Los Santos Inocentes del olivar

Álvaro Rodríguez
Álvaro Rodríguez
Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas y de la Administración en la Universidad de Granada.

“Y la Señora recorría lentamente el pequeño jardín, los rincones de la corralada con mirada    inquisitiva y, al terminar, subía a la Casa Grande, e iba llamando a todos a la Sala del Espejo, uno por uno, (…) y a cada cual le preguntaba por su quehacer y por la familia por sus problemas y, al despedirse les sonreía con una sonrisa amarilla, distante, y les entregaba en mano una reluciente moneda de diez duros.

-Toma, para que celebréis en casa mi visita

Y, al atardecer, juntaban los  aladinos en la corralada y asaban un cabrito y lo regaban con vino y en seguida cundía la excitación, y el entusiasmo

– ¡Que viva la Señora Marquesa! y ¡que viva por muchos años!” (Miguel Delibes. Los santos inocentes. 1981)

En esta novela, Miguel Delibes narra la angustiosa vida de los jornaleros, que, a modo de comparación, no se diferencia en mucho, salvo por algunas salvajadas que han dejado de cometerse, con respecto a la actual vida de los trabajadores del campo. Uno de esos sectores hoy está atravesando una etapa incontrolable, y podríamos estar hablando de cualquier sector agrícola, pero hablaremos en concreto de la moribunda situación del olivar.

Para ponernos en contexto, debemos tener en cuenta algunos datos acerca de la actualidad del valor del aceite de oliva. Según la Comisión Europea, hoy en día, se encuentra en mínimos históricos definiendo el precio medio en 1,79 euros el kilo en la semana del 22 al 28 de enero de 2020, con un descenso incontrolable desde hace meses.

Por ello, si nos ponemos a examinar los factores o causas por las cuales miles de jornaleros y jornaleras se encuentran en una situación crítica, se pueden observar tres problemas de carácter estructural, que son comunes a todos los sectores de la agricultura, y otros dos condicionantes externos que han afectado durante estos años a la incontrolable caída del precio del “oro verde”

Uno de los factores clave, es la falta de capacidad para los pequeños y medianos agricultores de introducir paulatinamente nuevas tecnologías que le sirvan para la mejora y aumento de su producción total. El miedo de los pequeños agricultores a realizar una gran inversión tecnológica, que a fin de cuentas no les salga rentable, junto con las pocas facilidades que se otorgan desde la administración pública, provocan miedo y distancia hacia la modernización de los campos, es por ello por lo que el sector olivarero es un sector que sigue utilizando los métodos tradicionales para el cuidado, protección y recolección del cultivo, sin embargo, las grandes empresas no se encuentran con tal dificultad. Estas últimas además de disponer de grandes superficies de terreno, cuentan con una gran inversión tecnológica que aumenta la cantidad final de la producción total. Este problema afecta a otros muchos sectores agrícolas y que producen las mismas consecuencias y quebraderos de cabeza a los trabajadores del sector primario.

Por otro lado, en cuanto a la distribución del producto, debemos resaltar que existe una clara falta de control que, una vez más, beneficia a las grandes empresas. Son conocidas las malas prácticas de las grandes superficies que han sido denunciadas por varios sindicatos de agricultores, entre ellas la venta de aceite normal como aceite de oliva virgen. En este sentido, las almazaras en España venden la mayor parte de su producción a granel a otros países y son precisamente las empresas de esos países las que se encargan después del envasado y de etiquetar el aceite con su propia marca, es en ese proceso donde se produce el fraude que disminuye el precio del producto y elimina a toda la competencia que sí cumple con la normativa de etiquetado y envasado. Estas mismas empresas distribuidoras son las que presionan a las almazaras para que estas reduzcan sus precios, teniendo una rentabilidad casi nula.

En otro sentido, y también como circunstancia estructural, debemos tener en cuenta la cuestión de los conflictos laborales en el campo. Antes hablábamos de que, debido al monopolio del control de la producción del olivar, los precios y la competencia han provocado que la rentabilidad sea nula en relación con el valor de la producción total. Es, por tanto, cuando los pequeños y medianos propietarios se ven obligados a contratar mano de obra barata, a fin de cuentas, ilegal, que abarate sus costes y así obtener cierto beneficio. Esto ha provocado conflictos con sindicatos, los cuales tratan de defender los derechos laborales de los trabajadores.

Además, debemos añadir la política arancelaria proteccionista de Donald Trump sobre el aceite de oliva como uno de los factores externos que ha colocado al sector contra las cuerdas tras el hundimiento de las cotizaciones, pues desde octubre de 2019 se aplica una tasa del 25% sobre los aceites españoles envasados. Por si fuera poco, la Administración Trump prevé aumentar dichos aranceles y poner unos nuevos sobre la venta de aceite a granel. Esto ha provocado que el aceite de la campaña anterior no se haya terminado de vender, y teniendo que almacenar la producción de la campaña de este año, las almazaras se hayan visto obligadas a darle una rápida salida a un bajo coste que casi no cubre los gastos. Bruselas tampoco ha ayudado a la solución de este problema ya que como veremos a continuación se ha permitido que se apliquen dichas medidas.

Ya avisaron en el año 2017 distintos sindicatos y partidos políticos acerca de las consecuencias que tendría la puesta en marcha de los Tratados de Libre Comercio (TTIP/CETA) sobre los pequeños agricultores. Tras su aprobación “exprés” en el Congreso de los Diputados con el apoyo del PSOE, Ciudadanos y PP en el año 2017, ya se empiezan a ver los primeros signos perjudiciales de su entrada en vigor. A parte de sus claros efectos ambientales, debido a la reducción de los requisitos en materia medioambiental o en organismos modificados genéticamente, no se va a poder competir con los precios estadounidenses como ya paso con el NAFTA (North American Free Trade Agreement) sobre los productos mexicanos una vez se hubo liberalizado el mercado. Por otra parte, un claro retroceso en soberanía ya que las empresas podrán demandar a los estados por las leyes que se tramiten y que les afecten a ellas directamente. Todo ello junto con la liberalización de servicios públicos fundamentales como la sanidad o la educación

En definitiva, y para concluir, son necesarias soluciones políticas que cambien la deriva del problema, junto con la necesaria movilización de los agricultores. Estas soluciones deben atravesar todos los factores anteriormente mencionados. Desde la ayuda por parte de la administración pública a la tecnificación de los cultivos, junto con el aumento del control a las grandes empresas distribuidoras del producto final para evitar el fraude y la presión a los consumidores y pequeños empresarios productores, además de la creación de una distribuidora pública estatal controlada por el estado y los pequeños distribuidores que mire por los intereses de la clase trabajadora, una regulación estatal mucho más fuerte en materia laboral que asegure el cumplimiento de la normativa laboral pero que también asegure la rentabilidad de los agricultores sobre su producción, unido con una respuesta clara desde Bruselas y desde Madrid a la administración Trump en contra de sus políticas proteccionistas, a la par que se deja de negociar con Estados Unidos un acuerdo que perjudica al sector agrícola en su mayoría, a la vez que se trata de incentivar un olivar sostenible y respetuoso con el medio ambiente.

Yo mismo, personalmente, conozco el inmenso trabajo que deben de emplear los miles de jornaleros y jornaleras para llevar el pan a casa cada día, la gran cantidad de horas, el gran esfuerzo tanto físico como mental y lo poco que reciben a cambio de ello. Por todos los motivos expuestos, es necesario apoyar a la industria del olivar y a todos sus trabajadores. Hay que dejar de alabar al que, en definitiva, es el cómplice necesario de las crisis en el sector olivarero, es decir, las grandes multinacionales gestoras de los mercados y de los estados, y que los trabajadores y pequeños y medianos agricultores unan sus fuerzas en la lucha por la defensa de la vida de su industria. Hay que dejar de ser los santos inocentes del olivar  #SOSolivar #AceiteConPrecio

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