Buenas prácticas comunistas en los sindicatos

Algunas ideas sobre la necesidad de construir grupos humanos sólidos, sondear el entorno, motivar y empoderar a los compañeros, establecer metodologías de trabajo estables y atender a las necesidades de los trabajadores intermitentes.

A. Valverde
Historiador y politólogo por la URJC, de momento. Marxista por necesidad.

Algunos más, otros menos, todos conocemos o hemos jugado con “recortables”, que consisten en unos personajes de papel que se recortan y se pegan en un diorama de la manera que más rabia te de, creando situaciones de lo más variadas. Y creo que precisamente esa es la gracia de ese juego, el poder especular sobre lo que pasa en el diorama, el poder imaginar a algo o alguien en situaciones de lo más variadas en las que esos personajes encajaban mejor o peor.

Si tomamos al personaje de uno de esos recortables como a un comunista, podremos imaginárnoslo en distintos dioramas: en la asociación de vecinos de su barrio ayudando en una colecta de alimentos, junto a sus camaradas organizando una charla, asistiendo a una manifestación… pero creo que podemos estar de acuerdo en que el diorama en el que mejor encaja un comunista, es en su sindicato, junto a sus compañeros de trabajo.

Por más que se nos haya querido vender otra moto, los trabajadores seguimos siendo la fuerza que hace mover al mundo, y precisamente por esta razón, somos los que tenemos en nuestras manos el poder estructural para detener la maquinaria de explotación y ejercer una enorme presión estructural sobre los capitalistas. Así que, un espacio de estas características en el que los trabajadores defendemos nuestros derechos a través de la organización colectiva; parece ser un muy buen lugar para que alguien que hace suyas las ideas marxistas pueda desarrollarlas y aumentar su influencia.

Sin embargo, no nos sirve el estar de cualquier manera. En este sentido, me gusta recordar el lema del komsomol: “siempre listos”. La oración recoge ese voluntarismo y esa ambición por querer aportar siempre lo mejor de nosotros al pueblo, lejos de mediocridades y de motivaciones de índole exclusivamente personal; y es ese espíritu el que debería guiar los pasos de un comunista en su sindicato, marcando un papel decisivo al proponer nuevas tareas, que hagan avanzar a sus compañeros y a nuestra clase hacia esa sociedad más justa de la que hablábamos anteriormente.

Una tarea apremiante para los sindicatos debería ser fomentar la participación de ese “ejercito industrial de reserva” en sus estructuras.

Este papel decisivo, así planteado en abstracto, puede abarcar casi cualquier cosa; lo que equivale a no decir nada. Ahondando en él, hay algunas propuestas de buenas prácticas que los comunistas deberíamos desarrollar en nuestros sindicatos, que me gustaría compartir. Estan formuladas en torno a cinco necesidades amplias, y que desde luego, ni son las únicas ni son las áreas donde debemos incidir exclusivamente; pero sí creo que son apremiantes. Éstas son la necesidad de construir grupos humanos sólidos, sondear el entorno, motivar y empoderar a los compañeros, establecer metodologías de trabajo estables y atender a las necesidades de los trabajadores intermitentes.

Construir grupos humanos sólidos

Alguien que haya estado en un puesto de trabajo podrá contar como el individualismo y la rivalidad entre los propios trabajadores es una tendencia muy presente en la realidad laboral, por desgracia. Esta es una de las mayores victorias del capital: fomentar la idea de que dando la espalda a nuestros compañeros podremos mejorar nuestras condiciones de vida. La negociación y organización colectiva es una de las mayores fuerzas a disposición de los trabajadores; entre otras cosas porque a un empresario le resulta increíblemente sencillo (y más con la actual legislación laboral) despedir a un único trabajador, pero despedir a una plantilla al completo resulta algo más complicado porque conlleva al empresario destinar una cantidad nada despreciable de recursos para contratar a toda una plantilla de nuevo y porque si los trabajadores boicotean la producción en respuesta, ponen en peligro el objetivo mismo de la producción: la acumulación de capital.

Crear grupos humanos solidos es una manera de vencer esa “zona cero” ideológica en la que se encuentra la clase trabajadora, entender que los derechos, victorias y derrotas de nuestros compañeros son también las nuestras, es romper el muro del individualismo. Sin embargo, quisiera aquí hacer un especial hincapié en el termino “humano”. En este sentido, la aportación que se ha hecho desde el feminismo con la “ética de los cuidados”, nos puede ser valiosa. De manera muy breve y esquemática, este concepto se centra en el hecho de que las personas no somos entes aislados, sino que construimos relaciones de interdependencia con nuestros iguales; y que esto implica cierto grado de responsabilidad con esas relaciones, que se demuestra en la forma de los cuidados.

No nos referimos aquí al trabajo doméstico cuando hablamos de “cuidados”, nos referimos al mantenimiento y pulido de esas relaciones. Por eso, creemos que una buena práctica dentro de un sindicato sería la de mantener esas relaciones por supuesto, teniendo como vinculo principal el económico, pero también teniendo en cuenta que al fin y al cabo, somos personas que construimos vínculos que no tienen que ver exclusivamente con esas motivaciones o problemas “económicos”; y que no deberíamos dejarlos de lado. Esto tiene que ver con la construcción de espacios amigables para los trabajadores en los que puedan desarrollarse no solo como trabajadores, sino también como personas.

Un primer paso puede ser el comprender y respetar la negativa de los trabajadores a participar en actividades del sindicato. No es lo mismo que un trabajdor conteste “no puedo ir a la huelga este mes”, que un “no quiero ir a la huelga”. Entender esa negativa pasa por dialogar y empatizar con nuestros compañeros: A lo mejor nuestro compañero no puede a este mes, pero después sí pueda. Puede que este en desacuerdo con algún punto de las demandas sindicales o que en una determinada actividad sindical no se sienta cómodo. Hablar con nuestros compañeros, interesarnos por sus puntos de vista y facilitar la participación en actividades del sindicato, supone cuidar esas relaciones y establecer vínculos que motiven a los trabajadores a participar en él.

Motivar y empoderar

Esta necesidad está muy unida a la anterior, y tiene que ver precisamente con la consolidación del sindicato no solamente como grupo humano, sino también como una organización socio-política. Empoderar es una palabra que se ha puesto de moda recientemente, pero podemos entenderla como ese proceso por el cual una persona se siente lo suficientemente capacitada y respaldada por sus compañeros como para llevar a cabo una acción. Así, empoderar supone el apoyar a nuestros compañeros para que hagan suyas tareas nuevas, animarlos a proponer algunas nuevas, y dotarles de herramientas y conocimientos para que puedan abordar los problemas por sí mismos. Esta cuestión es fundamental en un sindicato y en cualquier otra organización transformadora; porque en primer lugar, permite liberar de trabajo sindical a otros compañeros que estén más saturados, y en segundo lugar, permite que el conjunto de la organización asuma tareas más ambiciosas al haber nuevos “brazos” dispuestos a ayudar.

Cómo he señalado anteriormente, empoderar no es una cuestión que implique comentarios positivos hacia nuestros compañeros, implica también cierto grado de capacitación, de adquisición de conocimientos sobre un área. Ofrecer esa formación sobre como hablar en publico, como hacer una hoja sindical o sobre un plan concreto de la empresa, supone darle las herramientas a los trabajadores para que puedan sentirse lo suficientemente empoderados como para desarrollar trabajo sindical por su cuenta. Al fin y al cabo, el objetivo que se persigue a través del empoderamiento es hacer que la gente pueda encontrar soluciones a sus problemas por si solas, sin que tenga que haber permanentemente otra persona diciéndole que debe o no debe hacer.

Por otro lado, un proceso muy vinculado al desarrollo del trabajo sindical para un marxista debería ser la motivación; detectar y empoderar a aquellos compañeros cuyo nivel de motivación sea destacable, es fundamental para desarrollar una política de “obreros avanzados”. Esto ya se está haciendo en los sindicatos, y me parece una labor encomiable por parte de los sindicalistas más comprometidos.

Sin embargo, creo que sería aún más positivo no esperar a que aparezca alguien motivado o con muchas ganas de hacer cosa; parte de este trabajo podría orientarse a fomentar la motivación preferentemente ideológica dentro del sindicato. En primer lugar, porque la motivación ideológica no es tan dependiente de factores externos como lo es la motivación puramente económica: estamos de acuerdo en que para mantener motivados a nuestros camaradas son necesarias las victorias que les empujen a creer en lo que estamos haciendo, pero, ¿y si no llegan esas victorias, por más pequeñas que sean?

Recuerdo que mientras participaba en la asamblea de mi facultad, el animo estaba permanentemente por los suelos porque nadie acudia a las actividades que organizábamos, y los días de huelga eran un calvario porque nos costaba mucho convencer a nuestros compañeros de que no fuesen a clase. Sin embargo, uno de los militantes más avanzados y comprometidos que recuerdo de esa época (y que me empujo a leer sobre marxismo), hizo una pancarta con el lema “vosotros pasareis de curso, pero nosotros pasaremos a la historia”. La pancarta no era para los egoístas que iban a clase el dia de huelga, sino para nosotros, para que tuviéramos presente que estábamos luchando por algo digno y más grande que una falta en el expediente. Al final, acabamos haciendo de esa pancarta nuestro lema.

La actitud que sintetizaba la pancarta era un claro ejemplo de “burbuja militante”, y puede que no fuese la forma más correcta de abordar la comunicación externa (a las masas) desde la organización estudiantil, pero fue positivo de cara a la motivación interior. Los integrantes de la asamblea, al reflexionar sobre nuestro papel en una movilización, sobre los valores que defendíamos con nuestros actos, y sobre la necesidad de ellos; profundizamos en nuestro compromiso militante. Por esta cuestión es tan útil la motivación ideológica: porque refuerza el compromiso de las personas convencidas y disminuye el peso relativo en el sindicato de lo que los anglosajones llaman “free-riders”, o para usar un término más español, los “qué hay de lo mío”.

Sondear el entorno

Un libro de temática no-marxista que recomiendo encarecidamente, es “el arte de la guerra” de Sun-Tzu, porque da recomendaciones extrapolables a contextos de lo más mundanos. Describiendolo brevemente, es un libro escrito pensado para formar a los militares para que ganen las batallas. No es que nos vayamos a poner en “plan militar” con nuestros compañeros del sindicato, pero uno de los consejos más valiosos que da Sun-Tzu para ganar las batallas que se nos presenten es el conocer el entorno, conocer al enemigo, y conocer las propias fuerzas.

detectar y empoderar a aquellos compañeros cuyo nivel de motivación sea destacable, es fundamental para desarrollar una política de “obreros avanzados”

Conocer el entorno debería ser fundamental para cualquier sindicato y para cualquier sindicalista, porque el éxito o el fracaso de nuestras actuaciones depende en gran medida de ese entorno y de nuestra adecuación a él. Esto tiene mucho que ver con lo que los marxistas entendemos como las “condiciones objetivas”, es decir, la situación y entorno en los que se va a desarrollar nuestro trabajo sindical. Conociéndola, podremos moldear el discurso y la práctica del sindicato para que encajen en el medio donde van a ser difundidas, y lo más importante, para que nuestras ideas y propuestas no estén disociadas de la realidad. Pero también me gustaría llamar la atención sobre la necesidad de conocer cual es la situación ideológica tanto dentro del sindicato, como del sector en el que esté encuadrada la empresa en la que trabajamos.

Con respecto a la primera cuestión, es fundamental conocer cual es la predisposición de nuestros compañeros y cuales son las fuerzas con las que contamos. Una buena práctica para un comunista en su sindicato podría ser el tanteo del grado de motivación y de empoderamiento de sus compañeros, es decir, saber si nuestros compañeros tienen en mente los mismos objetivos, qué tipo de ligazón ideológica existe, y tener en cuenta si estamos lo suficientemente capacitados para desarrollar las tareas que se nos plantean. Si no podemos responder de manera positiva a estas cuestiones, lo más seguro es que tengamos que darle un par de vueltas a nuestra propuesta, para adecuarla a las condiciones del sindicato. También podríamos intervenir reforzando a nuestros compañeros (que sería lo ideal), pero es un proceso más largo y complejo.

Por otro lado, creo que también es fundamental “abrir el objetivo” para poder ver que está pasando en el resto del sector en el que trabajamos. A través de mecanismos como el de la deslocalización industrial, la subcontratación o la externalización de servicios, la mayoría de las empresas han descentralizado y atomizado actividades y procesos que antes se encontraban en una misma empresa. Asimismo, no podemos dejar de olvidar que en los últimos 20-30 años, el capitalismo se ha expandido de manera global, lo cual significa que lo que pase en una punta del mundo (como por ejemplo, Wuhan) acaba teniendo repercusiones en nuestro entorno más inmediato.

Sin ir más lejos, tenemos el ejemplo de los trabajadores de Amazon del almacén de San Fernando de Henares. Una huelga de este almacén, en solitario, hubiera supuesto una presión modesta hacia Amazon, teniendo en cuenta que se trata de uno de los 26 centros con los que contaba en aquél entonces el gigante norteamericano. Sin embargo, al haber sondeado lo que estaba pasando en su sector, los sindicalistas de Amazon convocaron una huelga junto a sus compañeros de Polonia y Alemania, cuyos resultados ya pudimos comprobar en este artículo.

Así, un buen punto de partida para los sindicatos sería la elaboración de una “encuesta obrera” que nos permita conocer el estado de la clase trabajadora, una idea que mi compañero Mario Murillo ya ha desarrollado en este artículo. Pero no hace falta empezar por un nivel tan “macro”, elaborar encuestas breves para conocer la predisposición de nuestros compañeros del sindicato y su grado de apoyo a las reivindicaciones del sindicato, permite recoger unos datos valiosísimos para hacernos una idea de como está la tropa, y es relativamente sencillo hacerlo. Hay experiencias positivas de esto en algunos sindicatos, que a través de encuestas a sus afiliados, no solo han medido el grado de apoyo a las demandas sindicales, sino que han descubierto demandas percibidas como importantes por la gente y que no figuraban en su programa para la negociación. La propia campaña de encuestas, a su vez, sirve para agitar a la afiliación y dar el pistoletzo de salida de la movilización.

Establecer metodologías estables de trabajo

El aumento de la temporalidad en los contratos de trabajo hace que transmitir la experiencia acumulada en años de lucha sea cada vez más difícil. Por poner un ejemplo, nunca he tenido un contrato de más de 3 meses de duración, y por desgracia, esa parece ser la tónica general para la juventud. Si cada tres meses tenemos que asomarnos al vacío del paro, ¿Cómo podemos empaparnos de la cultura organizativa del sindicato? ¿Tendremos siquiera oportunidad de participar en alguna convocatoria? ¿Podremos implicarnos plenamente en el sindicato? Sinceramente, no es posible.

La mejor manera para romper con esa dinámica es eliminando la temporalidad en los puestos de trabajo. Pero como eso no depende exclusivamente de los sindicatos, tenemos que adecuar las exigencias a nuestros medios, y una manera de hacerlo en este sentido sería la elaboración de “manuales”. No puedo dejar de llamar la atención sobre el hecho de que la experiencia de otros sindicalistas es fundamental, porque los problemas a los que se han enfrentado otros sindicalistas son iguales o muy similares a los que nos podemos llegar a enfrentar, y en sus soluciones encontramos soluciones a nuestros problemas. La experiencia es un grado, y como tal, debería ser cultivada por los sindicatos.

Pero no solo vale con codificar la experiencia de otros compañeros en manuales o cualquier otro tipo de publicación. La ausencia de esa línea de trabajo junto a la presión impuesta a los sindicatos, hace que estos estén centrados en la inmediatez y lo espontaneo. Podemos estar de acuerdo en que este es el cometido de los sindicatos, y creo que es imprescindible que continúen dando soluciones a los problemas mas inmediatos de los trabajadores. Sin embargo, como marxistas, queremos hacer avanzar a los sindicatos un paso más allá, hacer que sean actores socio-políticos de primer orden. Establecer metodologías de trabajo estables supone romper con esa dinámica de la inmediatez, para empezar a abarcar proyectos a medio largo plazo.

Un ejemplo de dinámica estable de trabajo es lo que en ciencia política se conoce como “el ciclo de las políticas públicas”. Este ciclo es un esquema de análisis de las políticas públicas, pero para espacios como los sindicatos puede ser útil, dado que es un ciclo que se retroalimenta, que puede generar nuevas líneas de trabajo y permite introducir ajustes importantes con el ciclo ya comenzado. Hay cantidades ingentes de literatura académica hecha en torno a este ciclo, pero para nuestro cometido, Marshall Ganz hace una descripción bastante detallada de este proceso en su manual “Organizar: Gente, Poder, Cambio”.

Basicamente, es un ciclo que comienza con la problematización de un asunto, definiendo de manera concreta el problema al que nos enfrentamos. Continúa con la formulación de alternativas a adoptar, y sigue con la adopción de esa alternativa y su desarrollo. El ciclo termina con la evaluación de los resultados de las acciones tomadas, pero esa evaluación nos permite saber si hemos actuado de manera satisfactoria, o si por otro lado, tenemos que cambiar algo para obtener los resultados que queremos.

Metodologías de este tipo son fundamentales no solo para establecer planes que diverjan de la espontaneidad de la actividad sindical; sino que también lo son para introducir dinámicas de trabajo que perduren en el tiempo, sin que estas dependan de la agenda que tenga la empresa.

Atender a los “intermitentes”

Hemos hablado ya de la temporalidad, y creo que no pillamos a nadie por sorpresa al decir que por desgracia, ésta forma parte de la realidad del mercado laboral. Pero también tenemos que introducir en la ecuación a trabajadores migrantes, la gran mayoría, sin ninguna red de apoyo y con una especialización baja. También hay que tener en cuenta a los desempleados de larga duración, jóvenes que aún no se han independizado, interinos y eventuales, etcétera.

Todas estas categorías dentro de la clase trabajadora comparten una característica común: una tasa muy alta de temporalidad en sus contratos (hablamos de contratos de meses, incluso algunos por semanas) y la necesidad apremiante de ganarse un sueldo para mantener a su familia, enviar dinero a su país o poder independizarse. A lo que me refiero con todo esto, es a lo que Marx llamaba “el ejercito industrial de reserva”, esa capa de la clase trabajadora que se encuentra con frecuencia en paro y de la que los empresarios se sirven para tirar a la baja de los salarios.

un buen punto de partida para los sindicatos sería la elaboración de una “encuesta obrera”

Una tarea apremiante para los sindicatos debería ser fomentar la participación de ese “ejercito industrial de reserva” en sus estructuras. Porque de lo que se vale el empresario para bajar los salarios de los trabajadores es de la indefensión, el desconocimiento de sus derechos y de la desesperación de esos trabajadores precarizados. Sin embargo, si esta capa de la clase trabajadora se ve respaldada por los sindicatos antes de entrar al puesto de trabajo, explicándole el derecho a cobrar exactamente lo mismo que el resto de sus compañeros, con las mismas garantías laborales y de protección; al empresario se le hace un poco más difícil bajar el sueldo de la plantilla. A nadie, repito, absolutamente a nadie, le entusiasma la idea de cobrar menos o tener peores condiciones por el mismo trabajo que desarrollan sus compañeros, en contra de lo que opinan liberales y derechistas de inmigrantes y jóvenes. Otra cosa muy distinta es que se resignen a ello.

Conclusiones

Creo que es sano debatir acerca del papel de los sindicatos de nuestro país y valorar su papel para plantearnos alternativas, en caso de que fuesen necesarias. Ahora bien, creo que nadie puede negar el altísimo componente reaccionario que tienen muchas críticas hacia los sindicatos que circulan en los grandes medios de comunicación, y por desgracia, en la izquierda. En una situación tan delicada como la que estamos viviendo, los marxistas no podemos dejar de lado a nuestra clase y mucho menos a nuestras organizaciones sindicales, solo para sostener una pose revolucionaria que tiene los pies de barro.

Tenemos el imperativo moral de trabajar en los sindicatos para hacerlos grandes otra vez, para que sirvan como la primera línea de defensa de nuestros intereses de clase. Pero como marxistas, tenemos también la obligación de convertirlos en un instrumento de poder transformador. Y esta tarea no va de repartir carnets de comunista, de citar constantemente a los clásicos marxistas o de aplaudir como cheerleaders todo lo que hagan nuestros compañeros del sindicato.

Esta tarea va de hablar con nuestros compañeros, de entender sus motivos, hacerlos nuestros e insertarlos en un marco más amplio de las cosas, un marco que es explicado y desarrollado por la teoría marxista. Pero con esto no vale, tenemos que aspirar a que nuestros compañeros avancen políticamente, que comprendan por qué el empresario se queda con las ganancias de nuestro trabajo y por qué la clase obrera es la que mueve el mundo.

Esto también es una forma de hacer agitación y propaganda. El trabajo que desarrollemos dentro del sindicato, siempre que sea hecho de manera honesta, es también una manera de transmitir la utilidad del marxismo a día de hoy, es desintoxicar de propaganda y animar a nuestros compañeros a luchar por un mundo más justo para todos a través de las ideas que más nos acercan a ese nuevo mundo.

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