SMI Europeo, ¿Por qué debemos apoyarlo y por qué los nórdicos se oponen?

Un grupo de trabajadores posa para una campaña por la igualdad de la Confederación Sueca de Sindicatos LO

España lleva inmersa en el debate sobre la subida del salario mínimo desde hace más de un año, una medida que ha proporcionado protección frente a los “salarios de hambre” a millones de trabajadores y sus familias.

Entre medias ha irrumpido con fuerza el debate sobre la implantación del salario mínimo y su cuantía a nivel europeo, lo que ha llevado a enconar las posiciones en estas discusiones y a ampliar el ámbito de discusión.

Gobiernos, partidos políticos, sindicatos y patronales de diferentes países han presentado sus baterías de argumentos, bajo los cuales quedan expresados los intereses de clase y particulares. Así pues, la pregunta que nos debemos hacer es ¿qué significado tiene cada posición y cuál debemos adquirir como trabajadores en España?

Una propuesta liberal para aportar estabilidad al proyecto de la UE

La propuesta de un Salario Mínimo Europeo lanzada por la Comisión Europea, presidida por la conservadora alemana Úrsula Von der Leyen, plantea como objetivo evitar que la población trabajadora ocupada caiga en la pobreza extrema, como consecuencia de la agudización de la competencia y la contención de los costes.

A este objetivo, que es histórico de los liberales, debemos añadir una coletilla, también histórica y que esconde el fin último: evitar la pobreza extrema de los trabajadores para “no matar a la gallina de los huevos de oro”. Esto significa que han de hacer una concesión para que la extrema pobreza no cause agitación social ente los trabajadores y puedan, así, sostener su régimen de explotación que tantos beneficios les reporta.

En el particular de la propuesta europea, creen que esta medida puede cortar el paso al crecimiento de la eurofobia y a nuevas rupturas de países. La UE ha salido debilitada de la crisis de 2008 y un movimiento popular y obrero “incontrolado” y fuerte puede provocar la ruptura del proyecto europeo. La nueva recesión que se avecina y las nuevas políticas de austeridad y pobreza que anuncian desde la UE pueden provocar esa respuesta.

Así pues, no es nada loable el objetivo sino que atiende al interés del control social para implementar con mayor tranquilidad toda la austeridad de hace una década, es decir, empobrecernos calladitos para que el empresariado siga extrayendo el máximo beneficio.

¿Por qué dicen no los sindicatos nórdicos?

En países como Suecia, Dinamarca o Finlandia no existe salario mínimo a nivel nacional. Sin embargo, sí que existe a nivel de sector mediante los convenios colectivos.

El poderoso modelo sindical nórdico procede de su alto nivel de afiliación, debido a que gestionan los fondos para el desempleo y la jubilación y a que debes estar afiliado para disfrutar del convenio colectivo. Esto les otorga un poder asociativo muy persuasivo que a los trabajadores les ha reportado grandes resultados, alcanzando unos salarios muy elevados mediante la negociación colectiva. Algo de lo que debemos tomar nota en España. ¡Lo que podríamos hacer con una afiliación sindical similar!

Sin embargo, el modelo sindical nórdico presenta un problema de corporativismo que condiciona su posicionamiento sobre el Salario Mínimo Europeo. Las grandes centrales sindicales son coordinadoras de sindicatos de sector, asociados a la central. Estos son los que tienen la competencia para negociar los salarios mediante los convenios. El salario mínimo en todo el país se entrometería en los ámbitos competenciales de los sindicatos asociados, lo que generaría malestar.

Así, los sindicatos mayoritarios de Finlandia, Suecia y Dinamarca se han opuesto a la propuesta de salario mínimo europeo por temor a la pérdida de afiliados y de sindicatos de rama asociados a la gran central.

Además, debemos tener en cuenta que los países nórdicos obtienen transferencias netas de riqueza de otros países, por diversos motivos, lo que proporciona una renta per cápita elevada. Es lo que les permite optar a tales niveles salariales.

Así pues, unos elevados salarios no solo guardan relación con el poder sindical sino que, además, exigen una renta per cápita alta. En este punto tenemos casos como Bélgica o Luxemburgo, que, a pesar de disponer de salario mínimo, también poseen salarios elevados, incluido el mínimo en todo el país. El modelo de negociación nórdico no está en peligro.

De esta forma, podemos concluir que a cada circunstancia y objetivo hay un posicionamiento. Pero, ¿todos valen para los intereses objetivos de la clase obrera?

Spain is diferent

En países como Suecia y Finlandia, la cobertura de los convenios colectivos abarca casi al total de los trabajadores. Sin embargo, en torno al 10% de estos se encuentran fuera de los convenios y, por tanto, de las regulaciones salariales, lo que no quiere decir que sufran “salarios de hambre” en su totalidad.

A comparación de los países nórdicos, España posee una renta per cápita de casi la mitad; tiene escasos niveles de afiliación con un modelo sindical muy diferente; y ha visto retroceder la cobertura de los convenios colectivos, desde que la negociación colectiva fuera dinamitada en la Reforma Laboral de 2012,  pasando del 80% a algo más del 50%.

De esta forma, la mitad de los trabajadores está expuesta a los desmanes del empresario. Tanto los que están fuera de convenio, como aquellos trabajadores de sectores en los que el poder sindical es débil, tienen en el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) un suelo en el que apoyarse, para alcanzar unos ingresos que les garanticen unas condiciones mínimas de vida.

Este mínimo vital para todo trabajador ocupado lleva en alza desde hace dos años hasta los actuales 950 € mensuales. Es consecuencia de la presión sindical y social, desde 2011 y especialmente desde 2012, que se ha visto materializada en la entrada con fuerza de Unidas Podemos (UP) en el Parlamento y en la formación de un Gobierno de Coalición PSOE-UP.

Este logro representa un cierto poder político de la clase obrera, ejercido a través del voto y la presión hacia los partidos políticos. Así, el PSOE se ha visto obligado a elevar el SMI y a comprometerse a seguir elevándolo hasta los 1.200 € mensuales, cuya consecución dependerá de si los sindicatos siguen manteniendo su presión y poder frente a patronal y Gobierno.

Por ello, al igual que en otros países del Sur y del Este de Europa, hacen falta acciones y cambios que nos permitan no solo conseguir mejores condiciones de vida sino que también amplifiquen nuestros sindicatos y nuestro poder político. Sería como darle la caña y enseñarle a pescar al trabajador en lugar darle de los peces.

Una medida obrera para unirnos a todos

Entonces, vuelta al principio, ¿qué posicionamiento interesa objetivamente a la clase obrera?

Cada modelo salarial, ya sea un salario mínimo regional, un salario mínimo por sector en cada convenio o este junto con un salario mínimo para todo el país, tiene más o menos efectividad según las circunstancias de cada uno.

En España, debemos apoyar el establecimiento de un Salario Mínimo Europeo y el constante incremento hasta alcanzar, al menos, el 60% del salario medio. Esto proporciona cobertura al conjunto de los trabajadores que a día de hoy no están protegidos por los convenios colectivos o presentan debilidad sindical.

En estos términos es importante que los trabajadores mejoremos nuestras condiciones de vida para sobrevivir de la mejor manera posible. Pero, para los partidos obreros y los sindicatos hay algo esencial en el fondo que nos permite coger la caña y aprender a pescar.

Con respecto al modelo sindical y de negociación nórdico podemos observar uno de los grandes problemas que diariamente identificamos en nuestros sindicatos: el corporativismo. Así escucharemos diariamente en el sindicato el clásico “¿qué hay de lo mío?” o “¿qué hay de lo de nuestra empresa?”. El corporativismo separa a los trabajadores según su empresa, sector o región. Mientras que haya corporativismo y división, la debilidad y la competencia entre obreros campan a sus anchas provocando un perjuicio a nuestras condiciones laborales.

La segmentación de los trabajadores es el objetivo de la patronal. De esta manera tendemos a una posición de mayor debilidad en la negociación. No es lo mismo que negociemos a nivel europeo con todos los centros de trabajo unidos a que lo hagamos a nivel de país, menos aún a nivel sectorial o de región, menos aún a nivel de empresa y menos aún a nivel de individuo.

Así pues, el salario mínimo es una reivindicación general que ayuda a romper la competencia entre los obreros. Bajo una lucha general nos ponemos una mayor cantidad de trabajadores en un camino común, sea cual sea su sector, edad, región, etc. Esta es una cualidad esencial para construir una identidad de conjunto, de clase, entre los obreros.

El salario mínimo en el conjunto de la UE (60% del salario medio en cada país) provocaría un alza de los salarios tal que reduciría las distancias entre los más bajos con respecto a los más altos, tanto en el propio país como entre los diferentes estados de la UE.

En este sentido, lograríamos una mayor efectividad combinándolo con la potenciación de la negociación colectiva mediante el establecimiento de convenios colectivos a nivel europeo, en el caso de trasnacionales, y con una participación activa de los trabajadores, a través de los sindicatos, en los consejos de administración de estas empresas para ejercer el control sobre la forma de gestión. La tendencia a juntarnos todos los trabajadores es más beneficiosa. Si debemos defender nuestros intereses y organizar nuestro país en esa dirección, democrática y económicamente, entonces debemos actuar como una clase social, como un grupo que una a todos los que somos iguales, como un gigantesco y diverso colectivo de trabajadores asalariados que aspiramos a vivir mejor frente a la tendencia al empobrecimiento.

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