Tesla se tambalea en manos de los inversores financieros

El fabricante de coches eléctricos norteamericano está teniendo muchas dificultades para conseguir el capital necesario para ampliar su producción. Su objetivo es llegar a las 5000 unidades del Model 3. Pero esto choca con la necesidad de obtener beneficios a corto plazo para los inversores y puede llevar a la ruina a una empresa industrial puntera.

En Tesla, la instalación de los asientos también está automatizada, algo inusual en la industria. Foto: Balazs Gardi (Bloomberg)
En Tesla, la instalación de los asientos también está automatizada, algo inusual en la industria. Foto: Balazs Gardi (Bloomberg)

Tesla es una naciente empresa automovilística, de pequeña magnitud en comparación de las grandes corporaciones que venden 10 millones de vehículos al año. Sin embargo, desde sus inicios ha llamado la atención al diferenciarse con un nuevo concepto del automóvil: totalmente eléctrico y que alcanza niveles de conducción autónoma jamás vistos.

Esa ventaja de Tesla trata de ser atajada por los demás fabricantes con sus estrategias de cara a la próxima década, donde aparecerán vehículos similares pero más baratos y accesibles a los bolsillos de la clase obrera y de las clases medias.

No obstante, Tesla despertó el interés de los compradores, especialmente en EE.UU., lugar de procedencia de esta empresa. Al menos lo ha conseguido hasta ahora, y mientras los competidores no alcancen su tecnología (parece que la Jaguar bajo dirección china está alcanzándoles, lo que hace dudar a los inversores de Tesla). La demanda de modelos es tal que las listas de esperas son enormes y los tiempos de espera también. Han acumulado una infinidad de pedidos, especialmente en sus modelos más asequibles. El Model 3, que cuesta 35.000$ en su versión más básica, recibió 135.000 pedidos a las 24 horas de su presentación en marzo de 2016.

Para afrontar tal cúmulo de pedidos, Tesla parece que está aumentando su gasto en capital constante, los empresarios lo llaman gastos operativos. Es natural, si necesitan aumentar la producción necesitan poner en funcionamiento más líneas de producción o líneas más productivas, es decir, más y mejores medios de producción. Por ejemplo, para surtir al mercado europeo de sus vehículos novísimos y punteros en tecnología, proyectan instalar una planta de producción en España, por la que varias ciudades han entrado en disputa.

Producción real y estimada del Tesla Model 3

De esta manera, Tesla está pasando de fabricar poco más de 2.000 unidades del Model 3 a la semana a alcanzar 5.000 semanales. Unas plantas que son más productivas obviamente consumen más materias primas y más componentes, previamente manufacturados en subcontratas, que luego hay que ensamblar y así formar la mercancía definitiva.

Así pues, para seguir operando, las empresas necesitan gastar más en lo inmediato y, por tanto, o tienen liquidez o deben endeudarse para pagar a los proveedores. Y para tener liquidez, evitando unos elevados costes financieros, deben sacar rápidamente al mercado los pedidos y, de esta forma, que los clientes desembolsen su precio. Así es como se transforma el plusvalor (el valor que el trabajador asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo) en ganancia.

Los capitalistas necesitan recuperar el capital invertido para la producción de esos automóviles con el fin de volverlo a invertir en la fabricación de más unidades, iniciando así un nuevo ciclo de acumulación de capital. Pero no es suficiente con eso. Si se limitasen a esto solamente recuperarían el capital necesario para volver a producir la misma cantidad de mercancías. Necesitan más para fabricar más Teslas que en el anterior ciclo. Necesitan incorporar, además del capital inicial, una porción de la ganancia para la reproducción ampliada del capital. Es decir, dicho en palabras llanas, necesitan obtener ingresos por las ventas e invertir en más materias primas, medios de producción y más trabajadores asalariados para pasar de 2.000 unidades semanales a 5.000.

Este es el ciclo natural del capitalismo premonopolista.

Así pues, Tesla tiene que adelantar un dinero que aún no tiene, este contratiempo deriva en problemas de caja, de liquidez. A día de hoy tiene un flujo negativo de caja con el que atender los pagos a proveedores y, por tanto, necesita financiarse con deuda. Tesla confía en las posibilidades de su negocio e intenta convencer a los inversores y acreedores de la posibilidad de revertir este problema de liquidez para atraer más inversiones, lo cual le permite, en lo inmediato, ampliar su capital para afrontar el aumento sucesivo de la producción hasta alcanzar las 5.000 unidades semanales del Model 3. Quiere mostrar su capacidad de hacer frente a la demanda de los compradores en tiempo y forma y, lo más importante, manteniendo una rentabilidad suficiente para los capitales invertidos con una gestión eficiente de la empresa.

Ahora bien, a los inversores, esos financieros que dominan el mundo, que requieren de una rentabilidad máxima y lo antes posible para competir en la época del capitalismo monopolista y financiero, les genera dudas el plan de Tesla con respecto a los beneficios que aspiraban a obtener de dicha empresa automovilística.

A día de hoy Tesla produce 1.612 unidades del Model 3 a la semana, muy lejos de las 5.000 unidades comprometidas.

Además, estos inversores estiman una producción anual que Tesla será capaz de afrontar bajo unas condiciones económicas determinadas. Si no se cumple, es decir, si en lugar de producir las 5.000 unidades semanales para cubrir la demanda resultan solo 3.000, entonces no se cubren las reservas del vehículo para un determinado tiempo que realizaron sus clientes. ¿Qué supone? Que no obtiene el beneficio total que estimaban porque han producido y vendido menos, perdiendo, además, clientes.

Y, añadido a esto, estimaban que, de esta forma, Tesla recogería e ingresaría rápidamente el dinero de los clientes, lo que arrojaría liquidez (el flujo positivo de caja) y unos importantes dividendos procedentes de la plusvalía generada en la fabricación de las 5.000 unidades semanales. Pero al no ser capaces de hacerlo, la dirección de Tesla debe destinar mayores porciones de la ganancia a cubrir la liquidez para pagar a los proveedores y ampliar las líneas de producción, es decir, para invertir capitales en el nuevo ciclo de fabricación de los automóviles y menos a los dividendos. Esto es un problema muy importante para los inversores.

Entonces por cada dólar que han invertido los financieros obtienen menos de lo que pretendían; que igualmente pueden haber obtenido cifras multimillonarias, pero son insuficientes. No sacarían lo que esperaban de Tesla y, por tanto, se ve perjudicada su capacidad de competir contra los demás financieros internacionales. Esto es inadmisible para ellos.

Así, el capital financiero empuja fuertemente a la empresa industrial Tesla a ampliar su producción para copar lo antes posible las cuotas de mercado correspondientes a la rama del automóvil eléctrico y autónomo.

Pero esto no parece ser lo que sucede, de momento, en Tesla. La valorización bursátil de Tesla ha caído un 15%, lo que significa que, si dichas estimaciones de producción finalmente no se cumplen a final de año, entonces Tesla habrá perdido valor en un porcentaje proporcional, lo que provoca su descapitalización a manos de unos inversores financieros que han especulado con su valor real.

La fábrica de Tesla es una de las más automatizadas del mundo. Foto: Balazs Gardi (Bloomberg)
La fábrica de Tesla es una de las más automatizadas del mundo. Foto: Balazs Gardi (Bloomberg)

¿Cómo la descapitalizan? Muy sencillo, ágilmente retiran sus capitales de esta empresa industrial vendiendo las acciones. Lo hacen cuando la valoración bursátil se corresponde con las estimaciones iniciales, como si fueran a alcanzar la producción de 5.000 unidades semanales, por lo que el reparto de dividendos se supone grande. Al vender hacen caer la valoración bursátil. Tesla ya no vale lo que antes, en realidad no lo valdrá cuando no sea capaz de cumplir los objetivos de producción, pero estos financieros lo han vendido sus acciones como si lo valiese, por lo que se han llevado beneficios que no existen. Y si no existen, entonces se han llevado capitales de la empresa en forma de dinero.

Están ávidos por obtener el máximo beneficio posible, con la máxima rentabilidad posible de sus capitales invertidos y en el menor tiempo posible. Si esto ha de conseguirse haciendo tambalearse a una empresa industrial puntera en tecnología, aunque aún presente un tamaño muy pequeño en comparación a las gigantescas corporaciones, por ahí tendrá que pasar.

No es un caso aislado. Esto ya lo han practicado con otras grandes del sector, como General Motors, Ford y Chrysler, a las que el capital financiero llevó a una situación casi de quiebra a principios de la crisis económica, viéndose alguna de ellas rescatada y absorbida por otros grupos, como fue el caso de Chrysler.

El capital financiero vive de transferir a sus cuentas de resultados la riqueza que genera la industria. Este cada vez es más agresivo para maximizar sus beneficios. Ponen en riesgo la propia industria, el anfitrión, que les da la vida. Llegan a desangrarla. Este es su carácter parasitario, el cual lleva a la humanidad al desastre económico en pro de obtener su máximo beneficio posible.

Por ello, en lo inmediato, es vital que el Estado proteja a estas empresas mediante su nacionalización para que generen riqueza sin que se ponga en cuestión su futuro por el parasitismo del capital financiero.

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