de millones de euros, ¿por qué ataca los derechos de sus trabajadores de forma tan abierta y descarada? Si no ha habido huelgas cuando tocaron las vacas flacas, y los trabajadores fueron buenos y se portaron, apretándose el cinturón, ¿qué lleva a Amazon a realizar un movimiento tan agresivo? Porque no olvidemos que no han sido los trabajadores los que han dado un paso a la ofensiva – aunque, dados los resultados de la empresa, nadie se lo podría reprochar – ¡sino la propia empresa!

Tampoco se trata de algo exclusivo de Amazon: Vodafone planteó en 2016 un ERE de 300 trabajadores, mientras registraba beneficios netos de 70 millones de euros; PSA-Peugeot registraba en 2017 un beneficio neto de 1256 millones de euros, y mientras tanto en la planta de Villaverde se libraba de 400 trabajadores (que ha terminado reponiendo con trabajadores precarios obligados a trabajar en turnos hiperflexibles con una intensidad peligrosa para su salud); ArcelorMittal se plantea cargarse 4000 empleos en Italia registrando un beneficio de 3670 millones de euros, y además recurre al dumping social de forma descarada entre las empresas auxiliares. La lista podría seguir hasta el infinito, pero basta con estos ejemplos para ver que una cosa está clara: esa idea de que cuando al empresario le va bien, a nosotros también, es una mentira como un templo.

La huelga en Amazon en Madrid contó con el apoyo solidario de trabajadores de la empresa en Alemania. En la imagen, un delegado del sindicato Ver.di. Foto de @pacolavadog
La huelga en Amazon en Madrid contó con el apoyo solidario de trabajadores de la empresa en Alemania. En la imagen, un delegado del sindicato Ver.di. Foto de @pacolavadog

Si, como vemos, es algo completamente extendido entre los capitalistas, tampoco puede deberse a que tengamos un directivo muy cabrón o un jefe muy avaricioso. Se debe, en cambio, a las leyes del mercado: para ellos, la carrera por aumentar los beneficios no se detiene. Deben ofrecer la máxima rentabilidad, o serán devorados por sus competidores, y cualquier cosa que se interponga en su carrera sin frenos para conseguirlo, sean nuestros salarios, nuestra salud, el medio ambiente… será aplastado si de ellos depende. Amazon lleva mucho tiempo jugando a ese juego, con precios tan bajos que apenas reportan dividendos pero que hasta ahora han conseguido aplastar a la competencia. Sin embargo, en un negocio tan jugoso como el e-commerce que alcanzó en 2017 2,3 billones (2.300.000.000.000) de euros y que se prevé que crezca un 21,1% en 2018, es difícil que nadie más quiera una parte del pastel2.

Según las previsiones, el 75% de los 8.500 millones de habitantes en 2030 tendrán teléfono móvil y acceso a Internet. Y, además, muchos de ellos serán gente que han crecido con esas tecnologías de uso cotidiano3. No les será extraño comprar por Internet, por lo que no estamos hablando únicamente de un mercado que ya es de por sí rentable, sino que está llamado a cubrir una inmensa parte de las transacciones comerciales en todo el mundo en el futuro. Amazon, aunque es una empresa dedicada exclusivamente a intentar copar este sector, no es la única que espera sacar tajada: si otras empresas le ganan la mano, pueden poner en riesgo no sólo su actual supremacía, sino, llegado el momento, incluso su propia supervivencia. Sus actuales rivales comerciales, como Carrefour, Tesco o WallMart se encuentran en un proceso de reorganización interna que les permita potenciar su segmento de venta online, incluyendo la novedad de productos frescos; y mientras se preparan para meterle mano a la gallina de los huevos de oro, Amazon es presa de sus propias dimensiones y ha visto como sus costes logísticos han aumentado un 43%, por encima incluso de sus beneficios, que crecieron en 2017 un 31%. Según la consultora Profito, la diferencia de precios entre Amazon y WallMart es de tan sólo un 1,8%, por lo que, cuando llegue el momento de sacar los cuchillos, la compañía de Bezos puede ver amenazada su hegemonía4.

Este contexto es el que explica y da sentido al movimiento que ha realizado la empresa en su planta de San Fernando de Henares, y se inscribe en una dinámica mucho más profunda, que afecta a todas las empresas en todos los sectores de la economía: la lucha de clases. Todo cuanto hemos conseguido los trabajadores se ha conseguido a través de la lucha y de la presión, no porque ningún capitalista haya querido amablemente repartir sus beneficios con nosotros, ni porque nos hayamos portado bien y nos lo agradezcan, ni porque se haya llegado a un contrato social de respeto mutuo en el que ambas partes, trabajadores y empresarios, convivamos pacífica y responsablemente – más que nada, porque ellos están en una posición dominante y nosotros en una posición dominada, y un contrato de esas características sólo podría hacerse entre iguales.

El caso de Amazon, por las escandalosas cifras de negocio que presenta la empresa, por su importante papel en la sociedad global del siglo XXI, y, sobretodo, por la falsa imagen positiva generada por la prensa y los propios capitalistas acerca de las “nuevas empresas” de este tipo, ha tenido especial repercusión y ha sido una auténtica bofetada de realidad para muchos trabajadores. El capitalismo pone en contradicción a empresarios y trabajadores, porque obliga a los primeros a competir de forma insostenible e inevitable, y su campo de batalla son nuestras condiciones laborales (y, en consecuencia, nuestras condiciones de vida).

Obreros y empresarios, trabajadores y directivos, no vamos en el mismo barco, sino que somos equipos enfrentados en el juego de la cuerda: ellos tiran hacia su lado, y nosotros deberíamos tirar hacia el nuestro. El problema es que, creyendo que cuando a ellos les va bien a nosotros también, hacemos muy poca fuerza, y nos están ganando la mano hasta el punto de que muchos de nosotros estamos arrastrando la cara por el barro y aún así creemos que estamos ganando. Nuestra tarea inmediata es empezar a tirar de la cuerda para salir de ahí, y restaurar el equilibrio de fuerzas. Una vez lo hayamos conseguido, tendremos que plantearnos si merece la pena estar luchando permanentemente para que no nos arrastren la cara por el barro, o si es mejor romper este juego que nos obliga a tirar sin descanso hacia nuestro lado para mantener nuestra calidad de vida, y plantear un contexto distinto arrancando a los empresarios su parte de la cuerda: la propiedad de los medios de producción.

Notas

  1. Los principales accionistas de Amazon pueden consultarse online en https://es-us.finanzas.yahoo.com/quote/AMZN/holders/. Estos señores obtuvieron 3,57 dólares de beneficios por acción según se puede consultar en La Vanguardia (http://www.lavanguardia.com/economia/20180201/44458119767/resultados-amazon-2017-beneficios-reforma-fiscal-trump.html), con lo que el cálculo es sencillo.
  2. https://www.emarketer.com/Report/Worldwide-Retail-Ecommerce-Sales-eMarketers-Estimates-20162021/2002090
  3. https://www.mckinsey.com/industries/consumer-packaged-goods/our-insights/the-consumer-sector-in-2030-trends-and-questions-to-consider
  4. https://www.bloomberg.com/news/articles/2018-03-20/amazon-is-said-to-squeeze-suppliers-to-curb-losses-in-price-wars
Apoya al PTD

¿Te parece útil este artículo?

¡Puedes apoyar al PTD haciendo una donación!

El PTD está activo en las grandes empresas, apoyando la lucha de los trabajadores y trabajadoras, difundiendo las ideas socialistas.