Correos, un escándalo público

Correos lleva décadas externalizando servicios: La Caja Postal, casi todas las tareas de limpieza y mantenimiento, la conducción de camiones…Esto se traduce en adelgazar la plantilla de la empresa “matriz” y disminuir sus atribuciones sobre el servicio postal, pero también en un deterioro del mismo.

Mario Murillo
Mario Murillo
Mario Murillo es trabajador de Correos y colaborador de La Mayoría.

Durante los días 16 y 17 de noviembre, los ruteros de Madrid han ido a la huelga y se han echado a la calle para protestar contra un nuevo proceso de externalización en Correos. Esta vez le ha tocado el turno a las rutas de Madrid capital, encargadas de conectar los grandes centros logísticos con las unidades de reparto y que también transportan parte de la carga de trabajo de los carteros hasta las rutas de alcance (buzones verdes y ahora azules que encontramos por las calles) para que las vayan recogiendo durante el recorrido.

Los ruteros, ante el anuncio del inicio de una prueba piloto consistente en que una empresa privada hiciera alguna de sus funciones y la negativa de Correos a entregar información y documentación al respecto (aunque entre los trabajadores se comenta que podría ser “Transportes OCÓN” que ya tiene asignadas algunas rutas y camiones de Correos), decidieron en asamblea a principios de octubre decir “basta”, exigiendo a la Directiva que frenase su intentona de privatizar este servicio y anunciando movilizaciones si seguían negándose a sentarse a negociar. La compañía pública no ofreció respuesta ni gesto alguno, poniendo en evidencia su pretensión de seguir despedazando el servicio que prestamos, trozo a trozo, como si de un pastel se tratase.

Recordemos que el actual Presidente Juan Manuel Serrano intentó promocionarse desde el primer momento como un abnegado defensor de lo público. Sin embargo, también desde el inicio nos dejó claras algunas cosas, como que su objetivo principal era hacer que el Grupo fuera económicamente rentable en el menor tiempo posible y que la prioridad era reconvertir la empresa en un operador logístico multinacional. Ya vemos que tras la careta pública, se esconde un rostro privatizador.

Los ruteros han demostrado que están dispuestos a plantar cara y a promover nuevas movilizaciones.

Correos lleva décadas externalizando servicios: La Caja Postal, casi todas las tareas de limpieza y mantenimiento, la conducción de camiones…Esto se traduce en adelgazar la plantilla de la empresa “matriz” y disminuir sus atribuciones sobre el servicio postal, pero también en un deterioro del mismo, al subcontratarse a empresas con condiciones laborales aún más precarias y con un conocimiento menor de las tareas al que tienen los profesionales de Correos tras tantos años realizándolas.

Las dos jornadas de huelga y movilización se han saldado con un alto seguimiento y participación, y con hasta tres concentraciones en dos días en el CTA de Vallecas, la Jefatura Provincial de Correos y el Ministerio de Trabajo, respectivamente. Los ruteros han demostrado un alto grado de cohesión, lo que, junto al apoyo y soporte del sindicato CGT (única organización que ha estado del lado de los huelguistas y la defensa del servicio público), han sido fundamentales para dejar claro a la Directiva que si no revierte el proceso de externalización, las acciones de protesta y movilización continuarán.

El colectivo de ruteros de SIATAS es pequeño en número. Sin embargo, resultan una pieza clave en el engranaje del transporte y la distribución. Tienen lo que algunos llamamos, una gran fuerza disruptora, es decir, con alta capacidad de interrupción del proceso de trabajo.

Concentración de «ruteros» de Correos, en Madrid.

Esto se ha puesto claramente de manifiesto, cuando la Jefatura ha recurrido a todo tipo de medidas “antihuelga” -en lo que supone una vulneración de derechos fundamentales- para disminuir el impacto de los paros. Correos ha reasignado funciones propias de los ruteros de manera excepcional durante los dos días de huelga, a trabajadores de otros puestos base (e incluso a Jefaturas de las unidades de distribución), ha transportado carga de trabajo durante el fin de semana hasta algunas carterías y, por supuesto, ha desplegado su habitual política de miedo y disuasión entre los trabajadores (para esto último también ha contado con la colaboración de alguna sigla sindical). CGT ya ha denunciado a Correos por estas prácticas anticonstitucionales en Inspección de Trabajo y en breve lo hará también en los juzgados.

Veremos qué efectos tiene la acción huelguística de estos días y si la Directiva recula en esta nueva intentona de desguazar lo público. Los ruteros han demostrado que están dispuestos a plantar cara y a promover nuevas movilizaciones de no ser así. Quienes participamos activamente en la lucha contra la privatización de Correos (en cualquiera de sus formas), somos conscientes de que va a ser necesario aumentar la presión de los trabajadores en lucha y concentrar nuestra fuerza, lo que requiere movimientos comunes y la implicación de más sectores de la plantilla, así como ser certeros a la hora de elegir fechas donde el impacto sobre la producción y el servicio pueda ser más notable.

Teniendo en cuenta la fragmentación de la plantilla en un sinfín de centros de trabajo, la mejor vía para conseguirlo es reforzar la organización y la unidad de acción, para que la empresa no pueda recurrir fácilmente al “esquirolaje interno”. La solidaridad mostrada por algunas carterías de Madrid con la huelga de ruteros provoca optimismo en este sentido. Nos estamos jugando mucho, no sólo los trabajadores de Correos, sino la población en general. Los servicios públicos son nuestro mejor patrimonio y la lucha, la mejor “hoja de ruta”.

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