1.2. Una política activa por la paz y contra las amenazas de guerra cada vez mayores

Nueva correlación de fuerzas

“El capitalismo lleva en su interior la guerra como la nube lleva la tormenta”, dijo el socialista Jean Jaurès en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Eso fue hace cien años. El mundo es muy distinto pero existen también similitudes significativas con estos primeros años del siglo 20. Hace un siglo, el mundo estaba en manos del Imperio Británico y de otros estados coloniales de segundo nivel, como Francia y Bélgica. Alemania, que se había quedado rezagada, exigía su parte del botín. La Primera Guerra Mundial fue, en última instancia, una lucha por la redistribución de las esferas de influencia y las colonias. Las tensiones aumentaron debido al cambio en la correlación de fuerzas en el mundo.

También hoy hay potencias pujantes que desafían el orden mundial. Los Estados Unidos son la superpotencia dominante. Con su supremacía económica, cultural y militar se las arreglan para dirigir el mundo de acuerdo a sus propios intereses. Las guerras, golpes de estado, la subversión y la corrupción ideológica, siempre en nombre de la “libertad” y “democracia” son inseparables de la dominación estadounidense. Pero los cambios en la correlación de fuerzas crean nuevas tensiones y amenazas de guerra. Porque Washington no tiene intención de renunciar a su hegemonía global.

Por primera vez en 200 años, el crecimiento económico más importante no se da en los países industrializados occidentales, sino en los llamados mercados emergentes, en pleno desarrollo. Mientras que en el año 2000, el producto interior bruto (PIB) chino ascendía a un décimo del de Estados Unidos; en la próxima década China superará a Estados Unidos como la economía más grande del mundo.1 Además de China hay otros cuatro grandes países emergentes: Rusia, India, Brasil y Sudáfrica; los cinco países forman los BRICS. Detrás de ellos viene un grupo más amplio de diez países emergentes de segundo orden. En contraste con los “viejos países industrializados”, estos países han mantenido un fuerte crecimiento a pesar de la crisis.

Este rápido crecimiento ha cambiado el equilibrio de poder en el mundo. Cuatro de cada diez personas en el mundo viven en los BRICS. En sólo diez años, entre 2001 y 2011, la proporción de los BRICS en la riqueza mundial aumentó del 16 al 27%. Al mismo tiempo, la proporción de los Estados Unidos ha caído por debajo del 20%. China en especial, ha dado un salto espectacular en los últimos treinta años. Mientras que desde 2012 los otros cuatro países BRICS han perdido terreno, la economía china sigue creciendo a una tasa excepcionalmente alta de más del 7% anual.

Así que sin duda dos tendencias son indiscutibles:

  1. Una serie de nuevos actores en la escena internacional están poniéndose al día. Actualmente los BRICS y otros once países en crecimiento (incluyendo a Turquía, Nigeria, México…) producen el 50% de la riqueza mundial. En 1993 suponían sólo el 35%. Las inversiones y el comercio Sur-Sur están creciendo rápidamente, lo que rompe con las tradicionales transferencias de carácter imperialista entre el Norte y el Sur.
  2. El centro de la economía mundial se está desplazando hacia Asia. Durante un milenio China fue la economía más grande del mundo. Con la revolución industrial del siglo 19 el centro del mundo se encontraba a ambos lados del Océano Atlántico. Hoy se traslada de nuevo a Asia, con China e India llevando el peso principal.

El lugar particular de China como potencia emergente

Desde 1978, China se reclama de un socialismo con características chinas. Introdujo gradualmente mecanismos de mercado que se han apoderado de funciones de la planificación: la formación de precios, la distribución de la inversión y el trabajo, la regulación de la economía. La propiedad privada de los medios de producción pudo desarrollarse libremente de manera creciente. Las empresas estatales se han reducido a cerca de la mitad del producto nacional y han tenido que hacer frente a la competencia del renacido capital privado.

Estas condiciones permitieron a China entrar en 2001 en la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que hizo invertir en China algo especialmente atractivo para las multinacionales occidentales. De esta manera, fueron capaces de inundar tanto el mercado chino como los mercados mundiales con artículos de consumo baratos. China se ha convertido en la fábrica del mundo y a su vez en el mayor mercado de consumo. Esto ha generado beneficios sin precedentes en la lucha contra la pobreza. Pero la creciente prosperidad de mil millones de chinos se acompaña de una desigualdad en aumento. Como los inversores y empresarios chinos privados tienen las manos libres, se ha desarrollado una nueva clase de grandes propietarios y han aparecido millonarios y multimillonarios. Cuanto más se retoman elementos del capitalismo más se entierran los principios de una sociedad socialista. La filosofía de mercado y la competencia promueven inevitablemente el interés individual, lo que provoca una corrupción rampante.

No es una evolución positiva. Pero la situación es compleja. Gracias a la revolución de 1949, China tomó su destino en sus manos. Este enorme país no está obligado a bailar al ritmo de las multinacionales extranjeras, a diferencia de otros países emergentes del Sur. El Partido Comunista de China ha iniciado una campaña contra la corrupción. La historia mostrará si es posible evitar una restauración completa del capitalismo.

A nivel internacional, la República Popular de China también ocupa un lugar especial. Este lugar tendrá en el futuro cada vez más importancia. Desde su incorporación a la Organización Mundial del Comercio, China está plenamente integrada en el mercado mundial y se ha convertido en la mayor nación comercial del mundo. China ha pasado de una etapa de acuerdos comerciales a una de exportación de capital, inversiones y adquisiciones en el extranjero. En 2013, éstas superaron por primera vez el hito de los 100 mil millones de $, casi tanto como la inversión de las multinacionales en China. Esto situó a China en el top-3 global de los inversores en el extranjero. Estas inversiones son alentadas fuertemente y con frecuencia cuentan con el respaldo activo de las autoridades chinas.

A fin de mantener su rápido crecimiento, China tiene una gran necesidad de energía y materias primas. De ahí la impresionante cantidad de contratos de negocios e inversión china en el Medio Oriente, África y América Latina. Básicamente son contratos con Estados e inversiones realizadas por empresas públicas chinas.

Esta política no se puede poner en el mismo plano que la política de colonización y dominación de Occidente. Las autoridades chinas promueven el principio de win-win – beneficio mutuo – en oposición a la desigualdad o el juego de suma cero de la mayoría de los acuerdos con Occidente. Los acuerdos alcanzados por China para abastecerse de energía, materias primas y productos agrícolas ayudan a los países a desarrollarse. A cambio de participaciones en la explotación de petróleo, minería o agricultura, realiza inversiones en construcción de infraestructura, carreteras y ferrocarriles, centrales eléctricas, escuelas y hospitales. Esto se acompaña a menudo de préstamos baratos y de condonación de deudas.

Por tanto, es importante ver el panorama en su conjunto. Las compañías chinas transfieren sus conocimientos a las autoridades y a la mano de obra local. A cambio de la exportación de recursos naturales hacia China, a menudo también importan bienes de consumo chinos baratos. Por lo demás, las autoridades chinas no interfieren en los asuntos internos de otros países. Todo lo contrario de las prácticas del imperialismo europeo y estadounidense que impusieron programas de ajuste diseñados para abrir las  puertas a la codicia de las multinacionales. Los países de África y América Latina suelen dar la bienvenida a la presencia china como una oportunidad única y como un contrapeso útil para escapar del dominio de las multinacionales europeas y estadounidenses. Esto les ayuda a luchar contra la pobreza y les ofrece la oportunidad de abrir una vía de desarrollo más independiente.

Podemos cuestionar el papel de la cada vez más frecuente presencia de multinacionales chinas en Occidente. Desde la crisis de 2008, las empresas chinas, alentadas por las autoridades, buscan oportunidades de compra en Europa y Estados Unidos. Invierten en infraestructura (puertos y aeropuertos), energía y producción, tecnología de información y comunicación, artículos de lujo, finanzas y bienes raíces. Por tanto crece el número de multinacionales chinas, públicas o privadas, que al igual que las empresas capitalistas, se lanzan en la lucha competitiva sobre los mercados internacionales. Para las autoridades públicas chinas, esto también es una situación de beneficio mutuo (win-win): las empresas chinas adquieren tecnología y acceso a los mercados; Occidente consigue oxígeno y empleo para su renqueante economía. Pero es evidente que esta profundización en la integración en la economía capitalista global refuerza la evolución hacia un “capitalismo con características chinas”. Se eliminan progresivamente todos los obstáculos para el libre juego de los mecanismos de mercado, tanto en China como en el extranjero. Las grandes empresas chinas salen a bolsa en Nueva York y las Bolsas chinas se abren a los inversores extranjeros. La liberalización del sector financiero es una de las últimas grandes reformas ensayadas en la zona franca de Shanghai, que acabará siendo generalizada.

En cuanto a las relaciones internacionales, China ha desarrollado una visión coherente. Basada en los cinco principios de la coexistencia pacífica, que defienden en primer lugar la soberanía y la inviolabilidad territorial de los Estados. China reconoce Estados y no regímenes políticos, no interfiere en los asuntos internos y muestra respeto hacia otros sistemas. China espera de otras potencias la misma actitud y se opone a la injerencia norteamericana y europea en otros países. China no tiene bases militares en el extranjero. La presencia china en el extranjero no tiene ambiciones territoriales ni conlleva intentos de dominar a otros países. China siempre aboga por una solución pacífica y negociada de los conflictos y vota de acuerdo a este principio en el Consejo de Seguridad de la ONU. El tiempo dirá si se respetan estos principios cuando los intereses chinos en el extranjero se vean amenazados por levantamientos, cambios de régimen, por la confrontación con otros intereses o por los intereses de la población.

China considera que el orden mundial imperialista puede dar paso a un mundo multipolar. Por lo tanto, los chinos quieren promover, apoyándose en una renovada colaboración Sur-Sur, la formación de un polo de crecimiento anti-hegemónico (como los BRICS), la promoción de la cooperación con los países europeos y la aplicación generalizada de los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica. En esta imagen idílica de las autoridades chinas, la lucha contra el capitalismo ha desaparecido. Pero la sed de conquista es parte de la lógica del capitalismo y la competencia no va a desaparecer con el “sentido común” o “la buena voluntad”. El desarrollo desigual del capitalismo y de la correlación de fuerzas son la fuerza motriz de los conflictos y las guerras y es una ilusión creer que éstas vayan a desaparecer gracias a consultas y a una colaboración de tipo win-win.

Los países emergentes confrontan la hegemonía de EEUU

Lo que une a los BRICS no es sólo su crecimiento espectacular, sino sobre todo su actitud política en contra de la hegemonía mundial de los Estados Unidos. Es un pacto para exigir un papel más importante en el orden mundial, no sólo económico, sino también político, en las Naciones Unidas, en el G-20, en las instituciones internacionales y en las negociaciones sobre el clima.

A diferencia de otras potencias emergentes en la historia, los países emergentes modernos han progresado sin el saqueo de otros países, sin invasiones, colonización, expansión brutal, guerras o agresiones externas. La base sobre la que reivindican su lugar en el mundo es su peso como potencias económicas, construidas en el contexto del orden mundial capitalista. En cuatro de los cinco países BRICS, no hay duda de que esto sucede sobre bases capitalistas, con todas las contradicciones de clase que ello conlleva. Por lo tanto, difícilmente se puede hablar de movimiento antiimperialista. El desafío a la hegemonía de los Estados Unidos emerge sobre una base capitalista. Sin embargo, esta carrera por ponerse al día ofrece otras alternativas a los países en desarrollo que las de someterse a los monopolios norteamericanos o de la Unión Europea. Para muchos países, la cooperación con los BRICS es una oportunidad para romper la posición de monopolio del Norte en lo concerniente a inversiones, comercio, crédito y ayuda al desarrollo… Lo mismo sucede con el Nuevo Banco de Desarrollo fundado por los BRICS como alternativa al Banco Mundial.

Sin embargo, este desarrollo no es en absoluto comparable con el Movimiento de Países No Alineados2 de los años 50 y 60, que, en aquel momento, seguía un camino manifiestamente anti-colonial y anti-imperialista. En la Conferencia de Bandung en 1955, los países de Asia, Oriente Medio y África lanzaron un movimiento en contra de la dominación occidental, que se concretó en el panarabismo de Nasser (Egipto) y el panafricanismo de Nkrumah (Ghana) y Lumumba (Congo).

En estos últimos 20 años se ha podido ver el desarrollo de un movimiento del mismo tipo en América Latina. Desde finales de los años 90 del siglo pasado los poderosos movimientos populares han expulsado a los presidentes de turno de Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Perú, Bolivia y Uruguay. Bajo el liderazgo de Fidel Castro y Hugo Chávez, nació un tratado de colaboración bolivariana (ALBA) entre nueve países de América Latina y el Caribe, con el objetivo declarado de liberarse de las garras de los Estados Unidos, que trataba de imponer su propia zona de libre comercio neo-colonial (ALCA). 3 El ALBA es más que un acuerdo de libre comercio; está basado en relaciones mutuas de solidaridad y cooperación, no en la búsqueda de beneficios. La alianza más amplia de 33 Estados de América Latina y del Caribe (CELAC) se enmarca también en el contexto de un mundo multipolar, sin la hegemonía de los EE.UU. y en contra de ella. Pero excepto en Cuba y en parte en Venezuela, Bolivia y Ecuador, las relaciones capitalistas siguen estando vigentes sin cambios, a menudo bajo el control de los monopolios internacionales o nacionales.

El desarrollo desigual es una característica fundamental del capitalismo. El país imperialista más poderoso, Estados Unidos quiere mantener su hegemonía sobre el mundo. Para ganar posiciones, los países emergentes del Sur se ven obligados a formar un bloque. Aunque en sí mismo esto no tiene un carácter antiimperialista, hay una diferencia entre los países que buscan mantener su hegemonía y los países que apenas están empezando a abrirse camino en el orden mundial capitalista. Pero esta situación también puede evolucionar. Algunos países emergentes, como Rusia, muestran claramente la ambición de recuperar su grandeza perdida y, a veces su acción reviste un carácter de hegemonismo regional. Este peligro también amenaza a Brasil y la India.

Realidad y ficción respecto al ocaso de EEUU

Los Estados Unidos, que ejercen desde la Segunda Guerra Mundial una hegemonía indiscutible en el mundo capitalista, observan esta evolución con preocupación. El establishment estadounidense no tiene intención de dejar a ningún enemigo amenazar su hegemonía. El actual presidente de EEUU asumió como propia la ambición de Bush hijo: el siglo 21 debe continuar siendo americano. Así lo afirma en su “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano”.

El estatus de superpotencia de los Estados Unidos no se basa solamente en la superioridad militar. La superpotencia americana también se basa en la fuerza de sus grandes monopolios, su tecnología avanzada, su poder financiero y la hegemonía del dólar como moneda internacional. En sectores punteros y en los grandes sectores de servicios como las tecnologías de la información y las telecomunicaciones, predominan los monopolios norteamericanos. Se basan en la superioridad tecnológica y atraen cerebros de todo el mundo a las universidades americanas. Por lo tanto, los EEUU han sido capaces de construir un nuevo tipo de imperio que ya no se basa en la ocupación territorial como en tiempos de las colonias, sino en las ramificaciones globales de su red de monopolios. El imperialismo de los Estados Unidos se sirve de la liberalización y la desregulación para imponer la ley del más fuerte. Con la ayuda del Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio, los Estados Unidos ha sido capaces de forzar la apertura gradual del tercer mundo a los monopolios occidentales. Así los monopolios norteamericanos producen tres veces más en el exterior de lo que exportan desde los Estados Unidos. Esta es una de las causas del déficit en la balanza comercial de Estados Unidos, pero al mismo tiempo, también forma parte de su supremacía. Las intervenciones políticas y militares de Washington sirven para proteger la red, poniendo en el poder a regímenes amigos que barren la oposición y abren sus fronteras a los intereses estadounidenses.

Por si solos, los Estados Unidos representan no menos del 43% de todo el gasto militar en el mundo. 4 Washington también encabeza la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la alianza militar que defiende los intereses occidentales. 5 Por eso Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia militar indiscutible a corto e incluso a medio plazo. Sin embargo, el cambio en el equilibrio de poder requiere que los Estados Unidos revisen su estrategia política y militar. Para Estados Unidos, el único competidor posible a su hegemonía global a largo plazo es la República Popular China. Por eso el presidente (Obama) ha establecido el “pivote a Asia” – desplazamiento del centro de gravedad – de su estrategia militar del Medio Oriente al sudeste asiático. Esto afecta a toda política diplomática, geoestratégica y militar de los Estados Unidos.

Los Estados Unidos se están preparando intensamente para una confrontación militar con China. Por eso preparan un movimiento de cerco. Instalan bases militares en los países vecinos y despliegan su fuerza naval en los océanos. Washington se esfuerza por tejer alianzas en la región y hábilmente se aprovecha de las tensiones locales entre China y sus vecinos, Japón, Vietnam y Filipinas. También mantiene a Taiwán como su más fi el aliado y un sólido punto de apoyo a tiro de piedra de la China continental.

China hace hincapié en que desea, sobre todo, un ambiente de paz, pero a la vez se está preparando para la guerra. Invierte en equipo militar de alta tecnología para repeler cualquier ataque a su integridad territorial. Este arsenal es esencialmente defensivo, para evitar un posible bloqueo militar. China establece alianzas en la región, la principal es la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), una alianza militar y económica con Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán.

El peligro de guerra aumenta

Un estudio de 2014 en 162 países muestra que sólo 11 países no están involucrados en conflictos. El mundo es cada vez menos pací co. Las instituciones y leyes internacionales cada vez se pisotean más. Cada vez con más frecuencia las grandes potencias se colocan por encima de la ONU. La soberanía, proclamada por las Naciones Unidas, tiende a ser la excepción y la injerencia extranjera la regla. Los Estados Unidos, otras potencias occidentales y la OTAN están activamente involucradas en la mayoría de los conflictos. Francia, por ejemplo, intervino en Chad (2008), Afganistán (2009), Costa de Marfil (2010), Libia (2011), Malí y la República Centroafricana (2012 y 2013) y de nuevo en Oriente Medio (2014). La lista de intervenciones de Estados Unidos es aún más larga. Y, fuera cual fuera la situación antes de la intervención occidental, la situación social, de los derechos humanos y democráticos sale casi siempre deteriorada tras ella.

El análisis de la estrategia a largo plazo de los Estados Unidos es la mejor manera de entender los conflictos actuales a lo largo del mundo. Con la OTAN, los países europeos han optado por entrar en esta estrategia a largo plazo. Sus acciones son generalmente complementarias a las de Estados Unidos. Los Estados Unidos está presentes en los principales centros de conflicto en las fronteras de Rusia, Oriente Medio y Eurasia. En ambas regiones, los Estados Unidos y Rusia están frente a frente. Mientras las tensiones aumentan, Rusia busca una relación más estrecha con China. Así, se desarrolla un nuevo clima de Guerra Fría en el que las viejas potencias imperialistas (los EEUU, la UE y Japón) constituyen un nuevo frente contra otras grandes potencias (Rusia y China). En África, los Estados Unidos deciden unirse a las antiguas potencias coloniales europeas para hacer frente a la creciente presencia china, mediante aventuras militares y provocando el caos. En todas estas zonas de confl icto el control de la riqueza del subsuelo y las rutas de transporte de petróleo y materias primas es crucial. Aquí damos una visión general de los tres centros principales de conflicto: (a) Rusia (b) Medio Oriente y (c) África.

  1. Contener a Rusia. Después de la caída de la Unión Soviética, Rusia experimentó un desmantelamiento capitalista salvaje, pero desde hace diez años, Putin reivindica de nuevo un lugar entre las grandes potencias. La Rusia actual es una gran potencial militar y juega la carta de su riqueza en petróleo, gas y materias primas para reunir a las ex repúblicas soviéticas. Estados Unidos trata de oponerse a ella mediante la aplicación de una nueva estrategia de contención. Washington recibe el apoyo activo de la Unión Europea. Cuando cayó el Muro, el secretario de Estado, James Baker prometió formalmente a Gorbachov que la OTAN no se extendería “ni una pulgada” hacia el este. Todo lo contrario. Desde 1999 la OTAN ha incorporado a no menos de doce países que anteriormente eran miembros del Pacto de Varsovia. Esto, por supuesto, es percibido por Rusia como una amenaza directa. La Unión Europea ha propuesto a los países vecinos de Rusia un acuerdo de asociación atractivo como el que se firmó en junio de 2014, con Georgia, Moldavia y Ucrania. Estados Unidos y la Unión Europea aprovecharon el movimiento popular contra la corrupción en Ucrania para lograr su objetivo y utilizan partidos neonazis para instalar un régimen que simpatiza con Occidente. El apoyo de Rusia a la secesión de Crimea alimenta el conflicto y el país está al borde de una guerra civil. El conflicto de Ucrania en 2014 llevó a la tercera confrontación indirecta entre la OTAN y Rusia, después de las guerras en la antigua Yugoslavia en 1992 y en Georgia en 2008.
  2. La estrategia del caos en el Medio Oriente. Una segunda lucha de poder se libra abiertamente en el Medio Oriente. Los Estados Unidos cuentan con el apoyo incondicional de Israel. Otros apoyos del campo occidental son Arabia Saudita, Qatar y Turquía. Sufi ciente, estima EEUU, para trabajar en el proyecto de un Gran Oriente Medio bajo tutela occidental. Para lograr este objetivo, es necesario romper la resistencia de Irán, Irak y Siria. Esta es la razón principal por la que desde hace más de veinte años EEUU libra guerras en la región. Pero el plan no resultó como estaba previsto. Estados Unidos y algunos países amigos fueron a la guerra contra Irak en base a pruebas falsas. No fueron capaces de destruir la resistencia iraquí. Cuando la primavera árabe expulsó a las marionetas de Estados Unidos, Ben Ali en Túnez y Mubarak en Egipto, los EEUU tuvieron que maniobrar para conseguir un cambio de régimen de acuerdo a sus deseos. La alianza entre Irán, Siria y Hezbolá en el Líbano ha demostrado ser más fuerte de lo esperado y ha buscado el apoyo de Rusia. En Palestina, los Acuerdos de Oslo6 llevaron a un completo fracaso: repuntó con fuerza la resistencia palestina contra la política israelí de apartheid y de ocupación. En este contexto, los Estados Unidos tienen que recurrir a la estrategia del caos. Alimentando las tensiones étnicas y religiosas en Irak y Siria, explotando el descontento popular justificado y financiando y armando a grupos rebeldes salafistas yihadistas, tratan de provocar la caída de Assad en Siria para dividir y debilitar al adversario y, finalmente, hacer estallar a Irak y Siria. Pero en lugar de un Gran Oriente Medio favorable a los Estados Unidos, la región se ha convertido en un campo en ruinas, un nido de terroristas y un nicho permanente de guerra con cientos de miles de víctimas y una población atrapada en la pobreza extrema y la violencia sin salida.
  3. No dejar escapar al continente africano. Después de la desaparición de la Unión Soviética, Estados Unidos vio la oportunidad de ganar posiciones en el continente africano. Se pusieron a competir con la todavía fuerte presencia de las antiguos potencias coloniales como Francia y Bélgica. Los Estados Unidos pasaron a un primer plano con la “Operación Restaurar la Esperanza” de las Naciones Unidas (1992-1993) en Somalia y conquistó un punto de apoyo importante en África central después del genocidio en Ruanda en 1994. También apoyaron de hecho la guerra de agresión asesina de Ruanda y Uganda contra su vecino Congo desde 1998.

Pero desde el comienzo del siglo 21, hay rivales a la vista. Los intereses occidentales están cada vez más amenazados por la creciente cooperación e inversión económica entre China y otros países del BRICS con los países africanos. En respuesta, los Estados Unidos y otros países como Francia han optado por reforzar resueltamente su presencia militar y la militarización de sus relaciones con África. La guerra ilegal de la OTAN contra Libia, el país más rico de África y el que más había invertido en la unidad africana, terminó en caos y en una interminable guerra civil. La sombra de Washington o París planea en las guerras civiles africanas. Echar gasolina al fuego de las contradicciones étnicas, regionales y religiosas en África ha demostrado ser una fórmula ideal para acabar justifi cando intervenciones militares “por razones humanitarias”, a menudo contra las milicias rebeldes que Occidente ayudó a crear. Una primera guerra en Mali fue el pretexto para la intervención occidental a gran escala. Una segunda intervención de la misma clase siguió al año siguiente en la República Centroafricana.

Y poco a poco la presencia de tropas occidentales en África aumenta. La dirección del ejército de Estados Unidos llevó a cabo una importante reorganización en 2008 con el AFRICOM, un comando militar centralizado para África. Asistimos al desarrollo acelerado de una red de puntos de apoyo y bases militares en África. Si dependiese de Washington y París, la desaparición del campo de batalla africano no sería para mañana. Pero cada vez más gobiernos africanos reivindican explícitamente la soberanía de sus países.

Una política de paz activa

Justo después de la Segunda Guerra Mundial, que se cobró la vida de más de 60 millones de personas, los llamados a una política activa de paz se hicieron más fuertes y aumentaron más aún cuando en 1949 los países capitalistas occidentales fundaron la OTAN, el pacto militar agresivo contra el socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este. En 1950, el Consejo Mundial de la Paz hizo un llamamiento a la prohibición total de las armas nucleares, a iniciativa del físico comunista francés Joliot-Curie. Esta convocatoria se conoce como el Llamamiento de Estocolmo y cosechó 300 millones de fi rmas en tan sólo unos años. A iniciativa de Bertrand Russell y Albert Einstein, 52 premios Nobel lanzaron en 1955 una declaración similar contra las armas atómicas, en respuesta a la política agresiva de la guerra fría. En los años 60 y 70, el movimiento por la paz se vinculó al movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, la lucha anticolonial y la resistencia contra la guerra de Vietnam.

En la primera mitad de los años 80 nuestro país fue testigo de la mayor manifestación jamás vista en contra de la instalación de nuevos misiles nucleares en Europa. Fue el resultado de una fuerte movilización de cientos de comités locales, sindicatos, organizaciones no gubernamentales y de todo tipo de asociaciones. Después de la desaparición de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia, la gente esperaba un “dividendo de paz”, pero la desilusión llegó pronto. En la siguiente década, el movimiento por la paz tuvo que volver a las calles – aunque menos fuerte – con las guerras contra Irak, Yugoslavia, Afganistán, de nuevo Irak, Libia, etc. Hay que tener en cuenta que estas guerras imperialistas se presentan a menudo como “guerras contra el terrorismo” o “intervenciones humanitarias”.

Hoy en día, el movimiento por la paz es significativamente menor que en los años 80. Pero esto puede cambiar rápidamente. Es necesario que lo haga. Necesitamos urgentemente una política de paz activa y un movimiento por la paz amplio y potente. Defendemos la soberanía, el derecho internacional y los derechos humanos en contra de la política intervencionista de los Estados Unidos, la OTAN, la Unión Europea y otras grandes potencias. Apoyamos las acciones globales tendentes al desarme nuclear, empezando por la mayor potencia nuclear: Estados Unidos. Pero en nuestro país también apoyamos la salida de las armas nucleares estacionados en Kleine Brogel. Nos oponemos a la OTAN, a sus guerras y a su presión creciente para aumentar los presupuestos militares. La lucha contra la OTAN es una tarea democrática importante, no sólo contra la guerra en el extranjero, sino también contra la militarización en el interior del país.

La lucha por la paz forma parte del movimiento más amplio por los derechos democráticos, la justicia social, el desarrollo sostenible y la solidaridad internacional. Sólo podremos lograr una paz sostenible si atacamos la pobreza y la injusticia y corregimos todas las injusticias históricas contra los pueblos oprimidos, para que puedan definir su propio futuro. Una paz duradera sólo puede garantizarse en una sociedad que no se base en la competencia y el beneficio, sino en la cooperación y la solidaridad, en la democracia política y económica, en la satisfacción de las necesidades sociales y ecológicas –en resumen, en una sociedad socialista.

Notas

  1. Expresado en dólares. Calculado en “purchasing power parity” (PPP), es decir, en función del poder de compra local, China ya sobrepasó a USA a finales de 2014
  2. El Movimiento de los Países No Alineados sigue exigiendo, pero ha perdido fuerza como movimiento antimperialista. Es más diverso y más híbrido en su composición y objetivos.
  3. Área de Libre Comercio de las Américas. 
  4. Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI).
  5. La alianza pretendía constituir un contrapeso al Pacto de Varsovia… pero en realidad el Pacto de Varsovia se fundó seis años después de la OTAN, en 1955. La OTAN se funda en 1949 como grupo militar de 12 países que defendían sus intereses, los intereses de su cooperación multinacional contra el resto del mundo. Hoy, la OTAN es la alianza militar más grande y poderosa del mundo. Firmemente dominada por el imperialismo americano, la OTAN cuenta actualmente con 28 Estados miembro. Otros 22 países se han comprometido en el llamado Euro-Atlantic Partnership Council (EAPC). Además, 19 países se implicaron en programas de diálogo más o menos institucionalizados como el Diálogo OTAN-Mediterráneo, la Iniciativa de Cooperación de Estambul e iniciativas como la Alianza por la Paz o Partners accross the Globe 
  6. Acuerdos de Oslo: acuerdos concluidos entre Israel y la Organización de Liberación de Palestina (OLP) en 1993