La reforma laboral: ¿No es hora de librarse ya de ese lastre?

Mañana es 1º de mayo, y los sindicatos vuelven a las calles para reclamar principalmente, la derogación de la reforma laboral del Partido Popular. Mientras se libra una batalla social entre partidarios y detractores de la misma, ¿estamos la gente trabajadora al tanto de lo que supondría su derogación?

Estamos inmersos en un debate político y mediático sobre la derogación (total o parcial, dependiendo de a quién le preguntes) de la reforma laboral del PP de 2012. En los medios de comunicación se pueden ver dos bandos diferenciados: la derecha y la patronal no quieren que se toque la reforma laboral, si no es para ahondar en su espíritu neoliberal, eliminar derechos de los trabajadores y desregular el mercado de trabajo. Mientras que la izquierda y los sindicatos abogan por derogarla y recuperar parte del terreno perdido. Mención aparte para el PSOE, que aunque lo ha prometido en campaña y lo tiene firmado en su acuerdo de gobierno con Podemos, se está haciendo de rogar. 

El próximo 1 de Mayo, día internacional de los trabajadores, CCOO y UGT y el resto de sindicatos han convocado movilizaciones para reclamar, entre otras cosas, la derogación de la reforma laboral que se prometió. Está por ver qué tirón tiene en la población trabajadora esta convocatoria en el contexto de la pandemia -esperemos que buena- pero surgen algunos interrogantes. ¿Se siente interpelada en este proceso? ¿O se espera que los partidos de izquierda y los sindicatos consigan solos la derogación de la reforma laboral?

Tal vez resulte conveniente recordar algunos elementos de dicha reforma para ver su tremendo impacto sobre la vida de la gente trabajadora en España.

Abaratamiento del despido

Antes del 2012 el despido improcedente se pagaba con 45 días por año trabajado, con un máximo de 42 mensualidades. Con la reforma laboral se abarató a 33 días por año y un máximo de 24 mensualidades (dos años de salario).

No sólo esto, sino que la reforma laboral de 2012 aumenta los casos en los que el despido se considera procedente, pudiendo pagar así menos al trabajador (20 días por año, con máximo de un año), al poder justificar el despido por ‘causas económicas, organizativas, técnicas o derivadas de la producción’. Es decir, por cualquier motivo que se le pueda ocurrir al empresario, incluida la previsión de pérdidas. 

Otro cambio que se introduce es que se da la vuelta a la presunción en casos de despido, por lo que el despido es procedente a priori y corre a cuenta del trabajador demostrar que es improcedente acudiendo a un juez. Hasta 2012, el despido se consideraba improcedente por defecto si el empleador no acreditaba pruebas de la causa del despido.

Así, a priori, el despido tiene una indemnización de 20 días por año para todos y el que quiera más tendrá que ir a los tribunales.

Otra manera en la que la reforma laboral abarata el despido es reduciendo los casos en los que la empresa debe pagar al trabajador los salarios de tramitación, que son básicamente los salarios dejados de percibir desde el despido hasta la resolución judicial en caso de ser despido improcedente o nulo.

La reforma laboral de 2012 también elimina la necesidad de una autorización administrativa para los despidos colectivos (anteriormente conocidos como EREs). Esto sólo ocurre en España y Grecia.

En todos los cambios que introduce la reforma laboral de 2012, se pueden ver claramente una batería de medidas destinadas a hacer más fácil (y más barato) al empresario el despido de sus trabajadores. Esto se podría revertir derogando la reforma laboral de 2012, aumentando los factores disuasorios ante prácticas empresariales abusivas. Si queremos acabar con la temporalidad y promover el trabajo digno, la reforma laboral de 2012, que promueve el despido en vez de proteger el empleo, es un lastre del que necesitamos deshacernos.

Ataque a la negociación colectiva

Con la reforma laboral de 2012, los convenios colectivos de empresa prevalecen sobre los de cualquier otro convenio sectorial. Antes eran los convenios sectoriales, negociados con la fuerza de los trabajadores de todas las empresas del sector, los que tenían prevalencia.

Esto claramente afecta a la unidad objetiva de los trabajadores de un sector. Si las empresas juegan con reglas propias, a las plantillas se nos empuja a la resistencia «casa por casa», debilitando una potencial unidad de acción.»

Además, con la reforma laboral se acaba con la ultraactividad indefinida de los convenios, es decir, si no se llega a un acuerdo para la negociación de un nuevo convenio en 1 año, el convenio pierde su vigencia. Una carta más en la manga del empresario para presionar en la mesa de negociación hacia sus intereses.

También se facilita enormemente la posibilidad de que las empresas se ‘descuelguen’ del convenio, es decir que no lo tengan que cumplir, si justifican que les está provocando ‘dificultades’.

Derogar estos aspectos de la reforma laboral es muy relevante de cara a recuperar poder en la negociación colectiva y poner coto a la capacidad empresarial para imponer su voluntad. Además, con las plantillas del sector implicadas en la misma negociación, podríamos apretar en más puntos a la patronal. Luchar unidos siempre es mejor que ir batalla a batalla separados y en desventaja. 

Reducción de salarios

La devaluación salarial se promueve por varias vías, como por ejemplo, la reducción en el salario por contrato de un despedido (más fácil y barato) y contratado nuevamente con otras condiciones.

Pero la vía principal viene por el cambio en el equilibrio de poder entre los empresarios y los trabajadores -aun organizados en sus sindicatos- como por ejemplo con la prevalencia del convenio de empresa al sectorial de la que hemos hablado y que lamina a los trabajadores del sector.

Otro cambio que introduce la reforma laboral es la ultraflexibilidad en la organización del trabajo  por parte del empresario, con mayor facilidad para cambiar jornadas, turnos, funciones y, efectivamente, hasta rebajar salarios, de nuevo por ‘causas económicas, organizativas, técnicas o derivadas de la producción’. Es decir, por cualquier motivo, como previsión de pérdidas, o incluso si la empresa registra dos trimestres de caídas de ventas o ingresos, aunque no tenga pérdidas.

Y mientras, vemos como incluso en empresas con beneficios, éstos no se traducen en un aumento de los salarios. 

Todas y todos somos conscientes de que la vida se ha encarecido mucho en los últimos años. Lo notamos con la dificultad para pagar la vivienda en alquiler o con una hipoteca con los salarios que tenemos. El empleo es de peor calidad: más inestable, menos seguro y peor pagado. 

Si se derogase la reforma laboral, se pondría de manifiesto que las demandas de trabajadores y sindicatos de empleo digno y de calidad, son asumidas por las instituciones.

¡Aprovechemos el cambio de ciclo político!

La reforma laboral es muy extensa y toca muchos más aspectos. Estos son sólo algunos ejemplos concretos para mostrar en qué medida nos afectan a nuestras vidas y trabajos, y cómo nos beneficiaría su derogación.

Para ser justos, hay que reconocer que la derogación de la reforma laboral del PP no es la panacea que va a solventar todas las necesidades y reclamaciones de la clase trabajadora. El simple hecho de que pudieran colarnos esta reforma, que constituye un claro retroceso en nuestros derechos y en nuestra posición de fuerza estructural frente a la patronal, con los sindicatos en contra y una huelga general en protesta, deja claro que no estamos en la mejor posición posible, pues un gobierno afín a los grandes empresarios y las patronales podría volver a legislar contra los intereses de las clases trabajadoras.

Pero es una gran oportunidad para avanzar terreno. Nos encontramos en un momento clave de cambio de rumbo, no sólo en España, con un gobierno de coalición que ha afrontado la pandemia con el espíritu opuesto al que enfrentaron PSOE y PP la crisis financiera del 2008, subiendo el salario mínimo interprofesional a 950€, o derogando el artículo 315.3 del Código Penal, que convertía el derecho a huelga en un delito por el cual encarcelar a trabajadores en lucha. En todo el mundo se está contraponiendo el modelo de la austeridad y el desmantelamiento de los servicios públicos con un modelo donde el estado recupera peso y presencia, el cambio de modelo productivo verde y digital y la apuesta clara por lo público: sanidad, educación, servicios sociales, etc.

Esta lucha es clave para los trabajadores y trabajadoras de España, y tenemos que hacerla nuestra. Es el momento de aprovechar el cambio de ciclo y avanzar posiciones. La derogación de la reforma laboral del PP sería claramente un paso adelante indiscutible en nuestros derechos. Después de esta vendrán otras, como el nuevo estatuto de los trabajadores, que está incluido en el acuerdo de gobierno del PSOE con UP, o la reducción colectiva del tiempo de trabajo, y también tendremos que estar reclamando estas en las calles. Hay que estar en todas, unidas y en lucha.

¡Nos vemos el 1 de Mayo!

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