3.9. Un rico desarrollo cultural

9.1. La solidaridad es un pilar básico del desarrollo humano

Cuando hablamos de la sociedad, hablamos del entorno en el que las personas crecen y pasan sus días. ¿Y qué significa “sociedad”, sino “vivir juntos”? La gente se forma sus ideas en sociedad. La forma de vivir, crecer o envejecer determina en gran medida nuestras ideas. Y no al revés. El que crece en una sociedad en la que la solidaridad, el respeto al prójimo, la atención y el apoyo mutuo son hábitos normales tendrá otra idea de la “naturaleza humana” que quien vive en un mundo en el que todo está en venta, hasta las relaciones humanas y donde el “vete a lo tuyo” es valorado como un bien supremo.

Para los accionistas y empresarios, actuar en interés propio es una condición para su supervivencia. Cuanto más se ahorre en el proceso de producción, mayores serán los beneficios Cuántas más personas despidan, más rápido subirán sus acciones y los dividendos llegarán a su techo. Pero para los trabajadores, la solidaridad es una condición de la vida y un pilar básico del desarrollo humano. Y aunque con altibajos, se organizan. Siempre lo han hecho. Habiendo sido uno de los primeros países industrializados del mundo, Bélgica tuvo una rica historia del movimiento obrero. Los trabajadores del sector textil de Gante, los estibadores de Amberes, los mineros de Borinage, eran capaces de organizarse a pesar de las extenuantes e infernales jornadas laborales, del trabajo infantil, de la arbitrariedad, la policía, la prohibición de sindicatos, etc. Se arriesgaban a perderlo todo: salarios, comida, salud, libertad e incluso la vida. Sin embargo la vida colectiva se extendió: se crearon los fondos de solidaridad para ayudar a los compañeros de trabajo que lo estuviesen pasando mal, las primeras mutuas, cooperativas, el movimiento juvenil, el movimiento obrero y el Partido Socialista. Pero también las peticiones, reivindicaciones inmediatas, marchas, mítines, manifestaciones y huelgas. Bélgica fue uno de los primeros países del mundo en el que los trabajadores utilizaron la huelga general. También surgió el movimiento asociativo católico. Con sus fondos de solidaridad propios, sindicatos, organizaciones juveniles y de campesinos. La historia social ha ofrecido a nuestro país una rica vida comunitaria, que se impuso en un momento en el que las “conspiraciones” y “coaliciones” estaban prohibidas y en el que la clase dominante prefería que los obreros no se organizaran.

Incluso en los difíciles tiempos actuales, la gente se reúne, se organiza, ayuda a las personas necesitadas. Nuestra vida comunitaria es un factor muy importante. Representa una respuesta contundente a los sumos sacerdotes del egoísmo. Escribir poesía tal vez sea una actividad solitaria, pero el desarrollo cultural se realiza ante todo colectivamente. Las asociaciones juveniles, clubes deportivos, clubes de fotografía, asociaciones de vecinos, grupos de apoyo, asociaciones culturales, grupos de mujeres, organizaciones de personas de origen inmigrante y por supuesto el movimiento sindical forman parte del tejido social de solidaridad.

9.2. Un largo proceso de lucha cultural y de nuevas ideas

Hace doscientos años la burguesía podía ofrecer una concepción coherente y racional del mundo. Hoy no ofrece ni racionalidad ni coherencia. La moral dominante es la moralidad del mercado, la moral de la selva con todo lo que la caracteriza. Todo se compra. La gente es evaluada según su “utilidad”, como si fuese una mercancía más. El individualismo deshumaniza las relaciones sociales. La fría indiferencia del lucro crea un ambiente en el que la existencia humana es vista esencialmente como solitaria y aislada. Los principales medios de comunicación no se utilizan para fomentar el desarrollo cultural, social y moral de las personas sino como “sustituto social” en estos tiempos de gran soledad. La confusión moral, la comercialización de la cultura y las relaciones personales, el irracionalismo el egoísmo floreciente, la crueldad en las relaciones entre las personas y la adicción a la guerra y la violencia caracterizan la decadencia moral de nuestro tiempo. Esto entra en flagrante contradicción con la dignidad humana.

Pero estos valores y normas no son eternos. La cultura cambia a lo largo de la historia y también lo hace cuando cambia la manera de vivir en sociedad. La ética depende del contexto histórico, social y cultural. Las ideas tienen una base material. Mientras que el capitalismo crea el individualismo, el socialismo 2.0 debe crear la base material de la solidaridad. Mientras el capitalismo abandona a la gente a su suerte, alienta el “búscate la vida” y enfrenta a unos contra otros, el socialismo 2.0 debe orientarse hacia la integración de las personas.

Este proceso no es mecánico, como subrayó Marx con razón. Un desarrollo cultural progresista y variado, con nuevos valores positivos, no surgirá de la nada. Habrá que trabajarlo desde la base, en las relaciones y en las organizaciones sociales, con formas democráticas y métodos de comunicación novedosos, en la enseñanza y la creación cultural. No mañana, sino ya, en la lucha social de hoy en día.

Todos los órdenes sociales existentes, hasta la fecha, han basado su fuerza no sólo en el monopolio de la violencia ejercida por la clase dominante (policía, ejército), sino también en que los gobernados (el pueblo) asumen la concepción del mundo de la clase dominante. La filosofía de la clase dominante se populariza y comercializa hasta convertirse en “el sentido común”; y los trabajadores aceptan los hábitos morales y las reglas de convivencia de la sociedad en la que viven. Frente a la hegemonía cultural de los accionistas, del mundo financiero y los súper ricos, queremos desarrollar una contra-hegemonía. Para romper el consenso sobre el modelo dominante de sociedad necesitamos una nueva concepción del mundo, una concepción de la vida progresista, social, democrática y ecológica que se construya desde la base. Es un proceso histórico en el que la gente juega un papel activo y consciente. La Revolución Francesa fue preparada por décadas de lucha cultural e ideológica, dirigida por los pensadores radicales de la Ilustración en un proceso de toma de conciencia. Actualmente necesitamos ese mismo proceso de lucha cultural amplia. “No habrá nueva cultura si no aplicamos en nuestra lucha de hoy los valores de la nueva sociedad que queremos”, dijo Ángela Davis. Como valores progresistas trataremos la ayuda mutua, la solidaridad, la cooperación, el colectivismo, el respeto mutuo, la coherencia entre la palabra y la acción, el respeto por el trabajo, la racionalidad, el re- chazo del racismo o el sexismo, la confianza en uno mismo, el autocontrol, el sentido de iniciativa y el internacionalismo.

9.3. Una cultura renovada y progresista

El capitalismo consiste en abrirse camino a codazos, en promover el arribismo1, el éxito individual, el disfrute instantáneo del consumo y la competencia generalizada. El socialismo se basa en otros valores y normas, que deben ser estimulados haciéndolos socialmente posibles. La “responsabilidad individual” ya no es el eufemismo del “busca por ti mismo la forma de sobrevivir en la jungla del mercado.” La responsabilidad y el compromiso individual son una respuesta real a la sumisión y el fatalismo y fomentan una ciudadanía activa que contribuye a la prosperidad y el progreso de la sociedad.

Una cultura renovada y progresista es lo contrario a la mentalidad de consumo pasivo de una cultura estandarizada. Significa en cambio el amor por el arte y la creatividad, la solidaridad en lugar del individualismo, la cooperación en lugar de la competencia desleal, la pasión por la ciencia y la tecnología en lugar de la idolatría de la palabra de los especialistas. Es una ilusión pensar que estos valores innovadores del socialismo 2.0 aparecerán de la noche a la mañana. El trabajo cultural es un trabajo activo, también en una sociedad socialista. A continuación describimos una breve serie de componentes de una cultura progresista, siendo muy conscientes de que hay muchos más.

1. Uno para todos y todos para uno. La palabra “sociedad” significa “vivir juntos”. No podemos vivir en una sociedad y estar aislados. Nos guste o no, las relaciones sociales influyen en las personas y ayudan a formar el núcleo de su personalidad. Esta es la base de una actitud colectiva, que se podría traducir en el lema “uno para todos, todos para uno”. Los ideólogos burgueses de línea dura como Von Hayek argumentan que el colectivismo, por una parte y la persona, por la otra, son mutuamente excluyentes. Todo lo contrario. Hay una relación dialéctica entre las dos. Quién realmente quiera desarrollar plenamente su talento, su creatividad y su sentido de responsabilidad sólo podrá hacerlo en una sociedad basada en la solidaridad. Con el socialismo 2.0 queremos alcanzar las condiciones sociales objetivas que permitan un desarrollo humano armónico. Un desarrollo que permita al ser humano desarrollar su talento y sus habilidades de la mejor manera posible.

2. El trabajo como emancipación. Por un lado, el trabajo es la condición básica de toda existencia humana. Por el otro, el trabajo es una fuente de riqueza para la clase dominante, que se apropia del fruto del trabajo de la clase obrera. El trabajo adquiere un carácter forzado, impuesto. En el socialismo 2.0 el trabajo es una fuente de riqueza para toda la sociedad. El socialismo 2.0 debe garantizar a todos un trabajo útil, social, cultural y ambientalmente. Bajo el socialismo el trabajo es el principal criterio por el que la sociedad valora a una persona. El individuo ya no depende de la posición social en la que nació, de si tiene o no fortuna heredada, ni de ningún otro factor que más allá de si mismo. La actividad autónoma, la iniciativa y el desarrollo de la persona se convierten en las medidas del desarrollo. El ser humano no sólo es concebido como capaz de asumir la responsabilidad de su existencia. También se espera que lo haga. El ser humano en realidad se convierte en el constructor de su propia existencia.

Las personas que no pueden participar en el proceso de trabajo debido a una discapacidad física o mental, deben ser capaces de elegir un proyecto de vida en el que puedan desarrollar sus capacidades de manera óptima.

3. La racionalidad y el humanismo. La especie humana tiene la capacidad de responder de manera consciente a las necesidades de las personas y del planeta. El socialismo 2.0 quiere hacerlo de manera que todos se beneficien, no sólo unos pocos privilegiados. Y que las generaciones futuras también puedan hacerlo. El socialismo 2.0 se adhiere al humanismo, una forma de pensar optimista y generosa que confía en las capacidades humanas. El humanismo proviene de la palabra latina humanitas: humanidad. Esto significa el respeto y el amor por la humanidad. El humanismo es, en esencia, un alegato en favor de una sociedad en la que la gente pueda llevar una vida desprovista de preocupaciones. Gracias al humanismo se ha desarrollado un comportamiento de vida racional que se apoya en los constantes avances de la ciencia moderna. Esto significa que basamos nuestras concepciones en los hechos y en la evidencia científica, sin que haya espacio alguno a la intolerancia hacia las concepciones religiosas.

4. Sentido de la responsabilidad. Unir los actos a las palabras, tener una actitud autocrítica, modesta, asumir la responsabilidad de las decisiones propias (incluyendo los errores), estar abierto a otras sugerencias y opiniones y dar ejemplo, son valores importantes que forman parte del sentido de responsabilidad hacia el que tendemos. Es esencial para la construcción de una sociedad de ciudadanos activos y críticos.

5. La confianza en uno mismo y el autocontrol. La realización individual y colectiva se refuerza mutuamente. Por eso promover individuos conscientes que crean en sus propias posibilidades no es contradictorio con la elección de una sociedad gestionada colectivamente. Por el contrario, el optimismo o la fe en el progreso también dan al individuo conciencia de su propio valor, sin llegar a ser arrogante o pretencioso.

6. La igualdad entre hombres y mujeres. Bajo el capitalismo existe la igualdad entre hombres y mujeres sólo sobre el papel. Por supuesto el socialismo no es una cura milagrosa y todavía llevará mucho tiempo poner fin a la cultura machista, también en el socialismo. Si se logra realmente la igualdad entre hombres y mujeres la fuerza potencial de la liberación de las mujeres será enorme. La enseñanza y los medios de comunicación pueden y deben ayudar a ello, pero todo ciudadano activo tendrá que des- arrollar una actitud de respeto e igualdad.

7. Respeto al prójimo, sin racismo ni discriminación. Todo ser humano es esencialmente igual a otro, tiene los mismos derechos y deberes, independientemente de su sexo, origen étnico, nacionalidad, creencia filosófica u orientación sexual. Por eso el racismo y la discriminación deben combatirse activamente. En una sociedad súper-diversa, hay un proceso permanente, dinámico, recíproco e interactivo entre las diferentes culturas, grupos, entre jóvenes y mayores, con los recién llegados, etc. Este proceso hace que entre todos demos forma a la sociedad.

8. Una actitud ecológica activa. Desde su aparición, para poder sobrevivir, la especie humana no se limitó a “adaptarse” a la naturaleza. A través del trabajo, el hombre ha cambiado la naturaleza para sobrevivir. La sociedad ahora se enfrenta a grandes desafíos. ¿Cómo tomar de la naturaleza lo necesario para asegurar la supervivencia de la humanidad? ¿Y cómo podemos respetar al mismo tiempo los límites de la naturaleza, a fin de conservarla para las generaciones futuras? Una actitud ecológica que respete lo que la naturaleza puede soportar, que combata la contaminación y el derroche y que preserve el planeta para las generaciones futuras. Este es un punto de partida ético importante. Esto se opone a otras dos actitudes: a una actitud sentimental (deificación de la naturaleza) por un lado y a una actitud utilitarista miope (que permite la destrucción de la naturaleza), por el otro.

9. El internacionalismo. Desde el momento en que la teoría marxista ganó importancia en el movimiento obrero, el internacionalismo se convirtió en un elemento esencial del socialismo. El internacionalismo no sólo es una necesidad objetiva. También es necesario llevarlo a la práctica. El internacionalismo es una actitud ante el mundo. La postura internacionalista se acompaña de la recopilación de las mejores experiencias de la lucha de clases en todo el mundo. La lucha internacional entre trabajo y capital, los movimientos de los diferentes pueblos contra el imperialismo y las experiencias de construcción del socialismo en los países socialistas son parte de una gran experiencia colectiva. El internacionalismo también implica el rechazo del nacionalismo estrecho y la lucha incondicional contra todas las formas de racismo. La lucha contra el racismo es un valor de la ética comunista.

Notas

  1. Arribismo: querer llegar a lo más alto a toda costa y por encima de todo.