Ryanair: cuando la resistencia se organiza de Lisboa a Dublín, pasando por Charleroi

Concentración de trabajadores de Ryanair en el aeropuerto de Charleroi. Bélgica. En primera fila, primero por la derecha: Yves Lambot. Foto: Ryanair must change. 10 de agosto de 2018
Concentración de trabajadores de Ryanair en el aeropuerto de Charleroi. Bélgica. En primera fila, primero por la derecha: Yves Lambot. Foto: Ryanair must change. 10 de agosto de 2018

Yves Lambot, secretario permanente del sindicato Central Nacional de Empleados (CNE) en Charleroi, lleva años comprometido con la causa de los trabajadores de Ryanair. Nos hemos reunido con él el 9 de agosto, la víspera de una huelga que iba a sacudir la empresa en toda Europa por segunda vez este verano. Debería haber estado de vacaciones… “¡Pero es un combate tan importante!”

Solidaire: ¿Cuando empezó tu actividad sindical en defensa de los trabajadores de Ryanair?

Yves Lambot: Hemos llevado acciones en Ryanair desde 2004. En aquel entonces encabezamos un procedimiento con alguien que tenía problemas en la empresa, pero aquello no tuvo éxito. Queríamos tener una sentencia del Tribunal de Justicia Europeo, pero para eso teníamos que agotar todos los recursos en Bélgica. En 2004, algunas razones técnicas nos impidieron completar ese proceso.

Sin embargo, en 2011, retomamos la acción con nuevos afiliados. El tribunal de Charleroi se declaró incompetente para llevar el juicio en el marco de la jurisdicción belga. El Tribunal de Apelaciones de Mons directamente elevó una pregunta al Tribunal de Justicia Europeo. Esto nos llevó un tiempo, pero fue algo positivo, ya que permitió tener una respuesta europea y evitar que Ryanair recurriera a su respuesta habitual: “Si no estáis contentos, nos iremos a otro país”.

Así, a principios de 2017, conseguimos apuntarnos una importante victoria. El Tribunal de Justicia Europeo confirmó que el tribunal del país donde se firma el contrato es competente. Por tanto, nos ha dado la razón en lo fundamental del caso. Porque, en cada ocasión, Ryanair aplica el derecho irlandés, más laxo, en lugar del derecho belga, alemán, etc.

Ahora, es necesario que el poder político defienda la aplicación de las leyes y presione en toda Europa para que las decisiones del Tribunal Europeo sean respetadas.

S: El hecho de que los miembros del personal se expresen sobre la política directiva de Ryanair y las condiciones de trabajo es un fenómeno relativamente reciente

Y.L.: Si. Y ha sido especialmente entre el personal de cabina que los contactos se estrecharon lo suficiente como para llevar a cabo acciones. Entre ellos hay una gran diferencia entre los antiguos contratos, previos a 2012, que son mejores, y los nuevos, que son bastante peores. La parte “variable” del salario, que está ligada a las ventas realizadas en el avión, ha aumentado enormemente. Eso fuerza al personal de cabina que quiera trabajar a aceptar todas las condiciones. Puede que en un mes ganen 1800 euros, y al siguiente únicamente 800.

Por otro lado, los nuevos trabajadores deben pagarlo todo de su propio bolsillo. A raíz de esto, muchos prefieren hacer el trayecto hasta su domicilio a pie, o coger la lanzadera gratuita cuando pueden. Aquellos que quieren comprarse un coche no tienen la cantidad suficiente de dinero como para pagarlo y los bancos les niegan los préstamos ya que sus salarios se deposita en una cuenta irlandesa.

Y eso no es todo: nadie les advierte de que, al terminar su formación en el entorno en el que van a trabajar, no tendrán salario durante los periodos en los que no vuelen, ni tienen salarios garantizados en caso de accidente de trabajo…

Entre los huelguistas encontramos mucha gente que acaba de empezar a trabajar y que se encuentran que la diferencia entre lo que les prometieron y la realidad que se encuentran es catastrófica.

S: ¿Cómo se construyó este movimiento a escala europea?

Y.L.: Hubo una primera reunión en Lisboa por iniciativa de un sindicato portugués el pasado abril, con delegaciones belgas, italianas y españolas. Una primera huelga acababa de tener lugar en Portugal, pero la empresa respondió sustituyendo a los huelguistas con personal de otros países. Fue a raíz de esto que nació entre los sindicatos la idea de organizar una huelga europea.

Rápidamente nos dimos cuenta de que las condiciones eran insostenibles, especialmente para los nuevos trabajadores contratados a partir de 2012. Fueron, sobretodo, los viejos trabajadores los que dieron la voz de alarma sobre este asunto. Mientras trabajaban en el mismo avión, en los mismos puestos, veían que sus nuevos compañeros no tenían dinero prácticamente ni para comer. Los trabajadores veteranos ya conocían el sistema Ryanair. Les habían prometido que tendrían un buen contrato al cabo de 6 meses, después que al cabo de 12 meses, después que serían reubicados cerca de sus hogares… Al final, ninguna de esas promesas se cumplía.

Nos pusimos de acuerdo en tres reivindicaciones concretas: queríamos ser reconocidos oficialmente como sindicatos, la legislación de aplicación en caso de conflicto debía ser la del país en que se firmara el contrato, y que las condiciones de trabajo debían ser iguales para todos, incluidos los trabajadores de las subcontratas Crewling y Workforce. Se trata de subcontratas que no tienen otro cliente que Ryanair. Esto provoca que en ocasiones trabajadores de un mismo avión, haciendo exactamente lo mismo, tienen contratos con diferentes empresas.

S: Y, hasta ahora, protestar no parecía una opción…

Y.L.: En Bélgica, la CNE encabezó las acciones contra Ryanair. Cada vez que un afiliado tenía un problema, le recibíamos y veíamos que podíamos hacer, ya fuera un asunto de accidentes de trabajo o un problema asociado a los impuestos que se pagan aquí. La máquina represiva de Ryanair se puso rápidamente en movimiento. Al principio de las huelgas, la dirección señaló a los huelguistas como “no-shows” (personas que no se presentan a trabajar, abstentistas), lo cual interfiere claramente con el derecho a huelga. Es algo muy peligroso, ya que después de dos “no-shows” o ausencias, te despiden. De hecho, los propios contratos especifican que si haces huelga, serás despedido, algo que viola el derecho europeo e incluso el irlandés.

Así, un auxiliar de vuelo llegó incluso a hacer una huelga de hambre en Dublín con una lista de reivindicaciones. No recibió ninguna respuesta y fue despedido al día siguiente.

Es un punto muy importante, ya que, aparte del hecho de que los trabajadores reivindiquen que las leyes sociales belgas sean aplicadas, reivindican también que se les reconozca el derecho de defender sus derechos como trabajadores, especialmente el derecho a huelga.

S: ¿Cómo se las arreglaron los trabajadores para actuar, a pesar de todo?

Y.L.: Es complicado, ya que tienen mucho miedo y no se atreven a hacer una huelga una vez que han firmado un contrato con Ryanair. Hace falta mucha valentía por parte de los trabajadores que comienzan a desafiar la prohibición y reaccionan. Nuestra fuerza, aquí, es que se trata de trabajadores jóvenes que se conocen bien, ya que vienen de los mismos centros de formación, suelen vivir en los mismos bloques de pisos, hablan todos inglés – yo mismo, como indefinido, he tenido que ponerme al día con el inglés. De esta manera, empezaron a organizar grupos de debate en WhatsApp donde la gente podía intercambiar opiniones y explicar sus experiencias.

S: Hay mucha simpatía por parte de los pasajeros, que entienden la lucha que se está librando.

Y.L.: Hemos dedicado tiempo y esfuerzo a explicar y sensibilizar a la gente a través de los medios. El público ha entendido que el precio de los billetes de Ryanair tiene un coste social asociado. Es el mismo caso que la ropa que compramos más barata. De lo que se trata en ambos casos es de trabajadores mal pagados. Deseamos, evidentemente, que Ryanair se quede, pero hace falta que sus condiciones de trabajo mejoren. Es por eso que decimos “Ryanair must change” (Ryanair debe cambiar). Porque, mientras sucede todo esto, Michael O’Leary ha ganado 1.500 millones en 2017…

S: Como sindicalista, ¿qué lecciones extraes de esta lucha?

Y.L.: Estoy muy contento con este movimiento, es positivo ver la energía rebelde y la solidaridad tanto entre diferentes generaciones de trabajadores, los viejos y los nuevos, como entre distintos países.

La red social WhatsApp ha sido una herramienta muy útil, algo que me gustaría enseñar a mis compañeros en el sindicato. Por ejemplo, en la lucha por mejorar las condiciones para las ayudas familiares, donde los trabajadores y trabajadoras no han estado en contacto unos con otros.

Ahora tenemos medios de comunicación gratuitos que permiten saber lo que pasa aquí y en otros países de forma instantánea. Aquí, Ryanair no puede propagar mentiras entre la plantilla, algo que antes hacía.

Estoy en muchos grupos, entre los cuales hay uno con el resto de indefinidos, en el que decidimos lanzar la huelga. El primer día de huelga, desde las 5 de la mañana, tenía fotos de los piquetes en Italia, en España… En Italia, O’Leary se vanagloriaba de haber alcanzado un acuerdo con los trabajadores, pero hemos visto que ningún avión despegó durante la huelga. Eso fue determinante para motivar a los trabajadores aquí.

S: ¿Y qué viene ahora?

Y.L.: El 7 de septiembre hay una reunión con las delegaciones del personal de cabina, y veremos si los pilotos se unen al movimiento. El objetivo es ampliar el movimiento a otras secciones.

 

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