Elige el futuro, elige socialismo

Tras treinta años de crisis continua, con la amenaza de una recesión por llegar cuando aún no nos hemos recuperado de la última crisis, y, por si fuera poco, con el cambio climático obligándonos a tomar importantes decisiones cuanto antes, ya va siendo hora de tomar partido. Elige el futuro: elige socialismo.

El capitalismo

El aspecto más importante del capitalismo es la existencia de una sociedad de clases. Se trata de una sociedad basada en una jerarquía de clase dominada por una clase alta de ricos. Como cualquier otro sistema de clases, es desigual e injusto. Y, como cualquier otro sistema de clases, se basa en la epxlotación, en el trabajo de una mayoría en beneficio de una minoría. La explotación y la desigualdad van de la mano para formar dichas clases cuando se heredan a lo largo de generaciones. Si los ricos pasan su riqueza a sus hijos, y si estos hijos tienen un acceso especial a la mejor educación y puestos directivos, el resultado es una sociedad de clases.

Los sistemas de clases anteriores eran abiertos y explícitos en este sentido. Los hombres de las familias nobles se jactaban de linajes provenientes de Carlomagno, e incluso cientos de años después, el orgullo aristocrático no se disimulaba. Actualmente, las clases son más discretas, pero no por ello menos reales. La estabilidad del sistema basado en las clases se evidencia, por ejemplo, en el modo en que los mismos apellidos siguen repitiéndose entre los estudiantes de Oxford y Cambridge desde la Edad Media. Si tomamos apellidos de origen normando como Darcy, Mandeville, Neville o Percy, pertenecientes a la clase dominante de la Inglaterra de la Edad Media, se comprueba que estos han seguido formando parte de la élite hasta el presente.


Sabemos, claro está, que la sociedad feudal estaba jerarquizada, pero se suponía que el capitalismo y el liberalismo iban a traer democracia y movilidad social. Pero resulta que no, que los investigadores han encontrado que:

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Figura 1: la tendencia a la baja en la representación en las Universidades de Oxford y Cambridge de nombres familiares de élite (extraídos del Libro del registro (Norman), Inquisition Post Mortem (IPM), frente a aquellos de origen locativo) muestra que las familias que eran parte de una élite del siglo XII siguen estando sobrerrepresentadas en las universidades líderes de Inglaterra.

«La posibilidad de movimiento dentro de la jerarquía social no se incrementa después de la revolución industrial en las instituciones sociales modernas, como la educación pública, la democracia de masas, y el sistema de impuestos»

Analizando la velocidad con la que disminuye la frecuencia de los nombres de las familias de las élites en Oxford y Cambridge,
los sociólogos demuestran que la persistencia intergeneracional del statu quo de las élites es la misma tanto en la sociedad feudal como en la capitalista (Figuras 1 y 2). Los niveles superiores de la clase dominante tienen un 93% de posibilidades de transmitir su posición social durante siglos, mientras que los niveles medios tienen un 80%. La persistencia de dichas élites continuó a pesar de la industrialización, a pesar del crecimiento de la población y a pesar de la baja fertilidad de las familias de la alta sociedad. Pero esta persistencia de las clases superiores no es un fenómeno exclusivo de Inglaterra. Un estudio realizado por el Banco de Italia demostró que los herederos de las mismas familias que eran ricas en la Florencia del siglo XV siguen teniendo una mejor posición social actualmente.1 Barone, Guglielmo and Mocetti, Sauro, “Intergenerational mobility in the very long run: Florence 1427-2011“, (2016). [/note]

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Figura 2. La tasa de declive de las élites para el periodo capitalista es el mismo que para el periodo feudal que se muestra en la Figura 1. Dicha tasa se calcula con la pendiente de las rectas de la sobrerrepresentación relativa de los apellidos anteriormente enunciados de Oxford y Cambridge, comparados con los de la población general.

En la edad media, la explotación de los campesinos por los señores era cruda y brutal. Los siervos tenían que trabajar la tierra de sus amos sin paga y estaban atados a ésta. Esta explotación se puede medir usando las dos tablas siguientes:

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Puede medirse tanto en términos de tasas de explotación, o de división del trabajo. La tasa de explotación es el beneficio que va a las clases explotadoras entre el que acaba en manos de los productores. En la Inglaterra del siglo XI se puede comprobar que aproximadamente el 17% de la población vivía de las rentas que le daba el campesinado, así que el desempeño laboral de los campesinos en la economía agraria era del 83%, dando una tasa de explotación aproximada del 21%.

Miremos ahora la Figura 3, que muestra el desarrollo de la distribución del trabajo agregado en los EEUU capitalistas. Aquí se pueden ver dos puntos importantes. Primero, la tendencia a largo plazo es decreciente. Los trabajadores cobran una proporción cada vez más reducida de lo que producen. Cada pico de prosperidad se encuentra paulatinamente a un nivel menor, y cada uno es seguido por una recesión en la cual la ganancia es nuevamente reducida.

Segundo, incluso en los años luminosos de la década de 1950, el porcentaje que correspondía a los trabajadores era del 66%, algo bastante menor que en los niveles de la Inglaterra Feudal. En estudios más recientes este porcentaje cae hasta el 56%. Esta es una tasa de explotación del 78%, casi cuatro veces peor que en el año 1086.

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Figura 3. Descenso en el porcentaje de valor añadido en los EEUU, Bureau of Labour Statistics, EEUU
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Figura 4. El aumento de la desigualdad en los EEUU. Extraído de
World Inequality Database https://wid.world/country/usa/. La línea roja muestra las ganancias de la mitad inferior de la población estadounidense; la línea roja, el del 1% superior

La explotación contituye la fuente última de la desigualdad. A medida que las tasas de explotación aumentan, las desigualdades de clase se intensifican. Un porcentaje aún mayor de la renta nacional fluye a ese 1% superior a medida que la mitad inferior es cada vez más y más pobre. En EEUU, ese 1% superior le llega el 20% de dicha renta mientras que todo el 50% inferior recibe el 12.5%. Así que alguien en ese 1% beneficiado es, de media, 80 veces más rico que alguien de la mitad inferior de la población.

Incluso figuras como la superior fallan al intentar representar el grado de explotación real. Habiendo recibido como pago una fracción de la riqueza que ellos mismos crean, los trabajadores son explotados una segunda y una tercera vez más. Primero pagan entre un cuarto y la mitad de sus rentas a un señor feudal:

«En 2016, la renta mensual privada mediana en Inglaterra era del 27% de un salario bruto mensual mediano. Esto quiere decir que alguien que trabaje en Inglaterra puede esperar gastar un 27% de su salario mensual en un alquiler privado. Londres, el sudeste, este y sudoeste de Londres, tienen todos porcentajes por encima de este nivel. En suma, la mediana del alquiler mensual como un porcentaje de sueldo mensual variaba entre un 23% en el noreste hasta un 49% en Londres 2«

A continuación son los bancos los que recogen su parte. La deuda media por hogar en Gran Bretaña es de más de 57.000 libras. De esto, aproximadamente 10.000 libras por casa es deuda de tarjetas de crédito y compras. Debido a los altos intereses en estas deudas y créditos, una persona paga de media el 3.5% de su salario en el pago exclusivamente de intereses.

Y después vienen los impuestos. Parte de esos pagos va para propósitos sociales, pero otra gran parte va a parar a defender a las rentas más altas, o directamente a su bolsillo. En los EEUU el 54% del gasto federal va a parar al Pentágono, y un 7% se destina a pagar intereses de la deuda nacional.

Pérdida de población

No es sorprendente que el capitalismo, habiendo conducido a la mitad de la población a la pobreza y desesperación, encuentre que le resulta, en último término, imposible sostener la reproducción de los trabajadores de los cuáles él mismo depende.

En los EEUU, y ahora también Reino Unido, se está haciendo patente la disminución de la esperanza de vida. Muertes debido a envenenamientos, suicidios, problemas hepáticos – las afecciones de la pobreza y la desesperación pasan una factura importante (Figura 5).

Una gran parte, definida por la línea del envenenamiento de la Figura 5, es causado por la promoción deliberada de la adicción a opiáceos. Desde la Compañía de las Indias Orientales que introdujeron el opio en la China de 1840, la compañía Bayer vendiendo por todo el país heroína como una alternativa para la morfina en 1895, hasta el agresivo lanzamiento por parte de Purdue Pharmacy de la oxicontina [oxicodona] en 1995, las grandes empresas han encontrado en las adicciones una fuente segura de ingresos. Las ‘legítimas’ marcas de fármacos abren las puertas a la adicción, que entonces es explotada por el capitalismo de los mercados negros de drogas ilegales. Los beneficios se lavan entonces a través de blancos ‘blue chip’3 como el HBSC en la city de Londres, un banco que fue fundado a partir de los beneficios reportados del negocio del opio con China.

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Figura 5a: El aumento de la mortalidad debido a las enfermedades de la desesperación, EEUU. Los envenenamientos se deben ampliamente a sobredosis de drogas, y la enfermedad hepática crónica a los efectos del alcohol.

El ejemplo más dramático de los efectos patológicos del capitalismo en la población vienen de los antiguos países socialistas. La transición al capitalismo condujo a una disminución precipitada de su población (Figura 5b).

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Figura 5b: El conjunto del área socialista de Europa experimentó un crecimiento sostenido de la población hasta su transición al capitalismo, tras lo cual su población cayó en picado. Calculado a partir de UN World Population Spreadsheet, edición de 2015.
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[Figura 5c] Evolución de las tasas de mortalidad y natalidad en la Rusia soviética y post-Glasnost. Esquema de Bezier. Áreas sombreadas post-Glasnost. Fuentes: [15] y UN Demographic Yearbooks.
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Tabla: exceso de muertes consecuencia de la introducción del capitalismo en Rusia, unas 12 millones en 20 años. Datos de los sucesivos UN Demographic Yearbooks, tabla 18.

Junto al aumento de las tasas de mortalidad en la antigua URSS, se puede observar un colapso en las tasas de natalidad de tal manera que mueren más personas de las que nacen para reemplazarlas. A medida que caen los salarios, se hace para las familias imposible sobrevivir con una sola fuente de ingresos. La presión para trabajar más, para adquirir cualificaciones para el trabajo, la falta de casas familiares y guarderías a precios razonables, causan que las mujeres aplacen o eviten el tener hijos.

Cada vez más y más gente decide seguir soltera y abandonar las expectativas de tener una familia. Este efecto fue más dramático en los lugares donde el capitalismo fue impuesto súbitamente, pero el patrón de una tasa de nacimiento inferior a la de mortalidad es algo que se extiende por todo el mundo capitalista. Este efecto ha llegado a su límite en Japón donde en 2017 hubo 946.000 nacimientos pero 1.34 millones de muertes, con una caída en la población que llega a 394.000 en un solo año. En 2018 parece que la caída en nacimientos respecto de las muertes va a ser de más de medio millón de personas. Tal y como muestra la figura 6, esta tendencia en la caída de las sociedades capitalistas para reproducir su población se está extendiendo.

Una incapacidad similar para reducir su población supuso la caída de las anteriores sociedades de clases. El Imperio Romano, construido sobre la esclavitud, tuvo que hacer cara al mismo problema.

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Figura 6: El gráfico muestra la tasa actual y las previstas de cambios naturales la población medidos por 1000 años. Así, una figura de -4 significa que la población se están encogiendo un 0,4% cada año. Gráfico aparte a partir de UN Population Dabatase.

El capitalismo urbano inicial de la Alta Edad Media en Europa era, del mismo modo, una máquina de consumo de personas. El modelo urbano plagado de enfermedades y condiciones insalubres en las cuales este capitalismo floreciente existía, pudo únicamente mantenerse por un influjo constante desde el campo.

Una vez que la explotación por las élites se hizo insostenible, una vez que las sociedades no pudieron mantener más su población, cayeron en una crisis. Las formas que tomaron estas crisis fueron diferentes. La caída del capitalismo no será semejante a la de Roma o a la de las grandes crisis europeas del siglo XIV. Pero ya se están haciendo notar sus efectos económicos.

La tasa de rendimiento del capital se calcula por las relaciones entre el beneficio total de la mercancía (plusvalía) y el capital total. Unido a ese flujo monetario basado en el beneficio, va una población de millones de personas que producen los beneficios que recogen quienes viven de las rentas. Dado que el dinero es una variable estándar del valor, se puede expresar la tasa de beneficio en términos reales como la división entre el número de gente trabajando para producir la plusvalía económica, partido entre el número de personas-año que dan forma al capital social.

Si el capital social se eleva más rápido que el número de personas que producen la plusvalía, la tasa de beneficio cae. Por tanto la acumulación rápida de capital, comparado con el crecimiento de la población trabajadora, tiende a reducir la tasa de ganancia. Si la población para de crecer o se reduce, ya no hay entonces ninguna tasa positiva de beneficio compatible con la acumulación del capital. Este proceso se hace patente en un país que tradicionalmente ha hecho grandes inversiones y en el cual el descenso de la población es más marcado: Japón (figura 7).

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Figura 7: el descenso en la tasa de beneficio real (línea discontinua) en Japón. La línea continua es el equilibrio marxista de la tasa de ganancia en una economía con la tasa de crecimiento de las fuerzas productivas del Japón actual y su actual tasa de acumulación. Como puede verse, la tasa real sigue el equilibrio marxista con un ligero desfase.

Conservadurismo tecnológico

De te fabula narratur. Lo que empezó en Japón se extiende

Una fuerza de trabajo estancada se traduce en un descenso del beneficio, y el descenso del beneficio imposibilita la acumulación de bienes. Las clases dominantes intentan compensar este defecto de su sociedad importando la mano de obra. Se las arreglan, finalmente, para retrasar las consecuencias esperadas de un mercado laboral apretado: un aumento de las rentas del trabajo. Pero el trabajo barato trae también sus propias consecuencias económicas. Si el trabajo es barato y la acumulación, cara, no merece la pena invertir en tecnología que ahorre mano de obra. Así que a lo largo del mundo capitalista la acumulación estancada y la explotación que aumenta van mano a mano con el conservadurismo técnico. El resultado de esto es un frenazo general del crecimiento similar al de crecimiento de la población (Figura 9). Quizás en ningún sitio esto se vea de una manera más dramática que el el Reino Unido (Figura 8) cuyo modelo de crecimiento en los últimos tiempos se ha basado en la importación de mano de obra. Esta caída en el vigor tecnológico está ocurriendo justo antes de una crisis medioambiental de primera división, cuyos efectos irremediablemente van a aumentar el coste de la producción de muchas mercancías.

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Figura 8: A medida que las tasas de explotación se incrementan en el Reino Unido, se va haciendo cada vez menos económico para los capitalistas el invertir en nueva mano de obra ahorrando maquinaria. En cambio, el crecimiento depende del uso de más mano de obra de manera más barata, a pesar de que resulte ineficiente.
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Figura 9: Porcentajes de crecimiento medio anual ajustados a la población, en los principales países industrializados, en su moneda local 4

En el pasado, las grandes transacciones entre formas de economía se asociaban al agotamiento de las fuentes de materias de las cuales las antiguas sociedades dependían. La extinción mesolítica de la megafauna pudo haber sido el hecho que forzó la transición neolítica a la ganadería y agricultura. El agotamiento de las reservas de madera de los bosques para la fabricación del hierro en el siglo XVIII forzó el paso al carbón, el cual requería para su extracción de máquinas de vapor, y éstas nos condujeron hasta el capitalismo industrial.

El empleo de combustibles fósiles nos acabará llevando a un final semejante, bien debido al agotamiento de las reservas, o a las acciones internacionales para vetar su uso. Según las corrientes actuales, y si los modelos climáticos del IPCC son correctos, esto no pasará antes de que hayan ocurrido cambios significantes a nivel climático. Ciertas áreas del mundo experimentarán, a finales del siglo XXI, estrés térmico en los cultivos básicos para la alimentación: en esta lista de puntos conflictivos probablemente se encuentren regiones como el Este de China, el Norte de los EEUU, el Sudoeste de la Federación Rusa o el Sur de Canadá. Esto indica que la producción agrícola en los países templados puede sufrir pérdidas sustanciales de la producción debido al cambio climático.

El cultivo más afectado se espera que sea el maíz, que usa para su crecimiento una vía de cuatro carbonos para su fotosíntesis, la cual a diferencia de la vía de tres carbonos, que emplean por ejemplo la soja o el trigo, no se benefician de los aumentos atmosféricos del CO2 5. En consecuencia, el rendimiento de los alimentos caerá, y los precios de estos se elevarán significativamente pero con diferentes cultivos afectados en diferentes grados. La escasez de alimentos puede alcanzar dimensiones catastróficas en las áreas que dependen fuertemente del maíz a menos que se efectúe un cambio a otro tipo de cultivos. En otros escenarios más extremos, con elevaciones globales de la temperatura del orden de 10º, áreas sustancialmente grandes no solamente serán demasiado elevadas para los cultivos, sino también para los humanos 6. Bajo estos términos, la mayor parte de la población humana no será capaz de sobrevivir. Y antes de llegar a este punto, la eficiencia del trabajo humano caerá sustancialmente, con muchos días siendo demasiado calurosos para llevar a cabo un trabajo productivo 7.

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Distribuciones de la temperatura medida por termómetro húmedo [herramienta empleada en meteorología] que se esperan si aumentase 10ºC la temperatura media de los últimos diez años. Las áreas en las que se superan los 35ºC durante varios días al año son esencialmente inhabitables para los humanos y otros grandes mamíferos. Véase que esto incluye áreas que actualmente están tan pobladas como India, China, África y Norteamérica.

Cabe la posibilidad, supongo, que los modelos climáticos del IPCC sean incorrectos, y que las temperaturas en la superficie sean menos sensibles a los gases de efecto invernadero que lo que los modelos asumen 8, 9, 10. Incluso si asumimos esa opinión optimista de que el clima es menos sensible a dichos gases forzando los escenarios descritos, el uso exponencial de petróleo tiene drásticas implicaciones para varias tecnologías de las cuales la civilización capitalista ha dependido:

  1. Acero: es el material fundamental de la civilización capitalista, pero su producción emite grandes cantidades de dióxido de carbono. Hasta que, y a menos que, la reducción directa con hidrógeno de la mena del hierro sea técnicamente viable, la disponibilidad del acero estará limitada al reciclaje de recortes fundidos en hornos eléctricos. Esto tiene grandes impactos en el precio a largo plazo de los productos construidos en acero: vehículos, barcos, puentes, edificios, etc. El aluminio se puede usar como un sustituto parcial pero es sustancialmente más caro, e inferior en muchos sentidos
  2. Cemento: la urbanización que se llevó a cabo desde la mitad del siglo XX ha dependido del cemento, pero su producción también emite grandes cantidades de CO2, por lo que su uso también quedará bastante restringido. El ladrillo, sustituto obvio del cemento, también supone la incineración de carbón. La piedra, que ha sido el material constructivo de la mayoría del siglo XIX, sería viable, pero a costa de incrementar mucho el precio de las construcciones.
  3. Embarcaciones: los grandes motores de la globalización capitalista han sido los motores marinos de vapor de triple expansión desde finales del siglo XIX, y los diésel desde mediados del siglo XX 11. Ambos dependen de combustibles fósiles. Una era post-fósiles debe tanto volver a los barcos de vela, usar cargueros nucleares o quizás amonio líquido como combustible para las turbinas de gas.

El socialismo

Progreso técnico y planificación medioambiental

En la sección anterior defendimos que el capitalismo ha estado reduciendo su capacidad para generar progreso técnico, justo en el momento en que las amenazas del medio ambiente están a punto de hacer que sean inadecuados los negocios de siempre 12. Para cambiar a una economía que no use combustibles fósiles se van a necesitar inversiones en capital a escalas masivas que, con la evidencia actual, no podrán asumir las economías capitalistas. Con el tiempo, el nivel de la inversión neta en fuentes realmente productivas ha significado una caída en el PNB, mientras que el consumo de bienes de lujo, y los sectores financieros especulativos improductivos han consumido un porcentaje cada vez mayor de su plusvalía económica.

La respuesta de los estados capitalistas al problema del medio ambiente ha sido intentar emplear los mecanismos e incentivos de mercado para llevar a cabo el cambio. Tomemos por ejemplo a la República Francesa. El gobierno del presidente Macron adoptó las clásicas medidas liberales: impuestos al diésel mientras se eliminaban los impuestos a las rentas altas. Supuestamente, esto debería incentivar a las personas a cambiarse a coches eléctricos, mientras que los súper ricos, liberados de los impuestos, podrían financiar las inversiones necesarias. En la práctica esta maniobra se valió de la retórica medioambiental para encubrir transacciones de riqueza desde los pobres a los ricos que, de otra forma, habrían resultado demasiado crudas.

Pensemos sobre ello. El dióxido de carbono no puede reducirse al mismo ritmo que se crean los tranvías eléctricos, trolebuses o coches eléctricos para sustituirlo. Un enfoque socialista sería fijar objetivos físicos para el número de nuevos coches de combustión interna, para retirar gradualmente la producción de nuevos motores diésel durante, por ejemplo, dos años. Al mismo tiempo el Estado pediría buses eléctricos, tranvías, etc mientras construye infraestructuras ferroviarias necesarias para ir retirando el tráfico de camiones de larga distancia, que podría convertirse en trenes de mercancías a depósitos donde se podrían distribuir a nivel local en camiones eléctricos de corto alcance.

Pero todo esto es incompatible con un sistema fragmentado de compañías privadas de transporte por carretera.

Francia tiene al menos un buen número de centrales nucleares. Pero incluso allí, hacer el cambio a un transporte estatal electrificado sería imposible sin un número mayor de centrales eléctricas. Otros países europeos están más lejos todavía. 30 años de privatización de la energía en el Reino Unido han destruido su capacidad nacional para diseñar y construir plantas nucleares. Ha acabado siendo totalmente dependiente de las compañías eléctricas estatales de Francia y China para producir tanta energía nuclear. El intento de una central nuclear financiada con fondos privados en el norte de Gales fue abortado la semana pasada 13. Pero sabemos que cuando el estado controlaba las centrales eléctricas tanto Francia como el Reino Unido pudieron comenzar un programa de emergencia de desarrollo de energía nuclear tras la crisis del petróleo de 1956. Y lo hicieron desde las cenizas, en una época en que las centrales nucleares no habían sido nunca antes construidas. A pesar de ello, alrededor de 1970 pudieron instalar decenas de centrales.

El nivel de inversión en infraestructuras necesario para desarrollar energía nuclear, eólica y las nuevas líneas ferroviarias va a ser enorme, quizás solamente comparable al que hicieron las economías planificadas de la URSS y China, o quizás la redirección que tomó la industria estadounidense, bajo órdenes estatales, para la producción en la post-guerra tras 1941.

Se van a necesitar infraestructuras completamente nuevas construidas en metal: una producción de aluminio extensamente ampliada, una conversión (si técnicamente es posible) del acero para usar hidrógeno ionizado antes que coque para la reducción de la mena del hierro. De nuevo ejemplos comparables al desarrollo de la industria metalúrgica soviética.

La flota naval mundial se tendrá que construir de nuevo. Los barcos impulsados por fuel tendrán que ser reemplazados o por diseños modernos o por barcos con turbinas de gas amonio líquido. Una vez más, esto implica una enorme demanda de trabajo y recursos en la industria naviera.

En sociedades con reservas de trabajadores en descenso, ¿cómo puede conseguirse esto?

Solamente se puede hacer con el paso a un nuevo sistema de relaciones económicas, de carácter socialista, que prioricen el trabajo real para proteger la innovación, antes que el ahorro económico para proteger los beneficios.

El gran fallo del pensamiento capitalista es que, dado que se mueve en términos monetarios, no puede distinguir entre progreso económico real y explotación brutal.

Para Ford no hay diferencia entre reducir costes mediante una reducción salarial de un 25% menos de trabajo para hacer un camión, o simplemente mover la fábrica a un país donde los sueldos sean un 25% más bajos. Su objetivo es el de minimizar costes, no minimizar el esfuerzo humano.

Pero si todas las empresas fueran de control estatal, dirigidas por mutuas o cooperativas, entonces la opción de reducir costes bajándose el sueldo, simplemente no se contemplaría. Si una cooperativa quiere mejorar su desempeño, puede hacerlo únicamente por el uso de innovaciones reales en el uso del esfuerzo humano, o mediante el ahorro de energía y materias primas.

Transformar toda la economía en un sistema de cooperativas es el primer paso en el cambio de una economía monetaria a una basada en el uso racional del trabajo.

El primer acto legislativo de un gobierno socialista debería ser el de ilegalizar la explotación, y determinar que todo valor que produzca una empresa es propiedad colectiva de los empleados de dicha empresa, y que sus directores deben ser elegidos por sus empleados.

Este enfoque tiene grandes ventajas sobre el acercamiento tradicional que la socialdemocracia hace sobre las empresas de titularidad pública

  1. Dado que se habría ilegalizado la explotación, no hay lugar a que se compense a los anteriores propietarios. Desde este principio se deduce que la apropiación de beneficios se convierte en un acto criminal, y nadie compensa a los criminales.
  2. Ello deja la estructura organizativa existente intacta. La empresa continúa comerciando, pero los beneficiarios de dicha actividad cambian.

En este caso se seguiría teniendo una economía de mercado, aunque libre de explotación. Para continuar moviéndonos hacia una economía completamente socialista se deben superar dos fases relacionadas entre sí: establecer una planificación democrática y reemplazar el dinero con una contabilidad del tiempo de trabajo.

Mientras que haya una forma cooperativa de negocio también habrá relaciones monetarias entre éstas. No se puede reemplazar el dinero con el tiempo como unidad de contabilidad hasta que los colectivos estén trabajando para un propósito social directo antes que para sus propios intereses particulares.

En una economía estática esa transición puede resultar difícil de conseguir, pero en el contexto de una reestructuración masiva para afrontar el desafío medioambiental es una cuestión diferente. Las empresas de control obrero tendrían que reestructurar sus procesos de producción para minimizar el uso de combustibles fósiles y generalmente reducir la huella ecológica: es decir, imperativos sociales antes que privados. Paralelamente, las inversiones adicionales se deberán sacar de los impuestos generales. Con las subvenciones públicas en nuevas infraestructuras y equipaciones iría la obligación de usar ese trabajo indirecto en el interés público. Paso a paso, quizás mediante los sindicatos de los trabajadores, el sistema industrial se transformaría en un plan comprensible. Los ordenadores modernos y las tecnologías de la comunicación permitirán llegar a este punto de una manera más precisa y responsable que en socialismo del siglo XX, dependiente como era de los cálculos burocráticos humanos.

Igualdad y abolición de las clases

Con la aplicación de la producción social directa, se podría prescindir del dinero como tal. Los billetes y las monedas desaparecerán, al igual que las transferencias monetarias privadas. La infraestructura de tarjetas de crédito y lectores será empleada con el propósito de trabajar con créditos de trabajo. Con el primer paso de la abolición de la explotación, las primas no relacionadas con el trabajo desaparecerán. Cuando los pagos con dinero se reemplacen por créditos de tiempo, otra de las grandes fuentes de desigualdad, la valoración diferente del tiempo entre hombres y mujeres desaparecerá. A la gente se nos dará un número de horas trabajadas en lugar de dinero al final de la semana, y los pagos de bienes y servicios se harán también en términos de tiempo. Pagarías por un abrigo que ha necesitado dos horas de trabajo para su producción con dos horas de tu propio tiempo.

Queda más aún para eliminar las clases que solamente deshacerse de las rentas de la propiedad. Como dijimos al principio, las clases llevan siglos existiendo. El acceso a la riqueza, conexiones y educación supone que algunas familias permanecen en la cúspide social generación tras generación. Deshagámonos de las rentas y ya habremos dado un gran paso. Pero todavía quedará prejuicio arraigado de que algunos trabajos «valen más» que otros, y que las personas con una cualificación profesional merecen ganar más. Esto sería el fundamento de las diferencias de clase que sobrevivirán aún en una sociedad socialista. Deshacerse del dinero ayudará.

Una economía basada en precios por tiempo habrá supuesto el reconocimiento democrático de supuesto de la igualdad humana.

Es mucho más difícil de justificar que un graduado cobre más que un trabajador de servicios si las cosas se expresan en tiempo y no en dinero. Las desigualdades monetarias se justifican a sí mismas. El hecho de que un médico cobre más que un empleado del hogar parece implicar que es lo que el segundo se merece. Con el pago en tiempo, nos quitamos la venda de la mistificación. Todos tenemos una vida finita; una hora de trabajo de un limpiador le quita a éste tanto tiempo de vida como a su hermana la médica. Si el tiempo que el médico pasa estudiando lo pagase la sociedad, con becas estudiantiles y una educación gratuita, no contaría como una justificación para pagarle más.

Pero para eliminar los efectos intergeneracionales, donde los hijos de los médicos hacen medicina y los hijos de los empleados del hogar trabajan como empleados del hogar, se necesita hacer más. Más allá de una educación gratuita, es necesario dar a los escolares el firme convencimiento de que todas las avenidas están abiertas para ellos. Que ya no existe la barrera de clase para la educación. Los sistemas de admisión de las Universidades, donde universitarios de la élite reclutan a las élites, se tienen que dejar atrás. Un examen de acceso común a todas las universidades, manteniendo ocultos los datos del estudiante que apruebe el examen, es lo que se necesitaría para romper la herencia de élites en lugares como Oxford (véase la Figura 1)

Población

Cuando el presupuesto nacional se calcula en tiempo antes que en dinero, se posibilita el alcanzar el pleno empleo y la consciencia de que es nuestro número de personas y tiempo lo que constituye el límite real de lo que puede ser hecho. El sistema sanitario y la preservación de la vida se hacen temas centrales. Países socialistas como Cuba, Vietnam y China han prolongado ampliamente su esperanza de vida (véase la figura 11)

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Figura 11: Esperanza de vida en India, China, Rusia y Vietnam. Realizado usando datos del World Bank Database.

Mientras, América sigue a Rusia por el camino de la caída de esperanza de vida y la reproducción por debajo de la fertilidad. Mencionamos arriba que el opio y la adicción al alcohol han aparecido como las principales causas de muerte en los EEUU (véase la figura 5). Una de las grandes fortalezas de la economía planificada es que acaba con estas enfermedades de la desesperación de dos maneras: el pleno empleo y los sueldos asegurados eliminan una de las causas principales, mientras que con la desaparición del dinero, el mercado negro de las drogas desaparece. En sentido contrario, uno de los primeros efectos de la antigua URSS cuando pasó a una moneda convertible fue el despegue del comercio ilegal de drogas.

Hay aún, incluso en los círculos progresistas, una preocupación ubicua en relación con la sobrepoblación. En un país como la China roja de los ’70s era algo bien fundamentado. Una nación cuya tierra cultivable ya estaba completa, cuya esperanza de vida estaba en aumento, necesitó seriamente planificar su población si querían evitar la hambruna. Pero en los países capitalistas ocurre lo contrario, que tienen tasas de natalidad tan bajas que se cierne sobre ellos la amenaza de un colapso poblacional dentro de un par de generaciones.

Un sistema socialista, donde la riqueza va a quienes la producen, permitirá cubrir las pocas semanas que los futuros padres necesitan si se sienten con la seguridad necesaria para traer una nueva generación al mundo. El mundo capitalista penaliza y hace pagar el pato a las jóvenes madres solteras, condenándolas a una vida de pobreza. En claro contraste, los países socialistas del siglo XX eliminaron el estigma, dieron apoyo financiero, casa y cuidados gratuitos. Es simplemente necesario comparar las tasas de natalidad en las alemanias oriental y occidental de finales del siglo XX para ver el efecto.

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Figura 12: fertilidad total en niños por mujer, Alemania. Realizado en base a datos del German Federal Statistical Office.


Notas

  1. Housing summary measures analysis: 2016, Office of National Statistics
  2. NdT: Las compañías ‘blue chip’ son aquellas que en la jerga bursátil se consideran solventes, bien establecidas, con ingresos estables… Compañías «pata negra»

  3. Aln Freeman, “The sixty-year downward trend of economic growth in the industrialised countries of the world.“, Manitoba: Geopolitical Economy Research Group (2019)
  4. Deryng, Delphine and Conway, Declan and Ramankutty, Navin and Price, Jeff and Warren, Rachel, “Global crop yield response to extreme heat stress under multiple climate change futures“, Environmental Research Letters 9, 3 (2014), pp. 034011.
  5. Sherwood, Steven C and Huber, Matthew, “An adaptability limit to climate change due to heat stress“, Proceedings of the National Academy of Sciences 107, 21 (2010), pp. 9552–9555.
  6. Kjellstrom, Tord and Briggs, David and Freyberg, Chris and Lemke, Bruno and Otto, Matthias and Hyatt, Olivia, “Heat, human performance, and occupational health: a key issue for the assessment of global climate change impacts“, Annual review of public health 37 (2016), pp. 97–112.
  7. Harde, Hermann, “Radiation transfer calculations and assessment of global warming by CO2“, International Journal of Atmospheric Sciences 2017 (2017).
  8. Nikolov, Ned and Zeller, Karl, “New insights on the physical nature of the atmospheric greenhouse effect deduced from an empirical planetary temperature model“, Environment Pollution and Climate Change 1, 2 (2017), pp. 112.
  9. Holmes, Robert Ian, “Thermal Enhancement on Planetary Bodies and the Relevance of the Molar Mass Version of the Ideal Gas Law to the Null Hypothesis…“, Earth 7, 3 (2018), pp. 107–123
  10. Smil, Vaclav, Two prime movers of globalization: the history and impact of diesel engines and gas turbines (Mit Press, 2010)
  11. NdT: se trata de un juego de palabras; business at usual también se refiere no solo a los negocios sino a «lo de siempre, lo establecido»
  12. NdT: el artículo se publicó el 10 de marzo. La noticia de la que habla es la siguiente: https://www.ft.com/content/80b1c286-1589-11e9-a581-4ff78404524e

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