Movilización de trabajadores de la fábrica de robots KUKA en Trennfurt, Alemania. Durante las movilizaciones por la jornada de 28 horas. 16 de enero de 2018. Foto: IG Metall
Movilización de trabajadores de la fábrica de robots KUKA en Trennfurt, Alemania. Durante las movilizaciones por la jornada de 28 horas. 16 de enero de 2018. Foto: IG Metall

En vísperas del 1º de Mayo de 2015, me invitan a los estudios de televisión de Reyers Boulevard. En ese contexto, hablo incansablemente de la reducción colectiva del tiempo de trabajo a 30 horas. Comienzo mi presentación diciendo que “una semana de trabajo más corta es deseable por lo menos por cuatro buenas razones”. La automatización nos anima a reorganizar el trabajo: tenemos que redistribuir el trabajo disponible lo mejor que podamos. En segundo lugar, se hace necesaria una nueva jornada laboral por cuestión de igualdad de género. En efecto, una semana de trabajo más corta mejora el estatus socioeconómico de las mujeres. En tercer lugar, la semana de 30 horas es buena para la salud. Las depresiones, el agotamiento y el absentismo nos enseñan que el aumento de la prosperidad no se acompaña necesariamente de un mayor bienestar. Una semana laboral más reducida puede invertir esta tendencia. Una semana corta libera la creatividad y, en este complejo siglo XXI, puede que sea algo que necesitemos mucho. Un equilibrio más humano entre el trabajo remunerado, el descanso y la familia permite desplegar talentos que, de otra manera, permanecerían sin explotar. Ciertamente, la propuesta de 30 horas semanales es ambiciosa, pero hace frente a grandes desafíos: la robotización, la dificultad de conciliar la vida laboral y familiar, y el estrés permanente.

Al día siguiente, las manifestaciones del 1º de Mayo, como hace 125 años, tratan sobre la jornada laboral. En mayo de 1890, cuando las jornadas de 12 horas eran lo habitual, se organizaron manifestaciones en muchas partes del mundo en favor de la triple jornada de ocho horas: ocho horas de trabajo, ocho horas para descansar y ocho horas para dormir. El establishment arremete rápidamente contra esta demanda. Las empresas quebrarían si las trabajadoras textiles y los mineros trabajaran menos horas. Sin embargo, los pioneros del movimiento obrero persistieron y, finalmente, la jornada de ocho horas entró en vigor después de la Primera Guerra Mundial. Ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho horas de sueño. Tener más tiempo. Poner fin a la carrera frenética para poder dormir y relajarse.

El reto es enorme. Como se ha señalado en el capítulo anterior, el riesgo de que uno de cada dos puestos de trabajo puedan acabar desapareciendo de su forma actual en los próximos 20 años es de “medio a muy alto”. Hacer frente a un reto tan enorme requiere algo más de creatividad que las deducciones fiscales, la competencia fiscal y la persecución a los enfermos y los desempleados.

Es evidente que la agenda digital aumenta la productividad. En nuestro país1 producimos de tres a cinco veces más riquezas que en 1960. Una cantidad enorme. Nunca en la historia de la humanidad había ocurrido algo así. “Aunque la productividad tardó 140 años en duplicarse entre 1820 y 1960, desde entonces se ha multiplicado por cinco”2. explica el profesor francés Pierre Larrouturou. La pregunta es, ¿qué estamos haciendo con este aumento de productividad? Parte se invierte de nuevo en la industria manufacturera, lo que es positivo. Pero la mayor parte simplemente se acumula y da cuerpo a la especulación en el mercado de valores, donde está creciendo una nueva burbuja financiera. Nuestra propuesta es la siguiente: convertir los aumentos de productividad en una redistribución del trabajo.

Naturalmente, el objetivo es introducir la semana de 30 horas con el mantenimiento del salario. Porque los salarios a tiempo parcial dificultan que los trabajadores lleguen a fin de mes. Hoy, muchas mujeres trabajan a tiempo parcial o interrumpen su carrera, de una manera u otra, para ocuparse de la familia.

Las llamamos madres trabajadoras. Sin embargo, la mayoría de las mujeres que trabajan a tiempo parcial preferirían tener un trabajo a tiempo completo. Un nuevo trabajo a tiempo completo más bien. En Francia, la introducción de la semana de 35 horas redujo el número de trabajadores a tiempo parcial. Muchas mujeres optaron de nuevo por un trabajo a jornada completa, con un salario completo.

“En el pasado, hasta mediados de la década de 1970, la reducción del tiempo de trabajo se traducía en una semana reducida, negociada mediante el diálogo social. La reducción de la jornada laboral la pagaban los trabajadores y los empresarios, dado que el aumento de la productividad no se convertía en salarios más altos o en beneficios más elevados”, escribe el investigador del centro de estudios Poliargus Olivier Pintelon. “Sin embargo, desde los años 1980, la reducción del tiempo de trabajo pasó a cargo del Estado, o más bien de la seguridad social, a través de los distintos regímenes de interrupción de la carrera profesional. Esta forma de reducción es relativamente costosa para la sociedad. Creemos que una semana laboral reducida, decidida en el marco de la concertación social, puede limitar los costes para la sociedad”.3

Trabajar menos para vivir mejor

Cada sociedad tiene su propia distribución del trabajo. El trabajo remunerado se reparte. Hace 125 años, esta distribución se hacía en base a la semana de 60 horas. La semana de 48 horas le sustituiría, tras tres huelgas generales y la primera Guerra Mundial. Tras numerosas acciones sindicales y una nueva Guerra Mundial, nace la semana de 45 horas. Pronto vendrá la semana de las 38 horas, con su despliegue de oportunidades de trabajo a tiempo parcial, flexible y temporal. Hoy en día, la mitad de las personas que están empleadas trabajan más 40 horas remuneradas semanales, una cuarta parte trabaja entre 35 y 40 horas y otra cuarta parte menos de 30 horas. Al mismo tiempo, medio millón de personas tiene cero horas de trabajo remunerado. Están sin trabajo.

La división del trabajo no está fijada de antemano. Está en constante evolución debido a la mecanización y la automatización, pero también por las correlaciones de poder entre el mundo del trabajo y el mundo del capital.

La aparición del acero, de la electricidad, de la primera división del trabajo industrial y de la producción en masa provocaron la pérdida de muchos puestos de trabajo. Se instauró la redistribución del trabajo para remediarlo. ¿Por qué no deberíamos hacerlo también hoy, cuando estamos en plena cuarta ola de industrialización? “¿Cuál sería el alcance del desempleo si trabajáramos de la misma manera que en los años cincuenta, con el mismo régimen laboral?” se pregunta Tony Demonte, de la Confederación Sindical Cristiana de Trabajadores, la CNE. Según él, está en juego una visión de sociedad. “No podemos estar satisfechos con el hecho de que todo el mundo deba trabajar 38 horas por semana, mientras 1,2 millones de personas trabajan a tiempo parcial o están en el paro.” Ahí reside el problema.

La redistribución del trabajo se puede hacer de forma individual o colectiva. En las últimas décadas, la atención se focalizó en la interrupción de la carrera a nivel individual. Pero los estudios muestran que estas opciones son más populares entre las mujeres con familia con un alto nivel de formación. Olivier Pintelon escribe: “Los recursos públicos se asignan esencialmente a grupos de altos ingresos. La razón es relativamente obvia. Para las personas con un bajo nivel de formación, las prestaciones son demasiado bajas. Interrumpir su carrera de esa manera no es una opción. Es un problema especialmente en las familias monoparentales. Por lo tanto, creemos que es necesaria la reducción colectiva del tiempo de trabajo para crear un equilibrio estructural entre el trabajo y la vida familiar.”4

“Trabajar menos para trabajar todos y vivir mejor” era el lema del movimiento sindical francés de los años setenta, que pedía la introducción de la semana de 35 horas. En el año 2000, logró hacerlo realidad. Según un informe de evaluación del Parlamento francés, la introducción de la semana laboral de 35 horas permitió la creación de dos millones de puestos de trabajo en cinco años. De ellos, 350.000 fueron empleos totalmente nuevos. Según el informe parlamentario, hubo una disminución del desempleo en todas las categorías de trabajadores. Por lo tanto, no es sorprendente que las encuestas de opinión indiquen que la abrumadora mayoría de los franceses no quiere volver a la situación anterior.

Sin embargo, la reducción del tiempo de trabajo no es una solución milagro frente al desempleo. La redistribución del trabajo es una cuestión compleja que se rige por muchos parámetros: cualificaciones, formación, reorganización, costes laborales relativos…

Más igualdad de género a través de un mejor reparto del trabajo

El reparto del trabajo remunerado es desigual y discriminatorio. Entre hombres y mujeres, entre el que tiene un trabajo y el que está desempleado, entre el que tiene un empleo a tiempo completo y a tiempo parcial, entre el que tiene un empleo fijo y el que cambia de un contrato temporal a otro. Eso es lo que los holandeses llaman “coleccionar empleos”. Coleccionar empleos a tiempo parcial, trabajos basura y mini-jobs que no alivian la conciliación entre el trabajo y la vida en familia. “Cuando mi madre trabaja a tiempo parcial, mi papá es el primero que se beneficia”, titula un estudio realizado por la Universidad de Bruselas. De hecho, cuando la mujer trabaja a tiempo parcial, se siente aún más presionada que cuando tiene un trabajo a tiempo completo. Porque todo el hogar recae sobre sus hombros, dice el investigador Pieter van Tienoven: “El hombre se beneficia. Especialmente cuando la pareja tiene hijos. Casi siempre los cuidan las mujeres. Las mujeres que trabajan a tiempo completo gastan una hora más cada día que los hombres en las tareas domésticas y media hora más en los niños. Si trabajan a tiempo parcial, la diferencia aumenta a más de dos horas al día. Una mujer ocupada a tiempo parcial le da al hombre una buena razón para descargar tareas en ella.”5 El trabajo a tiempo parcial es un verdadero retorno al pasado, a los años 1950. Cuatro de cada cinco los trabajadores a tiempo parcial son mujeres.

Según el informe sobre brecha salarial, sólo el 11% de las mujeres que abandonan el trabajo a tiempo parcial lo hacen porque no quieren trabajar a tiempo completo. El resto sí lo querrían. Vera Claes, secretaria nacional del movimiento feminista progresista neerlandófono que organiza cada año el Día de la Igualdad Salarial, explica: “A veces no se ofrecen contratos a tiempo completo. Especialmente a las cajeras. Pregunte a las cajeras de su supermercado. Todas trabajan a tiempo parcial. Por lo general, los empresarios no ofrecen un contrato de tiempo completo. También se observa el mismo fenómeno en el sector de la salud. Algunas mujeres quieren trabajar a tiempo completo, pero no tienen esa posibilidad. Algunas de ellas trabajan a tiempo parcial para conciliar más el trabajo con la vida familiar, pero no se puede negar el fenómeno del trabajo forzado a tiempo parcial”.

El trabajo a tiempo parcial repercute en los salarios y las pensiones. Y los trabajadores a tiempo parcial también tienen menos paga de vacaciones y menos días libres. Con la semana de 30 horas, los dos miembros de la pareja podrían trabajar a tiempo completo con mayor facilidad, y la contribución financiera sería más equilibrada, reduciendo así el dominio masculino. O, como dicen los investigadores de las universidades de Amberes y Lovaina: “Una reducción colectiva del tiempo de trabajo favorece sobre todo la igualdad socioeconómica entre los hombres y las mujeres”.6 Una semana más corta de trabajo a tiempo completo sería también un alivio para las madres solteras.

Hacer más vivibles las horas punta de la vida

Las madres jóvenes son las que están más sometidas a la enorme presión del ritmo desenfrenado de la guerra cotidiana de desgaste. La batalla del trabajo remunerado y la familia, con los diecisiete roles que desempeñar cada día – conductora, maestra, cocinera, criada, amiga y fiestera. No es de extrañar que acaben derrotadas, atrapadas en la multitarea. Lo sorprendente es más bien el hecho de que aguanten, aunque por lo general es por los pelos. Y todos, madres trabajadoras o padres polivalentes, atorados en los atascos de tráfico entre el trabajo y la guardería, y los intereses conflictivos del empresario y la familia, se preguntan desesperadamente cómo se apañan los demás, que afirman que es agradable e intenso poder conciliar la vida profesional con la de los niños pequeños. Estrés, estrés, estrés. Nos repiten que el estrés es una señal de éxito y aumenta la autoestima. Estar bajo presión, esa es la moda.

“¡Imagínate cómo sería tu vida y la vida de tu familia si la semana de 30 horas fuera decretada como la nueva jornada completa!” Desde hace algunos años, la organización de mujeres Femma, promueve una campaña ardiente por dicha causa: que la jornada de 30 horas se convierta en la nueva norma de los empleos a tiempo completo. Esta organización de mujeres sueña con hacer las horas punta de la vida más tranquilas, para acabar con el agotamiento. Se sentirían los efectos positivos sobre el bienestar porque habría menos problemas de salud y seríamos dueños de nuestro tiempo. Cuando las semanas de trabajo son más cortas, empleamos el tiempo más eficazmente, explica Femma.

Karel Van Eetvelt, portavoz de los empresarios de las PYMES, califica la propuesta de absurda. Eva Brumagne, de Femma, no se deja intimidar y responde: “¿Cuánto nos está costando hoy? Uno de cada diez trabajadores toma antidepresivos. Dos de cada tres belgas sufren estrés en el trabajo. Todo eso son costos para la sociedad”.

El estrés es un grave desafío para nuestra sociedad. Una cuarta parte de los trabajadores belgas se queja de problemas relacionados con el estrés. Con una presión en el trabajo siempre alta y enfrentando otros problemas que consumen toda nuestra energía, el síndrome de burn-out7 acecha siempre detrás de la esquina. A casi uno de cada diez trabajadores se le diagnostica agotamiento. Y uno de cada cinco está en riesgo de agotamiento. Más de un tercio de las ausencias del trabajo se deben a problemas relacionados con el estrés. El absentismo cuesta a las empresas una media de 288 euros al día.8 Sí, las mujeres de Femma tienen toda la razón: a nuestra sociedad le cuesta mucho dinero.

Según el barómetro de estrés bianual de Securex, para el año 2015, casi la mitad de los trabajadores que sufrían estrés se enfrentaban a problemas de salud física y mental como dolores de cabeza, palpitaciones cardíacas, insomnio, pérdida de concentración, depresión e irritabilidad. Esto representa un aumento del 30% en sólo dos años. Entre los trabajadores que experimentan efectos relacionados con el estrés, una cuarta parte refiere que trabaja peor que sus colegas. Los trabajadores bajo los efectos del estrés tienen más probabilidades de absentismo: los que están menos estresados están de baja un promedio de seis días al año, mientras que sus compañeros que lo padecen lo hacen dieciséis días al año.9

Por tanto, es hora de dar la señal de alarma del tren del estrés, que camina a toda velocidad. Si no lo hacemos, se corre el riesgo de descarrilar. El ritmo debe encontrar una dimensión humana. Nos beneficiaremos. Los efectos se notarán en nuestro entorno, en nuestra implicación en el trabajo y en nuestra salud. ¿Nunca habéis pensado el domingo que el fin de semana debería tener un día más? Es totalmente normal, escribe el profesor de economía de la Universidad de Leeds, David Spencer, en un artículo titulado “Porqué deberíamos tener fines de semana de tres días”.

Fines de semana de tres días y menos horas de trabajo para aprender a vivir mejor. Según el profesor de economía de Leeds, hay tres ventajas. Primero, tendríamos mejor salud: tendríamos menos riesgos de ACV, de enfermedades cardiacas o de diabetes tipo 2. En segundo lugar, podríamos pasar más tiempo con nuestros amigos y familiares. Y, en tercer lugar, tendríamos más tiempo para desarrollar nuestros talentos, nuestras pasiones y utilizar nuestro potencial. Sólo una semana laboral de 30 horas puede conducir a un progreso real. Si el domingo por la noche o el lunes por la mañana crees que el fin de semana fue demasiado corto, que sepas que este sentimiento es totalmente normal.10

Más tiempo para el ocio y la creatividad

El tiempo tiene una doble cara. Está el tiempo del reloj, el tiempo que trocea nuestros días en fracciones bien definidas. La sociedad necesita un tiempo medible. El advenimiento del capitalismo y la industrialización disciplinaron el tiempo y vendieron el trabajo al ritmo del reloj, con puntualidad. Cronos, así llamaban los griegos al dios del tiempo medible. Cronos transformaba el concepto abstracto del tiempo en algo medible. Nosotros también necesitamos poner orden en el caos. Sin Cronos, no podríamos concertar citas, hacer funcionar el transporte u organizar las escuelas. El término cronómetro viene del viejo Cronos. Con la cadencia, el ruido y el humo de las máquinas, desaparece el hombre que vivía al ritmo de las estaciones. El horario de Greenwich rige la vida moderna. Desde entonces, todo tiene que ir cada vez más rápido… “Adelante, adelante, adelante. Abran paso, abran paso. Tenemos mucha prisa”, así es Cronos, rey supremo del tiempo-es-dinero, la falta de tiempo y estrés ligado al tiempo. Llegamos tarde a todas partes y a ninguna parte a tiempo, ¡qué epidemia!.

La segunda cara del tiempo para los antiguos griegos era la del nieto de Cronos, Kairós. Este tenía una concepción del tiempo muy diferente a la de su abuelo. Kairós no percibía el tiempo como algo medible, si no como la “ocasión oportuna” o como “el momento apropiado”. El tiempo tal y como lo sentimos cuando no estamos presionados por nuestro reloj. Soñar, meditar, esperar, detenerse, mira las nubes, pasear en la naturaleza. Como cuando te olvidas de bajar del tren porque estás absorbido por un libro o te duermes con la música del iPod en los oídos. “Son reconocibles, aunque raras, las experiencias que te hacen bailar fuera del tiempo, transportado por la música, una exposición o una buena película, o pegado a tu silla por una discusión que escapa al torbellino de la vida. El tiempo cronológico se detiene. El dios griego Kairós encarna este tiempo precario”, escribe la filósofa Joke Hermsen. La encontré en una presentación organizada por Femma. La calma es la condición necesaria para la reflexión, el aprendizaje y la creatividad. El tiempo como condición necesaria para creatividad. Joke Hemrsen argumenta esta idea poniendo un ejemplo del arte. “El arte es un spa. El arte excita la imaginación y te enseña a deslizarte en la piel del otro. Esto puede ser confuso o inspirador. Gracias a la atención y concentración que requiere, te envía a los dominios de Kairós”.

La semana de 30 horas es una incitación a ganar tiempo. Una respuesta a la epidemia de las supermadres y las agendas sobrecargadas. Es una propuesta que nos estimula a encontrar el tiempo para entusiasmarnos. El tiempo de la pasión y creatividad.

“Muchas personas que forman parte de la fuerza laboral no tienen tiempo para relajarse, para sus hobbies y para las relaciones sociales. Una semana laboral más corta puede reequilibrar y contribuir a una mejor vida en sociedad. En resumen, a tener tiempo para convertirse en ciudadanos de pleno derecho que participan activamente en la democracia o el voluntariado. Una semana laboral reducida puede estimular la creatividad social”11 escribe el investigador Olivier Pintelon.

En Gotemburgo, es una realidad

Cité cuatro razones por las que una semana de trabajo más corta sería beneficiosa: redistribución del trabajo, igualdad de género, salud y más tiempo para el esparcimiento personal. Pero, como dicen al otro lado del canal (Inglaterra): the proof of the pudding is in the eating12. ¿Funciona realmente la semana de 30 horas? Suecia ya la puso en práctica hace tiempo. Han pasado catorce años desde que el Centro de Servicios de Toyota de Gotemburgo, la segunda ciudad más grande de Suecia, introdujo la jornada laboral de 6 horas con mantenimiento salarial, sin que se haya cuestionado ese principio hasta ahora. Le siguió una clínica ortopédica de la ciudad. El experimento redujo la rotación de personal, el estrés y el absentismo, y mejoró la motivación y el rendimiento. En ese contexto los cuidadores del asilo de ancianos de la municipalidad de Svanedalen, en Gotemburgo, pasaron a la semana de 30 horas en 2015. Seis horas al día, cinco días a la semana. Este proyecto piloto se lanzó para poder estudiar los efectos de la disminución del tiempo de trabajo en la salud y la calidad de vida del personal, y también en la calidad del trabajo y el bienestar de los residentes. “Queremos inspirar una amplia discusión social”, dice el alcalde. Cree que puede ser un modelo para el futuro.

La ciudad llevó a cabo un seguimiento científico del proyecto piloto para aprender rápidamente. Un equipo multidisciplinario de especialistas y científicos, representantes de empresarios, sindicatos y residentes sigue de cerca la experiencia. Al mismo tiempo el equipo de investigadores lo compara con un asilo de ancianos similar en Solângen, que trabaja con la jornada antigua. Las conclusiones de la evaluación del Svanedalen fueron tan positivas que se introdujo definitivamente la semana de 30 horas.

“Ya se ven las diferencias a los 3 días”, dice Kafiye Taspinar, riendo. Tiene 44 años y lleva 12 años como enfermera en el asilo de ancianos. “Imagínatelo: poder acabar con el día de trabajo antes de que los niños salgan de la escuela”. Antes Kafiye solía trabajar a tiempo parcial, pero tuvo pasar a tiempo completo por razones financieras. En la manifestación del 1º de Mayo de los últimos años, se manifestaba por la jornada laboral de 6 horas, “pero nunca imaginé que sería una realidad para mí…”

“Cuando trabajaba a tiempo parcial, me sentía culpable de trabajar menos que mis colegas. ¡Ahora todos trabajamos menos!”. Su colega dice que los residentes del asilo para ancianos también son conscientes de la diferencia. El cuidado de las personas mayores, a veces dementes, requiere paciencia y calma. Con una jornada de seis horas, estás más relajado.

Un pequeño equipo de Medicina para el Pueblo visitó Svartedalen y volvió entusiasmado. En sus notas, Janneke Ronse informa de la sorpresa de los investigadores al ver la rápida reducción, al cabo de seis meses, del número de días de baja por enfermedad del personal de Svartedalen. El absentismo pasó en apenas medio año del 6,4% al 5, 3 %. En Solângen, la cifra se mantuvo estable. En Svanedalen, el número de trabajadores enfermos de larga duración disminuyó de 3,23% al 2,68 %. En Solângen, había aumentado. Estos resultados han tenido consecuencias no sólo a nivel de la continuidad de la atención, sino también a nivel financiero.

El informe de evaluación muestra que la semana de 30 horas también tiene un efecto positivo en la regularidad de las horas de trabajo. Esta continuidad y regularidad reducen el estrés en el trabajo, un factor importante para asegurar una buena atención. Cuando Svanedalen introdujo la semana de 30 horas, el centro contrató catorce enfermeras adicionales a tiempo completo. “Antes, había seis enfermeras por cada 8 residentes. Como ahora hay ocho enfermeras, cada residente tiene su propia enfermera fija. Podemos aplicar muchas más rutinas, más señalizaciones, que es importante para los ancianos, y aún más para los que tienen demencia” refiere Monica Sörensson.

En seis meses, la dirección de Svanedalen pagó 5.750 euros menos en horas extras, mientras que esta cantidad aumentaba en Solàngen. La estabilidad de las horas de trabajo permitió reducir en un tercio el número de trabajadores temporales en Svanedalen, mientras aumentaban en un tercio en Solângen.

Antes de que comenzara el proyecto piloto, el personal de Svanedalen respondió a un cuestionario de salud. El 66% de los cuidadores a tiempo completo refería síntomas relacionados con el estrés – acidez estomacal, insomnio, dolores de cabeza. Entre los cuidadores a tiempo parcial, los presentaban el 55%. El 59% de los cuidadores a tiempo completo también reportaban problemas físicos. Entre los temporales, el 51%. Todas estas cifras disminuyeron como resultado de la introducción de la jornada de 6 horas. Lo que importa es cómo trabaja la gente, dice Monica Sörensson “Alguien que trabaja seis horas en lugar de ocho puede trabajar mejor, ser más paciente, estar más relajado. En nuestro trabajo, es crucial. De hecho, si los cuidadores están más relajados, los residentes están más satisfechos”.

La semana de 30 horas permite que el personal tenga mucho tiempo libre. Pero nadie se aburre ni vagabundea, y el tiempo libre se explota rápidamente de una manera muy positiva. Las enfermeras de Svartedalen explican a los médicos que se sienten más sanas, más felices y tienen más tiempo para hacer deporte. Otros esperan pasar más tiempo de calidad con sus familias.

¿No les ayudan estas dos horas extras de tiempo libre a asumir más tareas domésticas en casa? Monica Sörensson responde que mucha gente le hace esa pregunta, lo que le cabrea “¡No es una razón para trabajar más en casa! Las personas, tanto hombres como mujeres, simplemente tienen más tiempo para respirar. No deben descansar cuando llegan a casa. Evidentemente estamos muy ocupados, también en el tiempo libre. Por eso, desde el principio, se puso el acento en la importancia del deporte y el descanso, en que se puede hacer cualquier cosa con ese tiempo libre. También se les dijo a los hombres.”

Notas

  1. NdT: Bélgica
  2. Sampol 2015/6 p 58-64
  3. Het Niewsblad, 14 septiembre de 2016
  4. Flair, 15 de marzo de 2016
  5. Het Niewsblad, 5 de mayo de 2015
  6. securex.be
  7. NdT: El burnout laboral, también denominado síndrome del quemado o síndrome de quemarse en el trabajo, es un trastorno emocional que está vinculado con el ámbito laboral, el estrés causado por el trabajo y el estilo de vida del trabajador. Este síndrome puede tener consecuencias muy graves, tanto a nivel físico como psicológico. Los síntomas más comunes son depresión y ansiedad, motivos de la gran mayoría de las bajas laborales.
  8. securex.be, consultora especializada en relaciones laborales y mercado de trabajo
  9. The conversation, 28 de agosto de 2015
  10. De morgen, 12 de marzo de 2014
  11. Olivier Pintelon, idem.
  12. NdT: La prueba del pudding está en comerlo. Frase hecha similar a “el movimiento se demuestra andando”.
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