¿Qué proyecto de clase representa VOX?

La irrupción de VOX y otras facciones radicales de la derecha política con implantación de masas requiere analizar el fenómeno desde un punto de vista materialista y dialéctico.

Asistentes al acto de VOX La España por venir, el 10 de marzo de 2018. La base de votantes de VOX está compuesta por una mezcla de clases medias, profesionales liberales y pequeños y medianos empresarios. Foto: Flick VOX.
Asistentes al acto de VOX La España por venir, el 10 de marzo de 2018. La base de votantes de VOX está compuesta por una mezcla de clases medias, profesionales liberales y pequeños y medianos empresarios. Foto: Flick VOX.

La narrativa convencional de la izquierda sobre el partido VOX nos habla de fascismo, racismo, odio, nacionalismo, etc… conceptos que pueden servir para construir, en el regate corto, un discurso agitativo frente a este tipo de corrientes políticas burguesas.

Pero, a medio-largo plazo, es necesario analizar el fenómeno más en profundidad, no basta con acusar de fascistas al partido y sus seguidores.

Para empezar porque la categoría fascismo no define con precisión la línea política de estos partidos. Y, en segundo lugar porque, tras el cambio cultural que ha supuesto la contrarrevolución neoliberal desde los años 70 y la agudización de las contradicciones sociales desde la crisis del 2008, hay una parte considerable de las masas populares que están dispuestas a prestar oídos y credibilidad a discursos radicales de derecha.

A continuación vamos a exponer algunas ideas para el análisis materialista de los partidos políticos, si quieres ir directamente a la tesis central de este artículo, pasa al apartado “Un historia que empieza en Wall Street”.

Partidos políticos y clases sociales

En el imaginario colectivo en esta era postmoderna, el concepto de partido político se entiende en un sentido liberal-burgués. La figura del partido político sería una entidad donde una serie de individuos se asocian para defender unos intereses de grupo en el ámbito de las instituciones del Estado y cuyo mecanismo principal de actuación es la concurrencia electoral. En esta concepción del partido político “intereses de grupo” se entiende en un sentido restrictivo. El grupo sería los miembros del partido y sobretodo su capa dirigente: su casta, por así decirlo. Y por tanto, esos “intereses” serían los inmediatos  de ese grupo de dirección.

Esta interpretación es la que abre la puerta a desvincular la figura del partido político de grupos sociales más amplios unidos por intereses de clase comunes. De esta forma los partidos serían principalmente mecanismos para que sus dirigentes obtengan beneficios, hagan negocios y fortuna, o directamente roben de las arcas del Estado. Y esto es lo que explicaría, en lo fundamental, la agenda y el programa de los partidos.

La consecuencia lógica de esta forma de analizar es que de lo que se trata es de, o bien cambiar a los dirigentes por unos que tengan “buenas intenciones”, o bien, fundar e impulsar partidos alternativos “limpios y saneados”.

En el fondo, este marco de análisis oscurece y embrolla el propio fenómeno, lo oculta en una neblina superficial, se detiene en los detalles para ocultar la visión de conjunto y, de esta forma, contribuye a mantener el nivel de instrucción y experiencia política de las masas populares en un nivel mínimo. El “cuñadismo”, es una expresión de esto.

Give Marx a chance!

Desde una perspectiva marxista, la cosa cambia. El marxismo entiende los partidos políticos, en un primer momento, como expresión en el plano político de los intereses de clases sociales enteras o fracciones de esas clases. A su vez el partido tendría un papel cohesionador de la clase o fracción de clase que representa, como cuando un compañero en el sindicato se encarga de organizar y hacer funcionar las cosas, de que la gente esté lista para las campañas, los piquetes, o las elecciones sindicales.

Su objetivo como institución sería aglutinar la mayor cantidad posible de apoyo social: incorporar bajo su dirección político-ideológica a otros grupos, clases o sectores sociales. Y, en el contexto de una Crisis Profunda, económica y política, poder utilizar esa fuerza, ese bloque social, para impulsar un cambio trascendental en el statu quo: bien como una Revolución Pasiva, en el caso de fuerzas reaccionarias, como una Contrarrevolución, en el caso de las fuerzas del statu quo, o como Revolución en el caso de fuerzas progresistas.

Propuestas, Agenda y Atrezzo

Las pistas más claras sobre los intereses de clase que representa un partido los podemos encontrar en su Programa Fundamental, que no es lo mismo que el programa electoral, aunque este último a su vez arroja indicios sobre el primero. El Programa Fundamental es una resultante entre:

  • El programa electoral y el conjunto de propuestas que un partido defiende, formalmente, sobre el papel. Esto incluiría también los Textos Fundacionales, como el Manifiesto Comunista en el caso de nuestro movimiento.
  • La Agenda política del día a día de una formación política: de qué están hablando los dirigentes, qué temas tocan con más frecuencia, en qué ideas insisten.
  • Y no debemos perder de vista que, los partidos, en su despliegue de propaganda y agitación, en su discurso, también incorporan elementos de Atrezzo. Estos son mensajes e ideas cuya función es atraerse a otros sectores sociales y agruparlos bajo la dirección político-ideológica del partido en cuestión y ,por extensión, de la clase social a la que representa.

El cruce entre estos tres vectores y su análisis, es lo que nos da una visión general del fondo del proyecto partidario, de su esencia y naturaleza de clase. Por decirlo coloquialmente: ¿Cuál es, en realidad, su juego, más allá de las apariencias?

Una historia que empieza en Wall Street

Hasta 2008 el capitalismo español iba relativamente bien, la burbuja especulativa formada en torno al sector inmobiliario mantenía la actividad económica y el consumo. En torno a las grandes compañías del IBEX35, un enjambre de pequeñas y medianas empresas florecía, y sus propietarios conseguían acumular un capital. Las capas superiores de la clase trabajadora mantenían y veían cómo mejoraban sus condiciones de trabajo. Incluso los trabajadores más precarios podían permitirse el lujo de mandar a su jefe a freír puñetas, pues sabían que era relativamente fácil encontrar trabajo en otra empresa. El nivel de consumo de las capas populares iba viento en popa.

Pero cuando el castillo de naipes en que se había convertido la economía capitalista occidental se derrumbó, nuestro país se introdujo en una travesía por el desierto que todavía dura hasta el dia de hoy. Por en medio, miles de negocios pequeños y medianos desaparecieron o sufrieron los rigores de la crisis y cientos de miles de trabajadores perdieron sus empleos.

Una capa de la burguesía media y pequeña ha conseguido resistir al proceso de proletarización y ha mantenido sus negocios. Se ha beneficiado, en parte, de las políticas de austeridad y las reformas laborales, pues éstas han abaratado el coste de la fuerza de trabajo, al aumentar el ejército de reserva, disminuir el salario y desequilibrarse la balanza de poder en la empresa a favor de los patronos.

Pero por otra parte, esas mismas políticas de austeridad han reducido la demanda sobre sus propios negocios y constreñido el mercado. A esto se suma el hecho de que el nivel de inversión de los grandes capitales privado se encuentra bajo mínimos pues no encuentran rentabilidad en la economía productiva.

Por último, pero no por ello menos importante (quizá sea los más importante de todo), tanto el mercado nacional español, como el europeo, como el internacional, ya tienen dueño. Las grandes compañías transnacionales lo dominan y ponen bajo su bota, no solo a millones de trabajadores, sino a las pequeñas y medianas empresas proveedoras y subcontratas de todos los sectores.

En la película Novecento (Italia, Bernardo Bertolucci, 1976), los personajes de Attila y Regina representan el arquetipo de la pequeña burguesía aspiracional que se implica en el proyecto fascista con entusiasmo.

En este orden económico la pequeña y mediana burguesía no pueden salir de su subordinación a la gran burguesía. La política de los grandes partidos del Régimen del 78 no cubre sus necesidades pues está demasiado orientada a satisfacer las necesidades del IBEX y de los grandes capitales nacionales y transnacionales, el nuevo partido recambio del IBEX, Ciudadanos, también es demasiado oligárquico. Era necesario poner en marcha un partido con un proyecto político adaptado específicamente a este estrato de la burguesía al que se le cerraba el acceso a los mercados en igualdad de condiciones: ese partido es VOX.

España para los (pequeños capitalistas) españoles

En el congreso celebrado en Vistalegre el 7 de octubre de este año, VOX dio a conocer al gran público un documento titulado 100 medidas para la España viva. En el se pueden encontrar, junto a toda una serie de medidas de atrezzo, el núcleo programático del partido.

El primer apartado trata se titula España, Unidad y Soberanía. Y recoge una serie de medidas que, bajo el manto de un supuesto patriotismo, pretenden desmontar el estado autonómico y sustituirlo por un sistema centralizado.

Fuera los fueros autonómicos, unidad de mercado, representación exterior única, suspensión de las autonomías díscolas… y también los necesarios mecanismos de control ideológico, ilegalización de partidos nacionalistas y cualquiera “que persigan la destrucción de la unidad territorial de la Nación y de su soberanía”.

Esto es, ni más ni menos, que eliminar todas las barreras que la burguesía catalana y vasca han conseguido levantar para proteger su mercado nacional, y además hacerlo en plan macarra, sin pactos, sin repartos, sin negociaciones, línea dura.

Contener la ampliación horizontal del mercado europeo

En el otro extremo del documento, al final, está el otro apartado clave del proyecto. El que se refiere a Europa e Internacional. Proponen impulsar un nuevo tratado europeo en la línea del grupo de Visegrado. Este grupo es una alianza entre países como Hungría, Polonia, la República Checa y Eslovaquia. Su finalidad frenar el proceso de integración europea para debilitar al capital transnacional y la hegemonía de Francia y Alemania. De esa forma esperan poder reforzar su capitalismo nacional para poder competir por el mercado europeo en mejores condiciones. VOX quiere meter a España en esta operación.

No se trata de que sean antieuropeos, sino que quieren que sus empresas compitan en mejores condiciones en Europa, y una parte de ese proyecto requiere pararle los pies a los gigantes europeos. Frenar la ampliación del mercado europeo de 500 millones de consumidores para tomar mejor posición en el, no para renunciar al mismo.

La ampliación vertical del mercado nacional

En el plano español su propuesta económica es menos explícita. Se insiste mucho en la reducción de las cargas fiscales a todos los niveles y la eliminación de trabas burocráticas de las administraciones. Esto parece indicar que en núcleo de su concepción se encuentra la vieja idea del laissez-faire, de dejar hacer al mercado y a los capitalistas. Por ejemplo, proponen la liberalización completa del suelo.

Hay algún guiño menor a los servicios públicos, como la introducción de la odontología hasta que se complete la primera dentición, pero en general no desvelan sus intenciones con respecto a este asunto. Esto es indicativo de que ahí se encuentra un elemento de programa oculto, y teniendo en cuenta que esta gente es el ala derecha cabreada del PP, no nos debería extrañar que sus intenciones sean la liberalización y desmantelamiento de los servicios públicos, exactamente como sus hermanos mayores del PP, el PSOE y Cs, pero a un ritmo mucho más acelerado y con la marcha real y los exabruptos contra los trabajadores extranjeros sonando de fondo. Los 60.000 millones de euros que nos gastamos los españoles en sanidad, por ejemplo, y que son un mercado cautivo del estado, son un plato demasiado jugoso para quien pretenda reforzar la acumulación de capital español para competir en la UE y el mercado mundial.

La cuestión de los inmigrantes

Mauricio y sus empleados en el Bar Reinols. Serie Aida.
Mauricio y sus empleados en el Bar Reinols. La relación entre Mauricio y su empleado latinoamericano Machu Pichu es arquetípica. Serie Aida.

La supuesta anti-imigración de VOX también es algo que se rompe solo con mirarlo. La prueba de ello es El Ejido, uno de los bastiones electorales y sociológicos del partido. En esta comarca agrícola de 80.000 habitantes, con un 30% de trabajadores del campo de origen africano, el partido arrasó en las pasadas elecciones andaluzas. Los vecinos se quejan del exceso de inmigrantes, que satura los servicios públicos, y de las bolsas de pobreza chabolista en torno a los invernaderos, fuente de insalubridad y pequeña delincuencia. Pero lo más llamativo de todo es que, junto a este odio al trabajador pobre extranjero, la economía de esta comarca que vende crifras millonarias en el mercado nacional y de la UE, depende, del suministro constante de una fuerza de trabajo barata, muy disciplinada y de usar y tirar. Sin los salarios de 2 euros/hora de los inmigrantes sin papeles, El Ejido no podría florecer. ¿Cómo se explica esto?

La cuestión de fondo está en la relación entre costes laborales y legalidad/ilegalidad de la mano de obra. Los propietarios de los invernaderos se han negaron a colaborar en los procesos de regularización masiva, en 2007, en torno a la polémica por un documental sobre la situación en El Ejido, los propietarios de los invernaderos denunciaban que “el último proceso de normalización arrojó un balance de 20.000 extranjeros regularizados sólo en el sector agrícola, la mayoría de los cuales abandonó a sus contratadores pocos meses después de regularizar su situación”

El Mar de Plástico de Almería visto desde el aire.
El Mar de Plástico de Almería visto desde el aire.

Para que sus negocios florezcan, y sean capaces de competir en el mercado internacional, los pequeños y medianos empresarios de sectores de bajo valor añadido que constituyen el núcleo social fundamental de VOX, necesitan mucha mano de obra, muy barata y muy disciplinada. Es por esto que la cuestión de la inmigración es central para ellos. No es que quieran acabar con ella, es que necesitan que los trabajadores extranjeros, estén en unas condiciones de precariedad tal (laboral y legal) que dependan totalmente de sus empleadores, que se establezcan unas relaciones sociales de semiesclavitud.

Todo el discurso antiinmigración de la ultraderecha española y europea esconde este inconfesable deseo de carne fresca para explotar.

Todo lo demás es Atrezzo

Al mismo tiempo que el discurso nacionalista esconde el deseo de proteger su parte del mercado, y el discurso antiinmigración esconde la necesidad de fuerza de trabajo barata, la insistencia de VOX en la vuelta a las formas familiares tradicionales (todo el discurso anti-LGTBi y anti-feminista trata sobre esto), esconde la necesidad de situar medidas de control social para que su proyecto económico no fracase.

En un contexto de crisis económica y de empeoramiento de las condiciones de trabajo de la clase trabajadora, la apuesta de VOX es reforzar la familia tradicional para usarla como colchón ante la adversidad, como elemento de reproducción del orden social y de transmisión cultural conservadora. Esperan con esto contener los efectos negativos de su proyecto económico y mantener controlada a la clase obrera.

El refuerzo de elementos culturales como los toros, el catolicismo de corte conservador… y, en definitiva, el casticismo de toda la vida, no es más que una versión 2.0 de la estrategia ideológica que las facciones más conservadoras de las élites españolas, que fueron puestas en marcha desde finales del siglo XVIII y que les ha dado tan buenos resultados a lo largo de la historia:. La tradicional confrontación entre lo castizo (o español, supuestamente) y los ilustrado (o afrancesado y extranjero).

Un fenómeno de dimensión internacional

Hasta este pasado domingo se decía que España era excepcional, en el sentido de que ningún partido de las características de VOX había entrado en las instituciones. Pero esa excepcionalidad ha llegado a su fin. El mismo proceso que se está dando en todas las economías capitalistas desarrolladas occidentales, llega a nuestras costas. Algo natural, por otra parte, porque las facciones de la burguesía incapaces de competir en el un mercado dominado por las transnacionales están reagrupándose de forma similar, planteando salidas similares.

Por otra parte, hay indicios de que algún sector de la oligarquía estadounidense podría tener interés en apoyar a este tipo de partidos del Grupo de Visegrado para debilitar al gran capital europeo, y conservar su hegemonía en Europa. La gira de Steve Bannon por la UE, dando apoyo técnico a toda esta “Internacional Facha” entraría dentro de esa lógica.

Conclusiones

El núcleo neoliberal de VOX permite descartarlo como un partido fascista similar a los movimientos de los años 20 y 30 del siglo XX. VOX comparte, en su estrategia cultural casticista, elementos del fascismo español, pero también de todos los movimientos conservadores desde la ilustración española en adelante.

VOX está impulsado por una facción de la burguesía española que es incapaz de competir en un mercado nacional en disputa con las burguesías catalana y vasca, así como en un mercado europeo e internacional dominado por la transnacionales. Proteger su mercado y obtener ventajas para competir es el núcleo de su programa, el leitmotiv, el Programa Fundamental.

Definir su Programa Fundamental es sólo una parte del análisis que hay que hacer sobre este tipo de partidos. Aquí hemos querido centrarnos en el proyecto económico, de clase. Sería muy interesante analizar, también, cómo este tipo de partidos están siendo capaces de ofrecer un discurso y un proyecto de sociedad que, al margen de lo reaccionario, o utópico que sea, es tangible, imaginable y seductor, para una parte importante de la población.

El resto de elementos de su proyecto están subordinados y son funcionales a este objetivo. Tanto la retórica contra los inmigrantes, como el discurso frente a las políticas de liberación sexual y la apuesta del partido por el retorno a valores culturales conservadores.

VOX puede evolucionar a posiciones más radicales. De su interior pueden surgir facciones más propiamente falangistas, con un discurso anti-neoliberal. Por el momento son outsiders, no cuentan con el apoyo del IBEX35, y pueden sufrir un proceso de acoso y derribo, con el fin de neutralizarles, como el que ha sufrido Unidos Podemos. Pero también existe la posibilidad de que algún elemento del gran capital preste oídos a VOX. La apuesta de la oligarquía por este partido, aunque por ahora dudosa, supondría una amenaza para la clase trabajadora de dimensiones gigantescas.

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