¿Qué se esconde tras las promesas de Liberty? Una investigación sobre un grupo industrial misterioso

Surgido de la nada, el grupo Liberty se ha convertido en pocos años en un gigante industrial. Ha comprado fábricas en todo el mundo, que ahora están en manos de un solo hombre: Sanjeev Gupta. Cuentas oscuras, promesas incumplidas: los representantes de los trabajadores hacen sonar la señal de alarma. Tienen serias dudas acerca del futuro de los centros de trabajo. Investigamos.

A la derecha, Sanjeev Gupta, único accionista de Liberty y persona muy bien situada entre los responsables políticos. Aquí, sale al lado de Fergur Ewig, Ministro de Economía de Escocia. Foto: Flickr Gobierno de Escocia.

«Nunca había visto algo así. Deberíamos tener información sobre las cuentas del grupo y sobre su plan financiero, pero no recibimos nada. Yo soy delegado sindical desde hace veinte años y he tratado con muchos empresarios. Pero esto nunca lo había visto. Nada está funcionando como debería. Temo por el futuro del centro de trabajo. Hace falta hacer de todo para que se conserve el empleo.» Con estas palabras comenzaba un delegado sindical su reunión conmigo. No es el único que tiene miedo. En pocos días, me he reunido con una veintena de representantes sindicales de diversos países cuyas empresas han sido, todas, compradas por un grupo desconocido hasta hace poco: Liberty. Este grupo está activo sobre todo en los sectores siderúrgico y del aluminio. Todos estos delegados contaban la misma historia. Una historia que no es la misma que la de su patrón, Sanjeev Gupta. De ahí que tengamos que darla a conocer. Y de ahí que los poderes públicos deban tomar medidas para mantener estos sectores y garantizar la conservación de los empleos.

Sanjeev Gupta, el hombre que todo lo compraba

El grupo industrial Liberty ha surgido en pocos años, de la nada. Este grupo, tras el cual se encuentra la empresa matriz GFG Alliance, está dirigido por Sanjeev Gupta, un inglés de origen indio. En menos de cinco años, Liberty se ha convertido en uno de los productores de acero y de aluminio más poderosos del mundo. Su director y único accionista ha adquirido altos hornos, fábricas de transformación de acero, fundiciones de aluminio, fábricas del sector del automóvil y fábricas de producción de vías ferroviarias, por todo el mundo.

En lugar de pagar directamente al proveedor o de contraer una deuda para realizar los pagos, el empresario firma un contrato con un banco.

Compró una fundición de aluminio en Escocia, cuatro fábricas siderúrgicas de Tata Steel en Inglaterra, una empresa siderúrgica y unas minas australianas, y la fábrica de fundición de aluminio de Dunkerque. También compró los centros siderúrgicos de Arcelor Mittal en Lieja (Ferblatil y Flémalle), en Dudelange en Luxemburgo, en Rumanía (Galati), en Macedonia (Skopje), en República Checa (Ostrava) y en Italia (Piombino). En Francia, Sanjeev Gupta también compró fundiciones en Poitou y fábricas de piezas de automóvil en Châteauroux. Está intentando hacerse con una fundición importante (Aleris) en Duffel, en la provincia de Amberes, en Bélgica. Se encontraría en fase de adquisición de dos fábricas siderúrgicas al norte de Francia, en Saint-Saulve (Ascoval) y en Hayange. Y parece que está también negociando para comprar una mina de aluminio y una fábrica de electrolisis de Alcoa en España. En pocos años, el grupo se ha convertido en un gigante industrial. Sobre el papel y ante los periodistas, Sanjeev Gupta no esconde su ambición de crear un grupo internacional que, para 2030, produzca acero y aluminio verde: el “greensteel”, neutro en carbono.

Sanjeev Gupta no solamente se mueve en la industria. También está activo en el ámbito financiero e inmobiliario. El grupo Jahama, que posee junto a su padre, es el quinto mayor propietario de tierras de Escocia. Sus tierras ocupan una superficie que es como tres veces la región de Bruselas.

La mentira permanente

En todos los centros productivos del grupo, cuando se sueltan las lenguas, se cuentan las mismas historias: las cuentas consolidadas no se publican y los delegados sindicales no pueden acceder a las finanzas; las promesas de inversión nunca se llegan a cumplir; las transacciones de las compras de los centros son opacas; los problemas de tesorería son alarmantes, arrastrando problemas de suministro y retrasos en el pago a proveedores y subcontratas. Pero en todas partes los directivos del grupo tararean una misma canción: estos problemas son temporales y se deben a circunstancias excepcionales, el grupo está en buena salud y las inversiones van a llegar. Circulen, aquí no hay nada que ver.

Pongamos por caso las inversiones. Exceptuando el centro de Piombino en Italia, la inmensa mayoría de las promesas de inversión hechas por Sanjeev Gupta se han quedado en papel mojado. En Italia, en el antiguo centro de Arcelor Mittal de Piombino, el patrón prometió 100 millones de euros de inversiones a largo plazo y hasta ahora solamente se han invertido 10 millones de euros, para volver a arrancar una línea de decapado y renovar otra línea de pintura. Esta es más bien la excepción.

En Lieja, se hizo una promesa de inversión de 100 millones1. Pero desde que lo retomó el magnate británico, los centros funcionan muy lentamente. Hoy, las líneas de galvanizado están paralizadas y la fábrica de hojalata funciona muy por debajo de sus capacidades.

En Dunkerque, el grupo había prometido enormes inversiones en el momento de la compra, hace más de un año. En un documento clasificado, se llega a mencionar incluso la suma de mil millones de euros “en una primera fase”, para la creación de la mayor instalación de laminado de chapa de toda Europa, frente a la fábrica existente. Ahí, la clave eran los 3000 empleos suplementarios. ¿Cuál ha sido el resultado? La fábrica de en frente sigue siendo tan solo una promesa. En el centro de trabajo no han hecho más que lo estricto y necesario para mantener la actividad: reemplazar cubas de electrolisis.

En Ostava, República Checa, Liberty prometió invertir 750 millones de euros para aumentar la capacidad de producción2. Otra promesa que tampoco se ha cumplido. En este centro, que ocupa a más de 6000 trabajadores, el grupo solamente ha invertido tres millones de euros en uno de los altos hornos. Además, tan solo un mes después de la compra, Sanjeev Gupta ya anunciaba una reducción del 20% de la producción.

los chinos habían anunciado su intención de invertir directamente 60 millones de euros, de los cuales 30 se pagarían al contado para mantener las actividades. Pero el tribunal de Estrasburgo prefirió resolver en favor de Liberty.

En Galati, Rumanía, el grupo anunciaba una inversión de 350 millones y otros mil millones más. Pero el acuerdo de colaboración y financiación firmado con el gobierno rumano que estaría llamado a tirar de billetera, aún no se ha puesto en práctica. En la fundición de Poitou, en Francia, en julio de 2019 se prometieron dos millones de euros para mantener la actividad del grupo de ese centro que tiene grandes dificultades. Pero estas inversiones se están haciendo esperar y la fábrica sigue ralentizada desde que se adquirió. A un centro cercano, que produce culatas (piezas para motores) con base de aluminio, se le prometió que se le iba a garantizar la producción de dos culatas. Una en base a un modelo existente y la otra a partir de un nuevo modelo. La primera culata se produjo con la mitad de las capacidades y la segunda aún no se ha producido. Para lanzar la producción de esta segunda pieza con destino a Renault, se habían prometido inversiones de 10 millones de euros, pero estas no llegan.

El coronavirus no es la principal causa

Podríamos pensar que el incumplimiento de estas promesas se debe a la crisis del coronavirus. Y es evidente que estas circunstancias no ayudan. Al igual que para todos los productores de acero y de aluminio del mundo, una parte de los centros de Liberty se han paralizado durante algunas semanas. Pero el descenso de la producción ya estaba presente antes del comienzo de la crisis sanitaria. En Lieja, por ejemplo, el centro de producción de hojalata fue paralizado durante dos semanas antes de la pandemia. Un responsable sindical expresaba entonces su inquietud al respecto: “Desde su apertura, Ferblatil nunca se había paralizado por falta de demanda. La industria siempre ha necesitado hojalata para sus latas de conserva.”. Este problema era aún más inquietante en tanto que venía detrás de un gran problema de tesorería. Y es que dos importantes subcontratas tuvieron que esperar meses para recibir sus pagos…3 La producción, que ya había sido retomada por Liberty, llevaba bastante tiempo ralentizada antes de la aparición del coronavirus. En los dos centros de Poitou, en Francia, la producción no ha vuelto a alcanzar su curso normal desde que fue retomada en julio de 2020. En Ostava, en el gran combinado siderúrgico checo, en cuanto lo retomó el nuevo grupo, se anunció una reducción del 20% de la producción, y esto fue bastante antes de la crisis.

El coronavirus no es la principal causal de los contratiempos del grupo. La crisis económica no data de 2020. La demanda de acero lleva más de una década siendo débil en Europa. Y ya se encontraba a la baja en 20194ii. Esta crisis no juega en favor de la industria. Pero más allá de estos factores que Sanjeev Gupta no controla, hay uno que está directamente vinculado a él y del que sí es responsable. Hay un problema “Liberty”. Las finanzas del grupo GFG Alliance que se esconde detrás de Liberty no son tan sólidas como su único accionista quiere hacernos creer. Si las inversiones prometidas, mucho antes del coronavirus, no se han llevado a cabo es por una serie de razones muy precisas.

Un gigante con los pies de barro

Cuando los trabajadores y sus representantes piden una rendición de cuentas y exigen, como lo exige la ley, la transparencia en las finanzas de la empresa, se encuentran con un muro. Por un lado, el grupo GFG Alliance no publica sus cuentas, generando así opacidad e impidiendo una vista global. Por otro lado, en muchas de las entidades del grupo no hay una contabilidad pública. En Lieja, el auditor en un primer momento se negó a validar las cuentas de la empresa en base a los datos que le ofrecía la dirección de la entidad “Liberty Liège Dudelange”, una filial de Liberty Steel que constituye, en sí misma, una filial de GFG Alliance. En Gran Bretaña, uno de los centros recibió una amenaza de suspensión de pagos, algo que no suele ocurrir en general más que a pequeñas empresas con problemas de liquidez. Se anularon pedidos, una carga marítima se quedó en tierra y los representantes de los trabajadores denunciaron importantes retrasos en la distribución de los pedidos5.

Y cuando Sanjeev Gupta se ve obligado a dar explicaciones ante los periodistas acerca de esta opacidad, intenta ganar tiempo con mala fe. Ya ha pospuesto tres veces el plazo para la publicación de sus cuentas6. Lo había prometido primero a principios de año, luego lo pospuso hasta marzo de 2020, luego hasta junio y ahora, la publicación se ha vuelto a posponer hasta finales de año… ¿La justificación? GFG Alliance no es una entidad legal sino una empresa familiar que tiene vínculos con diversas sociedades, entre las cuales se encuentra Liberty, que necesita tomarse un tiempo para constituir y consolidar sus cuentas. Pero su argumentación no se sostiene puesto que el dispositivo y las técnicas financieras del grupo, están jugando con las normas, poniendo así en riesgo la suerte de decenas de miles de familias trabajadoras. ¿Cuáles son estas técnicas?

Técnicas financieras para evitar la transparencia

Esquema general de un Hedge Fund. +info: https://lamayoria.online/2018/11/21/el-nuevo-capital-financiero/

En primer lugar, Sanjeev Gupta aplica, de manera sistemática a escala internacional, una técnica que los bancos recomiendan a las PyME cuando se encuentran al borde de la suspensión de pagos (cuando una empresa no está en situación de abonar una parte o todos sus compromisos) o cuando tienen graves crisis de liquidez. En lugar de pagar directamente al proveedor o de contraer una deuda para realizar los pagos, el empresario firma un contrato con un banco. Este contrato le permite no pagar directamente más que una parte de la suma total y que el proveedor reciba la promesa de pago total en los 180 días siguientes a través del banco. Hay una doble ventaja para el accionista de Liberty: retrasar los pagos y, sobre todo, evitar que el pago se contabilice como una deuda. Además, es ventajoso a nivel fiscal y sobre el papel, da una imagen más saneada de las finanzas del grupo. En realidad, esto retrasa el pago a proveedores y sitúa el peso de la financiación sobre los bancos.

En segundo lugar, los bancos a los que más recurre Sanjeev Gupta para financiar sus compras son bancos gestionados por personas que forman parte de su entorno profesional e íntimo. Sin embargo, la norma dicta que estos no deberían poder financiar a un cliente con más del 25% de su capital. Esta regla que Gupta aparentemente no respeta7, existe, en teoría, para evitar que un banquero ligado a un empresario ponga todos los huevos en una misma cesta, es decir para evitar insolvencias en cascada, en caso de dificultad financiera8. Sin embargo, es lo que están haciendo los bancos de Wyelands y Greensill que se encuentran ahora bajo la lupa de los reguladores financieros alemanes e ingleses. A estos les preocupa una concentración tan grande de inversiones alrededor de un único inversor. Según algunas fuentes, el regulador financiero americano también estaría investigando a estos bancos9. A las autoridades financieras les preocupa también la solidez financiera de Greensill que acumula pérdidas desde hace varios años. Pero la concentración de las inversiones de estos bancos en el grupo Liberty y su fragilidad financiera no son los únicos motivos de las investigaciones llevadas a cabo por los reguladores financieros. Sino que Greensill, que ha tenido durante varios meses a Sanjeev Gupta como accionista, ha estado en el centro de varios escándalos financieros en los últimos años. La autoridad de regulación financiera inglesa (Financial Conduct Authority) está llevando a cabo una investigación contra las prácticas de uno de los “traders” más grandes del mercado, que trabaja para el banco suizo GAM y que para financiar a Greensill, habría usado unas técnicas financieras más que sospechosas. Ha sido acusado de numerosas y graves irregularidades. Concretamente habría especulado con la venta de generadores de biocarburantes del grupo SIMEC, otra filial de Sanjeev Gupta. El trader habría aconsejado la venta de estos generadores con el argumento de que iban a ser subvencionados por el gobierno inglés y que podrían ser vendidos a las empresas como fuente de energía de emergencia. En teoría, estos fondos deberían haber reportado más de mil millones de beneficios, pero nada ha ido como estaba previsto10.

En menos de cinco años, Liberty se ha convertido en uno de los productores de acero y de aluminio más poderosos del mundo.

En tercer lugar, para financiar tal multiplicidad de compras de centros, Sanjeev Gupta utiliza una técnica peligrosa, que le permiten emplear aquellos bancos gestionados por sus amigos cercanos o antiguos colaboradores directos. Cuando el empresario compra un centro, lo pone en garantía y utiliza esa garantía para comprar otro sitio. Y así, sucesivamente. Al final, acaba creando una pirámide industrial sin bases financieras sólidas: un castillo de naipes. Cuando tuvo que justificar estas dudosas prácticas, el banco Greensill explicó que “el grupo GFG Alliance les avalaba al 100%” en caso de dificultades a la hora de financiar la compra del centro de aluminio de Dunkerque, en Francia. Pero, si GFG Alliance Group no es una entidad legal, entonces ¿cómo podría ejercer como aval? Es un juego muy peligroso. ¿Qué sucede cuando se atasca una piedra dentro de ese engranaje? Es la quiebra… Y el único recurso que queda es la reducción de los costes (y, por tanto, de los empleos) a gran escala, y la presión sobre los poderes públicos para que les inyecten miles de millones, para intentar mantenerlos a flote, sin garantía de mantener los empleos y sin convertirse en los propietarios de estos centros.

Garantizar un futuro para estos sectores estratégicos y los empleos

El capitalismo nos trae, cada día, un lote de situaciones industriales críticas y de injusticias. Se reinventa cada día también para intentar sacar el máximo beneficio a costa de los trabajadores. A menudo, saltándose las normas. El grupo GFG Alliance y su escaparate Liberty están a la vanguardia en este campo. La pirámide construida es frágil y amenaza el futuro de decenas de miles de familias cuyo salario depende de un castillo de naipes.

En junio de 2020, Sanjeev Gupta anunció una reducción de costes del 30% del conjunto de sus actividades, exceptuando sus bancos y la gestión de sus actividades inmobiliarias. En el comunicado se puede leer: “Las empresas del grupo GFG Alliance se adaptan a la reducción de la demanda. Sintiéndolo mucho, esto significa que no podremos evitar una reducción de los puestos de trabajo en algunos centros.”

Con una situación financiera tan desastrosa y la crisis económica que se avecina, Sanjeev Gupta mueve sus peones y quiere utilizar el coronavirus como excusa para despedir y cerrar centros. El virus efectivamente es responsable de una parte de la actual crisis, pero esta ya estaba presente antes. Los trabajadores no pueden asumir las consecuencias de la actitud de este magnate que juega con la vida de los trabajadores para saciar su sed de beneficios. Los responsables de esta situación existen. Está Sanjeev Gupta, por supuesto. Pero también están las direcciones de las distintas entidades del grupo que contribuyen a generar opacidad y que se hacen portavoces de este empresario.

Es la Comisión europea la que dio luz verde para la compra de los centros en Macedonia, Rumanía, República Checa, Luxemburgo, Italia y Bélgica.

Y también están los responsables políticos, ya que a pesar de todas las preocupaciones y de todas las señales de alarma, estos últimos, les han dado luz verde a las adquisiciones de los centros allí donde se han producido. Sanjeev Gupta no es ningún desconocido en estos entornos. Se le puede ver en fotos con el príncipe Carlos en su despacho. Pero los vínculos que le unen al mundo político van más allá de lo simbólico. Es la Comisión europea la que dio luz verde para la compra de los centros en Macedonia, Rumanía, República Checa, Luxemburgo, Italia y Bélgica. Fue Gérald Darmanin, el entonces Ministro de Cuentas Públicas francés, quien acompañó a Sanjeev Gupta a la compra de la fundición de Dunkerque, una vez recibido el permiso de la Comisión Europea… A cada paso, esta otorga su beneplácito.

Fue el gobierno francés quien le dio luz verde a Sanjeev Gupta para que pudiera adquirir los centros de Hayange y de Saint Saulve. El ministro francés de Economía catalogó estos centros como “haberes estratégicos” que no quería ver en manos de un grupo chino. Respecto al centro de Hayange, los chinos habían anunciado su intención de invertir directamente 60 millones de euros, de los cuales 30 se pagarían al contado para mantener las actividades. Pero el tribunal de Estrasburgo prefirió resolver en favor de Liberty. Parece como si hubiera, a ese nivel, cierta preferencia hacia Sanjeev Gupta que está bien introducido en los entornos de la política y de las finanzas europeas, que, hacia los empresarios chinos, aunque estos aportaran las garantías necesarias.

Este es el debate que tiene la Comisión europea en lo que respecta a la compra de Aleris, el centro de producción de aluminio de Amberes. Hasta hace poco, Aleris era propiedad de Novelis, una multinacional americana que fue comprada por un grupo chino. Sin embargo, el centro de Duffel, a diferencia de otros centros del grupo americano, no sería vendido a los chinos sino a Liberty, a quien la Comisión Europea ya había designado como “comprador apropiado”. Aun así, la compra aún no está garantizada puesto que la comisión de regulación del mercado chino tiene que dar su opinión final, según los accionistas de Novelis11. El tiempo lo dirá.

Los poderes políticos deben asumir su responsabilidad

Hoy los responsables políticos de la Comisión Europea y de diversos Estados miembros de la UE ya no pueden decir que no lo sabían. En todos los países donde compra fábricas, Sanjeev Gupta enarbola la bandera de la independencia industrial nacional frente a los competidores chinos o rusos. En Europa, se presenta como el garante de las filiales industriales estratégicas europeas. Pero la realidad es bien distinta. Los poderes públicos deben asumir sus responsabilidades para evitar que los trabajadores acaben convirtiéndose en víctimas de la farsa. Se deben tomar medidas rápidamente.

Se debe exigir transparencia acerca de las finanzas del grupo. Las fuentes de financiación deben publicarse. Las inversiones previstas deben ser efectuadas dentro del calendario marcado. Los despidos colectivos o los cierres de los centros que pudieran surgir en un futuro, no se deberían admitir. En caso de invertir dinero público para garantizar la realización de las inversiones, se debería hacer solamente a condición de respetar las medidas de transparencia sobre las cuentas y la financiación, medidas que deberían ir acompañadas de garantías también respecto a la conservación de los puestos de trabajo. Y en caso de que Sanjeev Gupta no respetase estas condiciones, habría que incluir medidas de represalia sobre sus haberes y sobre los centros. Los poderes públicos deben garantizar un futuro para los sectores estratégicos del acero y del aluminio, así como para los empleos que de ahí se derivan.


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