Notas de la Redacción para 2019

Finaliza el año 2018 y como siempre hay que hacer balance y extraer algunas conclusiones que nos sirvan para avanzar más en este 2019 que entra. Estas son las reflexiones más importantes que queremos compartir con los lectores de La Mayoría.

Echa gasolina al motor de la historia. En 2019, lee y difunde La Mayoría.
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Sindicalismo transnacional

Este año también hemos asistido a los primeros pasos serios de organización de la lucha obrera a nivel transnacional, con la organización de huelgas en toda Europa frente a Ryanair y Amazon. Los trabajadores de Coca Cola ya han dado muestras de que este es el camino, tejiendo fuertes lazos entre diferentes sindicatos para enfrentar a la multinacional, esto ha sido un factor determinante de la reciente resolución del conflicto a favor de los trabajadores.

Sin duda, la organización del Movimiento Obrero y Sindical a escala europea es una consecuencia lógica cuando te estás enfrentando a un adversario que también planifica y actúa a escala de toda la UE.

Los avances todavía son tímidos, pero es un aspecto en el que el MOS está por delante de la izquierda política. Por nuestra parte debemos ayudar a que esta dinámica de coordinación europea se intensifique y se haga más sólida y debemos integrar esa dimensión europea en el programa y táctica de la transformación socialista, elaborando propuestas y promoviendo el debate en torno a las mismas.

Es un paso imprescindible para quebrar el proyecto de las multinacionales europeas y poder hacerles frente.

La recesión que viene…

Una vez agotado el efecto del rescate bancario, las bajadas de tipos y las maniobras de estímulo financiero por parte de los bancos centrales, el viento de una nueva recesión económica vuelve a soplar. Se reducen los pedidos en la industria, se producen cierres y deslocalizaciones, la presión sobre salarios, condiciones laborales y ritmos de trabajo aumenta.

Si en 2008 el relato vencedor sobre la crisis fue el de culpabilizar a la especulación financiera y a la deuda pública y privada (que sigue siendo astronómica), en la venidera todo apunta a que se van a cargar las tintas sobre las políticas frente al cambio climático, el precio de la energía, la guerra comercial y factores similares.

Pero las fatales medidas que la patronal de los empresarios y la oligarquía financiera ponen sobre la mesa para salvar al capitalismo y los suculentos beneficios son las mismas que tras 2008: flexibilización del empleo y recortes a los servicios públicos.

Un aspecto importante de la política en el periodo venidero va a ser el disputar este relato y aumentar el nivel de alerta de la clase trabajadora sobre el verdadero causante de la crisis, que no es otro que la dinámica interna propia del sistema capitalista: la apropiación privada de un trabajo que ya está organizado colectivamente. Y a partir de ahí, plantear salidas alternativas en clave socialista.

…Y la tarea para proteger los puestos de trabajo

Las alarmas sobre la recesión y los problemas de rentabilidad de los capitales privados están apuntando directamente a algunos centros industriales instalados en España, de los que viven un sinfín de familias trabajadoras en diversas regiones, directa o indirectamente. A los largo de 2018 algunos de estos casos han sido los de Duro Felguera, Vestas León o Alcoa. En 2019 puede ser el caso de Ford y otras.

Esta inseguridad sobre su futuro no solo la sufren las empresas en España. La estadounidense Tesla ha sido objeto de maniobras especulativas por parte de su principal accionista, Elon Musk, y por los financieros en Wall Street. Esto ha puesto en riesgo su continuidad y la de miles de puestos de trabajo.

Los hechos atestiguan la separación entre los intereses de los inversores, y el progreso de la calidad de vida de los trabajadores de las plantas industriales y los habitantes de todas las comarcas donde se ubican.

Las tímidas acciones o la inacción del Gobierno de España, ya sea en manos de PP o del PSOE, dejarán a cientos de miles de trabajadores y de familias a la deriva con el riesgo de perder sus empleos. Esto evidencia que estos partidos en el gobierno se hallan al servicio del mercado y de la burguesía. Pero también empieza a colocar sobre la mesa una tarea fundamental para la clase obrera y para la organización u organizaciones que sean la expresión política de los trabajadores.

La recuperación del control de la economía para proteger los puestos de trabajo y garantizar la calidad de vida se está convirtiendo en la única opción realista frente a los cierres, los recortes y el desempleo. Cobrará mayor fuerza en los próximos meses y años. Y su realización mostrará de qué lado está realmente cada partido.

A este respecto, la intervención de la SEPI con la adquisición de participaciones o la totalidad de empresas estratégicas será el mecanismo de la nacionalización de la economía, en las condiciones actuales. De igual modo lo será su democratización con mecanismos de control social y obrero, para garantizar que no se producen futuras privatizaciones tras el esfuerzo de toda la clase obrera para el progreso de la sociedad española.

Cambio climático: o pagan ellos o pagamos nosotros

Esta va a ser una de las grandes disputas políticas venideras. Los social-liberales del PSOE, y los grandes capitales están dando pasos para luchar contra el cambio climático, pero lo están haciendo de forma que quienes paguemos los platos rotos seamos los trabajadores y sectores populares.

Impuesto a los combustibles, cierres de centrales y fábricas, mercado de emisiones, etc… y que sea el mercado el que resuelva los desequilibrios. Este es el ecologismo capitalista.

Sin dejar de lado que esta estrategia de lucha contra el cambio climático tiene todas las papeletas para fracasar estrepitosamente, no cabe duda de que anuncia un valle de lágrimas para la clase trabajadora de nuestro país y de todo el mundo.

Hasta ahora, desde el movimiento obrero, el discurso se ha basado en intentar ganar tiempo, poner freno a las medidas más agresivas y, en todo caso, pedir ayudas y subvenciones a las industrias para que no cierren. Es decir, socializar el daño entre el resto de la clase obrera.

Nuestra orientación debe ser radicalmente diferente, y debemos empezar a pensar en grande. Frente al ecologismo neoliberal de mercado, debemos impulsar el ecologismo de base socialista, la democratización económica (planificación económica, propiedad social de las empresas, servicios públicos de calidad y control obrero) y la democratización política (participación política de masas, revocabilidad de todos los cargos de gobierno).

Desde los sectores populares y obreros podemos usar la lucha contra el cambio climático para convertirla en una oportunidad para impulsar la lucha por el cambio social. Frente al caos y la incertidumbre del capitalismo, el orden y la seguridad socialista.

La revolución será feminista y obrera… o no será

El movimiento feminista irrumpe con fuerza en la política nacional, condicionando la agenda política y el debate público. Las masivas movilizaciones del 8 de Marzo fueron una prueba de ello, las protestas multitudinarias ante la sentencia de La Manada confirmaron la tendencia.

El feminismo está siendo el bautismo de fuego de miles de mujeres jóvenes que expresan su inquietud política a través de las demandas de igualdad, seguridad, fin de la violencia y del machismo.

La gran disparidad de enfoques hace que el feminismo prácticamente solo esté de acuerdo en reivindicaciones macro que afectan a todas la mujeres independientemente de su estrato social: las expresiones más groseras de la ideología machista, la violencia y el acoso sexual. El mejor ejemplo lo tenemos en el movimiento #Metoo.

Como todo movimiento con una alto grado de espontaneidad, su definición y consolidación futura está en disputa. La contradicción más viva en el seno del movimiento feminista es aquella que se da entre las tendencias más postmodernas, que tienden a diluir el sujeto político del feminismo, las mujeres. Y una parte más identitaria todavía presa de planteamientos teóricos de corte foucaultiano y propuestas tácticas de inspiración anarquista.

La gran brecha existente entre la burbuja del activismo, vinculado a las organizaciones políticas radicales de izquierda y la universidad, y el mundo de las mujeres menos politizadas en las empresas y los barrios populares, es expresión de ello.

Esto también es una muestra palpable de la gran debilidad del marxismo en el seno de la izquierda y del movimiento feminista.

En el pasado el feminismo logró un tremendo impulso en el momento en que las mujeres socialistas, desde el Movimiento Obrero, empezaron a implicarse en masa en el Movimiento Feminista, a elaborar teoría y ampliar el abanico de opciones tácticas del que disponía el movimiento.

El feminismo pasó entonces de ocuparse de reivindicaciones relativas a la igualdad formal de derechos (principalmente el voto) a integrar toda una serie de reivindicaciones que tenían que ver con las condiciones materiales y sociales de existencia de las mujeres. Esto culminó en la época gloriosa del feminismo de la segunda ola. La más fructífera y en la que más avances se han conseguido. Fue el producto de la fusión del feminismo de las mujeres obreras con el movimiento general de la clase obrera por su emancipación, en toda su dimensión y diversidad.

Quizá es el momento de volver a plantearse que las compañeras y compañeros socialistas apostemos por integrar el movimiento feminista y el movimiento obrero en una misma entidad. Eso fortalecerá a toda la clase obrera, pero requiere una lucha ideológica tenaz, un esfuerzo de clarificación política y teórica y situar un programa y una táctica para arrebatarle la influencia político-ideológica a los elementos de derecha posmoderna, social-liberal y al activismo de inspiración anarquista y pequeño-burguesa que se disputan en la actualidad el movimiento.

Encapsulamiento de Unidos Podemos…

La confluencia electoral entre Podemos e IU/PCE retrocede en las expectativas electorales. La combinación de ataques por parte de la derecha, los medios de comunicación y las propias contradicciones internas de la formación, junto con sus inconsistencias teóricas y errores, relegan el “asalto a los cielos” al mundo de la fantasía. Como un organismo vivo que reacciona ante un tumor o cuerpo extraño, el Régimen del 78 encapsula y aísla a los que se salen del guión establecido. Pese a todo, se le sigue pronosticando una mayor apoyo electoral que el de IU en su mejor momento.

UP sigue siendo, a pesar de todo y por el momento, la mejor opción de resistencia a la agenda del Gran Capital con que contamos los trabajadores. No en vano, desde las elecciones de 2016 los sucesivos gobiernos del régimen han tenido serias dificultades para impulsar reformas estructurales a favor de la oligarquía. No se ha producido ninguna gran reforma en toda la legislatura, ni, por supuesto, agresiones de la escala de la Reforma Laboral de 2012, o el rescate bancario.

Sin embargo, el relativo éxito de UP como instrumento de resistencia institucional de las clases populares, no nos debe hacer perder de vista las graves carencias de este bloque político: insuficiente perspectiva de clase y falta de perspectiva socialista.

…y agotamiento del ciclo del 15M

El encapsulamiento de UP es también el toque de campanas a muertos de la oleada de movilización del 15M. Su fin de ciclo es el fin de la ilusión de resolver la crisis estructural del capitalismo a favor de las clases populares bajo la dirección de las clases medias empobrecidas, sin un ambicioso programa de transformación socialista y sin una gran organización política de masas con una firme base social en los grandes centros de trabajo y en el núcleo de la producción capitalista.

En este año hemos presenciado la llegada a nuestras costas, en el circuito principal de discusión política, de ideas y debates que cuestionan la hegemonía que las políticas de identidad han tenido en la izquierda española. Lo cual es también un cuestionamiento y una revisión del papel histórico de la nueva izquierda nacida al calor de Mayo del 1968. El debate en España adquiere el formato de una discusión entre besugos: por un lado la izquierda sesentayochista y por otro el eurocomunismo nostálgico. Este debate no está clarificando el programa y la táctica de la izquierda española, sino enrocando a corrientes y tendencias en sus respectivas identidades y culturas políticas.

Hay una lucha ideológica por delante para que este debate no se resuelva de forma grosera, se supere el sesentayochismo definitivamente, sin renunciar a sus planteamientos útiles y que se reconduzca hacia una clarificación de un proyecto político coherente en su programa y táctica.

El social-liberalismo en el gobierno

En junio, el PSOE de Pedro Sánchez formó Gobierno con el apoyo de Unidos Podemos y los nacionalistas vascos y catalanes, desterrando al PP de M. Rajoy a través de una moción de censura.

Con este cambio se pasa de una agenda política neoliberal dura, a una agenda social-liberal: poner parches a los destrozos de la crisis económica, recuperar algunas redes de protección social, suavizar el conflicto con la mediana y pequeña burguesía catalana y revertir algunos aspectos muy lesivos para la clase trabajadora impulsados por el PP. Todo esto acompañado de mucha política simbólica y sin cuestionar la dominación del gran capital y la oligarquía.

La presión de UP ha permitido impulsar una propuesta de PGE para 2019 y unos acuerdos de gobierno que mejorarían las condiciones en algunos aspectos importantes: la capacidad de negociación colectiva puede verse reforzada y los salarios más bajos van a elevarse. Pero a su vez esto puede quedar en agua de borrajas si no se obtienen suficientes apoyos parlamentarios.

El PSOE sigue siendo, con mucha diferencia, el partido que más influencia ideológica tiene sobre la clase obrera y sus organizaciones de masas. Esta influencia se ejerce también a través de otros partidos de la izquierda, al incorporar estos, seguramente sin ser muy conscientes de ello, postulados social-liberales en sus propuestas políticas y su agenda. El bloque de UP no es ajeno a este fenómeno.

Arrebatar la hegemonía sobre la clase obrera al social-liberalismo, representado por el PSOE y su influencia ideológica en los partidos del campo popular y las organizaciones social, es la tarea prioritaria de quienes apostamos por la transformación socialista. Este es el principal escollo a la lucha de clases en nuestro país, el elemento que más contribuye a la desorganización del movimiento obrero y sindical y a poner a la clase obrera bajo el ala de la burguesía.

La nueva ultraderecha llega a España

Quizá por la proximidad en fechas, la entrada de VOX en el parlamento andaluz, ha supuesto un punto de inflexión en la política española y un reto sin precedentes para quienes apostamos por la transformación socialista.

Es un fenómeno internacional que se está dando en todo el mundo y tiene una raíz común. En Europa la ultraderecha es la expresión política de un sector de la pequeña y mediana burguesía española que lucha para proteger sus intereses y su independencia en una economía dominada por las grandes transnacionales.

Sobre este programa fundamental, han construido todo un relato de orden y una narrativa potencialmente atractiva para capas atrasadas de la población, incluyendo un pequeño sector de la clase obrera. El núcleo neoliberal de su política económica es el gran flanco débil de este partido, y debemos saber aprovecharlo y atacarlos ahí.

Además también hay que extraer lecciones. Uno de los grandes flancos débiles de la izquierda ha sido su incapacidad para elaborar un proyecto nacional de construcción de una sociedad alternativa. La idea de la Ruptura Democrática ha sido un lastre para el desarrollo de una política patriótica y de izquierdas en España. El alcance real de este planteamiento lo hemos visto en acción en Cataluña, donde ha sido peor el remedio que la enfermedad. Debemos dar carpetazo a esa idea, y elaborar ese proyecto de construcción nacional alternativo al de la derecha española, basado en el socialismo y el interés general de la clase obrera de todo el territorio.

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