Lufthansa: el modelo de rescate que no queremos

El caso de Lufthansa anticipa el modelo de intervención en las empresas preferido por las élites capitalistas. Un modelo que hay que cambiar.

9.000 millones de euros de dinero público a cambio del 20% de las acciones del grupo y dos asientos en el consejo de administración. Simplificando mucho, es en estos términos en los que se está cerrando el acuerdo entre el gobierno alemán y la aerolínea Lufthansa (empresa ex-pública, privatizada en 1994).

Al igual que otras aerolíneas del mundo que se han visto forzadas a dejar su flota en tierra por la pandemia del coronavirus, el gigante del transporte aéreo alemán, se encuentra en serias dificultades, y la posibilidad de un rescate con dinero público lleva debatiéndose desde los inicios del confinamiento.

El acuerdo de rescate, que todavía debe pasar el trámite de ser aprobado por la Comisión Europea para verificar que no vulnera las reglas de ayudas estatales (flexibilizadas por la coronacrisis), es una salida lógica y esperable ante la situación del sector.

la música que se está tocando en esta fiesta suena como un canto del cisne del neoliberalismo

Todo indica que este tipo de operaciones de rescate de grandes empresas serán habituales en los próximos años, a medida que la esperanza de una recuperación económica en V se devanece, y entramos en una recesión profunda o una Gran Depresión. Por no ir más lejos, hace dos días era la transnacional siderúrgica ArcelorMittal la que anunciaba una compleja situación financiera del grupo y pedía ayudas públicas para mantener su actividad.

El modelo de rescate de Lufthansa activa nuestras alarmas, no por el hecho de que se inyecte capital público en una empresa privada mediante la compra de acciones a un determinado precio, sino por la peculiaridad de los derechos de voto que adquiere el estado alemán fruto de esta adquisición del 20%.

Y es que el acuerdo incluye una serie de cláusulas en virtud de la cuales, el estado alemán evitaría que los dos representantes que va a obtener en el consejo de administración se posicionen en las decisiones a tomar, salvo en situaciones en las que la compañía corra peligro de ser adquirida por grupos extranjeros. Lo que se conoce como una “participación silenciosa”.

Sin entrar en los detalles particulares de las grandes empresas alemanas y su sistema de cogestión (en Lufhantasa 10 de los 20 miembros del consejo de dirección son reprentantes de los empleados), no deja de ser llamativa esta “peculiaridad” de estas acciones compradas con dinero público.

Por una parte, la música que se está tocando en esta fiesta suena como un canto del cisne del neoliberalismo. El capital necesita al Estado, pero a su vez lo rechaza: una esquizofrénica relación de amor odio. Los neoliberales se convierten en keynesianos temporalmente.

Por otra parte, si tenemos en cuenta que este tipo de operaciones van a ser necesarias, nos anuncia una inminente batalla política para la izquierda y el movimiento obrero y sindical. ¿Va a ser este el modelo de intervención pública en la economía productiva y las grandes empresas? ¿Vamos a poner la pasta de todos y todas, y dejar que la gestionen los mismos de siempre?

el estado alemán evitaría que los dos representantes que va a obtener en el consejo de administración se posicionen en las decisiones a tomar

No hace falta pensar en escenarios futuros, en la actualidad ya hay empresas públicas en España que son gestionadas de la misma forma que una empresa privada. El caso de Correos y los problemas que han denunciado los trabajadores es un ejemplo concreto.

Un aviso de que no solo vamos a tener que intervenir con dinero público para mantener la economía en funcionamiento (y esto requerirá su propia batalla política incluso dentro del propio movimiento obrero y sindical), también vamos a tener que pelearnos por la transformación de esas empresas públicas (y las instituciones públicas que gestionen las participaciones industriales, como la SEPI), en instituciones democráticas bajo control social y de los trabajadores.

1 COMENTARIO

  1. Estimado:hace 170 Marx y Engels señalaron que el capitalismo es necesario destruirlo para construir una sociedad más justa cuya primera fase es la dictadura democrática del proletariado.
    ¿Puede Usted explicar como será posible conseguir ese objetivo en este país donde no existe el partido revolucionario capaz de dirigirlo a ese objetivo?Primero habrá que construir el partido (que no existe) que sea verdadero representante de la clase proletaria y sea su vanguardia.ESO NO SE PODRÁ CONSEGUIR CON UN GOBIERNO NACIONAL COOPTADO POR LA BURGUESÍA COMO LO ES EL GOBIERNO ACTUAL

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