La izquierda, la idea de España y el papel del marxismo en la cuestión nacional

Debemos emprender la construcción de un marxismo netamente español si de verdad queremos que el socialismo avance en nuestro país.

Francisco Comino
Francisco Comino
Estudiante de ADE+FICO en la Universidad de Jaén | Jacobino | Presentador de La Contramesa.

Marx –y en menor medida Engels- escribió de forma bastante extensa sobre España, su historia y sus períodos revolucionarios. A la hora de analizar dicha historia, el padre del socialismo científico se centró en dos hechos específicos. La Constitución de 1812 y la victoria veinteañista, que, junto a la Milicia Nacional, frenaron la sublevación absolutista de 1822, en el período conocido como Trienio Liberal (1820-1823). Para Marx estos dos hechos marcan el inicio de la nación española moderna. Marcan el inicio de España como nación política. Una España que luchará contra liquidadores nacionales y extranjeros en los próximos siglos venideros -y que sigue luchando hoy.

Se podría decir que la creación de España como nación política es obra de la izquierda. Entendiendo derecha, y más en este período de cercanía temporal con el origen etimológico de “a izquierda” y “a derecha” -de Luis XVI- como aquella posición ideológica conservadora, que defiende el privilegio de una minoría, ya sea en el ámbito territorial, económico etc. frente a una izquierda que apoya el progreso y sobre todo y más importante, la eliminación de todo privilegio; siendo por ello curioso que la izquierda oficial, parlamentaria, de hoy, defienda los conciertos económicos de ciertas regiones basadas en relatos que se remontan a la prehistoria de los tiempos o de opresiones culturales-regionales que en realidad nunca fueron.

Por tanto, atendiendo a estas definiciones, se podría decir que la Constitución de 1812 – influenciada enormemente por la Constitución francesa de 1791-era profundamente de izquierdas, un primer gran paso del liberalismo español, marcando así el inicio de una nación política de ciudadanos libres e iguales en derechos y deberes, transformando la nación histórica conformada bajo formas feudales y absolutistas siglos antes, en algo nuevo. Algo nuevo que no se dejaba atrás a ninguna colonia ya que como el propio Marx dijo: “El principio casi más importante de aquella Constitución era no abandonar ninguna colonia perteneciente a España”.1

De igual forma, la proclamación del Trienio Liberal (1820-1823) iniciado por el pronunciamiento de Riego, cuyo mayor hito fue la ya mencionada antes victoria de veinteañistas y republicanos, es de izquierdas. Ya que, no solo “constitucionalizaron” al déspota Fernando VII y volvió la “La Pepa”; sino que, además, prendieron de nuevo la llama revolucionaria con la que el resto de burguesías nacionales volverían -1830 y 1848- a tomar las calles frente al poder absolutista, contra esa reacción antiliberal encabezada -como por desgracia sufrió Rafael de Riego- por los ejércitos de la Santa Alianza.

De estos grandes hitos progresistas, patrióticos y revolucionarios sacamos dos conclusiones bastantes obvias: el “amor por la patria” pasaba de ser una coartada del absolutismo para mantener el poder regio, a entender que no había más patria que el pueblo español, que de él emanaban todos los poderes del Estado; en definitiva, una nueva nación política para y por los españoles, que a la vez miraba a Iberoamérica, aunque ya sepamos que los ingleses también la miraban desde hacía tiempo con peores propósitos.

¿Qué ha hecho (y entramos en la clave del artículo) que la izquierda actual, no solo reniegue de España -como veremos más adelante- sino que tampoco mire hacia Iberoamérica en cuestión de alianzas?

La respuesta es clara. La ausencia de un marxismo netamente español, que pudiera haber abordado bien la cuestión nacional.

Con ausencia me refiero a que no ha habido nunca un cuerpo de doctrina en España, que siendo marxista haya destacado por su originalidad doctrinal y conexión con las corrientes filosóficas de la Historia española. Como si pasó en Alemania con Marx y Hegel, en Rusia donde se entronca con tradiciones filosóficas rusas que se desarrollaron, al mismo tiempo que Hegel y Marx entraban en el país con Plejanov, o en China donde la filosofía oficial del PCCh no puede desconectarse del confucianismo y su idea de armonía con el Cosmos.

De hecho, dicha ausencia se ve claramente en que no hay ningún marxista patrio de renombre internacional. Ojo, no estoy diciendo que no haya grandes marxistas españoles, digo que a nivel teórico no hay un Mao, un Lenin, una Rosa Luxemburgo o un Gramsci español.

¿Qué es lo que ha impedido pues, el desarrollo de un marxismo netamente español?

Esta pregunta daría para libros enteros, por lo que en este artículo nos centraremos en tres factores que han originado, como decía antes, que hoy haya una izquierda que reniegue de España y que asocia que esta es imperialismo, oscurantismo, fascismo etc. Estos tres factores (que están completamente relacionados) son: la Leyenda Negra, el krausismo y cómo llega el marxismo a España.

La Leyenda Negra, la cual trae como consecuencia lógica la hispanofobia, es decir, el miedo u odio hacia lo hispano, se remonta mucho antes del descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492.

Ya en los estados medievales que ocuparon la actual Italia la asociación de España -entonces la Corona de Aragón- con lo perverso se produjo debido a que estas conquistas las hacían soldados que se habían mezclado con árabes y judíos, lo que originó que los europeos medievales vieran a aragoneses y castellanos como pueblos impuros, y por tanto era algo “malo” que un pueblo impuro conquistara a uno puro (sin mezclas de razas). Con la Reforma Protestante, se asoció la idea de impureza al catolicismo y si a esto le sumamos el descubrimiento de América y que los protestaron eran los dueños absolutos de las primeras imprentas sale, como conclusión lógica, que se hiciera una alta campaña propagandística contra el catolicismo, y por ende contra España, mientras que se silenciaban las políticas coloniales británicas, holandesas o alemanas en el resto de continentes. Una política imperial española que, si bien es cierto que tuvo sus sombras, supuso mestizaje, diplomacia, establecimiento de leyes, universidades, trasvase cultural de ida y vuelta. La conquista de América por parte de España se distingue del resto en tanto que no se llevó a cabo ningún genocidio -en prácticamente todos los países iberoamericanos el porcentaje de población india no baja del 50%, y siendo en muchos de estos la mayoría demográfica- y se establecieron instituciones propias de la metrópoli en las tierras conquistadas. En este artículo no se defiende una Leyenda Rosa, pero sí el rigor histórico de lo que verdaderamente pasó.

Esta Leyenda Negra presente actualmente en la superestructura ideológica no solo de España sino de países latinoamericanos, hace que, a día de hoy, muchos, ya no solo izquierdistas sino autodenominados marxistas sigan viendo a España como un país imperial que somete a su yugo a los pueblos, en este caso ya no los latinoamericanos, sino al pueblo catalán, vasco y gallego, defendiendo así su derecho a la autodeterminación. Reniegan de su país, lo que hace ya no solo que sea inviable un movimiento revolucionario encabezado por esta “izquierda”, sino que piensen que vivimos en un estado prácticamente fascista.

Continuando con el esquema planteado, pasemos a ver el krausismo y cómo este taponó la entrada de Hegel y por ende el desarrollo del marxismo.

El idealismo filosófico de Hegel y su dialéctica no llegó nunca a España como corriente filosófica dentro de la academia universitaria. Este vacío histórico que, si ocupó en Rusia y en Alemania, fue ocupado en España por el krausismo. Desarrollar aquí la doctrina filosófica del krausismo sería un crimen ya que daría para otro artículo, por tanto y simplificándolo mucho, diremos que el último fin del krausismo vendría a ser la búsqueda de una armonía mundial, una paz perpetua entre los diferentes pueblos del mundo. El motor de la historia para Krause estaría en función de la alianza de la humanidad – fin de la Historia de Francis Fukuyama o la Paz Perpetua de Kant. El krausismo fue un pensamiento liberal progresista que repudiaba el marxismo -Marx, Lenin o Stalin son permanente conflicto dialéctico- y que defendía una especia de cosmopolitismo donde los avances progresivos en la educación conseguirían esa paz y armonía. Decir si cabe que el socialismo y el comunismo en ningún momento representan el fin de la Historia.

Teniendo clara, la definición de krausismo hay que decir ahora cómo es posible que, una ideología antimarxista, influyera tanto en organizaciones tanto comunistas como antecesoras a partidos comunistas.

Krause influyó en Bakunin (Alianza de la Democracia Social en Ginebra, 1868), llegando estos estatutos a manos de los bukunistas españoles a través de la Nueva Federación Madrileña. Cuando la izquierda española -universitaria y militante- actuaba, practicaba un marxismo muy enlazado con el krausismo; es decir, esa continuidad entre Hegel y Marx no se dio.

Solo hubo un momento tras la entrada del krausismo en 1857 donde un verdadero marxismo fue superior a esta filosofía de carácter humanista. Durante la Guerra Civil (1936-1939), único período donde el PCE no solo llegó a ser marxista leninista, sino que también tuvo una visión acertada de la cuestión nacional. El PCE durante el conflicto bélico viró de posiciones en pro de la defensa al derecho de la autodeterminación, a defender la unidad indivisible de la nación ya que vio que ese modelo previo que defendía del estado español era inviable. Esto le llevo a tener a más de un millón y medio de afiliados durante la contienda por ese mensaje patriótico y unitario, y su priorización de la victoria bélica sobre la que asentar la revolución.

¿Qué nos queda de herencia del krausismo?

Siendo el krausismo una doctrina a nivel global -e incluso diría que nacional- olvidada, se preguntará el lector que queda a día de hoy del krausismo. Pues lo cierto es que el krausismo está más presente que nunca sobre todo después de la caída del bloque soviético.

Esta cita de Gustavo Bueno, explica bastante bien la presencia del krausismo en la sociedad:

[…] la tradición krausista arraigó profundamente entre abogados y hombres de Estado, cabía decir que el krausismo ha terminado, sobre todo a partir de la Constitución de 1978, ganando la batalla ideológica al marxismo. […] De hecho, no hubo una revolución social tras el franquismo, sino una transformación política; la democracia que se abrió paso en las urnas no buscaba la abolición del capitalismo, sino su ordenado juego dentro del “Estado de derecho”. Si la economía de libre mercado produce injustas y adosados, se confiará en que el Estado podrá corregirlos con su política de impuestos progresivos sobre la renta […] Se confiará, en suma, en que la armonía universal velará para que se reabsorban las desigualdades y conflictos de nuestros días, que siempre se nos aparecerán minúsculas comparadas con las catástrofes que podrían esperarse cuando las cosas se ven desde otras coordenadas.”2

Pasamos al último condicionante de los ya mencionados. Causante que tiene relación directa con el krausismo. El cómo llega el marxismo a España, ya que su mala llegada producirá, como dije antes junto con lo ya mencionado de Hegel, el apogeo del krausismo.

La primera entrada de la obra de Marx en España no fue por la visita de Marx o Engels, sino por la visita de Paul Lafarge (yerno de Marx) huyendo de Francia por la represión a los militantes socialistas de la Comuna de París (1871).

Con la llegada de las ideas marxistas, la prensa burguesa española vende a Marx como una especie de racista hispanófobo apóstol de la hegemonía de Alemania. Toda la hostilidad burguesa fue contra él, como en el resto de las naciones, con la diferencia de que los textos de Marx y Engels llegaron a cuentagotas y mal traducidos. Los textos donde habla de España para el New York Daily Tribune en el año 1854, no son traducidos hasta el 1929 por Andreu Nin bajo el título de “La revolución española”. Donde Nin solo tradujo una mínima parte de lo escrito por Marx sobre nuestro país. Los textos completos sobre España de Marx y Engels traducidos al español no aparecieron hasta 1998, cuando Pedro Ribas edita la versión más completa de dichos textos.

Por tanto, recapitulemos. Un Hegel taponado que no entra a España, sumado a que los textos de Marx llegan mal traducidos, origina que el krausismo como corriente filosófica y antimarxista ocupe el lugar que debería haber ocupado el idealismo hegeliano. Si a esto le añadimos el concento de la paz perpetua, de la armonía entre pueblos de Krause y lo relacionamos directamente con la Leyenda Negra, nos da como resultado que hoy, y como consecuencia de no haber desarrollado un marxismo netamente español, la izquierda parlamentaria en búsqueda de esa armonía entre pueblos, entiende que España -por culpa de la Leyenda Negra- es un estado opresor, y por tanto la única forma de llegar a ese cosmopolitismo krausiano es mediante la desintegración del estado español. Es lo que les lleva a defender cosas como la autodeterminación de Cataluña poniendo como ejemplo el Reino Unido y Escocia, sin darse cuenta, que la historia de España es completamente diferente a la británica y que no puedes dar la misma solución a un problema con causalidades completamente diferentes.

Y es que España protagonizó su propio modelo de desarrollo, más parecido al oriental que al occidental, en una mezcla entre feudalismo, mercantilismo y, más tarde, capitalismo, produciéndose la centralización de la administración pública una vez siendo ya España un Imperio intercontinental. El desarrollo de España difiere mucho de naciones como Francia, Inglaterra, Alemania o Italia, ya que España, a diferencia del resto, fue Imperio antes que nación política.

Y, sin embargo, hablan de España

La entrada de Vox en el tablero político, bajo el mensaje de que el resto “reniega” de España -que, por cierto, partido antipatriota donde los haya-, más el auge del independentismo catalán y el intento de secesión del mismo, ha obligado a esta izquierda (centrémonos en el ecosistema de Unidas Podemos) a posicionarse sobre qué es para ellos España.

Y aunque ya mencionan la patria en su discurso, es tanto el rechazo que sienten hacia ella, que reducen la idea de España y de su historia única y exclusivamente a los servicios públicos y la II República, siendo esto otra paradoja más: ser federalista y defender un periodo histórico cuya constitución, en su artículo 1º, define a España como un Estado integral, en el que prevalece el derecho del estado español sobre el de las regiones autónomas, artículo 21. No me malinterpreten, es cierto que los servicios públicos son parte indispensable de España, de las conquistas históricas de la clase obrera; sin embargo, reducir única y exclusivamente la cuestión nacional a esto, sin entender la importancia de los lazos construidos con Latinoamérica, el bagaje cultural de cuatro siglos de comunicación directa, el papel del liberalismo contra el despotismo absolutista, la centralización contra el privilegio foral y un largo etcétera de ejemplos que también son España, y por ello, fundamentos para nuestra comprensión -y transformación- del mundo y de la práctica política..

Conclusiones

Desde mi punto de vista, debemos emprender la construcción de un marxismo netamente español si de verdad queremos que el socialismo avance en nuestro país. Una doctrina original donde se defienda la república unitaria y centralista, puesto que no hay nada más reaccionario que defender la división del Estado para mantener los privilegios de una minoría frente a la mayoría social. Esto no es el imperio ruso, ni astro-húngaro ni otomano donde Lenin apostaba por la autodeterminación de los pueblos; esto es España, una nación de Europa occidental donde la práctica de los bolcheviques en cuanto a la cuestión nacional no se puede simplemente copiar y pegar.

Estamos a tiempo de ello, tenemos todo de nuestra parte: es posible neutralizar la Leyenda Negra y los restos de krausismo español diluidos en diversas ideologías, es posible leer de forma completa y extensa a Marx, es posible contrastar ese nacionalismo periférico, solo falta ponerse manos a la obra.

Bibliografía

  • Marx, 1854:97-98 Escritos sobre España: extractos de 1854. Edición Pedro Rivas.
  • Bueno, Gustavo 1991:97-98 Krausismo y marxismo.
  • Armesilla, Santiago 2017 El marxismo y la cuestión nacional española.

Notas

  1. Marx, 1854:97-98 Escritos sobre España: extractos de 1854. Edición Pedro Rivas
  2. Bueno, Gustavo 1991:97-98 Krausismo y marxismo

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