3.1. Cambio de paradigma: Un mundo con dimensión humana

Durante siglos, los astrónomos consideraron que el Sol y los planetas giraban alrededor de la Tierra (geocentrismo). Pero poco a poco, fueron surgiendo dificultades para predecir las trayectorias planetarias. La mayoría de los astrónomos se contentaban con negar las nuevas observaciones. Como se ceñían obstinadamente al modelo existente, simplemente no podían concebir un modelo distinto. En el siglo 16, a la luz de nuevos hechos y observaciones revolucionarias, científicos como Copérnico, Kepler y Galileo presentaron un nuevo modelo: la Tierra y el resto de pla- netas giran alrededor del Sol (heliocentrismo). Fueron considerados herejes y tratados como tales, hasta que unas pocas generaciones después, con la aparición de la ley de la gravitación universal de Newton, quedó claro que ese modelo se correspondía con la realidad. De esta manera cambió la forma en que la gente veía la Tierra y el universo. Cuando el marco dominante de pensamiento cambia radicalmente, hablamos de un cambio de paradigma. Otro conocido ejemplo de cambio de paradigma es el origen de las diferentes especies que viven en la tierra. La teoría de la evolución de Charles Darwin trajo consigo un cambio radical y se acompañó de una revolución en la forma de pensar de la comunidad científica. Las diferentes especies vivas, así como el ser humano, evolucionan con el tiempo. El hombre es el producto de millones de años de evolución y de selección natural.

Karl Marx y Friedrich Engels también crearon un nuevo marco analítico para la evolución de la historia humana. Querían saber cómo pueden transformarse unas sociedades en otras a lo largo de la historia. Descubrieron que la gente se organiza en relación a la producción: para vivir, comer, mantenerse y crecer, los seres humanos deben producir. El desarrollo de técnicas y habilidades, la ciencia y el conocimiento, son un motor clave del progreso humano. El otro motor es la acción de los hombres: las interacciones y la lucha social en la que se implica la gente para crear una sociedad mejor, son capaces de utilizar nuevas perspectivas y un mejor conocimiento de la producción en favor del progreso social.

El cambio de paradigma que aportaron Copérnico, Darwin y Marx a sus respectivos campos de estudio no significa que o haya cambiado nada desde entonces. La ciencia está en continua evolución y desarrolla nuevos conocimientos y perspectivas. Sin embargo, la mayoría de los diseños que introdujeron siguen estando vigentes.

Por supuesto el sistema económico en que vivimos no se rige por las leyes de la naturaleza, sino por la acción de los seres humanos. Por lo tanto, los seres humanos también lo pueden cambiar. Los faraones de Egipto, los aristócratas de Atenas, los emperadores chinos, los nobles de la Edad Media, todos ellos estaban convencidos de que su reinado sería eterno y que no era posible otra forma de sociedad. Hasta que su modelo se vio amenazado: por los nuevos avances científico-técnicos, por nuevas posibilidades de producción y por concepciones novedosas. Hasta que las tensiones sociales aumentaron tanto que la forma de la sociedad tuvo que cambiar. La nueva forma de sociedad no aparece de repente. Incluso el capitalismo necesitó un largo periodo para lograr asentarse. Los primeros intentos tuvieron lugar en Génova y Venecia en la segunda mitad del siglo 14. Se desarrollaron relaciones capitalistas en Holanda e Inglaterra en el siglo 16. Pero el capitalismo como sistema político realmente sólo pudo emerger en el siglo 19, tras un largo proceso de conflictos y compromisos con el desgastado feudalismo. El capitalismo no tuvo éxito en sus primeros ensayos. Sería poco inteligente rechazar el socialismo porque tampoco tuvo éxito en sus primeros intentos de construcción. Es un largo proceso histórico, con altibajos. Con hermosos logros, pero también con errores graves.

La pregunta importante es si, en el siglo 21, el capitalismo es capaz de ofrecer un futuro para la humanidad y el planeta. En nuestra opinión no. El capitalismo ha tenido sus méritos históricos, pero ya no es capaz de ofrecer un futuro a la humanidad y a la naturaleza. En el apartado “Los tiempos cambian” hemos relacionado entre sí las distintas y profundas crisis que vivimos en la actualidad: económica, ecológica, democrática y cultural. Dada la evolución del mundo actual, las futuras generaciones se enfrentarán a una creciente brecha entre ricos y pobres, a la amenaza de la guerra, al calentamiento global y a tentaciones autoritarias. Esto genera resistencia entre la gente, en todo el mundo. Empiezan a buscar activamente un futuro mejor y una forma de sociedad que lo pueda garantizar.

Hoy necesitamos un cambio de paradigma, una manera distinta de entender el mundo, el hombre y la naturaleza: ampliar el horizonte y ver el mundo de una manera totalmente diferente. Creemos en un socialismo de nuestro tiempo, en el siglo 21, un Socialismo 2.0. Algo no sólo posible, sino necesario. Un Socialismo 2.0 con dimensión humana que garantice las cosas importantes. Por ejemplo, un empleo con el que se pueda vivir sin una carga de trabajo excesiva. Que permita llevar una existencia digna, aunque se tenga una discapacidad física o mental. Tiempo libre para relajarse y desarrollarse íntegramente. Atención a la salud accesible y de calidad. Igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Una educación integral y polivalente, que forme tanto en nuevas tecnologías como en cultura general, que sea crítica, que estimule en lugar de segregar. Una sociedad que permita obtener una pensión a una edad en la que todavía se siga gozando de buena salud, para poder disfrutar plenamente y seguir creciendo como personas durante la vejez. Un alojamiento de calidad a un precio asequible. Vecindarios seguros, donde no haya lugar para la violencia y el crimen. Bancos públicos que gestionen adecuadamente nuestros ahorros. Participación real en el barrio y en los debates sobre las prioridades que la sociedad se da a sí misma. Una justicia que proteja frente a la explotación, el tráfico de influencias, la arbitrariedad, la corrupción y los enchufes. Libertad de expresión, de prensa, de asociación y de reunión. Pero también libertad de conciencia, mediante una separación efectiva de la religión y el Estado. Que garantice un rico desarrollo cultural, no valores de consumo pasivo impuestos a través del mercado. Que permita el acceso a la naturaleza, al aire limpio, al agua limpia y a la seguridad alimentaria. Un entorno urbano con suficientes espacios verdes y abiertos en los que podamos vivir de manera saludable. En los que las personas tengan los mismos derechos, independientemente de su origen, cultura, idioma, religión o preferencia sexual. Donde no se utilicen las diferencias para dividir a la gente y donde la diversidad sea vista como un factor de enriquecimiento. Por último, una economía que no destruya los recursos naturales, sino que los proteja, administre y utilice en interés de la población.

No se trata pues de cambiar pequeños detalles. El Socialismo 2.0 es una sociedad diferente. Los profetas del neoliberalismo lo llaman una “ilusión peligrosa”. No quieren ver la ruina que crea la mayor ilusión de los últimos tiempos, la gran mentira de la superioridad del libre mercado. Cuanto más se extiende esta ruina, cuanto más fuerte golpea la crisis, cuanto más afirman que no hay alternativa quienes más se benefician, más gente va a comenzar a buscar un cambio emancipador y una perspectiva liberadora. “La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad”, dijo Galileo a sus acusadores1. La sociedad no debe marchar en función del lucro, sino en función de la gente, en una sociedad con dimensión humana.

Notas

  1. La vida de Galileo, obra de teatro de Bertolt Brecht de 1938.