3.5. Un modelo de sociedad sostenible

5.1. Trabajo y naturaleza: las dos fuentes de la riqueza

Contrariamente a lo que se suele decir, Marx y Engels no sólo prestaron atención a las cuestiones sociales y a la explotación económica, también a la relación entre el hombre y la naturaleza. Al igual que los economistas liberales clásicos, Marx creía que la naturaleza era un regalo para la humanidad. Por lo tanto podemos apropiarnos de ella, decían los primeros capitalistas. Los grupos empresariales más poderosos como la Société Générale recibían las conquistas coloniales del rey y del Estado belgas como un “regalo de la naturaleza”. Por supuesto, Marx no se estaba refiriendo a esto. Bajo el capitalismo, los particulares se apropian del suelo y del subsuelo y le dan un valor de mercado, mientras que a ojos de Marx, sólo deberían tener un valor de uso. Como regalo de la naturaleza que son, la comunidad debe gestionarlos y utilizarlos para mejorar el bienestar de la humanidad.

Junto al trabajo humano, la naturaleza es una fuente de riqueza, afirmaron Marx y Engels. Aún más: el propio hombre forma parte de la naturaleza, es la parte inteligente de la naturaleza. Lo que hace posible que la humanidad, como decían Marx y Engels, “tome el control de la naturaleza, conozca sus fuerzas profundas y las domine.” El hombre primitivo aprendió a fabricar herramientas para trabajar la tierra y el producto de siglos de progreso técnico y científico acabó conduciendo a la revolución industrial y al desarrollo del capitalismo. Este sistema no sólo explota la fuerza de trabajo, dice Marx, sino que altera el intercambio, el metabolismo entre el hombre y la naturaleza. Marx define la naturaleza a ve- ces como el cuerpo inorgánico1 del hombre, una referencia temprana al concepto de ecosistema. Engels añade la siguiente advertencia: “… Los hechos nos recuerdan a cada paso que no reinamos sobre la naturaleza como un conquistador reina sobre un pueblo extranjero, como alguien que está fuera de la naturaleza, sino que nosotros pertenecemos a ella con nuestra carne, nuestra sangre, nuestro cerebro, que nosotros estamos en su seno y que todo nuestro dominio en ella reside en la ventaja que tenemos sobre el conjunto de las otras criaturas es la de conocer sus leyes y poder servirnos de ellas juiciosamente…”.

El hombre es superior a otros seres vivos, dijo Engels, porque el hombre es capaz de aprender a dominar las leyes de la naturaleza y en consecuencia puede actuar racionalmente. Marx ya lo advertía cuando se dio cuenta de que el desarrollo frenético de la agricultura química provocaba el agotamiento del suelo y que la urbanización interrumpía la relación entre el campo y la ciudad. Hoy en día el agotamiento de ciertas materias primas, la contaminación del suelo y de los océanos, de los suministros de agua, la deforestación y la pérdida de biodiversidad han alcanzado niveles alarmantes. Y vamos de cabeza hacia una gran catástrofe debido al cambio climático.

La humanidad debe ser capaz de interactuar mejor con la naturaleza, sin debilitar el progreso y la prosperidad. Este es el significado del concepto de desarrollo sostenible tal y como fue formulado en el Informe Brundtland en 19872: “satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas.” En realidad es una variante de lo que decía Marx cuando hizo hincapié en la responsabilidad de la generación actual de preservar la tierra como un “buen padre” para las generaciones futuras.

La relación entre el hombre y la naturaleza no es estática, pero debe ser sostenible. Por eso no se trata de “congelar” el planeta en su estado actual, sino de mantenerlo habitable para la humanidad. No consideramos la riqueza de la tierra “en sí misma”, sino en relación a las necesidades de la humanidad. Vemos la naturaleza a partir de los intereses de la humanidad, desde el elemento inteligente de la naturaleza. El hombre no puede sobrevivir sin la riqueza de la naturaleza y su agotamiento provoca daños irreversibles en las condiciones de vida de la humanidad y su supervivencia. Pero el hombre como ser “inteligente” debe ser consciente de que su conocimiento sobre las complejas relaciones entre la biodiversidad y los ecosistemas son limitados y por lo tanto debe comportarse de una forma prudente y respetuosa con la naturaleza. Una visión puramente utilitarista3 de la naturaleza conlleva el riesgo de que elementos naturales aparentemente “superfluos” se vean amenazados y desaparezcan, mientras que la desaparición de estos elementos podría tener gravísimas consecuencias.

Para Marx, a mediados del siglo 19, todos estos argumentos eran lo suficientemente fuertes – junto con los argumentos sociales – para defender una sociedad socialista, en la que “el hombre social, los productores asociados, regulen en forma racional sus intercambios con la naturaleza, que la controlen juntos, en vez de ser dominados por su poderío ciego y que realicen esos intercambios con un la mínima inversión de fuerza y en las condiciones más dignas, más de acuerdo con su naturaleza humana.”

5.2. Por otro crecimiento

El socialismo 2.0 quiere utilizar el potencial humano y los recursos naturales de acuerdo a otra lógica. Una lógica en la que la economía se base en el valor de uso y no de cambio. Esto significa que la producción se organiza de acuerdo a las necesidades de la población, a la mejora de las condiciones de vida y a los límites de la naturaleza. Por tanto, es necesario tener en cuenta la huella ecológica. La huella ecológica compara el uso de los recursos naturales, “la carga de residuos” en el planeta, con la capacidad regenerativa, de absorción y de reproducción de la naturaleza (la capacidad biológica). Y este balance hoy en día es poco atractivo. Por resumirlo en pocas palabras: en la actualidad, se tarda un año y medio en reproducir todos los recursos renovables que la población mundial con- sume en un año.

Esto plantea una pregunta crucial: ¿cómo puede el progreso (el logro de mejores condiciones de vida para la mayoría de los seres humanos) acompañarse de la protección de los ecosistemas? O dicho de otra manera, ¿la humanidad está condenada a detenerse, a retroceder, para restablecer el equilibrio? ¿Cómo podrán los países en desarrollo alcanzar la prosperidad común? ¿Cómo puede llevar a cabo una sociedad socialista sus promesas de progreso social?

En primer lugar, el socialismo 2.0 hace posible una verdadera redistribución de la riqueza mundial. Hoy 80 personas en el mundo tienen lo mismo que 3 500 millones de seres humanos. Es una situación sin preceden- te en la historia de la humanidad. Es prácticamente imposible imaginar la magnitud de la riqueza de la que se ha apropiado la capa superior de los ultra ricos. La redistribución democrática liberará enormes riquezas que se pueden invertir en proyectos sociales, ambientales y de innovación industrial. Muchas necesidades pueden ser satisfechas sin necesidad de fuerzas productivas adicionales.

En segundo lugar, el socialismo 2.0 significa estimular el desarrollo de las fuerzas productivas, por lo que la mejora de las condiciones de vida y el progreso social pueden lograrse principalmente mediante un aumento de la productividad y de la eficiencia del aparato productivo ya existente. Las mejoras en la eficiencia y el aumento de la productividad son una alternativa al establecimiento de todo tipo de sistemas de producción adicionales, que generalmente se acompañan de un elevado consumo de energía. Bajo el capitalismo la producción por la producción es la norma y el crecimiento arbitrario (del PIB) es el criterio último. La acumulación de capital es la principal motivación y la regla fundamental del capitalismo. El crecimiento es un fetiche. Mientras exista demanda no importa qué se produzca, si es o no perjudicial para los seres humanos o la naturaleza. Si es necesario, hasta se crea esta demanda de manera artificial. La sociedad de consumo, en el mal sentido del término, es una arteria vital para la acumulación de capital. Es el “productivismo” capitalista, que no tiene nada que ver con la forma completamente distinta de producir en el socialismo 2.0. En el socialismo la norma es la producción para la satisfacción de las necesidades sociales, respetando la ecología. El valor de uso para el hombre y la protección del valor de uso de la naturaleza constituyen un doble objetivo. Con esta perspectiva el socialismo estimula la productividad de las fuerzas productivas.

El reto es pasar con rapidez a fuentes de energía renovables, conseguir ahorros drásticos en calefacción e impulsar el desarrollo del transporte público. Pero hay muchas otras maneras de construir una economía sostenible a largo plazo. Para eso se requiere el desarrollo de nuevas técnicas, nuevos métodos de producción y un aumento de la productividad. Su suma total en términos de PIB probablemente tenderá a disminuir, pero hará a las economías “más ricas” en términos de calidad y sostenibilidad.

El Socialismo 2.0 tiene un fundamento distinto al “consumismo” de hoy en día. Este famoso “consumismo” supone un flujo constante de impulsos y estímulos que bombardean a la parte de la población que tiene cierto poder de compra. No es casualidad que la industria de la publicidad sea hoy uno de los sectores más grandes del mundo. Su función esencial es el desarrollo de estas pulsiones para la satisfacción inmediata de necesidades materiales, al ritmo que marcan los accionistas de las grandes empresas monopólicas. Se emiten de forma continua anuncios de novedosos productos y aparatos inútiles, de productos desechables o incluso nocivos, siempre y cuando sean rentables. Las necesidades humanas se reducen a las necesidades de consumo materiales, en lugar de dar prioridad a las necesidades sociales, ecológicas, culturales, intelectuales y democráticas del hombre. En una sociedad que ya no se centra en la búsqueda del lucro, podemos eliminar una gran cantidad de residuos, así como el consumo de lujo, innecesario e inasequible, del famoso 1% más rico.

El socialismo 2.0 quiere acabar con los mecanismos instalados conscientemente para asegurar que los productos tengan una vida corta. El consumidor paga más no sólo porque estos productos necesitan ser reemplazados cada poco, también porque necesitan más materias primas. Muchos productos están diseñados para que no sea posible repararlos. Esto hace que el 80% de lo que producimos se utilice sólo una vez y luego se deseche. En el socialismo 2.0 debería ser posible revisar todo el ciclo de producción, de modo que puedan desarrollarse productos modulares para no tener que reemplazar todo el producto. Los diseñadores de productos pueden asegurar que los componentes menos duraderos puedan ser reemplazados. Se puede lograr que un producto inútil sea transformado con el fin de utilizarse como materia prima en otro producto equivalente. Es la economía circular, la llamada producción cradle-to-cradle (de cuna a cuna). Esto generaría un gran ahorro en materias primas y en consumo de energía. La nueva cultura del reciclaje y de la reparación sistemática parten del principio de que cada nuevo producto es diseñado y fabricado de manera tan ergonómica que sus componentes son extraíbles y reemplazables y que todo se puede reutilizar en otro sitio. Esto requiere un reciclaje de los cuadros técnicos, instrucciones claras a los diseñadores y una formación nueva en las escuelas. También requiere que los contables hagan cálculos no sólo en base al criterio “dinero”, sino también en base a su contenido en energía y materias primas. Todo esto conlleva más horas de trabajo. Así, se pueden crear nuevos puestos de trabajo para compensar las pérdidas de empleo debidas a la mayor eficiencia y productividad en la industria.

Si los sistemas de producción y distribución se revisan y son más coherentes, una gran cantidad de transporte se hará innecesario y se podrá eliminar cantidades ingentes de combustible. Qué absurdo ver que cada día viajan fresas españolas en camión a Bélgica mientras las fresas belgas viajan en camión a España. Un enfoque planificado para el establecimiento de empresas y centros de distribución permite una reducción significativa en el transporte mundial, un tercio del cual es debido al transporte de productos alimenticios. Nuestro consumo de alimentos depende cada vez más de las importaciones, mientras que muchos productos alimenticios se pueden producir cerca del consumidor. Queremos estimular la producción agroecológica.

El socialismo 2.0 también significa reflexionar sobre los hábitos de consumo y dar prioridad a los modelos ecológicos eficaces y sostenibles de alimentación, vestimenta, transporte, vivienda y ocio cuyo impacto ambiental sea menos perjudicial para el medio ambiente.

5.3. Una economía duradera

El socialismo 2.0 puede partir del avanzado conocimiento tecnológico heredado del capitalismo. Pero deberá tomar otras elecciones en su aplicación. Una sociedad socialista debe ser evaluada en la construcción de modelos económicos válidos a largo plazo. Usar agua sin agotar los acuíferos subterráneos. Regar sin secar los ríos. Usar modelos de producción que no produzcan una crisis climática. Métodos de producción que generen la mínima cantidad posible de residuos. Una gestión a largo plazo social y medioambientalmente responsable de la totalidad del patrimonio colectivo.

El Socialismo 2.0 tiene como objetivo una actividad económica baja en carbono, el uso de fuentes de energía no fósiles, aumentar al máximo la recuperación y el reciclaje de materiales, una generalización de los mejores productos y técnicas disponibles, una revisión de la política de vivienda y de transporte basada en la eficiencia energética y en el transporte público, el apoyo a la agricultura moderna, ecológicamente responsable, el fomento de nuevos modelos de distribución y consumo, social y ambientalmente responsables.

Para pasar a la producción sostenible, se hacen necesarias al menos dos medidas. La regla básica es poner fin a la anarquía en la producción. Hoy cada multinacional planea y produce por sí misma, con el fin de conquistar la mayor cuota de mercado posible. A menudo sólo vemos las consecuencias a posteriori, especialmente la destrucción de la riqueza y de los ciclos naturales. Para poner fin a esta anarquía del mercado es necesario planificar con el fin de tomar decisiones responsables con el medio ambiente. La gran producción tendrá que convertirse en social, unida en base al objetivo común de garantizar de manera sostenible las necesidades del hombre y del planeta. La creatividad de los científicos y técnicos podrá dedicarse a la investigación en materiales reciclables, en medios de transporte respetuosos con el medio ambiente, en aumentar la eficiencia de las fuentes de energía renovables.

En segundo lugar, es necesario introducir una participación real en la producción. Con un sistema democrático que permita dar su punto de vista sobre la planificación, mediante la participación directa de los usuarios. Una economía que respete el medio ambiente implica un gran cambio en los hábitos y costumbres, en la infraestructura, en los patrones de consumo y estas decisiones deben estar sujetas a debate público. Esto no se puede hacer en detrimento de la oferta y de la disponibilidad de una amplia gama de productos. El socialismo 2.0 será colorido, diverso y respetuoso con la naturaleza, o no será. Las grandes empresas modernas son perfectamente capaces de producir una gama de productos variados. Con los métodos de producción y las técnicas de comunicación existentes, podemos reaccionar muy rápidamente a las nuevas necesidades y expectativas. A condición de que se implemente la inventiva y la creatividad de los productores y de los usuarios. El control de calidad y la mejora del producto puede que no sean la manera de trabajar más rápida y flexible, pero se utilizarán para lograr una producción creativa, eficaz y duradera.

Notas

  1. Materia inorgánica, que no pertenece a la vida animal ni vegetal. Los metales, sales, arcilla, tierra, grava, son inorgánicos. Lo orgánico designa a lo vivo.
  2. El informe Brundtland fue encargado por la Asamblea de la ONU y redactado por un equipo internacional de la Comisión Mundial por el Medioambiente y el Desarrollo. Recibió el nombre del primer ministro noruego Gro Harlem Brundtland que lo presentó.
  3. Utilitarista: orientada a la utilización inmediata.