“De lo que de verdad se trata es de empoderar a la clase obrera”

La candidata socialista al Senado del estado de Nueva York, Julia Salazar, habla sobre las políticas electorales, el Partido Demócrata, y por qué las huelgas son necesarias.

Foto: Alex Purifoy / Campaña de Julia Salazar.
Foto: Alex Purifoy / Campaña de Julia Salazar.

Poco después de la inesperada victoria de la socialista democrática Alexandria Ocasio-Cortez frente al actual congresista, elegido durante diez mandatos, en las recientes primarias demócratas de Bronx y Queens, la líder de la minoría en el Congreso, Nancy Pelosi, afirmó que “el socialismo no está en auge”. Es como si un agente inmobiliario intentara convencerte de que la casa que está a punto de venderte no está encantada: la única razón para sacar el tema es porque ha habido apariciones y las escaleras crujen por la noche.

Este septiembre, los votantes de Nueva York tendrán la oportunidad de elegir a otro miembro de Socialistas Democráticos de América para un cargo institucional. En Brooklyn, Julia Salazar, de veintisiete años, se presenta al Senado Estatal de Nueva York con un programa basado en la sanidad universal, la vivienda como derecho humano, la protección de la escuela pública frente a la privatización, la expansión de los derechos de negociación colectiva, y el fin de la encarcelación y deportación masiva de inmigrantes.

La reportera de Jacobin Meagan Day se sentó a hablar con Salazar sobre los errores del Partido Demócrata, la diferencia entre socialistas y progresistas, y cómo pueden los socialistas democráticos electos mantenerse fieles a la clase trabajadora una vez que acceden a un cargo.

P: ¿Cómo te convertiste en socialista?

R: Mi familia emigró a los EEUU desde Colombia cuando yo era un bebé, y mi madre terminó criándonos a mi y a mi hermano como madre soltera, sin tener un grado universitario y proviniendo de una familia de clase trabajadora. Mi familia no tenía ninguna actividad política, pero mi madre siempre se sintió injustamente tratada e infravalorada y terminó desarrollando posiciones políticas conservadores bastante reaccionarias, así que ese fue el entorno en el que crecí.

Empecé a trabajar cuando tenía catorce en una tienda de alimentación, y trabajé durante mi etapa en el instituto en el sector servicios, y poco a poco fui dándome cuenta de la distancia que había entre la forma de ver el mundo a la que había estado expuesta hasta entonces, y la que más correspondía a mis intereses actuales. Como una persona que sobrevivía a base de ayudas sociales, ambas formas de ver el mundo fueron resultándome cada vez más contradictorias.

Fui a la Universidad en Columbia y trabajé como trabajadora doméstica, cuidando de niños, limpiando apartamentos. Fue a través de una combinación de la educación política que recibí en la Universidad y el desarrollo de mi propia conciencia de clase que terminé identificándome como una socialista.

P: ¿Cuándo empezaste a militar activamente?

Mi primera experiencia fue organizar a la comunidad de mi edificio. Vivía en un edificio en Harlem que era gestionado por su propietario, una compañía administradora abusiva y negligente que no calentaba adecuadamente el edificio en invierno, y que se demoraba con las reparaciones imprescindibles para que los apartamentos fueran habitables. Yo tenía veintiún años, y no tenía experiencia en derecho, pero consulté la página web de la ciudad y llegué a la conclusión de que podíamos negarnos legalmente a pagar el alquiler. Así que hablé con mis compañeros de habitación y mis vecinos, y decidimos negarnos a pagar.

La huelga duró tres meses. Al final, la compañía nos demandó. Me presenté en el juzgado con una carpeta llena de documentación sobre el estado del edificio, y al final conseguimos algunas concesiones de los dueños. Pero, por supuesto, la compañía administradora no me renovó el contrato de alquiler, y no había ningún acuerdo de renta fija, por lo que terminaron subiendo el alquiler y nos echaron. Para mi, sin embargo, aquella experiencia me hizo darme cuenta de la necesidad de un cambio de sistema.

P: ¿Cómo definirías el socialismo democrático?

R: A grandes rasgos, lo que significa ser socialista democrático es tener una visión del mundo en el que nadie es abandonado a su suerte. Luchamos por una sociedad en la que la gente esté por delante de los beneficios, en la que todo el mundo tenga acceso a las cosas que necesitan no sólo para sobrevivir, sino para prosperar. En mi campaña, esto se traduce en propuestas específicas a corto plazo que incluyen la sanidad universal, un sistema extendido de estabilización de la renta en todo el estado e implantación de un control universal de los alquileres, terminando con las fianzas en efectivo, políticas destinadas a terminar con el problema del encarcelamiento masivo, entre otras cosas.

P: ¿Qué distingue a un socialista democrático de un progresista?

R: Un socialista democrático reconoce que el sistema capitalista es inherentemente opresivo, y trabaja activamente para desmantelarlo y empoderar a la clase trabajadora y los sectores más desfavorecidos de nuestra sociedad. Los socialistas reconocemos que bajo el capitalismo, los ricos son capaces – a través del control privado de la industria y de lo que deberían ser servicios públicos – de acumular riqueza explotando a la clase trabajadora. Funcionalmente, esto perpetúa y ahonda en la desigualdad.

Un progresista se queda corto proponiendo reformas que pueden ayudar a la gente, pero que no transforman necesariamente nuestro sistema. Por ejemplo, un progresista podría defender que se forzara a los dueños de los edificios a hacer las reparaciones necesarias en ellos. Pero, a menos que defiendas el establecimiento de un control universal de los alquileres y, de forma honesta, llegado el momento, la abolición de la propiedad privada – aunque ese no es mi programa a día de hoy, porque no es muy realista –, lo que en realidad estás haciendo es posponer indefinidamente la solución del problema.

Lo que significa ser un socialista democrático elegido para un cargo público es impulsar cambios que tengan consecuencias materiales positivas en las vidas de la gente, pero que también nos acerquen a un sistema económico socialista.

P: Suena como si estuvieras diciendo que un progresista y un socialista democrático pueden coincidir en algunas propuestas clave, pero para un socialista democrático el objetivo es empoderar a la clase trabajadora para ganar futuras batallas contra el capitalismo, mientras que para los progresistas se trata más de paliar las consecuencias negativas inmediatas.

R: Si, es como una reducción del daño. Así es como lo describiría.

P: ¿Cuáles han sido los errores fundamentales del establishment del Partido Demócrata hasta ahora, y a los intereses de quién sirve hoy en día este partido? 

R: Mira los comentarios que hemos visto la última semana, desde que Alexandria Ocasio-Cortez ganó a Joe Crowley en las primarias de su circunscripción en Nueva York. El ala dominante del Partido Demócrata, centrista liberal, es completamente ajena a lo que la mayoría de los simpatizantes y militantes demócratas – que suelen ser gente de clase trabajadora – quieren realmente, y las propuestas y políticas que de verdad encuentran atractivas. Creo que lo que estamos viendo es que las bases del Partido Demócrata tienen una mayor amplitud de miras política que el establishment del partido, tanto a nivel federal como local.

Así que el principal problema es la estrechez de miras, afrontando cada conflicto desde una posición de compromiso en lugar de una posición dispuesta para la lucha en defensa de la clase trabajadora y los sectores más desfavorecidos.

P: ¿Qué futuro crees que tienen las intenciones de los socialistas democráticos de transformar el Partido Demócrata en una organización de defensa de los intereses de la clase trabajadora? ¿Puede reorientarse el partido, o sólo es una herramienta en este momento concreto para llevar a cabo políticas socialistas independientes?

R: Creo firmemente que lo segundo. Mi intuición es que la reorientación del Partido Demócrata es, en el mejor de los casos, un objetivo secundario, no un objetivo primario. En última instancia, el sistema de dos partidos le niega a la gente el derecho a voto, y no me imagino el Partido Demócrata siendo algún día el vehículo para una revolución socialista democrática, así que sería absurdo y poco inteligente para los socialistas democráticos poner demasiado esfuerzo y recursos en ese proyecto.

R: Pero, por otro lado, hay gente diciendo que loa socialistas sólo deberían presentarse al margen del Partido Demócrata. ¿Qué les puedes decir a ellos?

R: Deberían decirle eso a los más de 150.000 personas en mi distrito, que viven cada día con el miedo de ser desahuciadas, y que están registradas como demócratas en un estado con primarias cerradas. Es incuestionablemente estratégico aquí en Nueva York – aunque no en todas partes, hay que añadir – presentarse por el Partido Demócrata si quieres llegar al poder como una persona de izquierdas. Para movilizar a la gente entorno a propuestas socialistas tienes que conseguir que se comprometan los votantes demócratas, y no puedes conseguir eso de forma eficaz sin presentarse por el Partido Demócrata en mi distrito.

Recientemente apoyé al miembro de Socialistas Democráticos de América, Jabari Brisport, que se presentó como candidato por el Partido Verde. Su distrito es diferente al mío. Creo que sería magnífico si todos pudiéramos evitar al Partido Demócrata, y creo que aún es una cuestión importante para la gente que se presenta en distintas circunstancias, pero si yo intentara hacerlo en mi distrito, dudo sinceramente de que la gente apoyara, y mucho menos votara, a un candidato de un tercer partido en las elecciones.

P: ¿Es el principal objetivo de una campaña socialista ganar las elecciones y legislar, o lo es construir un movimiento y extender un mensaje? En este caso, ¿cómo pueden ayudar las políticas electorales a alcanzar ese objetivo?

R: El objetivo es construir un movimiento. De otro modo, a la larga, seríamos sólo reformistas. Y parte de construir ese movimiento es demostrar nuestra capacidad, demostrar a otra gente a la que queremos incorporar al movimiento que éste está creciendo y es viable. También necesitamos enviar un mensaje de que, si queremos construir este movimiento, debemos desafiar radicalmente los esfuerzos de este sistema económico de alienarnos y aislarnos unos de otros. Enviar ese mensaje es uno de los aspectos principales de una campaña como la mía.

Adicionalmente, es importante que se elijan candidatos que puedan entrar en las instituciones para defender políticas que de verdad transformen la vida de la gente de clase trabajadora. Las elecciones son un objetivo a corto plazo, mientras que el largo plazo es construir un movimiento, pero los dos elementos no son mutuamente excluyentes. La forma en que la gente responde a estas campañas electorales – por ejemplo, en el caso de Alexandria Ocasio-Cortez, la forma en que la gente ha respondido al hecho de que una socialista democrática latina de clase trabajadora sea elegida en el Bronx para el gobierno federal – puede tener un gran impacto en el movimiento, a una escala nacional.

Las campañas electorales de los socialistas democráticos animan a la gente a incorporarse al movimiento socialista en los Estados Unidos. Y aunque yo creo que Alexandria Ocasio-Cortez está a la izquierda de Bernie Sanders, y yo misma estoy a la izquierda de Bernie Sanders, es indudable que su campaña generó un gran interés en el socialismo. Cuando sondeo a la gente y menciono el socialismo democrático, suelen identificarlo con Bernie, porque él popularizó ese concepto durante su campaña electoral.

P: ¿Cuál es la naturaleza de tu participación en DSA, y cómo de importante ha sido DSA en tu campaña?

R: DSA ha sido fundamental para mi campaña, particularmente para el trabajo a pie de calle. He participado activamente en DSA-Nueva York desde hace casi dos años. Estoy en el comité organizativo del Grupo de Trabajo Socialista Feminista en nuestro colectivo, solía administrar el calendario de todo el colectivo y hacer bastante trabajo administrativo, y he tomado parte en muchas campañas concretas.

Fueron sobretodo miembros de DSA – uno de los cuales es ahora mi director de campaña – los que me convencieron para presentarme. La estrategia electoral nacional de DSA ha influenciado nuestra estrategia de campaña, y los miembros de DSA han participado como voluntarios en la campaña desde que comenzamos a trabajar en abril. Así que DSA ha jugado un papel fundamental en esta campaña desde sus inicios.

P: ¿Qué opinas de la oleada de huelgas de profesores? ¿Estamos ante un repunte de la militancia sindical, y en caso de que así, sea, a qué se debe? ¿Y cual es el papel que juega el movimiento obrero en la lucha por un mundo socialista?

R: La huelga es la herramienta más poderosa que tienen los trabajadores organizados contra sus patrones. Así que ver a los trabajadores sumándose a la huelga en grandes números, y en los estados con derecho a trabajar1 antes del caso Janus2, ha sido profundamente inspirador. El movimiento socialista debe ser dirigido por la clase trabajadora, así que cuando vemos a los trabajadores agruparse solidariamente a lo largo de todo el país para ir a la huelga, es muy significativo para el movimiento socialista. Más aún, los asuntos relativos al trabajo están relacionados con todos los demás asuntos que conciernen a la clase trabajadora, como la sanidad, y es maravilloso ver eso realzado durante las huelgas de profesores.

Un movimiento verdaderamente socialista sólo se va a convertir en una realidad a través del empoderamiento de la clase trabajadora, y empleando el poder que ya tenemos. En el estado de Nueva York, los trabajadores del sector público no tienen derecho a la huelga a causa de la Ley Taylor. Parte de mi programa, que he explicado a la gente del movimiento obrero durante toda mi campaña, es que necesitamos enmendar la Ley Taylor para permitir la huelga de los trabajadores del sector público, especialmente ahora. En un mundo post-Janus, la huelga va a ser la herramienta más poderosa que los trabajadores tengan.

P: Volviendo a lo que ya hemos mencionado previamente, me resulta chocante que un buen ejemplo de la diferencia entre un candidato progresista y un socialista democrático puede ser que un progresista no tendría por qué esforzarse especialmente en enmendar la Ley Taylor, porque los progresistas hasta cierto punto creen que los cargos electos pueden ocuparse de estas cosas – por ejemplo, pueden conseguir un aumento del salario mínimo. Un socialista no sólo quiere aprobar legislación en beneficio de la clase trabajadora, sino también eliminar obstáculos para la organización militante de la propia clase trabajadora.

R: Así es. El empoderamiento de la clase trabajadora realmente es un aspecto fundamental. Y eso va a significar mucho más que reformas favorables a los intereses de la clase trabajadora. No hay duda de que tenemos que expandir y financiar apropiadamente la red de seguridad social, pero si hacemos eso sin alterar las estructuras básicas que le arrebatan el poder a la gente y les mantienen atados a la esclavitud asalariada, nunca vamos a ver un cambio social a largo plazo.

P: Sabemos que la maquinaria del partido es fuerte en Albany. Mientras tanto, los capitalistas de todas partes ejercen influencia sobre el poder político, directamente a través de la financiación de las campañas e indirectamente a través de las amenazas de desinversión y cierre patronal. Así que, en caso de que ganes, ¿qué presiones y obstáculos esperas enfrentar como cargo electo al defender un programa socialista democrático, y cuáles son las estrategias para enfrentar esos desafíos sin comprometer los principios socialistas?

R: Trabajando dentro de las instituciones del estado de Nueva York, creo que va a ser difícil cuando hay diferentes intereses tratando de comprometer la integridad del cargo electo. Hemos visto en Nueva York a un grupo de autodenominados progresistas en el senado del Estado que, en cuanto accedieron al poder, se introdujeron en una dinámica de reparto de influencias con el Partido Republicano. No me importa demasiado, como te imaginarás, que hayan traicionado al Partido Demócrata, pero han traicionado a la clase trabajadora. La han traicionado no sólo acordando el reparto con los republicanos, sino renunciando al poder y la confianza que habían recibido en las elecciones. No creo que lo hicieran porque fueran republicanos encubiertos, lo hicieron porque negociaron un pacto que era beneficioso para ellos, que tendría como consecuencia mayor financiación para sus distritos en los presupuestos y que les ofrecía en última instancia opciones de prosperar personalmente. El compromiso que firmaron ha sido motivado por sus intereses personales.

Creo que siempre va a haber intereses privados compitiendo para obtener el favor de los cargos electos y ejerciendo diversas presiones, y la mejor manera de rendir cuentas ante la clase trabajadora – es decir, ante la gente que elegiría a un socialista – es permanecer leal a esa gente, por ejemplo, negándote a aceptar dinero de las empresas privadas. La importancia de organizar una campaña de base no es sólo de principios, sino que en la práctica significa que si has sido elegida después de una campaña enteramente financiada por el movimiento, entonces es más probable que te mantengas leal al movimiento.

P: Aquí en California, Gayle McLaughlin organizó una campaña socialista democrática para el cargo de Secretaria del Gobierno. No ganó, pero una de sus ideas – además de depender únicamente de fondos provenientes de familias trabajadoras – fue formar un “gabinete en la sombra” para apoyarla, compuesto por militantes comprometidos de izquierdas para ofrecerla consejo en sus decisiones y supervisarla. Los cargos electos se ven inevitablemente sometidos a la influencia del establishment; su objetivo era contrarrestar eso ofreciendo un espacio de influencia a la gente que pudiera ofrecerle un análisis diferente. ¿Qué opinas sobre eso?

R: Tiene mucho sentido. Un cargo electo socialista democrático siempre tiene que basar su actuación, principal y consecuentemente, por la política de clase y el análisis materialista. Para conseguirlo, es importante rodearte desde el principio con gente que está comprometida con esa visión.

Por ejemplo, en mi campaña no hemos contratado ningún asesor. No se trata de que los asesores sean malos por principio, pero mi equipo socialista y yo somos cautelosos a la hora de incorporar gente que pueda pedirnos que comprometamos nuestros valores socialistas. Ese mismo estándar debe mantenerse a la hora de crear un equipo, una vez elegida. No es necesario que los miembros del equipo sean militantes de carnet de Socialistas Democráticos de América, pero hay que asegurarse de que la gente que te va a aconsejar no forma parte del sistema que nos está oprimiendo.


Sobre la entrevistada

Julia Salazar es miembro de Socialistas Democráticos de América y candidata al Senado del Estado de Nueva York (EE.UU.).

Sobre la entrevistadora

Meagan Day es redactora en Jacobin.

Notas

  1. NdT: en EEUU, se entiende por estados con derecho a trabajar (“right-to-work”) aquellos que tienen leyes que impiden que los empleadores privados y los sindicatos puedan firmar acuerdos relativos a la acción sindical (que regulen la afiliación sindical o establezcan acuerdos relativos a la financiación sindical).
  2. NdT: el caso Janus ha sido una sentencia de la Corte Suprema de EEUU que afirma que los trabajadores del sector público no tienen por qué pagar cuotas a los sindicatos a los que no quieren pertenecer; hasta esta sentencia, los sindicatos tenían derecho a cobrar cuotas a todos los trabajadores, fueran miembros o no, para cubrir los gastos derivados de la negociación colectiva.
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