Fidalgo

En estos días se vuelve a hablar, en mal tono, del Sr. José María Fidalgo. Según un tweet publicado por Pablo Casado, Vicesecretario de comunicación del Partido Popular, el que fue secretario general de Comisiones Obreras en el periodo 2000-2008 habría afirmado: “La única forma de garantizar el sistema de pensiones es que siga gobernando el PP”, “Todo lo demás son zarandajas”. Estas declaraciones fueron hechas durante una charla en la Convención Nacional del PP celebrada en Sevilla este último fin de semana.

José María Fidalgo en la Convención Nacional del Partido Popular en Sevilla, 2018
José María Fidalgo en la Convención Nacional del Partido Popular en Sevilla, 2018

 

No he encontrado videos, audios u otros contenidos donde se pueda contrastar y contextualizar la información, pero conociendo la trayectoria de Fidalgo sobre todo desde que dejó su responsabilidad en el sindicato, es muy probable que la forma coincida con el contenido.

No es la primera vez que el Sr. Fidalgo da muestras de su orientación política, ni el primer exabrupto de corte neoliberal que sale por su boca. Está vinculado a FAES, el think-tank del PP, y ha colaborado durante mucho tiempo en el programa de Carlos Herrera, primero en Onda Cero y después en COPE.

Durante un tiempo su nombre sonó como candidato de UPyD a la Asamblea de Madrid en 2011, incluso se barajó la posibilidad de que fuese nombrado ministro de trabajo en el gobierno de M. Rajoy. En noviembre de 2013 presentó, junto a Josep Piqué, el libro de memorias de José María Aznar, del que afirma ser amigo personal.

Fidalgo ha afirmado repetidas veces ser socialdemócrata, pero en estos tiempos que corren, eso solo significa que, parafraseando a Lenin, la práctica es el criterio último de la verdad.

Sirva esto como muestra del perfil político-ideológico del ex sindicalista: Se podría decir que el único debe que le resta en el currículum es acudir como invitado al exitoso programa de Bertín Osborne, Mi casa es la tuya.

El escándalo mayor se ha levantado en las redes. Como es lógico, militantes de CCOO, algunas organizaciones del sindicato, trabajadores y personas de izquierda han mostrado su indignación con semejantes declaraciones. Algunos han exigido a CCOO que clarifique si Fidalgo sigue siendo afiliado, y en caso de que así sea se le expulse de manera fulminante. Algunos sindicalistas afines a la orientación anarcosindicalista han esgrimido este triste suceso como la enésima prueba, a su entender, del carácter traidor y degenerado de los sindicatos mayoritarios.

Naturalmente, la pregunta que se hace la mayoría de las personas que han estado o están vinculadas a CCOO es: ¿Cómo es posible que un tipo así haya llegado a ser secretario general del sindicato?

A esta pregunta se puede responder con otra ¿Y por qué no iba a llegar un tipo así a la dirección del sindicato? Para explicar esto hay que aclarar algunos aspectos básicos.

Los sindicatos son, primero de todo, asociaciones más o menos informales de la clase obrera, cuya finalidad es mejorar el precio y las condiciones de venta de la fuerza de trabajo a los empresarios.

Tienen su precedente en los gremios feudales, que se ocupaban de controlar que la oferta no fuese excesiva en los servicios de algunos oficios, las leyes feudales protegían a los gremios y solo los miembros de los gremios estaban autorizados a ejercer algunos oficios. La burguesía naciente, a medida que toma el control político combate a los gremios e intenta instaurar la libertad de mercado en esos sectores. En los orígenes de las revoluciones burguesas, se legisla para prohibir los gremios y la asociación de los trabajadores. Pero más adelante esta prohibición se va atenuando y surgen los primeros sindicatos obreros, al principio como asociaciones mutuales, que no incidían sobre la legislación laboral. El primer país que reconoce el derecho de los trabajadores a sindicarse es el Reino Unido, en 1824. En 1840 se funda el primer sindicato en España, la Asociación de Tejedores de Barcelona.

El movimiento sindical tiene un desarrollo paralelo a la implantación de las relaciones sociales capitalistas, la industrialización y la influencia de diversas corrientes ideológicas entre la clase obrera. El cartismo inglés es una de las más importantes en los comienzos, y es la primera que plantea que la lucha obrera tiene que ir más allá del centro de trabajo, y exigir al estado que tome medidas legales para mejorar las condiciones de los obreros y aumentar el reconocimiento y la participación de la clase obrera en política. Por poner un ejemplo, la idea de que los diputados en el parlamento cobren un salario, es una idea de los cartistas, que buscaba facilitar que pudiese haber diputados obreros, pues en esa época al no haber salario ligado al cargo público, solo los ricos podían participar en política.

A medida que durante el siglo XIX se profundiza en el desarrollo del capitalismo y se intensifica la lucha de clases, van surgiendo nuevas corrientes ideológicas que ejercen influencia sobre la clase obrera y a su vez inciden en la intensificación de esa lucha y en la organización de los obreros. Las dos más importantes son el anarquismo  y el socialismo, y a partir de ellas se abrirán las dos grandes corrientes del movimiento obrero del siglo XIX y XX, y cuyos ecos resuenan hasta la actualidad. Resumiéndolo mucho, estas dos corrientes buscarán fines similares: el establecimiento de una sociedad sin clases ni explotación de unos seres humanos por otros, pero propondrán medios totalmente opuestos y antagónicos para conseguirlo. Pero no son las únicas, desde los albores del movimiento sindical ha habido diferentes orientaciones, unas más radicales, unas más conservadoras, más burguesas y otras más proletarias, más radicales y más moderadas, con tácticas diferentes, unas más negociadoras, otras más partidarias de la huelga, otras más partidarias de tácticas de acción directa, unas revolucionarias y otras reformistas, etc… la galaxia de orientaciones es inmensa, incluso hay casos en la historia de sindicatos creados directamente por la patronal o por la policía.

Pero, a fin de cuentas, la orientación de la línea de un sindicato (sus concepciones, principios y estilo de trabajo y lucha) viene determinada por la influencia que una u otra corriente ideológica tenga sobre el sindicato y el común de sus miembros. Así, si la mayoría de los miembros del sindicato, o los influencers del mismo son socialdemócratas, la línea del sindicato tenderá a ser socialdemócrata. En caso que la mayoría de los miembros del sindicato sean anarquistas, la línea del sindicato tenderá a ser anarquista. El núcleo de la cuestión es que en los sindicatos se establece una correlación de fuerzas entre tendencias ideológicas, y de esa correlación de fuerzas emana la línea sindical. Como decíamos en el PTD en nuestro documento de Movimiento Obrero y Sindical, siempre hay lucha de líneas, siempre hay izquierda y derecha, dentro de un sindicato, incluso dentro de los que se consideran a sí mismos más puros e inmaculados.

Otro elemento de reflexión que no podemos perder de vista, es que en general, los sindicatos tienen la necesidad de ser lo más masivos posibles con respecto al ámbito sectorial o de relaciones laborales en el que operan. Esto es así porque la capacidad de presión frente al capitalista, depende, en última instancia de la capacidad de movilizar a la mayor cantidad de obreros que trabajen para el capitalista. Cuanta más capacidad tengas de movilizar a los obreros de manera eficaz, más capacidad de presión y negociación tendrás con el empresario. Puede haber casos puntuales de sindicatos creados por las empresas, en los que esto no funcione así, pero son una excepción muy minoritaria.

Vemos que hay tres elementos básicos de lo que es el sindicalismo:

  • Lucha por la mejora de las condiciones de venta de la fuerza de trabajo.
  • Lucha de líneas y corrientes ideológicas en su seno.
  • Aspiración a ser lo más mayoritarios posible en su ámbito de relaciones laborales.

Y Comisiones Obreras no es una excepción a esto.

Al ser un sindicato de masas, que reúne a cientos de miles de trabajadores de todos los sectores de la producción de nuestro país, su orientación sindical es producto resultante de las distintas orientaciones políticas e ideológicas de su afiliados, y por la masividad de su afiliación, podemos aventurarnos a decir que su orientación sindical refleja en gran medida los puntos de vista e ideas que la mayor parte de la clase obrera española tiene sobre cómo se debe afrontar la lucha contra los empresarios, sobre las relaciones sociales, sobre el régimen en que vivimos, los problemas políticos y sociales y las causas de los mismos, la comunidad o no de intereses entre trabajadores de distintos sectores o incluso dentro de la misma empresa o centro de trabajo, etc…

José María Fidalgo llega a la secretaría general de Comisiones Obreras impulsado por una facción mayoritaria del sindicato. Lo hace con gran resistencia de otras facciones, pero al final de la batalla triunfa. Y a su vez la facción de Fidalgo basa su influencia dentro del sindicato en toda una base de apoyo a nivel de empresas, secciones sindicales federaciones y a fin de cuentas, de los afiliados, bien por activa o bien por pasiva. Tras todos los rifirrafes congresuales subyace en última instancia, un base afiliativa que, o bien apoya activamente la línea sindical del sector de Fidalgo, o bien deja hacer.

La base material sobre la que Fidalgo (y los fidalguistas que le acompañaban) llega a la dirección del sindicato es la de una organización que es como una foto finish del nivel de conciencia de la clase obrera española en ese momento histórico, y de las ideas y concepciones mayoritarias de los trabajadores en torno a los problemas que estaban viviendo.

  • Se empezaban a notar los efectos de la desregularización laboral, con la introducción de la contratación temporal a gran escala desde mediados de los noventa, la llamada dualidad del mercado laboral está en pleno desarrollo cuando llega Fidalgo.
  • Se estaba completando el proceso de privatizaciones y desmantelamiento de las grandes empresas públicas que quedaban, por el gobierno del PP. Este proceso fue acompañado de generosas prejubilaciones y un chorro de caudales públicos para mitigar la resistencia.
  • El desempleo seguía siendo un problema grave y una amenaza omnipresente para varios millones de trabajadores y sus familias, y con unas políticas del gobierno que socavaban constantemente la red de protección y los subsidios por desempleo.
  • Llega al mercado laboral toda una generación que no había vivido en carne propia las luchas obreras de la transición y de los años 90. Que no tiene, o tiene lazos débiles con la cultura obrera del pasado.
  • El neoliberalismo y la postmodernidad van haciendo notar su efecto en la sociedad española: el individualismo, el consumismo, el escepticismo sobre la posibilidad de una organización social diferente, el sálvese quien pueda, van ganando cada vez más terreno en la sociedad y sobretodo en las empresas como punto de vista de los obreros antes los problemas que viven y sus vidas.

Cualquiera que tenga un mínimo contacto con el medio proletario, con los trabajadores de las empresas, con los colectivos en lucha, habrá escuchado las mismas quejas: “es que nadie se mueve”, “es que solo miran por su culo”, “es que solo les preocupa el ¿qué hay de lo mío?”, “es que tenemos miedo de que deslocalicen”, “es que es necesario que a la empresa le vaya bien para que a los trabajadores nos vaya bien”, “es que si no somos competitivos es lógico que la empresa lleve la producción a otra planta”, “es que si meten maquinaria es lógico que sobre gente”, “es que eso de trabajar menos horas es ciencia-ficción”, “es que eso de la explotación y la plusvalía es cosa del siglo pasado”, etc…

Todas estas afirmaciones son reflejo, no de la pérfida influencia de un puñado de dirigentes sindicales, si no del estado real de conciencia de la clase obrera y de la gran influencia que tienen las corrientes ideológicas burguesas en su seno. No por casualidad, los marxistas decimos que: la ideología dominante en una sociedad, es la ideología de la clase dominante. Este es el punto de vista propio del materialismo dialéctico, del socialismo científico, del marxismo.

Si las corrientes ideológicas burguesas o pequeño-burguesas (la socialdemocracia, el social-liberalismo, o la postmodernidad y el anarquismo) son las corrientes más influyentes en el conjunto de la clase obrera, esto se va a reflejar indirectamente en las concepciones de los dirigentes sindicales y la línea sindical. Si las ideas del socialismo científico, del marxismo, son las hegemónicas, esto tendrá su traducción en el seno de las organizaciones sindicales, especialmente en las más de masas.

Es ese estado de conciencia el que hay que modificar, para impulsar las líneas más progresistas dentro de los sindicatos. El papel de los comunistas, no es fundar nuevos sindicatos puros ni tirar la toalla con el movimiento obrero. No es lanzarse a los movimientos sociales donde lo tenemos más fácil porque son todos más de izquierdas. Es apoyar e impulsar las líneas sindicales más progresistas. Es combatir las líneas sindicales conservadoras y a los partidos políticos y corrientes ideológicas que las impulsan. Ídem para las líneas sindicales que no tienen en cuenta la base material y la correlación real de fuerzas entre proletariado y burguesía, y lanzan a la clase obrera a batallas que no tiene fuerza para librar. Y esto requiere un gran esfuerzo de agitación y propaganda en el seno de la clase obrera y sus organizaciones de masas, en las empresas y los núcleos productivos más importantes, así como en los barrios obreros y populares.

Esa es la tarea que hay que acometer con decisión, si queremos prevenir que personajes como Fidalgo vuelvan a estar en la cabeza de nuestros sindicatos.

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