Huelga en la EMT: «Si queremos prestar un servicio público de calidad tenemos que tener plantilla suficiente»

Jesús Fraile, miembro de Plataforma Sindical y portavoz del Comité de Huelga

Todo madrileño que haya participado de una u otra forma en las movilizaciones obreras, especialmente en las huelgas generales, sabe que las cocheras de la Empresa Municipal de Transportes siempre son uno de los puntos más calientes. No es para menos: parar el transporte público de una ciudad implica un impacto claro y directo sobre su actividad diaria. Gran parte del éxito o el fracaso de las huelgas generales se juega, por tanto, en esas cocheras.

Los trabajadores y trabajadoras de la EMT de Madrid tienen, además, una larga tradición de lucha. Han encabezado algunas de las huelgas históricas de nuestro país, como la que a principios de los años 90 detuvo por completo y durante veintidos días la circulación de autobuses, exigiendo un aumento salarial y una reducción de jornada que finalmente se consiguieron. Gracias a su alto nivel de organización – una gran mayoría de la plantilla está sindicada -, a la unidad de todas las fuerzas sindicales en torno a las grandes cuestiones, y al compromiso constante que siempre han mostrado a la hora de defender tanto sus derechos laborales como el servicio público que prestan, la plantilla de la EMT de Madrid nos ofrece importantes lecciones sobre cómo el sindicalismo de clase puede y debe jugar un papel fundamental a la hora de frenar la ofensiva neoliberal.

Mañana, día 3 de diciembre, irán de nuevo a la huelga, porque esa misma ofensiva, encabezada por el gobierno del Trifachito, continúa. En un mundo en el que los directivos y los Consejos de Administración hacen y deshacen a su antojo, el ejemplo de la EMT de Madrid es peligroso para la clase dominante. Nada más llegar al Ayuntamiento, el nuevo alcalde de la derecha, Martínez Almeida, ha roto con algunos acuerdos fundamentales alcanzados durante el anterior gobierno municipal, bloqueando la contratación de más de trescientos conductores con consecuencias directas sobre el servicio – más de trescientos turnos dejaron de cubrirse nada más empezar el mes de octubre -, externalizando actividades como el Navibus – la misma administración que ha eliminado Madrid Central se justifica diciendo que los autobuses de la EMT son «muy contaminantes» -, preparando la privatización de BiciMad y Teleférico, y congelando la remunicipalización de algunos garajes.

A pesar de los intentos de la parte sindical de dar una solución negociada al problema, la nueva administración se niega a recibir a los representantes de los trabajadores. Después de cuatro años de gobierno progresista, los directivos de la Empresa Municipal de Transportes parecen dispuestos a llevarla de nuevo a un estado de excepción casi permanente, provocado por una administración que no está interesada en dialogar y que parece dispuesta a sacar adelante su agenda a cualquier precio.

Enfrente, se encontrarán a una de las plantillas más organizadas y combativas de la ciudad, dispuesta a defender el transporte como un servicio social para la mayoría. En la víspera de la huelga, hablamos con Jesús Fraile, miembro de Plataforma Sindical y portavoz del Comité de Huelga, sobre el pasado, presente y futuro de la empresa.

La huelga que tenéis mañana va a afectar a un servicio público que es fundamental para el funcionamiento de la ciudad. ¿Créeis que hay sensibilidad entre la gente sobre la necesidad de la huelga? ¿Qué reacción esperáis de los ciudadanos? ¿Hay buena sintonía?

Hombre, nosotros sabemos que un servicio público afecta a los ciudadanos. En el momento en que tú haces una huelga y vas a poner en la calle menos servicio del que estaba previsto, pues va a afectar a los ciudadanos. Y sabemos también a qué tipo de ciudadanos afecta: en este caso afecta a los ciudadanos trabajadores que se mueven y utilizan el transporte público. Son los más, o los únicos afectados en esta materia.

Sí que es verdad que en esta huelga estamos recibiendo muchos apoyos de los ciudadanos. Nosotros hemos sacado octavillas y comunicaciones a los usuarios informándoles de que las acciones que estamos haciendo son porque estamos viendo que están deteriorando el servicio, y son medidas que ya el concejal que tenemos ahora mismo ya ha aplicado en otras empresas. Podemos hacer una comparativa de cómo está el Metro de Madrid ahora, donde el concejal ha estado durante un tiempo de consejero, y ha dejado el Metro de Madrid como un solar: tiene ahora mismo unas pérdidas importantes, tiene un déficit de plantilla bastante preocupante porque no se están cubriendo los servicios y las frecuencias de los trenes están aumentando…

Entonces nosotros lo que estamos planteando es que no se trata de que hagamos propuestas de que aquí se contrate gente por contratar: es lo que demanda realmente el servicio público que hacemos. Si queremos prestar un servicio público de calidad, y ofrecer un buen servicio a los ciudadanos, tenemos que tener la plantilla suficiente para prestar ese servicio. Si no la tenemos, lo que está ocurriendo ahora va a ir a peor, porque a primeros de año está previsto también el cierre de la línea 4 de metro.

Y claro, para hacer ese servicio sustitutorio, o lo hacemos con el personal que tenemos ahora mismo, que tendría que cubrirse retirando personal de otras líneas, o podría pasar lo que ha pasado con Naviluz: dárselo a una empresa privada. Lo que estamos haciendo es evitar que este nuevo Ayuntamiento tome decisiones que sigan deteriorando el servicio de la EMT, porque entendemos que pueden tomar medidas aún más problemáticas y perjudiciales para todos los ciudadanos. Es una huelga que hacemos por el servicio, porque queremos seguir prestando el mejor servicio a los ciudadanos de Madrid, y entendemos que el pueblo de Madrid no se merece lo que está haciendo ahora mismo el nuevo Ayuntamiento.

En las asambleas que hicisteis previas a este proceso de movilizaciones, convocadas por el Comité de Empresa, concentrasteis a centenares de trabajadores. Las imágenes eran espectaculares y corrieron como la pólvora. ¿Qué papel juega la unidad sindical en vuestra lucha? ¿Cómo trabajáis a diario la coordinación entre fuerzas sindicales?

Sí que es verdad que Plataforma Sindical en este caso somos la mayoría en el Comité de Empresa, pero llevamos una línea de unidad con todas las organizaciones del Comité desde hace ya unos cuantos años. Siempre hay algún sindicato que se desmarca en algún convenio colectivo, pero la mayoría de las organizaciones llevamos una línea de actuación de unidad para seguir manteniendo la empresa pública y mejorar nuestras condiciones laborales y económicas.

¿Cómo se trabaja? El trabajo tiene que ser permanente, un trabajo continuo con los trabajadores en el que hay que explicarles que la fuerza recae en ellos, y no en un Comité de Empresa. Si los trabajadores están unidos y fuertes, y tú mantienes que la fuerza la tienen ellos en la Asamblea, y que todas las decisiones las toman ellos en Asamblea, pues los trabajadores van a seguir creyendo en ese modelo sindical.

Aquí el trabajo sindical es continuo. Plataforma Sindical se creó en el 88, y sin estar en el Comité de Empresa ya hicimos una huelga. Lo que entendíamos es que la relación con los trabajadores tiene que ser en los puestos de trabajo, y nosotros permanentemente vamos a los puestos de trabajo en horario de mañana y tarde. Los trabajadores están permanentemente informados de todo lo que pasa en la EMT: es decir, el trabajador no sólo sabe lo que tiene que hacer en su puesto de trabajo, sabe todo lo que ocurre desde arriba hasta abajo. Sabe perfectamente cómo funciona la empresa, qué medidas se toman, y qué propuestas llevamos a las comisiones de trabajo porque, de hecho, muchas veces nos las dicen ellos.

Todo eso se va regando con información continua y trato directo. Ellos ven que participan y se crea una conciencia de clase que evita que se fraccionen los colectivos: aquí se defiende a todos los colectivos por igual. Prueba de ello es que en las Asambleas se votó que cuando atacaran a un colectivo de la EMT todos los trabajadores nos movilizaríamos para defenderlo. Todos los trabajadores que estaban allí eran mayoritariamente conductores, que es el colectivo más amplio, pero votaron por la defensa de todos los trabajadores.

Has hablado de distintos colectivos. Una de las herramientas que hemos visto que utilizan las empresas para dividir a los trabajadores y atacar esa conciencia de clase es segmentarlos en distintas categorías. ¿Cómo se estructura eso en la EMT? ¿Hay distintas categorías, contratos eventuales…?

En la EMT, por Convenio Colectivo, sólo existe un tipo de contratación: indefinida al 100%. Nosotros siempre hemos cuidado eso mucho: como sindicatos y como trabajadores tenemos que evitar la fragmentación, evitar que haya trabajadores de dos o de varios tipos. Ya sabemos cómo está el mercado laboral ahora mismo: ellos se han encargado mucho de fragmentarlo y entonces nosotros lo que hemos cuidado mucho es de no meter ningún trabajo temporal.

Hay varios servicios departamentos. Ahora mismo, por ejemplo, con la gestión de los servicios que nos han sido asignados, como BiciMad o los aparcamientos, cuando trajeron las grúas, el Teleférico… Hay un montón de servicios, pero todos los trabajadores tienen el mismo contrato, desde el primero hasta el último.

Sí que hemos metido una cosa en el Convenio Colectivo porque hace ya varios años, el Partido Popular metió por la puerta de atrás a 64 trabajadores, los que nosotros llamábamos los paracaidistas. Claro, ese personal que venía aquí sin ningún tipo de concurso, se quedaba aquí y ya entraban fijos en la EMT con contrato indefinido igual que cualquier trabajador, pero sin haber hecho ningún concurso ni nada. Nosotros lo que introdujimos es que aquí sólo pueden venir sin concurso directores y subdirectores. Y los que vengan a la EMT, una vez acaben los cuatro años de legislatura del gobierno, o que haya un cambio de gerente, igual que han venido se tienen que marchar de la EMT.

En relación a la remunicipalización de algunos servicios, hemos visto que determinados servicios de transporte, como el Metro, están en una situación muy difícil. Sin embargo, la EMT, durante los últimos cuatro años, ha vivido una situación diferente. ¿Qué ha supuesto el gobierno progresista para la empresa?

Sí que es verdad que nosotros como sindicatos y como trabajadores tenemos una posición, y nos posicionamos a favor de un gobierno de izquierdas. Pero al final somos sindicalistas, y por mucho que haya un gobierno de izquierdas, si al final nos ataca nos tendríamos que defender igual.

Sí es cierto que cuando entró el gobierno anterior de Manuela Carmena, la empresa estaba en una situación bastante precaria, tanto a nivel financiero como a nivel de material: teníamos autobuses con una antigüedad de quince o dieciseis años. Las inversiones habían estado paralizadas durante muchos años y habíamos pasado de una edad de los autobuses de ocho a dieciséis años: habíamos doblado esa edad. Cuando entra el gobierno de Carmena, al principio, el primer año, también había autobuses que fallaban, porque era parte de la herencia del Partido Popular. También la deuda, que era muy, muy importante. Además, veníamos de un periodo de presupuestos con pérdidas.

El Ayuntamiento, con Ahora Madrid, lleva a cabo una gestión diferente. Remunicipaliza el servicio de los aparcamientos: todos los aparcamientos que iban terminando la concesión, en vez de volver a licitarlos para que siguieran en manos privadas, los traían de vuelta a la EMT. Aparte, remunicipalizó el servicio de BiciMad, remunicipalizó el Teleférico, y metió un proyecto a unos años, que creo que termina en 2020 o 2021, de inversión con la compra de autobuses.

Ahora seguramente se lo quieran apuntar estos del Partido Popular, pero eso ya está licitado: se va a cambiar casi toda la flota de autobuses, además con vehículos sostenibles. Se hacen nuevas propuestas, recuperando servicios que habían sido suprimidos en algunas líneas los fines de semana. Y vemos un cambio en las relaciones laborales, porque independientemente de nuestras diferencias, hay avances en medidas laborales, sociales y económicas para los trabajadores que suponen una mejora. Vemos verdaderamente cómo aparte de apostar por la EMT, a nivel de gestión económica pasamos de tener una situación de pérdidas a dar beneficios. Estamos ahora mismo con las cuentas estables.

Es decir, que han hecho una gestión bastante buena. La deuda que teníamos a largo plazo ya está saneada, y la que tenemos a corto plazo se va saneando poco a poco todos los meses. Eso ha cambiado con el nuevo gobierno: prueba de ello es que este ejercicio, que estaba previsto cerrarlo sin pérdidas, ya se va a cerrar con al menos doce millones de pérdidas.

¿Y eso?

Principalmente por dos cuestiones, que además están publicadas en la página de la EMT. Nosotros como empresa gestionamos una serie de servicios para la ciudad: tenemos más de 125 trabajadores, agentes administrativos, que prestan servicios en gestión de multas y licencias de taxis. También tenemos personal que controla el carril bus, personal de grúas para retirar coches de las calles… Todos esos servicios que tú prestas al Ayuntamiento tienen que estar subvencionados.

En los presupuestos, en este concepto, el Ayuntamiento tenía comprometidos 28 millones de euros, pero el gobierno de Almeida sólo ha aportado 16. Si el Ayuntamiento aportara ese dinero, no habría pérdidas.

Además hay un acuerdo con el Consorcio Regional de Transportes por el cual durante los años 2017 y 2018 todas las inversiones que se hicieran en autobuses serían subvencionadas por el Consorcio en el 10%. Eso suponía que en 2017 nos tendrían que haber dado 6 millones, y en el 2018 otros tantos. ¿Quien llegó a ese acuerdo? El actual gerente, que era antes consejero en el Consorcio de Transportes y responsable de ese acuerdo. Claro, es muy difícil que ahora ese mismo gerente reclame esa deuda que él mismo no pagó. Con lo cual, otros 12 millones más que, si se aportaran, permitirían que la EMT no cerrase con pérdidas, sino con beneficios.

Manifestación por el transporte público. Madrid. 19 de septiembre de 2019. Foto: La Mayoría.

Comentabas que teníais diferencias con el anterior gobierno de Manuela Carmena. ¿Qué tareas pendientes créeis que le quedaron en relación a la EMT? ¿Qué exigencias o reivindicaciones le plantearíais a un gobierno progresista?

Nosotros nos preguntamos siempre por qué cuando se licita un servicio público y se llega a un acuerdo con una empresa privada, siempre se queda bien cerrado y luego es muy difícil siempre de recuperar, mientras que los servicios públicos, que están gestionados por los Ayuntamientos, no tienen ese blindaje. Al contrario, ellos ya se encargan de debilitar a las empresas públicas por medio de las leyes, por ejemplo de la Ley Montoro que dice que si una empresa pública tiene dos años de pérdidas puede externalizar ciertos servicios.

Yo creo que sí se quedaron alguna serie de cuestiones en el tintero, porque es complicado en cuatro años moverlo todo. Hubo una apuesta importante por el tema de los carriles bus, que habría que reforzar para dar prioridad al transporte público en la circulación, y a lo mejor en otra serie de cuestiones a nivel laboral se podría haber avanzado un poco más en algunas cuestiones. Pero sí llegamos a acuerdos, y además tampoco se firmó un Convenio Colectivo que pudiera recoger grandes avances. Podía haber alguna serie de cuestiones a nivel general, pero a grandes rasgos estamos satisfechos.

Otros servicios como el Metro o el taxi, servicios también de transporte público, han estado presentes de alguna forma u otra en la conversación. A mediados de septiembre hubo una movilización importante en la que participasteis los trabajadores de casi todo el sector del transporte público de la Comunidad. ¿Vais a seguir trabajando en esa línea de colaboración?

Hay una plataforma, Madrid en Transporte Público, que lleva ya bastantes años creada y funcionando, en la que hay un montón de organizaciones a nivel político y a nivel sindical, donde se defiende el transporte público en la ciudad de Madrid.

Yo creo que es fundamental que la coordinación y la unión entre los distintos sectores, tanto del taxi, del Metro y de la EMT, se profundice. Cómo hemos dicho antes, a nivel empresa ellos van intentando dividir, ya sea por medio de contrataciones distintas, en el tema del transporte pasa exactamente igual: no van a atacar a los tres sectores a la vez. Van a intentar primero ir a por uno, y luego a por otro.

Si fuéramos capaces de crear esa conciencia grupal dentro de los trabajadores de todos los servicios públicos, lo tendríamos mucho más fácil. Yo a lo mejor incluiría en ese plan no sólo a los servicios públicos de movilidad. Nosotros, como sindicato, también participamos en la defensa de la sanidad y la educación pública, y llevamos participando desde el año 2000 en plataformas para intentar parar las privatizaciones y destrozos del Partido Popular. Todos sabemos la situación en la que están los Hospitales y las consecuencias que eso tiene. No sabemos los fallecimientos que hay por negligencias, por falta de recursos, por las listas de espera interminables…

Todo ese tipo de cuestiones tenemos que intentar afrontarlas no sólo los trabajadores del transporte público, sino todos los trabajadores. Tenemos que defender lo público porque si al final nos olvidamos de que lo público es de todos, y dejamos que vayan yendo sector por sector, pues al final nos va a llegar a todos la hora.

Solidaridad Obrera va a convocar paros también el día 3, en lo que es un ejemplo de coordinación y de unidad de la lucha obrera. ¿Sería viable una gran huelga del transporte público madrileño para poner la problemática sobre la mesa?

Viable, sí, pero es complicado. A nosotros con los compañeros de Solidaridad Obrera nos une una gran amistad, somos sindicatos hermanos y hemos colaborado no sólo en el transporte público, sino también en un montón de espacios donde trabajamos conjuntamente.

Si fuéramos capaces, ya no sólo a nivel de sindicatos, a nivel de Comité de Empresa, sino de unir a todos los trabajadores, pues claro que sería viable. Nosotros ahora mismo tenemos solidaridad con muchos sindicatos, no sólo del transporte, sino a nivel global, y con movimientos sociales. Gente que permanentemente nos muestra su apoyo y solidaridad en los piquetes, acompañándonos por la mañana, por la tarde y por la noche, y eso siempre emociona y da fuerzas.

Pero esa solidaridad tenemos que entender también que nosotros tenemos que devolverla cuando esa gente está en movilizaciones. Nosotros hemos apoyado a los compañeros del Metro y a los del taxi cuando han estado en movilizaciones, y creemos que podría salir adelante una movilización general. Lo que pasa es que no puede darse en dos días. Construir una lucha conjunta en estas empresas no puede conseguirse en poco tiempo.

Dentro de esa solidaridad, de esa coordinación con otras fuerzas sindicales, ¿tenéis dimensión internacional, o en el marco de la Unión Europea? En una Unión Europea que ataca tan duramente los servicios públicos, ¿conocéis alguna experiencia de lucha de otras empresas de transporte público en empresa, con las que hayáis colaborado o tengáis contacto de alguna manera?

No, a nivel europeo no tenemos ese tipo de relaciones. Sabemos por prensa y porque estamos metidos en distintos espacios combativos, que sí se dan ese tipo de luchas. Sí que tenemos esa experiencia y trabajamos esa unidad, y en este caso formamos parte como Plataforma Sindical, de una coordinadora estatal de sindicatos del transporte, que agrupa a metro, EMT e interurbanos, y hay un montón de organizaciones de distintas provincias, desde el norte hasta Canarias.

Ahí además vemos una prueba clarísima de lo que supone la empresa privada. En el caso de Zaragoza, no hay EMT: sus autobuses urbanos están en manos del grupo Avanza. La conflictividad es permanente. Los incumplimientos son permanentes. No respetan los materiales ni las frecuencias. El conflicto de los compañeros de Zaragoza nos muestra que la gestión privada supone siempre una situación más difícil para los trabajadores, porque las empresas privadas van a lo que van: a la rentabilidad, y para llegar a esa rentabilidad, pues tienen que ahorrar costes.

¿Como ahorran costes? Ahorran costes en el tema de las inversiones, no invierten en nuevos autobuses. Ahorran costes en el tema de mantener las frecuencias que están obligados a mantener, y hay un montón de incumplimientos de relaciones laborales recogidas en el Convenio Colectivo. Ahí podemos ver que la forma de gestionar una empresa de transporte urbano desde una óptica privada es totalmente distinta a la de una gestionada como servicio público.

«como sindicatos y como trabajadores tenemos que evitar la fragmentación, evitar que haya trabajadores de dos o de varios tipos»

Metiéndonos ya en la propia naturaleza del servicio público, después de toda esta experiencia que hemos comentado de los cuatro años de gobierno progresista, volver a la confrontación y a la necesidad de pelear cada derecho y cada inversión, plantea algunas reflexiones. ¿Créeis que la empresa pública puede sobrevivir de esa manera, con gestores que cambian cada cuatro años y con inestabilidad constante? ¿Cómo podríamos poner en marcha mecanismos para garantizar que la empresa pública siempre sirve al bien común y pone por delante la calidad del servicio frente a la rentabilidad?

Pues hemos estado cuatro años con un gobierno progresista, pero llevábamos casi veintiocho años con gobiernos del Partido Popular. Y a pesar de la conflictividad y de la lucha, no siempre ha sido así, y también hemos conseguido llegar a acuerdos.

Yo creo que la problemática del sector público es el sistema en su totalidad. Este sistema capitalista siempre busca dónde hacer negocio, donde encontrar rentabilidad, y ahora van a por lo público, porque las administraciones van a sufragar a esas empresas. Los que se metan aquí buscando hacer negocio seguramente no creen en el servicio público.

Se podría, aunque en este caso ya no sería competencia de un gobierno municipal, aprobar leyes para que los servicios públicos no se puedan en ningún caso externalizar. Si no existiera la ley de la sanidad, la 15/97, no podrían haber dado los pasos para privatizarla. Igual que existen leyes para, como dicen ellos, liberalizar y que todo sea un negocio sin importarles lo más mínimo el servicio que se presta, pues tenemos que dotarnos de leyes que eviten ese tipo de gestiones.

La otra es una cosa que hemos hablado toda la vida: tenemos que ser el pueblo y los trabajadores, que también somos usuarios de esos servicios públicos, los que tenemos que defenderlas. ¿Cómo podemos hacerlo? Pues utilizando las herramientas que tenemos como ciudadanos para proteger nuestros servicios públicos.

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