Una rivalidad que se incrementa en todos los ámbitos

Barcos de la marina militar estadounidense durante unas maniobras en el Mar de China.
Barcos de la marina militar estadounidense durante unas maniobras en el Mar de China.

Con el repentino aumento de las tasas aduaneras sobre el acero y el aluminio, el gobierno americano ha dado por declarada una guerra comercial mundial. Aunque los europeos parecen los más afectados, China es, sin embargo, la primera implicada, incluso cuando los dos productos afectados no se encuentran entre las exportaciones mayoritarias del “Reino del Medio” 1 a los Estados Unidos. Este episodio es el clímax de veinticinco años de menosprecio del país asiático por los Estados Unidos para convertirlo, a día de hoy, en el enemigo público número uno.

Para los Estados Unidos y sobre todo para sus élites, China representa el enemigo número uno. Del otro lado del Atlántico, algunos se preparan para una guerra total. La batalla, actualmente económica, comercial y tecnológica, corre el riesgo de tomar otra dirección. Ya se pueden ver claramente las premisas.

Un ámbito en particular que analiza permanentemente la Comisión de Vigilancia Económica y de Seguridad de las Relaciones Chino-Americanas es la cuestión militar. En un artículo previo, estudiamos la relación de fuerzas entre las potencias, especialmente en la gráfica 5 y la tabla 3 2. En este estudio podemos ver que los fondos militares americanos se cerca de tres veces más elevados que los de China, incluso a pesar de que esta diferencia tiende a reducirse con el paso de los años.

Los especialistas estiman, sin embargo, que sería indudablemente necesario multiplicar el gasto militar chino por un índice situado entre 2.5 y 4 para hacerse una idea de los verdaderos fondos de los que dispone el ejército chino y asegurar así una mejor comparación 3 Pero, en este caso, también deberíamos adaptar las cifras americanas, que tampoco contabilizan todos los fondos empleados. Chalmers Johnson, por ejemplo, afirma que el presupuesto declarado de los Estados Unidos debería duplicarse porque no tiene en cuenta, por ejemplo, todos los gastos efectuados en Afghanistán e Iraq, porque la energía nuclear corre a cargo del Departamento de Energía, etc 4.

Por lo tanto, la asignación de Defensa de 600.000 millones de dólares representaría unos gastos totales de 1.2 billones de dólares. Si tomamos la cantidad de 225.000 millones para China en 2016 (el último dato disponible) y lo multiplicamos por cuatro, esto supone 900.000 millones. Como muestran el gráfico 5 y la tabla 3 anteriormente citados, el “Reino del Medio” aumenta sus presupuestos militares. Y esto inquieta inevitablemente al Pentágono.

En 2015, Beijing publicó un libro blanco sobre su estrategia militar (China’s Military Strategy). Señala su opción de adaptarse a las condiciones modernas de la guerra, con un equipo tecnológico puntero, capaz de responder en caso de ataques cibernéticos. El gobierno no prevee que se produzcan conflictos a corto plazo. Espero una situación de paz que perdure en la escena internacional 5. Pero el país debe garantizar su seguridad política y su estabilidad social.

Y el documento inaugura así una adaptación china de la célebre locución latina si vis pacem, para bellum 6. Algo que el antiguo comandante de submarino y encargado de estudios en el Centro de Estudios Estratégicos de la Marina Hughes Eudeline interpreta como la posibilidad de llevar a cabo guerras preventivas en caso de afrontar peligros inminantes 7

La base estratégica de Yibuti

En este marco, China estableció su primera base en el extranjero en Yibuti, la antigua colonia francesa. Es un entorno estratégico, vinculado con el golfo de Adén y el mar Rojo. Por aquí pasan la mayor parte de los barcos del este asiático para subir a través del canal de Suez y el Mediterráneo. La construcción de infraestructuras militares comenzó en febrero de 2106. Estas infraestructuras están operativas desde agosto de 2017 y se han destinado allí 400 soldados.

Los militares chinos no son los primeros en desembarcar en este minúsculo territorio de 23.200 kilómetros cuadrados. Es la quinta instalación de este tipo después de la histórica base de Francia, en la que se alojan 1450 soldados; la base de Estados Unidos, la más imponente con 4000 hombres; el pequeño contingente japonés de 180 soldados implicados en las fuerzas especiales de autodefensa; y una base italiana que puede acoger hasta 300 hombres. Adicionalmente, España utiliza una pequeña parte de las instalaciones francesas para sus propias tropas aéreas. Los Emiratos Árabes Unidos disponen también de una base cercana, en Assab (Eritrea), desde donde pueden enviar sus aviones a Yemen en el marco de la coalición dirigida por Arabia Saudí para combatir a los hutíes, aliados de Irán. Abrirán también otra instalación en Berbera (Somaliland), igualmente próxima a Yibuti. Y Arabia Saudí cuenta con erigir una dentro de poco en la pequeña República de Yibuti.

Beijing espera contar, no obstante, con una ventaja mayor: después de cinco años, sus empresas han investigo 14.000 millones de dólares, a la vez para desarrollar las infraestructuras locales (puerto de Doraleh, aeropuerto de Bicidley…) y las vías hacia la vecina Etiopía, donde China ha realizado también importantes inversiones (tuberías de agua, línea ferroviaria Addis-Abeba-Yibuti…). De nuevo, es el China Exim Bank el que ha financiado estas iniciativas. Yibuti es por tanto un centro neurálgico y algunas fuentes afirman que China podría enviar hasta 10.000 hombres a este enclave africano para 2026 8. Ya ha enviado allí los tanques más modernos jamás utilizados en África (los modelos 095 y 90-II). 9

Los más indignados por este despliegue son incontestablemente los americanos. Estos han tenido que trasladar su centro secundario a Obock para dejar sitio a los chinos. El presidente de Yibuti, Ismaïl Omar Guelleh, hace referencia a este asunto en una entrevista ofrecida a Jeune Afrique: “Sé que esta obsesión por la presencia china existe. Pero es tanto infundada como unilateral. Los chinos no tienen ningún problema en cohabitar con los occidentales en Yibuti, con la condición de que no se espíen constantemente sus instalaciones. Los americanos, por el contrario, tienen una fijación con el tema. Nos insisten constantemente que esta presencia china les provoca molestias en sus operaciones. En realidad, la base china en construcción en Doraleh, que linda con el nuevo muelle y la nueva zona franca, no acogerá más de cuatrocientos hombres”. 10

El Pentágono sitúa otro argumento: la base de Yibuti es el primer paso hacia la apertura de muchas otras. 11 Esto, seguramente, no sea una mentira. Existen ya negociaciones para la instalación de una segunda base china en Namibia, en Walvis Bay. También están teniendo lugar conversaciones similares en Pakistán, cuyo puerto en Gadwar puede que ya esté siendo utilizada por la marina china. Otra instalación estaría ya confirmada en Afganistán. 12 Asimismo, Beijing acaba de botar su segundo porta-aviones, enteramente construido en el país, y se prepara para construir un tercero, una operación que podría realizarse en el puerto de Doraleh.

Pero esta inquietud americana está bastante fuera de lugar, teniendo en cuenta que los Estados Unidos cuentan con el mayor continente de soldados en el extranjero: cerca de 200.000 hombres repartidos en más de 800 bases en 177 países a través del mundo. Las mayores concentraciones de militares americanos se encuentran en Japón con 39.300 hombres y en Corea (23.400), pero también en Alemania (34.800) y en Italia (12.100). Esta representación repartida por todo el planeta constituye una sexta parte del presupuesto americano de Defensa, representando entorno a 100.000 millones de dólares. 13

Está claro, sin embargo, que sus crecientes intereses en el extranjero obligan a China a protegerse. La situación que se produjo en Libia con el ataque franco-británico, sostenido por Washington en 2011, provocó un trauma en el imaginario de los responsables chinos. Hizo falta evacuar 10.000 ciudadanos del atolladero libio en pocos días. Con bases repartidas por todo el mundo, especialmente en Yibuti, un movimiento de estas características sería más sencillo.

El libro blanco sobre la estrategia militar señala este nuevo reto para Beijing. Muestra claramente su voluntad de “salvaguardar la seguridad de los intereses de China en el extranjero”. 14 Los proyectos de instalaciones militares en Pakistán y en Afghanistán se inscriben por completo en la necesidad de asegurar la estabilidad de una parte de las nuevas rutas de la seda, en particular su corredor número 3, el que conecta Kachgar con Gadwar, y uno de los más peligrosos como se señaló en el artículo “Las nuevas rutas de la seda: la pesadilla de Brzezinski pasa por Asia Central”.

Las energías básicas para el futuro desarrollo económica del país suponen también un problema. Así, China ha invertido en más de cuarenta países para garantizar su aprovisionamiento. En 2016, dependía en un 64% de las importaciones para cubrir su demanda de petróleo. La cifra debería aumentar a un 80% en 2035, según la Agencia Internacional de la Energía. En cuanto a gas, China importa un 36% de su demanda, y esta cantidad debería convertirse en un 42% para 2035. 15

La posición militar de China

Para defenderse, China se apoya también en una coalición principalmente militar con un conjunto de países de Asia Central. Al principio, se trataba del grupo de los cinco de Shanghai, creado justo después de la caída de la URSS, en 1992, entre China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán y Tajikistán. En 2001, esta asociación, la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO según sus siglas en inglés 16) se oficializa con un Secretariado y un Comité Interministerial, con la participación de Uzbekistán. En 2017, India y Pakistán también se incorporan.

En Julio del 2005, la SCO exigió la retirada de las tropas americanas de sus Estados miembro, es decir, de aquellas destinadas en Kirguistán y Uzbekistán, en especial en el contexto posterior al 11 de Septiembre y a la guerra de Afghanistán. Algunas semanas más tarde, el gobierno uzbeko exigía la liberación de la base de Karshi-Khanabad: el ejército americano abandona el país en un plazo de seis meses. 17 Para Kiguistán, este proceso se prolongó algo más, con el cierre de la base de Manas en 2014. De esta manera, Estados Unidos se quedaba sin instalaciones fijas en Asia Central.

Las intervenciones militares permanente, ya sea en Serbia, en Afghanistán, en Iraq, en Libia, en Siria, sin contar los ataques puntuales en Somalia, representan una ventaja manifiesta de los americanos. China no comparte esa postura. Utiliza las misiones de la ONU para aprender las condiciones del conflicto concreto. Desde 2008, China es el país que proporciona más soldados a los Cascos Azules 18. Suman 2500 en África, en particular en Sudán del Sur (1052), Liberia (666) y Mali (402). 19

Existe una corriente belicista en China. Liu Mingfu, coronel en la reserva, que da clases en la Universidad Militar Nacional, escribió un libro incendiario, publicado en 2010, cuyo título permite inmediatamente hacerse una idea bastante clara sobre el contenido: El sueño de China: pensar como una gran potencia y el posicionamiento estratégico de China en la era post-americana. 20 En él, defiendo en particular que Beijing debería concebir la posibilidad de reemplazar a Washington como líder mundial. Para ello, debería construir un Ejército a la altura de su ambición.

Pero, por norma general, la línea china es bastante más comedida. Como escribe Wang Jisi, directos de estudios americanos en la Academia China de Ciencias Sociales: “Según la dirección del Partido Comunista, el objetivo estratégico de China es convertirse en una nación socialista moderna rica, poderosa, democrática, civilizada y armoniosa de aquí a 2049, para el centenario de la fundación de la República Popular.” 21 Esto implica no dar demasiados banzados y centrarse sobre todo en las fuerzas económicas favorables que impulsan inexorablemente el país hacia el liderazgo mundial. Los tiempos económicos juegan en favor de Beijing.

Wang Jisi desarrolla: “Es parte del interés chino contribuir a un entorno internacional pacífico. China debería buscar soluciones pacíficas a los problemas residuales de soberanía y seguridad, incluidos los diferentes territorios de conflicto entre ella y sus vecinos”. 22 En el mismo artículo, precisa: “Lo mejor que Pekín podría hacer sería reforzar sus lazos económicos con las grandes potencias, al tiempo que minimizar las probabilidades de una confrontación militar y política con ellas”.

Esta misma posición se observa en los objetivos generales lanzados por Beijing: “El objetivo estratégico nacional de China es convertirse en una sociedad moderadamente próspera en todos los aspectos de aquí a 2021, cuando el PCCh celebrará su centeraio; y la construcción de un país socialista moderno, próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado y armonioso de aquí a 2049, fecha en la cual la República Popular de China celebra su centenario.” 23

Esto no impide en modo alguno que el gobierno chino trace fronteras un poco arbitrarias para delimitar el espacio en el cual el Estado sería autónomo y podría intervenir a su modo. El almirante Liu Huaqing definió estos puntos límites en su política de las “tres líneas de islas”, elaborada entre el final de la década de los 80 y 2004. Según ésta, China debería asegurar su control en primer lugar sobre sus propias costas; posteriormente sobre los mares de China para 2020; y finalmente sobre una zona de alta mar para 2050. Se han dibujado en el mapa siguiente los espacios que definen los diferentes horizontes.

Encontramos en primer lugar las propias costas de China. Después, encontramos la primera línea roja que delimita un espacio que incluye las islas cuya soberanía está disputada con Japón en el mar de China oriental, hasta Taiwan y sobre casi toda la totalidad del mar de la China meridional. Es innecesario señalar que estas reclamaciones territoriales y de “barreras vitales” son muy mal percibidas por los estados vecinos, entre otros Japón, Filipinas y Vietnam, con los cuales hay a menudo escaramuzas y querellas diplomáticas.

La isla de todos los peligros

El caso más espinoso es el de Taiwan. Isla ocupada por los japoneses desde 1895 hasta 1945, es aquí donde Jiang Jieshi24 se refugió después de su derrota en 1949. Este señor de la guerra, a la cabeza del Kuomintang, se instaló en la isla a través de un régimen dictatorial protegido bajo el paraguas americano.  25 Para el gobierno de Beijing, este territorio forma parte de China y debe volver a la madre patria.

De hecho, las fuerzas militares continentales podrían invadir Taiwan. Pero si este fuera el caso, Washington intervendría en nombre de un tratado de seguridad que data de 1979. En repetidas ocasiones, las autoridades de la isla han remarcado su voluntad de mantener su independencia, lo que provoca tensiones con las autoridades chinas. Es un terreno evidentemente sensible.

Entre 1994 y 1996, la crisis llegó a su apogeo. Los chinos organizaron operaciones militares en el estrecho de Formosa. 26 El presidente americano, en la época de Bill Clinton, recibió al presidente de la isla prácticamente como a un Jefe de Estado. En 1996, unidades de misiles chinos se aproximaron al territorio taiwanés. Las autoridades militares indican directamente su intención de no atacar. Pero muchas personalidades de la derecha ultraconservadora como Richard Armitage, Paul Wolfowitz o Lewis Libby enviaron una carta a Clinton para denunciar su política blanda de permisividad con los chinos. El asunto no fue a más.

Pero está claro que existe un punto de fricción que sería fácil instrumentalizar para desencadenar un conflicto, que se transformaría de forma inmediata en una conflagración mundial. Los dos periodistas autores del libro sobre la próxima guerra con China escribieron, de forma muy lógica: “Es forzoso constatar que si los Estados Unidos no se implican e intervienen en caso de un conflicto chino-taiwanés, nada dominará las ambiciones dominadoras de China en el extremo oriente.” 27 De ahí la necesidad de Washington de reaccionar.

Los dos autores imaginan un escenario en el cual Beijing habría decidido invadir Taiwan en 2004. 28 Las operaciones empezarían con un bloqueo. Taipei exigiría la ayuda americana, que la Casa Blanca no podría rehusar. Esto la situaría cara a cara frente a una China sobre armada y agresiva. Los periodistas quieren evitar esta hipotética situación y por tanto hace un llamamiento a adoptar una posición firme frente al “Reino del Medio”. Hipótesis que por otro lado no se ha cumplicado en ningún momento hasta el día de hoy, pero que enciende un sentimiento anti-chino entre la población americana.

No es gratuito, por tanto, que las partes de los informes de la Comisión encargada de realizar el seguimiento de China relativas al asunto de Taiwan ponen también en relieve las posibilidades de fricción. Sería suficiente con un único paso en falso para desencadenar una catástrofe planetaria de la cual la Humanidad apenas podría reponerse. Esta es la más grave de las opciones que Donald Trump tiene sobre la mesa. 29

De ahí que en Washington encuentren hueco nuevamente los más duros de entre los partidarios de la línea dura, que afirman que la mejor manera de detener la progresión de China puede ser provocarla en el terreno militar, allí donde la ventaja sigue estando del lado americano. Existe una visión en parte de la élite americana por la cual aquello que es bueno para Beijing es, en realidad, desastroso para los Estados Unidos. Esto es lo que declaró literalmente Robert Lighthizer, representante americano de comercio, delante del Senado en marzo de 2018: “Si China domina el mundo, es malo para América.” 30

Es por ello que Donald Trump ha lanzado su cruzada comercial, aunque los asuntos que le motivan sobrepasan en gran medida el aspecto de las relaciones económicas entre los dos Estados. Como comentó el antiguo consejero del presidente Steve Bannon, en su línea cínica pero lúcida: “Estados Unidas y China están embarcados en una ‘guerra económica’ al fin de la cual no puede haber más que un solo ganador”. 31

Esta guerra iniciada por Estados Unidos corre el riesgo de volverse contra ellos. Esta es la advertencia de Chalmers Johnson, antiguo agente de la CIA y especialista en Asia, que escribe: “Lo llamemos mundialización, consenso de Washington, ‘soft power’ o la ‘nación indispensable’, la idea siempre apela a la necesidad de mantener un orden mundial inspirado, financiado y dirigido por los Estados Unidos. Incluso aunque esta actitud hegemónica cara a cara con Alemania, Japón, América Latina, Rusia o Naciones Unidas no resultará probablemente en nada más que extensiones imperiales y un probable declive a largo plazo de los Estados Unidos, las tentativas americanas para imponer su hegemonía en China tienden hacia escenarios más explosivos y están en cualquier caso abocados al fracaso”. 32 De acuerdo con él, siendo China la nación con más población y cuya economía crece a mayor velocidad, es ilusorio pensar que es posible “contenerla”. Washington, como el resto, sólo podrán adaptarse a ella. 33

La próxima guerra… que no llega nunca

Después de más de dos siglos, un buen número de libros han abordado la cuestión de la guerra y los conflictos armados. En su manual de estrategia titulado Sobre la Guerra, escrito después de la época napoleónica, el general prusiano Carl von Clausewitz reveló un principio que se ha vuelto célebre: “La guerra no es más que la prolongación de la política por otros medios”. Desde entonces, los polemistas intentarn encontrar con la clave que, en pro de la prolongación de los intereses de la nación, podría llevar a una conflagración generalizada. Desde 1914, se sabe que una chispa puede en ocasiones prender todo un continente.

Así, en 1991, George Friedman, fundador de Stratfor, sociedad privada americana que trabaja en el ámbito de la información, publicó junto a su mujer Meredith LeBard una obra titulada The Coming War With Japan. 34 Después de la caída de la URSS, los Estados Unidos buscan un nuevo adversario. En ese momento, el archipiélago nipón es un candidato claro para ese papel. Su crecimiento desde los años 50 es excepcional. Las multinacionales japonesas ganan la mano a sus pares americanas. Algunas de ellas ya dominan sus respectivos sectores. Tienen métodos de producción industrial eficaces, que las empresas americanas tienen dificultades para reproducir en sus propias plantas. En 1991, los bancos y las finanzas del Imperio del Sol Naciente difunden sus considerables recursos por todo el planeta.

Pero Japón está a punto se afrontar la crisis más larga de su historia. Después de un período de desarrollo fulgurante, el país se instala en una depresión permanente, de la cual no ha terminado de salir nunca realmente. Dos factores van a perturbar el auge nipón, que parecía inexorable.  En primer lugar, si Tokyo se presenta como un gigante económico, es un enano política y militarmente hablando, al igual que Alemania – pero no dispone de nada parecido a la Unión Europea. El gobierno japonés no puede imponer sus empresas como, por ejemplo, Washington sí puede hacerlo gracias a sus fuerzas armadas dispersas a través del mundo. En segundo lugar, frente a la dominación nipona, las compañías americanas eligieron bien deslocalizar su producción al extranjero, en particular hacia el tercer mundo, bien aprovisionarse directamente allí. Beneficiándose de una mano de obra accesible para fabricar los productos de gama baja como ropas o bienes electrónicos corrientes, pueden competir de nuevo, al menos en las ramas de tecnología puntera, con las multinacionales japonesas, poco globalizadas y cuya producción tiene lugar casi en su totalidad en el propio archipiélago.

Nada parece indicar por tanto que la previsión de los dos periodistas Richard Bernstein y Ross Munro, que redactaron The Coming War With China, será adecuada. 35 Pero sus argumentos mantienen su rumbo. Beijing posee capacidades militares que pueden rivalizar parcialmente con las de los Estados Unidos. Al contrario que Japón, no está sometido por la Casa Blanca por un acta de dependencia defensiva. Desde luego, sus empresas no se benefician de un sistema de producción más eficaz, pero si aprovechan un sistema de financiamiento generoso que les permite llevar a cabo rápidos procesos de acumulación. También tienen el ejemplo japonés, que procedió a organizar su crecimiento económico a partir de una regulación estatal y que China tiene bien en cuenta a la hora de inspirarse.

Pero los Estados Unidos tienen sin duda más de un as en la manga. Y una guerra anunciada que, sin embargo, no llega nunca. Puede tomarse como muestra la excelente obra de Ludwell Denny, periodista americano, en 1930, cuyo título era América conquista Inglaterra. 36 Anunciaba, no sin pruebas para sostenerlo, que el destino de la humanidad se dirigía hacia una guerra mundial entre Estados Unidos y Gran Bretaña: “Una guerra entre América e Inglaterra es más probable que una guerra entre América y cualquier otra potencia”. 37

Desde luego, si nos limitamos a comparar las dimensiones de las Islas Británicas con las de su antigua colonia, la diferencia es flagrante. Pero en la época, Londres disponía aún de un vasto imperio colonial. Como escribe Ludwell Denny: “La unión económica imperial, que parece ser el único medio de salvar Inglaterra, es también el único medio para intensificar la guerra económica anglo-americana. Una de las principales razones que impiden que el conflicto económico anglo-americano se convierta en un conflicto armado es la incomparable superioridad americana. Pero si dos grupos económicos de poder prácticamente igualados se encontraran en conflicto, la guerra no tardaría en estallar.” 38 Añade: “No hay lugar en el  mundo para dos imperios como el imperio británico y el imperio americano. O bien Inglaterra se inclinar pacíficamente ante la superioridad americana, o bien será coaccionada por las armas”. 39

No faltan ejemplos de tensión entre los dos estados. El control sobre las materias primas se intensifica a escala planetaria. Da igual el producto, sea carbón, petróleo o caucho, las multinacionales británicas se enfrentan a las compañías americanas, tan ávidas como ellas, por hacerse con el control de los terrenos mineros y sus riquezas, sin consideración alguna por las poblaciones locales y sus necesidades.

Lo que resulta interesante para nuestro propósito es la descripción que hace el autor de las intervenciones del gobierno americano en esta lucha fratricida contra la antiga metrópolis. Sin peligro de equivocarnos, podemos claras similitudes con lo que los americanos reprochan hoy en día a los chinos. Efectivamente, vemos a un Estado maniobrar para ofrecer a sus empresas las armas para ganar las batallas en su propio territorio y en el extranjero.

El director de esta obra no es un desconocido. Se trata de Herbert Hoover, quien durante la Primera Guerra Mundial se encargó del abastecimiento de las poblaciones bajo ocupación alemana, en particular la de Bélgica, y que se convirtió en el desgraciado presidente cuyo mandato quedó marcado por el crack de Wall Street en 1929. Pero, entre el 5 de marzo de 1921 y el 21 de agosto de 1928, será el terrible Secretario de Comercio que va a tomar partido por las multinacionales americanas.

Ludwell Denny detalla sus tejemanejes: “M. Hoover reorganizó su departamento convirtiéndolo en un gran servicio de información y una gran escuela de entrenamiento para el comercio americano. Situó la idea del comercio exterior en la cabeza de los banqueros e industriales americanos, pequeños y grandes. Escogió a jóvenes de las Universidades y las Escuelas Técnicas para completar el personal de su organización de tiempos de la guerra, y los convirtió en una fuerza de choque para el avance económico americano en el mundo. A medida que completaba su formación, les iba colocando como expertos económicos en los bancos y en las grandes sociedades, e iba formando a otros para el servicio público. Así se creó el personal destinado a hacer funcionar el nuevo imperio americano.” 40

Pero esto no es todo: “Al mismo tiempo, M. Hoover organizaba a los productores americanos en competencia en grupos comerciales de cooperación y les persuadía mediante entrevistas personales, propaganda escrita y presión gubernamental, predicando sobre el nuevo evangelio para la eliminación del despilfarro, de la serialización, la especialización, la estandarización, el cálculo de los precios de coste, la investigación científica, el diagnóstico comercial, la producción en serie y la eficiencia capitalista. En una palabra, M. Hoover consiguió la americanización de América, que hasta entonces no había sido más que el sueño de algunos americanos y la pesadilla de muchos europeos.” 41

En otras palabras, Herbert Hoover organizaba los sectores no según la sacrosanta libre competencia, sino según un plan elaborado para las empresas americanas en su lucha contra sus rivales extranjeros. Lo mismo que las autoridades americanas denuncian hoy sobre China, como lo hicieron antes en los años 70, 80 y 90 contra Japón.

Es importante recordar que en aquella época los Estados Unidos también tenían una de las tarifas aduaneras más altas del planeta. En 1928, el 34% de los mercancías se veían afectadas, y, de media, el porcentaje de aumento exigido se elevaba al 40.6%, lo que convertía al país en uno de los más proteccionistas. La ley en vigor, establecida en 1922, había sido concebida “con la intención determinada de golpear a nuestros competidores extranjeros y en particular a Inglaterra.” 42 Y, el 30 de junio de 1930, la ley Smooth-Harley endurecía aún más esta política proteccionista.

En 1929, Gran Bretaña y otros 28 países se quejaron de esta política aduanera, a medida que iban comprando cada vez más productos americanos. Washington replicó que no eran el único país en imponer tarifas elevadas. 43

Es interesante constatar que, con el objetivo de romper la alianza que existía entre Londres y Tokyo, los Estados Unidos tomaron la decisión de no instalar bases militares en la isal de Guam en el Pacífico, y en las Filipinas, a pesar de que tuvieron la ocasión. Hicieron algo mejor: prepararon barcos para ayudar a los japoneses a invadir Manchuria. 44 Podemos ver a donde ha conducido esta política.

Las críticas proferidas por los neoconservadores hoy en día contra Beijing – y repetidas en coro por todo el establishment americano – no tienen por tanto poco valor. Denuncian prácticas que los Estados Unidos han utilizado extensamente en su momento para alcanzar el papel de líderes del planeta que aún ocupan. Washington puede quejarse de que las empresas chinas hacen espionaje industrial, que piratean productos del mundo entero, que usan fallos del sistema informático para hacerse con datos confidenciales… Pero el Pentágono usa los mismos medios a gran escala, con su oficina de información, la NSA, que capta todos los datos de comunicación enviados en el mundo. Esto le permite saber como tal empresa extranjera ha conseguido tal contrato de tal Estado y aconsejar a la multinacional americana competidora para finalmente lograr la victoria en el concurso.

En realidad, el objetivo de Ludwell Denny es prevenir a las poblaciones de lo que les espera con este desarrollo de la competencia despiadada, de batallas comerciales que pueden desembocar en conflictos armados. Su mensaje no ha perdido su valor. Escribe, de hecho: “Si los pueblos de Europa hubieran comprendido que las causas que empujaron a sus naciones a la guerra no eran en absoluto conflictos espirituales entre los Hunos y los Elegidos del Señor, sino luchas económicas por el hierro, el carbón, el petróleo, las materias primas coloniales, los excedentes de población y las oportunidades, el dominio sobre el mar, etc, ¿habrían consentido el enfrentamiento? Es posible. Pero solo el conocimiento por parte de la opinión pública de estas causas y de estos objetivos de guerra podría impedir una guerra anglo-americana. Las otras garantías de paz son insignificanters comparadas con esta garantía.” 45 Y aún añade: “El peligro de guerra existe. Una lucha feroz se libra por las oportunidades, las materias primas, por la supremacía financiera. Pero esta lucha no constituye el peligro más grave. El peligro es la ignorancia de los pueblos. Creen que los conflictos internacionales pueden gestionarse mediante armadas y marines. Aún creen que es posible ganar en una guerra.” 46

Evidentemente, los acontecimientos no se desarrollaron como lo había previsto este periodista. Fuerzas más oscuras aún aparecieron en Europa para restaurar el prestigio del país derrotada en la guerra de 1914-1918. Alemania aspiraba de nuevo a la hegemonía mundial y terminó por enfrentarse tanto a Inglaterra como a Estados Unidos. Encontró en Japón un aliado circunstancial, que compartía un deseo similar, aunque en un continente distinto.

Hoy, es posible estimar que la amenaza más grave es un conflicto entre China y Estados Unidos. Parafraseando a Ludwell Denny: “Una guerra entre América y China es más probable que una guerra entre América y cualquier otra potencia.” ¿Pero quien sabe qué puede ocurrir? ¿Que nuevas fuerzas oscuras podrían aparecer? ¿Y no acabaremos encontrándonos con hostilidades mayores entre otros Estados, como por ejemplo Rusia y la coalición occidental? La situación en Siria, donde cada Estado mueve sus peones eventualmente en detrimento del resto, en el centro de este Oriente Medio tan estratégico, ¿no puede degenerar y transformarse progresivamente en una conflagración generalizada?

Perspectivas de futuro no halagüeñas

Los acontecimiento recientes no sirven precisamente para tranquilizarnos en lo relativo al estado del mundo. Dos imperios se disputan de nuevo la hegemonía mundial. China es la potencia al alza, su desarrollo económico progresa inexorablemente. Igualmente, refuerza su presencia política y militar en el mundo.

Los Estados Unidos son una potencia en declive. Disponen aún de una cierta ventaja, pero esta se va estrechando con el paso del tiempo y esto inquieta a la clase dominante americana. De ahí que se haya producido una división en su seno que ha terminado con la llegada de hombres más belicosos a la jefatura del Estado.

Desde luego, no se trata de un imperio según la antigua acepción, con una metrópolis que controla, dirige y administra territorios cada vez más grandes, como en tiempos de las colonias. Pero se libran batallas para atraer hacia el campo propio a uno u otro país, para favorecer tal o cual solución que satisfaría a sus empresas con la perspectiva de jugosos contratos. Las escaramuzas no son menos numerosas y los combates no son menos duros, especialmente entre los Estados más pobres del planeta que no tienen apenas posibilidades de resistirse ante la política de palo y zanahoria que les ofrecen las dos potencias.

Podríamos creer que el hecho de que China sea el poder en auge la convertiría también en la más agresiva, a fin de reducir la distancia con su competidor. Este era efectivamente el caso al principio del siglo XX, porque las codiciadas colonias aseguraban un mercado doméstico enteramente bajo control. Por tanto, era necesario correr para obtener, o más bien arrancar, la mayor parte de territorios bajo la propia jurisdicción. De ahí la búsqueda incesante de regiones que conquistar a partir de la década de 1870 que describimos en un número de Gresea Échos. 47

La situación actual es diferente. Los mercados ya no son espacios tan cerrados. Teóricamente, aquel que hace la oferta más interesante y menos cara tiene posibilidades de hacerse con el control. Y, en este aspecto, las empresas chinas tienen mucha ventaja.

Es por tanto la potencia en retroceso la que se desvela como la más feroz a la hora de defender su patrimonio. Es ella la que insiste por el respeto integral de las normas internacionales, escritas o no, que ella misma ha impuesto al mundo. Es ella la que amenaza permanentemente con recurrir a la fuerza. Es ella la que lo hace más a menudo, de hecho. Durante los treinta últimos años, los Estados Unidos se han implicado en 13 conflictos de considerable envergadura que han supuesto un coste total de 14.2 billones de dólares. 48 Barack Obama, que no es el presidente americano más belicoso de las últimas décadas, fue el primero que no tuvo ninguna época de paz durante su mandato. 49

También hay mitos que persisten, según los cuales, por ejemplo, los países tienen demasiados lazos entre sí como para declararse la guerra, en particular considerando las importantes relaciones comerciales entre China y los Estados Unidos. Esta hipótesis fue planteada por Norman Angell en un libro, La Grande Illusion 50, publicado en 1910, es decir, cuatro años antes del comienzo de la Gran Guerra. Hoy en día, del lado americano, nos dicen que las democracias no recurren a las armas para resolver sus problemas. Podemos discutir el término de democracia que dan por supuesto los autores de este argumento. Si consideramos por esta idea estar de acuerdo con Washington, el razonamiento es casi una tautología. Pero, si tomamos lo que en general los propios responsables incluyen en esta categoría, entonces esta conclusión ya fue refutada en 1914. Los parlamentos alemán y francés votaron con grandes mayorías la aprobación de los créditos de una guerra que creían corta, pero que terminó revelándose como catastrófica.

No siempre tiene por qué suceder lo peor. Pero retomemos las palabras de Ludwell Denny: las causas de las guerras son frecuentemente de orden económico o geoestratégico para permitir a una potencia y a su clase dirigente avanzar hacia la hegemonía; los pueblos deben saberlo y deben comprender igualmente que nunca saldrán victoriosos de estos conflictos.

Notas

  1. NdT: Traducción literal del nombre de China en mandarín
  2. Henri Houben, « Pourquoi avoir permis l’élection de Donald Trump ? », étude Gresea, 26 avril 2018 : http://www.gresea.be/Pourquoi-avoir-permis-l-election-de-Donald-Trump.
  3. Jean-François Susbielle, Chine-USA. La guerre programmée, Éditions Générales First, Paris, 2006, p.251.
  4. Chalmers Johnson, Nemesis. The Last Days of the American Republic, Metropolitan Books, New York, 2006, p.277.
  5. Council of State, China’s Military Strategy, The State Council Information Office of the People’s Republic of China, mai 2015, p.4.
  6. “Si quieres la paz, prepárate para la guerra
  7. Hughes Eudeline, Pékin : scénario d’unification par la force », in Michel Korinman (dir.), Les leçons de Donald Trump, éditions L’Esprit du Temps, Bègles, 2017, p.381.
  8. Le Monde{}, 17 de julio de 2017.
  9. Le Monde{}, 5 de febrero de 2018.
  10. Jeune Afrique{}, 4 de abril 2017.
  11. La Tribune Afrique{}, 10 de octubre de 2017.
  12. Le Monde{}, 5 de febrero de 2018.
  13. Ouest France{},‎ 25 de abril de 2017.
  14. Council of State, op. cit., p.9.
  15. US Office of The Secretary of Defense, « Military and Security Developments Involving the People’s Republic of China 2017 », Annual Report to Congress, p.43 : https://www.defense.gov/Portals/1/Documents/pubs/2017_China_Military_Power_Report.PDF.
  16. Shanghai Cooperation Organisation.
  17. Jean-François Susbielle, op. cit., p.216.
  18. Serge Michel, « Vers une collision en Afrique », in Le Cercle Turgot, Chinamérique : un couple contre-nature, éditions Eyrolles, Paris, 2011, p.199.
  19. Le Monde{}, 17 de julio de 2017.
  20. China Dream : The Great Power Thinking and Strategic Positioning of China in the Post-American Era.
  21. Wang Jisi, « China in the Middle », The American Interest, volume 10, n°4, 2 de febrero de 2015 : https://www.the-american-interest.com/2015/02/02/china-in-the-middle/.
  22. Wang Jisi, « China’s Search for a Grand Strategy », Foreign Affairs, volume 90, n°2, marzo-abril de 2011.
  23. Council of State, op. cit., p.7.
  24. En castellano se emplea habitualmente el nombre de Chiang Kai-shek
  25. Tras la muerte del dictador en 1975, el régimen se fue democratizando progresivamente
  26. Formosa es el nombre que dieron los portugueses a esta región al descubrir la isla de Taiwan
  27. Richard Bernstein & Ross Munro, Chine-États-Unis : danger, éditions Bleu de Chine, Paris, 1998, p.195.
  28. Recordemos que su libro data de 1997
  29. Mención aquí a la confrontación entre Donald Trump y Kim Jong-Un para señalar quien podría desencadenar las hostilidades nucleares
  30. « How ‘Made in China 2025’ Frames Trump’s Trade Threats », Bloomberg News, 10 avril 2018.
  31. The Financial Times{}, 20 août 2017.
  32. Chalmers Johnson, Blowback. The Cost and Consequences of American Empire, Time Warner, Londres, 2002, p.147.
  33. Chalmers Johnson, op. cit., p.230.
  34. La futura guerra con Japón
  35. Le contenu de leur ouvrage a été traité dans l’article Henri Houben, « La Chine : ennemi numéro 1 de Washington », La Mayoría, 9 de octubre de 2018 : China: el enemigo número uno de Washington.
  36. En inglés, America Conquers Britain
  37. Ludwell Denny, L’Amérique conquiert l’Angleterre, éditions Gallimard, Paris, 1933, p.7.
  38. Ludwell Denny, op. cit., p.74.
  39. Ludwell Denny, op. cit., p.262.
  40. Ludwell Denny, op. cit., p.53.
  41. Ludwell Denny, op. cit., p.54.
  42. Ludwell Denny, op. cit., p.57.
  43. Ludwell Denny, op. cit., p.59-60.
  44. Ludwell Denny, op. cit., p.116.
  45.  Ludwell Denny, op. cit., p.24.
  46. Ludwell Denny, op. cit., p.25.
  47. La Première Guerre coloniale mondiale, Gresea Échos, n°79, 2014 http://www.gresea.be/La-Premiere-Guerre-coloniale-mondiale.
  48. James O’Neill, « One Belt, One Road, le nouveau paradigme géopolitique », in Michel Korinman (dir.), op. cit., p.340.
  49. James O’Neill, op. cit., p.339
  50. NdT: La Gran Ilusión
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