Programa del PCP: Una Democracia Avanzada. Los Valores de Abril en el Futuro de Portugal

Nota de la Redacción de La Mayoria

Una de las tareas que nos marcamos en La Mayoría es la de difundir literatura y documentos interesantes para el público español e hispanohablante. En muchas ocasiones debemos acudir fuera de nuestras fronteras en busca de ideas e información que nos ayuden a la hora de orientar las tareas revolucionarias en nuestro país. Con anterioridad hemos publicado los documentos del Congreso de la Solidaridad del Partido del Trabajo de Bélgica (a los que se puede acceder bajo este párrafo). En esta ocasión, en la redacción hemos considerado interesante traducir y publicar los documentos del ultimo congreso del Partido Comunista Portugués, celebrado en 2016. A lo largo de las próximas semanas iremos publicando las entregas.

Introducción

1. El Partido Comunista Portugués, partido político de la clase obrera y de todos los trabajadores, enteramente al servicio del pueblo portugués y de Portugal, tiene como objetivos supremos la construcción del socialismo y el comunismo — de una sociedad nueva libre de explotación del hombre por el hombre, de opresión, desigualdades, injusticias y flagelos sociales, sociedad en la que el desarrollo de las fuerzas productivas, el progreso científico y tecnológico y la profundización de la democracia económica, social, política y cultural asegure a los trabajadores y al pueblo libertad, igualdad, elevadas condiciones de vida, cultura, un ambiente ecológicamente equilibrado y respeto por el ser humano.

2. Inspirada por su objetivos supremos, la historia del PCP desde su fundación, en marzo de 1921, está marcada a través de los años por pruebas sin igual de dedicación, coraje y heroísmo de generaciones de militantes en una lucha constante y consecuente en defensa de los intereses de la clase obrera y de todos los trabajadores, del pueblo portugués y de Portugal, una lucha por la libertad, la democracia, el progreso social, la cultura, la paz, la independencia y la soberanía nacionales, y de solidaridad con la causa de la emancipación social y política de los trabajadores y pueblos de todo el mundo.

Con expresiones y objetivos concretos inmediatos diferenciados, así como los problemas y las condiciones existentes, con el desarrollo que la evolución del mundo y la experiencia van exigiendo, estos son valores permanentes de acción del PCP durante los 48 años de dictadura fascista, en el proceso de la revolución de abril, a lo largo del posterior proceso contrarrevolucionario y en su lucha presente enfocada al futuro.

La lucha con objetivos inmediatos y la lucha por una democracia avanzada son parte constituyente de la lucha por el socialismo.

3. Los objetivos de la lucha del PCP corresponden a intereses fundamentales de la mayoría aplastante de la población portuguesa. La clase trabajadora, cuya composición se modifica y se diversifica con la evolución del capitalismo y la revolución científica y tecnológica, confirma con la lucha su papel de fuerza social determinante en el proceso de transformación democrática y progresiva de la sociedad.

La concreción de la democracia avanzada propuesta por el PCP es objetivamente del interés de todos los trabajadores, de los pequeños y medios agricultores, de los intelectuales, de los cuadros técnicos, de los pequeños y medios empresarios del comercio, industria y servicios, de los artesanos y también de los jubilados, de las personas con discapacidades, de las mujeres y de la juventud como fuerzas sociales con situaciones, problemas, aspiraciones y objetivos específicos. De esta realidad y unión de fuerzas resulta el sistema de alianzas sociales en el cual son básicas la de la clase obrera con el campesinado —pequeños y medios agricultores— y la de la clase obrera con los intelectuales y otras capas intermedias.

El sistema de alianzas político-partidistas cubre de forma diferenciada todos los movimientos, organizaciones y partidos que, en sus objetivos y en su práctica defienden los intereses y aspiraciones de las clases y fuerzas sociales participantes en el sistema de alianzas sociales.

El creciente dominio extranjero sobre la economía portuguesa y el sometimiento de los intereses portugueses a intereses extranjeros en el cuadro de restauración de los monopolios y de la integración capitalista europea crean condiciones susceptibles de alargar aún más las alianzas sociales y político-partidistas con objetivos concretos, así como de naturaleza coyuntural.

Del sistema de alianzas transcurre la política del PCP en el sentido de la unidad de la clase obrera y de todos los trabajadores, de la unidad o convergencia de las clases y movimientos sociales antimonopolistas, de la unidad o convergencia de acción de las fuerzas democráticas y patrióticas.

4. Respondiendo de manera creativa con propuestas, soluciones y lucha a las realidades y a los cambios, el PCP afirma y confirma su identidad propia. Como partido de clase obrera y de todos los trabajadores estrechamente ligado a las masas. Como partido que lucha por una sociedad socialista. Como partido que tiene como base teórica el marxismo-leninismo, materialista y dialéctico, necesariamente creativo. Como partido con principios y práctica de profunda democracia interna y de unidad de orientación y acción adquiridos en el desarrollo propio del centralismo democrático. Como partido patriótico que es simultáneamente un partido internacionalista, solidario y cooperador con la lucha de los trabajadores y de los pueblos de otros países, con los comunistas y otras fuerzas revolucionarias y progresistas del mundo.

5. En la afirmación de los intereses de los trabajadores, del pueblo y del país, en la defensa y la profundización del régimen democrático, en la lucha por una sociedad nueva libre de explotación del hombre por el hombre, el PCP desempeña en la sociedad portuguesa un papel necesario, indispensable e insustituible.

La Revolución de Abril – Realización Histórica del Pueblo Portugués

La revolución de abril constituye uno de los más importantes acontecimientos en los ocho siglos de la historia de Portugal.

La revolución de abril constituye una realización de la voluntad popular, una afirmación de libertad, de emancipación social y de independencia nacional.

La revolución de abril, culminando una larga y heroica lucha de la clase obrera, de los trabajadores, de las masas populares y de las fuerzas democráticas, puso fin a 48 años de dictadura fascista, puso fin a la guerra colonial reconociendo a los pueblos en lucha —hacía siglos sometidos al colonialismo portugués—, el derecho a la completa e inmediata independencia, alteró profundamente el encuadre de Portugal en la escena internacional y realizó profundas transformaciones políticas, económicas sociales y culturales que constituyen componentes de un sistema y de un régimen que abrirían en la vida del país la perspectiva de un nuevo período de la historia marcado por la libertad y por el progreso social.

Revoluciones tan profundas no se resumen a un acto revolucionario ni se consuman en un período corto. Constituyen un proceso, más o menos prolongado y accidentado, que puede conocer retrocesos y que requiere de desarrollos innovadores.

La revolución de abril fue una revolución inacabada. A pesar de sus avances históricos, muchas de sus principales conquistas fueron destruidas. Otras, aunque debilitadas y amenazas, continúan presentes en la vida nacional. Todas son referencias y valores esenciales en el presente y en el futuro democrático e independiente de Portugal.

La dictadura fascista

1. Los cuarenta y ocho años de dictadura fascista constituyen uno de los períodos más sombríos de la historia de Portugal.

La dictadura fascista creó un Estado totalitario y un monstruoso aparato policial de espionaje y represión políticos que actuaba en todos los sectores de la vida nacional, privando al pueblo portugués de los más elementales derechos y libertades.

La historia de la dictadura es una historia de persecuciones, de prisiones, de torturas, de condenas, de asesinatos de aquellos que osaban defender los derechos del pueblo, protestar, luchar por la libertad y por mejores condiciones de trabajo.

Utilizando la fuerza coercitiva del Estado, la dictadura fascista impulsó una centralización y concentración de capitales, la formación de grupos monopolistas que se tornaron en dueños y dirigentes de todos los sectores fundamentales de la economía nacional, acumulando grandes fortunas basadas en la explotación, en las privaciones, en la miseria y en la opresión del pueblo portugués y de los pueblos de las colonias portuguesas.

La dictadura fascista impuso a los trabajadores formas brutales de explotación, sacrificó generaciones de jóvenes en trece años de guerras coloniales, forzó a centenares de miles a la emigración, agravó las discriminaciones de las mujeres y de los jóvenes, la desnutrición de gran parte de la población, el oscurantismo, el analfabetismo, la degradación moral de la sociedad.

Defendiendo los intereses de los latifundistas y de otros grandes propietarios rurales, la dictadura fascista aceleró el proceso de concentración de la propiedad agrícola, acentuó el carácter obsoleto de las estructuras agrarias, condenando a la agricultura portuguesa al atraso y al estancamiento y a los trabajadores agrícolas y los pequeños agricultores a una vida de miseria y dificultades.

La dictadura fascista agudizó las brutales condiciones de explotación de los pueblos de las colonias portuguesas, negándoles los más elementales derechos, saqueando las riquezas naturales, silenciando con terror cualquier reclamación y sentimiento nacionales y, finalmente, desencadenando guerras coloniales cuando los pueblos se alzaron en lucha en la defensa de sus justos derechos y por la conquista de su independencia.

La dictadura fascista agravó aún más los lazos de dependencia de Portugal en relación al imperialismo sobre todo después del inicio de las guerras coloniales y, a cambio de apoyo al régimen, promovió la asociación de grupos monopolistas portugueses con los monopolios extranjeros y entregó al imperialismo sectores de la economía que éste aún no dominaba.

La dictadura fascista realizó una política externa de colusión con los regímenes más reaccionarios, de apoyo directo a la sublevación fascista en España, de cooperación con la Alemania nazi y la Italia fascista, de concesiones militares que llevaran al establecimiento de bases extranjeras en territorio portugués, de servidumbre ante las grandes potencias imperialistas y de alineamiento con la política de guerra de sus círculos más agresivos y reaccionarios, de odio y de agresión contra la URSS y otros países socialistas.

2. Conforme definió el programa del PCP, aprobado en el VI Congreso, realizado clandestinamente en 1965, el régimen fascista fue una dictadura terrorista de los monopolios —asociados al imperialismo— y de los latifundistas — dictadura frontalmente contraria a los intereses del pueblo portugués y de Portugal.

La naturaleza de clase de la dictadura fascista y las características específicas de las estructuras socioeconómicas y de las clases sociales, el hecho de, en Portugal, un ritmo de desarrollo de las fuerzas productivas coexistiera con un elevado grado de desarrollo de relaciones de producción capitalistas, y también el hecho de que Portugal fuera simultáneamente un país colonialista y un país dominado por el imperialismo tornaron en inseparables el objetivo del derrumbamiento de la dictadura fascista y de la instauración de la democracia política y los objetivos de transformación revolucionaria de las estructuras económicas, sociales y culturales y de la defensa de la soberanía e independencia nacionales.

El programa del PCP para la revolución democrática y nacional

1. En la base del análisis de la realidad nacional, el PCP, en su Programa aprobado nueve años antes del 25 de abril de 1974, definió la naturaleza y objetivos fundamentales de la revolución antifascista — una revolución democrática y nacional.

«Democrática», proclamaba el Programa, «porque acabará con la tiranía fascista, instaurará la libertad política, pondrá término al dominio de la oligarquía financiera, defenderá los intereses populares, realizará una serie de reformas profundas que beneficiarán a la mayoría aplastante de la población portuguesa—.

«Nacional», porque, acabando con el dominio imperialista en Portugal y el dominio colonialista de Portugal sobre otros pueblos, asegurará la soberanía, la integridad territorial y la verdadera independencia del país».

2. El Programa del PCP para la revolución democrática nacional constaba de ocho puntos u objetivos fundamentales:

1º Destruir el Estado fascista e instaurar un régimen democrático

2º Liquidar el poder de los monopolios y promover el desarrollo económico general

3º Realizar la Reforma Agraria, entregando la tierra a quien la trabaje

4º Elevar el nivel de vida de las clases trabajadoras y del pueblo en general

5º Democratizar la enseñanza y la cultura

6º Liberar a Portugal del imperialismo

7º Reconocer y asegurar a los pueblos de las colonias portuguesas el derecho a la inmediata independencia

8º Seguir una política de paz y amistad con todos los pueblos

3. El Programa subrayaba la interdependencia de estos objetivos y afirmaba que si la realización de todos ellos la revolución democrática y nacional no estaría acabada y no estaría asegurado el desarrollo económico e independiente de la sociedad portuguesa.

La revolución de abril, en su desarrollo, comprobó el acierto de esta prevención.

La revolución de abril

1. La revolución de abril —desencadenada por el heroico levantamiento militar del MFA (Movimiento de las Fuerzas Armadas), después seguido por un levantamiento popular— confirmó que los objetivos fundamentales de la revolución democrática y nacional definidos por el PCP correspondían, no exclusivamente a las condiciones de vida de la población, sino también a la voluntad del pueblo portugués.

En el proceso que se desarrolló en 1974-1975 y que condujo a la fundación e instauración del régimen democrático consagrado en la Constitución de la República aprobada en el 2 de abril de 1976 por la Asamblea Constituyente y promulgada en la misma fecha por el Presidente de la República, la revolución de abril transformó la posición de Portugal en el mundo.

2. La revolución de abril:

– instauró libertades democráticas fundamentales y derechos básicos de los ciudadanos;

– instauró la libertad sindical y el derecho de organización de los trabajadores en los lugares de trabajo, el derecho de contratación y negociación colectivas, el derecho a huelga, el control de la gestión, el derecho de participación de las asociaciones sindicales en la gestión de la seguridad social y el la elaboración de la legislación del trabajo;

– puso fin a la guerra colonial y dio una contribución directa para la independencia de pueblos sometidos durante siglos al colonialismo portugués, creando condiciones históricamente únicas para el desarrollo de relaciones de amistad y cooperación con esos pueblos;

– instauró una democracia política de la cual son elementos básicos la separación, interdependencia y complementariedad de los órganos de soberanía, los principios de igualdad de derechos de los ciudadanos, la participación popular en la vida política y social, el papel de los partidos políticos, el sufragio universal y directo y el principio de proporcionalidad en el sistema electoral, el poder local democrático y la autonomía regional en los archipiélagos de Madeira y de las Azores;

– Liquidó el capitalismo monopolista de Estado, los grupos monopolistas portugueses y su dominio sobre la economía, la política y la vida nacionales, creando con las nacionalizaciones un sector básico de la economía portuguesa libre de intereses privados y en condiciones de dinamizar el desarrollo económico nacional;

– Creó condiciones para la realización de profundas transformaciones económicas, sociales y culturales en los campos, a saber, a través de la Reforma Agraria, con la expropiación de las tierras de los latifundios y la formación de nuevas unidades de explotación —cooperativas; del incremento de los derechos de los arrendatarios (ley de arrendamiento rural); de la prohibición de los regímenes de aforamiento, colonia y asociación agrícola; del reconocimiento de la posesión, gestión y fruición de los baldíos por los pueblos; de la dinamización del cooperativismo;

– consagró legalmente y promovió la igualdad de derechos del hombre y de la mujer y los derechos de los jóvenes;

– promovió el mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo, estableciendo el salario mínimo nacional, las reformas y las pensiones mínimas, el derecho a la seguridad social para amplios sectores de la población, la ampliación del derecho a 30 días de vacaciones, el subsidio de vacaciones, la paga extra y la licencia por parto, la reducción del horario de trabajo, la protección por desempleo, el reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad y de las personas mayores; realizando cambios progresivos en la enseñanza, la salud, la cultura, el deporte, el medio ambiente, que representaron pasos importantes en el camino de su democratización; asegurando importantes avances en el ámbito de infraestructuras y equipamientos sociales;

– poner fin al aislamiento internacional del país y de sumisión a la política del imperialismo, el establecimiento de relaciones diplomáticas de Portugal con los países socialistas, la diversificación de las relaciones externas abriendo el camino para una política exterior de paz y cooperación y amistad con todos los pueblos del mundo.

3. La conquista y establecimiento de las libertades, los derechos de los ciudadanos y un régimen de democracia política fue en el proceso de la revolución portuguesa, inseparables de la liquidación del poder económico y político de los grupos monopolistas y terratenientes, a través de la nacionalización y la reforma agraria y otras reformas de las estructuras socioeconómicas, el fin de la guerra colonial y el reconocimiento del derecho de los pueblos de las colonias portuguesas a la independencia. Ante la conspiración, el sabotaje y los intentos de golpes de fuerza de sectores reaccionarios apoyados por los grandes capitalistas, los latifundistas y el imperialismo extranjero, las grandes reformas estructurales fueron más allá de lo necesario para la defensa de las libertades y la democracia naciente.

Entre sus grandes méritos, la revolución de abril fue también una revolución en la conciencia de los portugueses. Fue un factor de profundos cambios en los conceptos, en los comportamientos sociales y éticos, en las mentalidades.

Además de su significado histórico en el plano nacional, la revolución de abril constituyó un relevante acontecimiento en la historia contemporánea de las últimas décadas, con importantes repercusiones internacionales.

4. La clase obrera, las masas populares y los militares progresistas —los capitanes de abril— unidos en la alianza Pueblo-MFA desempeñaron un papel fundamental en todas las conquistas democráticas.

El PCP intervino en todo este proceso como una fuerza política esencial y determinante. su papel en la revolución de abril y en la fundación del régimen democrático se inscribe como de uno los mayores hechos de su historia.

El proceso contrarrevolucionario

1. La revolución portuguesa presenta como una valiosa experiencia el hecho de que, en una situación revolucionaria, incluso sin disponer del poder político, las masas en movimiento y en alianza con el MFA fueron capaces de transformar profundamente la sociedad, para emprender y llevar a cabo profundas reformas de las estructuras socioeconómicas, influir y condicionar el comportamiento del poder político y contribuir a la consagración legal de los avances revolucionarios.

Los años posteriores muestran también la extraordinaria capacidad de las masas para resistir a la contrarrevolución aun cuando fue desencadenada y desarrollada por el poder político.

Pero la experiencia confirma también que la cuestión del poder acaba por determinar el curso de la política nacional.

2. Divisiones, conflictos y enfrentamientos en el MFA permitieron el retorno progresivo de posiciones en las Fuerzas armadas por elementos conservadores y revanchistas; la colaboración del PS y de sectores democráticos del MFA con los sectores más conservadores y golpistas en el nuevo marco del poder; el izquierdismo; el anticomunismo; la injerencia y la presión financiera, económica, política y diplomática del imperialismo abrieron el camino al desencadenar un proceso contrarrevolucionario, al avance de las fuerzas reaccionarias y conservadoras en el nuevo sistema de poder en proceso de formación y a alianzas políticas que vendrían culminar en el golpe del 25 de noviembre de 1975, cuyas consecuencias principales fueron la liquidación de hecho del MFA y un radical cambio en la correlación de fuerzas.

Desde 1976, en manifiesto desprecio por la Constitución de la república y por la legalidad democrática, la política de sucesivos gobiernos con composiciones partidistas diversas (PS, PSD, PS-CDS, PS-PSD, PSD-CDS), así como algunos de los llamados gobiernos “de iniciativa presidencial”, adoptaron, como objetivo estratégico y línea fuerte de todas las políticas sectoriales, la restauración del capitalismo monopolista, con su dinámica de explotación de los trabajadores y de centralización y concentración de capital.

3. El proceso contra-revolucionario, en su obra de destrucción de las conquistas de abril, se desarrolló y continúa desarrollándose en cinco direcciones fundamentales complementarias e inseparables: a) la reconstitución, restauración y reconfiguración de las estructuras socioeconómicas del capitalismo monopolista de estado; b) agravamiento de la explotación de los trabajadores, liquidación de muchos de los derechos y de las libertades sociales de los portugueses; c) la perversión del régimen democrático tendente a la instauración de un régimen autoritario; d) la promoción y reposición de valores oscurantistas o retrógrados en el ámbito de la cultura, de las mentalidades y de la ideología; e) la adopción, como una opción estratégica, del dominio del capital extranjero en la economía portuguesa y limitación de la soberanía nacional y la independencia, especialmente con la integración en la CEE.

La reconstitución, restauración y reconfiguración de las estructuras socioeconómicas del capitalismo monopolista de Estado se desarrolló en una planeada, coordinada y progresiva ofensiva contra las nacionalizaciones y otros sectores no capitalistas. Comenzó con la entrega a la patronal de empresas intervenidas, cooperativas y empresas en autogestión. Se reforzó con políticas de crédito, de inversiones, de precios y de comercio exterior desfavorables a las empresas nacionalizadas y con el nombramiento para estas de gestores interesados ​​en su fracaso teniendo como misión preparar las privatizaciones. Avanzó con la entrega creciente de las empresas públicas al capital privado. Se desarrolló con el desmantelamiento y la privatización de servicios públicos y funciones sociales del estado, directamente o con el recurso a otras formas, en particular a las asociaciones público-privadas. Y se tradujo en un historial de fraudes, subestimaciones en los precios, subastas, robos, corrupción, especulación bursátil y entrega de enormes sumas de dinero del estado.

La misma política de reconstitución y restauración capitalista y monopolista se tradujo, en lo que se refiere a las estructuras agrarias, en la destrucción de la reforma agraria con la restauración de la propiedad latifundista a través de las acciones ilegales y violentas contra los trabajadores, de robos a las cooperativas de entrega de tierras a los latifundistas, ganado, máquinas, instalaciones y cosechas, en la liquidación de decenas de miles de puestos de trabajo, en el bloqueo legislativo, financiero y técnico y en la liquidación de las decisiones judiciales.

Se tradujo también en el agravamiento de la situación económica y la destrucción de muchos miles de pequeñas y medianas explotaciones, en sucesivos intentos por destruir los derechos de los pueblos alcanzados con la Ley de los Baldíos y en la liquidación de los derechos de los arrendatarios alcanzados con la ley del arrendamiento rural,  fomentando la concentración de la propiedad agrícola.

Se tradujo también en el agravamiento del cerco a las micro, pequeñas y medianas empresas, a través de la monopolización de los mercados y la ausencia de apoyos, convergentes con el objetivo de favorecer la concentración y centralización del capital.

Significó el estrangulamiento del sector cooperativo.

Todas estas ofensivas constituyeron una verdadera cruzada de expoliaciones y de acumulación y centralización forzadas del capital, transfiriendo a las manos de los grandes capitalistas nacionales y extranjeros, en creciente asociación, la posesión de capitales y el dominio sobre los principales medios de producción.

La política de restauración monopolista con las ofensivas contra las conquistas de abril tuvo consecuencias extraordinariamente graves. El aparato productivo fue desorganizado. Importantes empresas, que deberían tener un papel motor en el desarrollo, fueron sacrificadas. Muchas otras fueron cerradas. Se abandonaron los grandes proyectos nacionales de desarrollo. Los recursos financieros fueron desbaratados en indemnizaciones, créditos a fondo perdido, inversiones de dudoso interés y privilegios de los grandes capitalistas. La agricultura quedó estancada y en crisis, la liquidación de la reforma agraria dejó un rastro de retroceso social y desempleo, se desarrolló un proceso de abandono y desuso de tierras y dependencia alimentaria. Se multiplicaron las actividades parasitarias y especulativas, generando el rápido enriquecimiento de algunos a costa de los trabajadores y del erario público, absorbiendo y consumiendo gran parte de los recursos nacionales. Las posiciones dominantes del imperialismo en la economía portuguesa se han ampliado, con la integración en la CEE, se limitó progresivamente la toma de decisiones del país en áreas importantes de la economía nacional. La política de restauración monopolística asume el carácter de una política antinacional.

Corolario de la restauración del capitalismo monopolista, el agravamiento de la explotación de los trabajadores y la liquidación de muchos de sus derechos y libertades, así como graves limitaciones de derechos sociales, se tradujeron en la contención y reducción de los salarios, en la fijación de techos salariales y el aumento de los precios, la disminución de la parte correspondiente al trabajo en el reparto de la renta nacional, los insuficientes aumentos de las pensiones de jubilación, los despidos colectivos, la ampliación de los contratos temporales y la proliferación de otras formas de trabajo precario, la congelación de la contratación y las limitaciones a la negociación colectiva, el agravamiento o la introducción de nuevos pretextos para despidos injustificados como la inadaptación y los períodos experimentales, en los salarios atrasados, en las limitaciones a las libertades sindicales y a los derechos de las comisiones de trabajadores, en el impedimento del control de gestión obrera, en la generalización de la represión patronal en las empresas, en el agravamiento de la discriminación hacia las mujeres y los jóvenes, en el trabajo infantil, en el ataque a las funciones sociales del Estado, en el encarecimiento, la degradación y el riesgo de destrucción de los servicios de salud, la enseñanza, la vivienda, los transportes, de la justicia, en la ampliación de la pobreza y la marginación social y en la acentuación del despoblamiento y desertificación de vastas zonas del país.

La perversión del régimen democrático tendiente a la instauración de un régimen autoritario se tradujo en medidas, acciones, intentos y proyectos para la progresiva gobernanza del poder político con la impugnación de la independencia y competencias de los otros órganos de soberanía, la sumisión y la tutela del poder local democrático, la destrucción de mecanismos de fiscalización de la acción gubernamental para garantizar su impunidad, las restricciones a los derechos de la oposición, la alteración de las leyes electorales, hiriendo gravemente su democratización y el principio de proporcionalidad, la restricción de la libertad de organización política con una legislación antidemocrática sobre los partidos políticos y su financiación, la limitación de derechos y libertades de los ciudadanos, en particular del derecho a la huelga y del derecho a la organización y acción sindical y de las comisiones de trabajadores en las empresas, la marginación de organizaciones sociales representativas, la concentración y el control de la comunicación social, la depuración política y la ocupación de la administración pública por las redes clientelares de los partidos en el poder, el refuerzo del aparato represivo, la creación e intervención de nuevos servicios de información, el recurso a medidas autoritarias, revisiones de la Constitución que la mutilan y empobrecen.

La promoción y la reposición de valores oscurantistas o retrógrados en el ámbito de la cultura, de las mentalidades y de la ideología se tradujo, en particular, en una acción persistente para ocultar y falsificar la verdadera naturaleza del régimen fascista y sus crímenes y para desvalorizar el significado, el alcance de la revolución democrática, en tentativas de transformar el anticomunismo y las discriminaciones antidemocráticas en política del estado, en la afirmación de la inevitabilidad y en la promoción de la alternancia, en el gobierno, entre partidos políticos que representan los intereses del gran capital para proseguir la política al servicio de sus intereses, en la limitación y en desintencivar la participación política y social, en la apología de la conciliación de clases y de la pretendida comunión de intereses entre el capital y el trabajo, en el apoyo a concepciones conservadoras sobre el papel de la mujer en la sociedad y en la familia, en el sometimiento del papel de los trabajadores en la vida la nacional y en la atribución a los capitalistas de un papel determinante en la creación de la riqueza y en el progreso del país, en la glorificación acrítica de la estabilidad gubernamental y hasta del poder personal, en el fomento de un exacerbado individualismo y egoísmo en la vida social, en la sustitución de los derechos de protección social por prácticas asistencialistas y caritativas que atentan contra la dignidad humana.

La adopción, como opción estratégica, de limitaciones a la soberanía y la independencia nacional se inspiró en el propósito de acelerar el proceso de liquidación de los logros de la revolución de abril y restaurar el capitalismo monopolista y encadenar a Portugal en el sistema capitalista internacional y se tradujo en múltiples orientaciones y decisiones en los ámbitos de la integración de Portugal en la CEE, de la participación del país en otras organizaciones internacionales, de la asociación con la injerencia y la guerra imperialista, en los planos económico, militar, cultural y de política exterior y de seguridad, crearon nuevos y más agudos lazos de dependencia y subordinación.

4. Las ofensivas contra las conquistas de abril y la firme lucha del pueblo portugués en su defensa se caracterizaron, por un lado, la falta de respeto constante y el incumplimiento por los gobiernos sucesivos de las leyes y la Constitución y, por otro lado, el desarrollo de la lucha popular en cumplimiento de la legalidad democrática, exigiendo su respeto por los órganos de poder.

La legalidad democrática se afirmó así como un obstáculo real a una política que subvirtió el régimen instaurado con la revolución de abril. La aprobación de leyes inconstitucionales y revisiones mutiladoras de la Constitución se insertó en un proceso de reconstitución, restauración y reconfiguración del dominio de los grupos monopolistas, asociados y dependientes del capital extranjero.

Unión Europea – condicionantes y limitaciones para la independencia

1. La adhesión de Portugal a la CEE, contra la cual el PCP justamente luchó y cuyas consecuencias negativas predijo, creó un aumento de los obstáculos a la política democrática, se integró en el proceso de destrucción de los logros de abril y entró en el país en una dinámica gravemente perjudicial para el interés nacional.

La subordinación de la política gubernamental al objetivo de la restauración del poder del gran capital y la inexistencia de una política de defensa de los intereses nacionales condujeron no sólo que a estos no fueran adecuadamente protegidos en el proceso de negociación de la adhesión de Portugal a la CEE, sino también que los compromisos y obligaciones resultantes fueran constantemente precipitados y anticipados y que los períodos de transición fueran desaprovechados.

La naturaleza del proceso de integración capitalista europeo —instrumento del gran capital, de los monopolios, de las transnacionales y de las grandes potencias a su servicio—, la política gubernamental seguida, los criterios de aplicación de los voluminosos recursos financieros recibidos, sin perjuicio de la realización de muchas infraestructuras, a nivel global, no contribuyeron a la modernización del aparato productivo nacional, la atenuación de las asimetrías regionales y el retraso relativo del país en relación con los demás países de la CEE, teniendo, por contra, una contribución a la destrucción del sector el aparato productivo y la acentuación de la despoblación y la desertificación de vastas zonas del país, sacrificando las bases indispensables para un verdadero proceso de desarrollo económico y social.

2. El Mercado Común (es decir, la libre circulación de mercancías y capitales) contenía para Portugal, dado su atraso relativo, de elementos desfavorables al desarrollo y nuevas limitaciones a la independencia. La evolución en un sentido federalista de la integración europea en los planos económico, político y militar, el mercado único, las políticas comunes, el Tratado de Maastricht y la Unión Económica y Monetaria (UEM) con la adopción del euro, el Pacto de Estabilidad y la creación Banco Central Europeo (BCE), la política exterior y de seguridad común, el Tratado de Lisboa, el Tratado “presupuestario”, el uso de diversos instrumentos y las políticas de los sucesivos gobiernos nacionales están transformando a Portugal en un estado vasallo, dependiente y periférico, con una política crecientemente decidida contra los intereses del pueblo y del país, por instancias supranacionales dirigidas en lo fundamental, por el capital transnacional y por un directorio de estados más fuertes y más ricos, afectando gravemente la soberanía e independencia nacionales.

La situación creada por esta evolución hace indispensable una política que se desarrolle en seis direcciones principales interconectadas: defender siempre firmemente los intereses portugueses, sobre todo en las instituciones europeas, la lucha contra las decisiones que nos perjudiquen; minimizar con medidas concretas los condicionamientos y consecuencias negativas de la integración; luchar contra las imposiciones supranacionales y las limitaciones a la democracia y la voluntad de los pueblos; reclamar y utilizar en favor del progreso de Portugal y del bienestar portugués todos los medios, recursos y oportunidades; actuar específicamente y en articulación con los trabajadores y los pueblos de otros países para romper con el proceso de integración capitalista europeo y promover una Europa de paz y cooperación basada en estados libres, soberanos e iguales en derechos; luchar por un desarrollo soberano de acuerdo con los intereses nacionales de los trabajadores y del pueblo, cuya concreción debe prevalecer ante condicionamientos o limitaciones, asumiendo las exigencias, caminos y opciones que la situación planteé como necesarios.

3. La internacionalización de la economía, la profunda división internacional del trabajo, la interdependencia y cooperación entre estados y los procesos de integración corresponden a realidades y tendencias de evolución no exclusivas del capitalismo. En función de su orientación, características y objetivos, tales procesos pueden servir a los monopolios y las transnacionales, o pueden servir a los pueblos. Es un derecho inalienable de cada pueblo y de cada país luchar en defensa de sus intereses y derechos.

Nada puede obligar a Portugal a renunciar al derecho de escoger para sus propias estructuras socioeconómicas y su propio régimen político. Nada puede obligar a Portugal a aceptar una posición subordinada dentro de estado de la UE y alienar su independencia y soberanía nacionales. El pueblo portugués tiene, y siempre deben tener el pleno derecho a decidir su propio destino y elegir las formas que entienda más adecuadas con su identidad histórica y con sus intereses y aspiraciones.

Las conquistas de abril en el futuro democrático de Portugal

1. la revolución de abril significó un notable progreso de la sociedad portuguesa. Las grandes e históricas victorias revolución de abril crean condiciones para un dinámico desarrollo económico, social, político y cultural de acuerdo con la situación, los intereses, las necesidades y aspiraciones de la población portuguesa y de Portugal.

La lucha vigorosa, perseverante y determinada de los trabajadores, de amplios sectores sociales y de las fuerzas democráticas más consecuentes que, en diversos momentos cruciales, han logrado, aunque a veces temporalmente derrotar planes en curso, constituye una demostración de la profundidad de las transformaciones democráticas realizadas y, de la correspondencia de las conquistas de abril con necesidades objetivas de carácter económico y social.

La revolución portuguesa de mostró contener dentro de sí la fuerza y ​​el potencial necesario para llevar a cabo la eliminación de muchas de las desigualdades más graves, la discriminación y la injusticia social, y para la construcción de una nueva sociedad democrática.

2. Portugal está atravesando un período particularmente grave de su historia. El proceso contrarrevolucionario —en desarrollo— y el proceso de integración en la Unión Europea, interconectados, condujeron a una situación marcada por el dominio de los grupos monopolistas, asociados y dependientes del capital extranjero, por la acentuación del proceso de perversión del régimen democrático y por un alto grado de compromiso de la soberanía e independencia nacionales. Una situación que tiene características típicas del capitalismo monopolista de Estado, un marco en el que el Estado portugués está cada vez más dominado y colonizado en el ámbito de la UE y en general por el imperialismo y sus estructuras.

Los planes de la clase dominante para proseguir y profundizar los procesos en curso y para concretar la ruptura institucional, con la adopción de leyes inconstitucionales, depreciación y falta de respeto sistemáticos y una revisión subversiva de la Constitución, destinada a la aplicación plena, la consolidación y el fortalecimiento de su poder, crean grandes peligros para el futuro de Portugal.

La destrucción de los logros de abril, el sistema económico del capitalismo monopolista, un régimen político autoritario de la naturaleza y el sacrificio de la independencia nacional son contrarias a los intereses del pueblo portugués y de Portugal. El PCP lucha decididamente contra dicho sistema y contra dicho régimen y propone una alternativa.

La democracia correspondiente a las aspiraciones populares y a las necesidades nacionales, exige tanto el reconocimiento formal y la garantía efectiva del pleno ejercicio de las libertades y la plena satisfacción de los derechos políticos y sociales de los ciudadanos. Exige la organización del poder político para prevenir e impedir actuaciones ilegales y arbitrarias de los órganos respectivos y asegurar la participación popular en las decisiones de la política nacional. Exige que la dirección y las palancas fundamentales de la vida económica nacional no estén en manos del capital monopolista ni de las transnacionales, y sometidas a sus intereses, antes están al servicio de los intereses del país. Exige que, en el contexto global de la internacionalización de los procesos de producción, la división internacional del trabajo, la cooperación y procesos de integración económica, Portugal disfrute y desarrollar sus propios recursos naturales y humanos y tenga una industria fuerte. Exige el desarrollo y la dinamización de la agricultura, incompatible con la agricultura del latifundio y con la situación de abandono de los pequeños y medianos agricultores. Exige la modernización y la eficacia del sector servicios. Exige la armonización de la relación de la sociedad con la naturaleza. Exige la mejora de las condiciones de la vida material y cultural del pueblo portugués. Exige la democratización de toda la vida económica, social, política y cultural del país. Exige la afirmación y la práctica de una política de independencia nacional de la cual es inseparable una política democrática.

3. Los grades valores de la revolución de abril crearon profundas raíces en a sociedad portuguesa y se proyectaron como realidades, necesidades objetivas, experiencias y aspiraciones en el futuro democrático de Portugal.

La democracia avanzada que el PCP propone al pueblo portugués surge en la continuidad histórica del programa de la revolución democrática y nacional definido y aprobado en 1965 y de los ideales, conquistas y victorias de valor igualmente histórico de la revolución de abril. La democracia avanzada que el PCP propone proyecta, consolida y desarrolla los volares de abril en el futuro de Portugal.

En la próxima entrega > 2. Una Democracia Avanzada: Los Valores de Abril en el Futuro de Portugal.