Tras 10 años de crisis

Marcha de apoyo a los 34 de Montrasa (Alcoa Avilés), el 1 de diciembre de 2017. Foto: LM
Marcha de apoyo a los 34 de Montrasa (Alcoa Avilés), el 1 de diciembre de 2017. Foto: LM

Cambio de década y damos una mirada atrás para contemplar 10 años marcados por la crisis económica. 10 años que han cambiado nuestro país, y el planeta entero.

En España toda una generación de jóvenes trabajadores no ha conocido otra realidad que la del empleo precario y los salarios escasos. Para ellos y ellas no existe el Curro se fue al caribe de épocas pasadas, o el mandar a freir puñetas al jefe porque a la semana encontrabas trabajo en la empresa de al lado. Solo férrea disciplina y no protestar.

Pero a pesar de las privilegiadas condiciones de las que disfruta la patronal española en su relación con los trabajadores, hemos sido testigos y partícipes de intensas luchas de clases.

El movimiento 15M sacudió al país. Abrió una crisis política sin precedentes desde los años 70 y cambió el panorama de partidos. De la antipolítica inicial, el movimiento cristalizó en Unidas Podemos, con todos sus aciertos y errores, este partido/coalición se ha convertido en el enemigo público número uno del establishment ibérico.

Entre medias hemos presenciado, y participado en, miles de movilizaciones, parado desahucios, visto a los mineros entrar en Madrid, huelgas internacionales coordinadas en Amazon y Ryanair, la explosión arrolladora del movimiento contra la violencia machista, a la Policía y a los Mossos poniéndose morados a dar hostias (y recibiendolas alguna vez también, como en aquel día 22 de Marzo en Madrid), a la juventud clamando por el futuro del planeta, a la momia de Franco saliendo de su tumba en helicóptero…

También hemos comprobado cuánto franquismo sociológico queda en la sociedad española, cuántos de nuestros padres, abuelos y bisabuelos que lucharon por una España mejor siguen enterrados en las cunetas, y también los primeros conatos de lucha sindical organizada de trabajadores extranjeros en los campos del sur de España y en lo barrios de las grandes ciudades. El nacionalismo, a un lado y otro del Ebro, intenta imponer su agenda para que no se hable de la agenda social. 

Sí, han sido 10 años muy intensos que, con alegrías y tristezas, han pasado volando.

Todavía a día de hoy, y con un nivel de movilización social mucho menor, estamos a la espera de ver si por primera vez en 40 años hay ministros a la izquierda del PSOE en un Gobierno de España. El resultado de esta aventura es incierto. Pero no se puede negar que tanto quienes señalan las oportunidades como los peligros de la entrada de UP en el Gobierno, cuentan con argumentos de peso que deben ser tenidos en cuenta.

Si hace falta señalar un síntoma de lo que ha cambiado nuestro país en esto 10 años, basta con constatar que, a día de hoy, se habla de política hasta en los bares. ¿Quién lo iba a decir?

Todo apunta que la tímida recuperación económica de los últimos 5 años llega a su fin. Puede ser en meses, o en un par de años, pero una nueva recesión es una amenaza real. Y con ella vendrá una nueva oleada de descontento popular, y de movilización. También una intensificación de las opciones reaccionarias a la crisis.La última crisis, que todavía no se ha cerrado, generó una respuesta popular en términos de reforma y mitigación de los efectos más dañinos de la recesión. Debemos prepararnos para que a la próxima crisis se responda en términos de plantear una alternativa social al capitalismo. Eso requerirá organización, claridad de ideas, y tejer alianzas sociales de clase amplias, con un programa socialista en el centro. Esa es nuestra tarea para la próxima década. Y es una tarea urgente.

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