Ford pone al borde del abismo a su plantilla en Valencia y en toda Europa

Aplica un ERTE en la planta valenciana de Almussafes y prepara una dramática reestructuración a nivel europeo con un previsible perjuicio a sus trabajadores.

don´t touch my Job. Ford Almussafes

En todas estas grandes empresas nos han educado para que creamos que vivimos en una familia, en la que no hay distinción entre trabajadores, directivos y accionistas. Estos directivos y accionistas nos tratan con un paternalismo que realmente esconde el control de la empresa con un solo fin, que en nada está relacionado con el bienestar de los trabajadores.

Desde hace unos meses los directivos y accionistas de Ford vienen amenazando a la plantilla valenciana y a la del resto de Europa con la reestructuración de las plantas de producción para mejorar en costes, es decir, mejorar los ya abultados 7.600 millones de dólares en beneficios netos obtenidos en 2017.

Esto ya está suponiendo en Valencia un ERTE de 22 días, aparte de los parones ya realizados. Pero lo peor está por llegar. Parece el chispeo antes de la tormenta. La reestructuración puede suponer el cierre de plantas o de líneas de producción en diversos lugares. En todos los casos supondría un reguero de despidos, con el consiguiente aumento de la intensidad del trabajo para los que se quedan. Unos ritmos de trabajo de los que ya se quejan los sindicatos, junto a la falta de personal.

¿Y ahora dónde queda la familia Ford? Así, es fácilmente observable que a la dirección de la empresa no le importa la “familia” Ford. No le importa el agotamiento físico, no le importa que familias trabajadoras de Ford queden rotas por la pérdida del empleo, no le importa que la comarca valenciana de Almussafes pueda quedar deprimida por el cierre de una línea productiva o de toda la planta, como pasó en la belga de Genk. Abandonarían así a sus hijos, a su familia, esa que tanto dicen defender. Solo importa que esos accionistas obtengan un determinado beneficio y sean competitivos con respecto a los demás para copar el mercado y seguir enriqueciéndose.

No existe la familia “Ford”. Solo existe nuestra familia, la familia de los trabajadores de Ford, pero no están solos en esa familia. También están los trabajadores de PSA, de Volkswagen, de Nissan-Renault, de ArcelorMittal, de Alcoa, etc. Es decir, somos la familia de los trabajadores.

La familia de trabajadores no “deja en el arroyo” a ninguno de los suyos. Trabaja y lucha por darles un futuro, una buena vida. Quiere conseguir un futuro laboral esperanzador para toda la región y para todo el país. Quiere garantizar el futuro y el bienestar por encima de los abultados beneficios de un puñado de accionistas.

En lo concreto, la familia de trabajadores, fuertemente unida, protege el empleo impidiendo los despidos, protege las condiciones salariales evitando las congelaciones o los recortes, protege el la salud de los suyos controlando los ritmos de trabajo, etc., mediante su acción sindical.

Y, la familia de trabajadores, fuertemente unida, garantiza su futuro laboral y de la región nacionalizando las empresas, mejora sus condiciones laborales aprobando un Nuevo Estatuto de los Trabajadores que dificulte los despidos y garantice los niveles salariales, protege su salud y su bienestar implantando una legislación en materia de seguridad que ponga al trabajador por encima y obligue a su cumplimiento con una inspección de trabajo más extensa, etc., mediante su acción política.

Ford Almussafes es viable y rentable, obtiene beneficios. Tanto Ford como toda la industria automovilística española son clave para la economía y para los trabajadores. Por ello, hay que protegerlas con la intervención y las inversiones del Estado para evitar que los accionistas las desmantelen, y con ellas los puestos de trabajo con los que viven tantas familias trabajadoras.

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